martes, 26 de marzo de 2013

CAPÍTULO 27



Las horas después del recreo fueron lo más parecido a una sala de tortura, y el tiempo no estaba a mi favor. Nunca tres horas se habían parecido tanto a tres años. Gracias al cielo, el profesor de matemáticas no había venido y nos dejaron salir una hora antes. Recogí mi mesa en un abrir y cerrar de ojos y salí al patio junto a Julie.
No habíamos hablado en todo el día de lo que había pasado la tarde anterior y sabía perfectamente que ella se moría por hablar de eso, así que me apoyé en la verja y le sonreí esperando que iniciara la conversación que había esperado toda la mañana.
-Beca, quizá te parezca extraño esto pero… ¿te dijo algo de mí tu primo cuando me fui? –Yo la miré confundida, haciendo como si no supiera de que hablaba. –Ya sabes…
-Déjame que piense, Juls –me acaricié la barbilla, como si realmente estuviera recordando algo de la tarde anterior. –No recuerdo nada.
-Bueno, lo suponía.
-Ah, sí, espera. –La sonrisa se hizo presente en su rostro y sonreí yo también. –Me preguntó si tenías novio. Pero es un detalle sin importancia.
-¿Sin importancia? Maldita seas españolita. –Julie me apretó contra la verja y yo me quejé de dolor. A lo lejos pude ver como Harry y Tom se acercaban sonriendo hasta nuestro lado.
-Las violaciones las hacéis fuera del colegio. –Harry se cruzó de brazos a pocos metros de nosotras sonriendo mientras observaba la escena.
-Vamos ricitos, todos sabemos que te gustaría ser yo en estos momentos. –Julie sonrió mientras se alejaba de mí y me permitía volver a respirar. Casi en el acto yo le lanzaba una mirada cortante a Julie que entendió a la perfección. -¿Queríais algo?
-Nada, nada. ¿Nerviosa para tu fiesta de cumpleaños, Beca? Sólo quedan un par de días.
-Me pone más nerviosa el examen de mañana. –Resoplé mirando hacia la puerta del colegio. ¿Cuánto quedaba para que saliera Vicky? Harry me miró esperando otra contestación. -¿Qué esperas que te diga? ¿Qué me pones nerviosa tú? No, Harry, yo no soy de decir mentiras. –Julie y Tom rieron mientras Harry se sacudía los rizos y volvía a posar sus ojos en los míos.
-Lo que tú digas. –Pude ver perfectamente el reflejo de una sonrisa en la cara de Harry.
-Ricitos, no te pases, que tienes a Kara suspirando por tus huesos. –Julie agitó uno de los rizos de Harry y éste le lanzó una mirada asesina.
-Cuidado Julie, no vayas a tocar los rizos del señorito, que se despeina.
-Sabes que a ti te dejo tocarlos, Beca. Siempre que estés en mi cama y con menos ropa. –Levanté mi mano para estrellarla en su cara pero él interceptó mi movimiento y agarró mi muñeca con delicadeza.
-Gilipollas. –Levanté mi dedo corazón y él me guiñó un ojo.
-Hasta mañana, Julie, a ti Beca, te veré en mis sueños.
-Pues mantén la mano alejada de tu entrepierna después de esos sueños. –Julie y yo estallamos en una sonora risa cuando acabé la frase y las dos chocamos las palmas de nuestras manos en señal de victoria.
-No entiendo como hace dos semanas podías estar saliendo con ese completo imbécil.
-Era joven y alocada. No sabía lo que hacía. –Subí mis brazos señalando al cielo y suspiré. -¿Porqué me pusiste a tal idiota en mi camino, señor?  –Julie reía divertida ante mi dramatización, aunque su risa se cortó apenas un segundo después.
-Oh, santo cielo. –Yo seguí con la mirada su punto de vista y me sorprendí aún más que ella. ¿Qué coño…? –Dime que ese es un chico nuevo en el colegio, y que viene a nuestra clase y que, oh madre mía.
-No. No viene a nuestra clase. Y no, no es nuevo en la escuela. –Julie me miraba esperando una explicación pero lo único que hice fue avanzar hasta él. Cuando apenas estábamos a dos metros me detuve delante de él y fijó su mirada en mis ojos. Una sonrisa salió de su cara.
-¿Qué crees que estás haciendo aquí?

lunes, 25 de marzo de 2013

CAPÍTULO 26


Después de estar unas horas hablando sobre la fiesta del viernes, Julie miró su reloj y se levantó del sofá de un salto.
-Me tengo que ir, hasta mañana Beca. –Me abrazó con fuerza. –Esto… hasta el viernes, Will. –Sonrió y se despidió con la mano. Yo reí en voz baja y la acompañé hasta la puerta.
-Mañana hablaremos, Julie. –Escuché su afirmación al final de las escaleras y cerré la puerta, corrí al salón y me abalancé sobre mi primo que me recibió con los brazos abiertos y una sonrisa. Fijó su vista en el televisor, creyendo que yo no iba a interrogarle. Yo reí escandalosamente y apagué el televisor.
-¿Qué quieres?
-Oh vamos, no te hagas el imbécil conmigo. –Él evitaba mirarme a los ojos y yo me decidí por impactar un cojín contra su cara.
-Vale, está bien. Cuéntame algo sobre ella. –Aplaudí emocionada y me acomodé en el sofá.
-Bien, pues Julie es lo mejor que puedes tener como compañía, siempre está ahí para hacerte reír y para darte buenos consejos. Fue la única que estuvo ahí para apoyarme con lo de Harry. –Hice una breve pausa. – Y no, no tiene novio.
-Realmente sólo quería saber eso último. Pero lo demás me confirma lo genial que es.
-¿Enamorado por casualidad?
-¿Qué dices prima? Baja a la tierra. –Reímos. –Sólo la conozco de una hora.
-Una hora es suficiente para enamorarte.
-¿Lo dices por experiencia? –Recordé las horas que había pasado en el parque la primera vez que vi a Harry y cuando me subió a su azotea queriendo imitar París. Luego recordé el resto de horas que había pasado con Niall, y resoplé con fuerza tumbándome en el sofá.
-No.
-¿Eso quiere decir que no estás enamorada? –Abrí los ojos asombrada. Ni si quiera yo sabía la respuesta. La última vez que estuve enamorada fue hace cuatro meses, y nunca me arrepentiré lo suficiente por haberlo estado.
-No. ¿Te acuerdas de Lucas? Fue hace 4 meses. No estoy preparada para hacerlo, no después de eso. –Él se levantó, cogió su cazadora y se acercó a la puerta del apartamento, pero antes de irse, giró sobre sí mismo y me lanzó media sonrisa.
-Recuerda prima, que nunca es tarde para enamorarse. –Y acto seguido escuché la puerta cerrarse con un suave crujido.
Nunca es tarde para enamorarse. Las palabras de Will resonaron en mi cabeza y yo me  limité a farfullar un par de insultos. Me acerqué a mi mochila y saqué el libro de historia. Tenía que estudiar para el examen del jueves. Y en tres días mi cumpleaños. Dieciocho. Sonreí instintivamente pensando en la fiesta, pero me obligué a mi misma a concentrarme en el estudio. Las horas pasaron demasiado rápido, y cuando terminé de estudiarme todo el tema el reloj estaba a punto de dar las once y media.
“Oh mierda”. Ni si quiera había cenado y, la verdad, es que tampoco me apetecía. Entré en el cuarto de mi hermana pero la encontré metida en la cama y sumida en un profundo sueño. El plato de su cena seguía sobre su escritorio y yo reí en voz baja. Lo recogí todo y me fui a mi cuarto. Me metí en la cama y a los pocos segundos estaba profundamente dormida.
Me revolví en la cama y miré los números rojos del reloj. Las diez menos cuarto. Cerré los ojos de nuevo hasta que fui consciente de que no estaba en clase.
-¡Llego tarde! Mierda. –Me levanté de la cama de un salto y cogí los primeros pantalones que había en el armario, una sudadera que estaba en el montón para planchar, la mochila y me salí corriendo del edificio.
En la calle me hice una coleta como pude y me paré a unos metros del colegio para ver mi reflejo en un escaparate. Mi vista se centró en la sudadera. No era mía, ni de mi primo. ¿De quién narices era? Empecé a reír a carcajadas cuando recordé donde la había visto. Era la que llevaba Niall el día que subió a mi casa en mitad de la noche por culpa de la lluvia. La eché a lavar a la mañana siguiente y se me había olvidado devolvérsela. Todo el mundo me miraba extrañado, pero yo seguía riendo.
Miré mi reloj de pulsera que daba las diez en punto y resoplé empezando a correr de nuevo para llegar al menos a tercera hora. Entré en el colegio saludando con la mano al portero y aporreé un par de veces la puerta del aula. La profesora de lengua dejó de hablar para abrirme la puerta y yo sonreí avergonzada entrando en clase. Me senté al lado de Josh, justamente un asiento detrás de Julie y Niall que se giraron para saludarme casi en el acto.
-Bonita sudadera, Beca. –La voz de Niall me hizo levantar la vista del cuaderno y me sonrojé. Se había dado cuenta, como no iba a hacerlo.
-Se me olvidó devolvértela. Mañana te la traigo limpia.
-Tranquila, te queda mejor que a mí, puedes quedártela. –Sonreí como agradecimiento y volví a centrar la mirada en el libro justo cuando el timbre sonó. Todos los alumnos se levantaron y, cuando yo fui a hacerlo, Josh me cogió del hombro sentándome de nuevo en mi sitio.
-Debes de gustarle mucho al rubio. –Josh sonreía fijando la mirada en mí. Me intimidaba.
-¿Por qué?
-Es su sudadera favorita. Ni si quiera se la deja a su hermana. Y a ti, te la ha regalado. –Sonreí, buscando con la mirada a Niall y, cuando le encontré, él me miró a mí provocando que me sonrojara.

domingo, 17 de marzo de 2013

CAPÍTULO 25


Abrí la puerta de mi habitación con un golpe seco y vi la figura de mi padre a pocos metros de mi primo. Los dos centraron la mirada en mí y bufé mientras me metía en medio.
-Will. Largo. –Escupí las palabras de mi boca y le lancé una mirada cortante para que saliera de mi cuarto. Él asintió y salió casi en el acto. –Papá. ¿Qué haces aquí?
-Todavía es el cumpleaños de tu madre. –Se acercó para abrazarme pero yo retrocedí dos pasos.
-Ni te acerques. Papá, esto no es una familia desde hace mucho tiempo. No puedes venir una vez al año a vernos y pretender ganarnos. –Cada vez alzaba más la voz. –Esta tarde es cuando tendrías que haber estado aquí, no a estas horas. Ahora no pintas nada aquí.
-No me hables de esa forma, niña.
-No me vengas ahora con tu faceta de padre. –Clavó la palma de su mano en mi mejilla y grité de dolor. Acto seguido cogió su maleta y salió de mi habitación. Cinco segundos después escuché como se cerraba la puerta de mi piso. Empecé a llorar. Me miré en el espejo de mi armario y sollocé viendo la marca de la mano de mi padre en mi cara. Maldito sea. Miré hacia la puerta y vi a mi hermana mirándome asombrada. Corrió hacia mí y me abrazó con fuerza.
-¿Estás bien? ¿Ha sido papá?
-Sí, estoy bien enana. No pasa nada. ¿Has cenado? –Ella asintió. –Vale, pues a la cama ya. –Le di un beso en la mejilla y se fue a su cuarto. Yo puse mi móvil a cargar, deshice mi cama y me metí en ella entre sollozos. Lo único que me hizo sonreír mientras intentaba conciliar el sueño, fue aquel chico de ojos azules y pelo rubio que, en un par de días, me había conquistado.
El pitido del despertador se clavó en mi cabeza como un maldito martillo. Un día más. Suspiré desperezándome en la cama y salí de ella. Abrí mi armario intentando encontrar algo decente que ponerme, y acabé decidiéndome por unos pitillos y un polo básico rojo, me puse mis supras y lista. Un par de coletas. Me lavé los dientes, recogí mis cosas y salí de mi casa mientras me tomaba media galleta.
Julie me esperaba  a unos pocos metros de mi casa. La saludé con efusividad y empezamos a andar. En mitad del camino se nos unieron Josh y Tom, que enseguida empezaron a hacer bromas. Y en la puerta del colegio nos esperaban Niall y Chris con una sonrisa enorme.  Empezamos a andar hacia clase cuando alguien tiró de mi brazo separándome del grupo. Todos pararon casi en el acto cuando vieron a Harry sacudir sus rizos delante de mí.
-¿No nos esperáis? –Miré tras suya y vi a Kara sonriendo. Bufé.
-Estáis mejor solos. O al menos, es lo que dais a entender. –Él clavó sus ojos en mí. –Os habéis aislado, como si os diera miedo relacionaros. No mordemos, Harry. –Le guiñé un ojo y volví junto a Julie que se reía ante mi contestación. Entramos todos en clase, y Julie y yo ocupamos los sitios que había al lado de Josh y Tom. Kara y Harry entraron tras nosotros y se dirigieron hacia sus sitios mirándonos de reojo. Resoplé levantándome de mi sitio y yendo hacia ellos. Julie me agarró del brazo preguntándome que hacía.
-Prometí que seríamos amigos. –Dije casi en un susurro y me liberé de su agarre, acercándome a mi antigua mesa. Miré por encima de Harry y vi el corazón con su nombre que había trazado la semana anterior. Suspiré y carraspeé un par de veces para que notaran mi presencia. –Chicos, habíamos pensado, que quizá os apeteciera sentaros allí con nosotros.
-¿Ahora sí queréis?
-Vengo de buenas, Harry. No estoy para tus idioteces. –Kara tiró de su brazo y él se levantó seguido de ella.
-Está bien. –Asentí y me fui a mi sitio seguida de la pareja. Julie puso los ojos en blanco y Josh, Tom y Niall se miraron poco convencidos. Yo les sonreí y ellos asintieron devolviéndome la sonrisa. Cuando Harry y Kara se habían sentado, Julie tomó la palabra, mirándome fijamente con una sonrisa.
-Bien chicos, mis fuentes me han dicho que este viernes cumple años una persona. –Oh, mierda. Clavé mi mirada en los ojos de Julie que seguía sonriendo. Negué con la cabeza disimuladamente pidiendo que no lo dijera pero fue un esfuerzo en vano. –Sí, la española cumple 18 este viernes. ¿Haremos una fiesta, no? –Todos asintieron al unísono y yo los miré cabreada. Maldita Julie.
-En mi casa. A las 8. –Niall tomó la palabra y centré la vista en él. Sonreía y me provocó una sonrisa a mí. Todos se pusieron de acuerdo para llevar bebidas,  comida y, sobre todo, regalos.
Josh y Tom me preguntaron si quería algo en especial. Julie parecía convencida de lo que me iba a regalar, Kara y Harry se pusieron a hablar de algo que, seguramente, no iba con mi fiesta de cumpleaños y Niall centró su mirada en un cuaderno sobre el que garabateaba alguna tontería. El día pasó lento y aburrido. No veía la hora para volver a casa. Al menos, a última hora no vino la profesora y estuvimos hablando. Volvíamos a ser un grupo. Harry y Kara volvían a ser los de siempre, con sus bromas, sus idioteces y, de vez en cuando, algún que otro gesto demasiado cariñoso para mi estómago.
Cuando por fin sonó el timbre recogí mis cosas con rapidez y salí de clase con mis amigos. Mi hermana se había vuelto a casa a la hora del recreo, por lo que me tocaba volver sola a casa. Me despedí de todos en la puerta del colegio y empecé a andar con la mirada fija en el suelo, hasta que a los pocos metros vi como una supras blancas se ponían junto a las mías. Levanté la mirada y le vi sonreír. Sonreí yo también. Nuestras manos se rozaban mientras andábamos, dejando que la electricidad fluyera por mi cuerpo.
-Ese día os podíais quedar todos a dormir en mi casa. Mis padres no van a volver hasta dentro de un mes.
-¿En serio? ¿No somos muchos? –Él negó divertido con la cabeza.
-¿Vendrá tu primo también? –Asentí con efusividad, contenta por pasar mi cumpleaños con mi primo. Seguimos hablando de temas de la fiesta hasta que llegamos a la puerta de mi casa. Le abracé con fuerza y él me correspondió el abrazo.
-Hasta mañana, Niall.
-Hasta mañana. –Empezó a andar en dirección a su casa y yo entré en mi edificio cuando le vi doblar la esquina. Subí a mi piso y entré en casa, dejando la mochila en la puerta. Mi primo y mis abuelos comían tranquilamente en el salón sin articular palabra. Los miré a todos sonriendo y fui al cuarto de mi hermana para ver como estaba.
La encontré leyendo en su cama, tapada hasta arriba y sonreí. Ella levantó la vista de su libro y me saludó con la mano para, acto seguido, retomar su lectura. Reí y me fui a mi cuarto a cambiarme la ropa por algo más cómodo, un jersey de los más anchos que tuviera y un pantalón de chándal, guardé mis supras en el armario y me fui al salón para comer. Mis abuelos recogían sus cosas mientras yo me sentaba con mi plato de pasta al lado de Will que me abrazó por la cintura.
Cuando acabé de comer llevé mi plato a la cocina y lo metí en el lavavajillas. Mi abuelo me miraba sonriente delante del frigorífico, yo lo miré extrañada y se acercó a pocos metros de mí.
-Cada día, te pareces más a tu madre. –Sonreí. –Estaría tan orgullosa de verte. Nosotros lo estamos, cariño. –Abracé a mi abuelo con fuerza dejando caer un par de lágrimas por mi cara.
-Gracias abuelo. –Me separé de él mientras me despeinaba y reí mientras me iba al salón.
-Hasta mañana, Rebeca. –Me despedí con la mano de mis abuelos y me tumbé en el sofá con Will. Fijé la mirada en el techo dejando la mente en blanco por un momento. Will me acariciaba el pelo con una sonrisa y yo estaba realmente agusto así, el timbre de mi casa me alejó de la tranquilidad y resoplé levantándome para ir a abrir la puerta. Julie entró en mi casa abrazándome con una sonrisa y yo me reí.
-¿Qué haces aquí?
-Me aburría en casa y pensé en hacerte una… -Julie enmudeció de repente cuando mi primo se levantó del sofá para saludarla.
-Hola, soy Will, el primo de Beca. –Miré a Julie que seguía completamente muda y solté una carcajada.
-¡Julie!
-¿Qué? Oh, perdón. Soy Julie, encantada. –Ambos se estrecharon la mano y Will se sacudió un poco el pelo. Estaba nervioso. Igual que ella. Sonreí. –Pues, yo sólo traía bebidas para dos. –Julie sacó un par de vasos de chocolate caliente de una bolsa y se encogió de hombros.
-No te preocupes. Will y yo compartimos. –Los tres reímos y nos sentamos en el sofá. Will no le quitaba la vista a Julie, ni ella de él y yo los miraba con una sonrisa desde la otra esquina del sofá.

sábado, 16 de marzo de 2013

CAPÍTULO 24


Lo siento, porque es corto, intentaré que el 25 sea más largo. Comentad.


Interpuse mi mano entre su cuerpo y el mío y nos quedamos a pocos centímetros de distancia. Él seguía con la mirada fija en mis ojos y sonreía. Escuché a la camarera gritar nuestros nombres y le hice un gesto para levantarnos. Asintió, recogió las bebidas y salimos del local. En mi cabeza sonaban sus palabras una y otra vez. Pero no podía volver a precipitarme, no después de todo lo que había pasado con Harry. Resoplé un par de veces y Niall lo notó, así que paró en seco y me hizo parar a mí también. Me esforcé por no mirarle a sus ojos azules, pero me fue imposible. Casi en el acto me estaba perdiendo en el brillo de sus ojos.
-¿Estás bien?
-No lo sé.
-¿Ha sido por lo que te he dicho? –Asentí.
-Pero no porque sea malo. Sino porque no quiero precipitarme, no quiero cometer el error más veces.
-Eh, enana, no te preocupes. Nadie ha dicho nada de ahora mismo. Puedo esperar lo que sea por ti. –Sonreí y le abracé como pude intentando no tirar las bebidas.
Seguimos andando los pocos metros que llegaban hasta su casa. Niall abrió la puerta y pude ver el desorden que había en la casa que había aumentado desde que nos fuimos. Mis ojos se abrieron como platos y escuché a Niall bufar detrás de mí. Dejó los vasos sobre la mesa y respiró hondo un par de veces. Pero yo me adelanté a él.
-¿Qué coño ha pasado aquí? –Alcé mi voz tanto como pude y escuché el eco de mi voz resonando por cada recoveco de la casa. Niall soltó una carcajada y se cruzó de brazos a mi lado. Unos segundos después del grito aparecieron los tres chicos. Venía con la cabeza agachada, supuse que de arrepentimiento.
-Niall, tío, lo siento. Empezamos a discutir de broma y… -Chris miró a su alrededor y suspiró. –No sabía que habíamos armado tanto follón. –Resoplé cogiendo mi frappuccino y me senté en el sofá mirando fijamente a Niall que recapacitaba como arreglar aquel follón. De repente, estalló en risas y abrazó a sus amigos mientras yo me atragantaba con la bebida.
Los cuatro comenzaron a reír como idiotas mientras cogían sus bebidas y se sentaban conmigo. Yo los miraba fijamente, esperando que arreglaran aquel follón de alguna manera. Pero nada. Empecé a reírme yo sola. Vaya escena. La melodía de Maroon 5 empezó a escucharse en el bolsillo de mi pantalón y respondí con rapidez.
-Beca, ¿vas a venir pronto?
-Vicky, cariño, sí, en diez minutos estoy allí. Ve duchándote. –Ella afirmó al otro lado del teléfono y colgó. –Chicos, me voy. Gracias por el día de hoy. –Me levanté cogiendo mi chaqueta y todos se levantaron al unísono para despedirse de mí. Abracé a todos, uno por uno, hasta llegar a Niall, que me cogió por la cintura y pegó su boca a mi oído provocando que todos mis sentidos se alteraran. Me tuve que volver a recordar que tenía que respirar ya que había dejado de hacerlo por un par de segundos.
-Recuerda, esperaré lo que sea. –Sonreí, planté un sonoro beso en su mejilla y salí de su casa cerrando mi chaqueta. Empecé a andar mientras una suave brisa golpeaba con delicadeza mi cara. Sonreía. Ni si quiera sabía porque, pero lo hacía.
Abrí la puerta de mi piso y escuché la voz de mi primo, pero la que le contestaba no era mi hermana. Los gritos retumbaban con fuerza por todo el piso y provenían de mi cuarto. Escuchaba el agua caer, por lo que supuse que mi hermana estaría duchándose. Dejé las llaves en la mesa y corrí a mi habitación, pero me paré en el acto cuando escuché con quien discutía mi primo. 

CAPÍTULO 23

Por fin he subido capítulo, que entre los exámenes y estudiar no he podido. Pero por fin, aquí está el capítulo 23. Bueno, sólo deciros que lo disfrutéis y que comentéis. Gracias por leer, os quiero.



Le mandé un mensaje a mi hermana diciéndole que no se preocuparan, que estaba con Niall y los chicos. Ella me contestó que todo estaba bien, así que guardé el móvil en el bolsillo de mi pantalón y me senté en el suelo entre Tom y Chris. No había hablado mucho con aquel chico, ya que estaba en un curso más que nosotros, pero parecía simpático. Los chicos empezaron a pasarse la pizza cual balón de baloncesto, mientras yo veía la escena sonriendo divertida.
Cuando terminaron de comer recogimos el salón y se pusieron a jugar a la play mientras yo observaba la concentración en sus caras queriendo marcar un gol al contrario. Tom me miró sonriendo y me cedió su mando.
-Demuéstrame lo que sabes. –Josh rió a carcajadas y se echó a un lado del sofá.
-Vale, pero luego no llores mucho. –Yo reí y me senté como un indio en el pequeño hueco que había. Elegí al Chelsea y Josh al Liverpool.
-Que empiece el partido. –Y justo cuando lo dijo el árbitro de la consola pitó el inicio. A los cinco minutos de juego el balón se estrellaba en la portería de Josh mientras yo gritaba emocionada. Niall y Chris reían mientras Tom se iba a consolar a Josh que hacía como si llorara en su lado del sofá. Seguimos el partido entre trampas y risas. Y, al final, acabamos empatando a uno.
-Has hecho trampas. Lo sabes. –Le saqué la lengua a Josh y le devolví el mando a Tom que ocupó rápidamente mi lugar. Me fui al sofá en el que se encontraban Niall y Chris y me senté entre los dos. Pude percibir el mínimo roce con el brazo de Niall ya que el contacto me había provocado un escalofrío. Los dos nos miramos mientras sonreíamos y pude entender que el también lo había sentido.
-¿Estás bien? Ya sabes por lo que pasó con Harry y tal. –La voz de Chris me apartó de mis pensamientos y me giré hacia él con una sonrisa.
-Sí, bueno, todo lo bien que se puede estar después de que tu amiga salga con tu ex. –Chris sonrió y escuché a Niall resoplar a mis espaldas.
-Déjale. Nunca ha estado con una chica más de un día y medio.
-No digas eso. Él no es así, simplemente, él y yo no encajábamos. –Chris se encogió de hombros.
-Yo no te veía con él. No hacíais buena pareja. –Chris miró detrás de mi hombro y sonrió. Yo sonreí también sabiendo perfectamente hacia donde miraba. –No sé, quizá dentro de nada encuentres al adecuado.
-Sólo lo encontraré si se digna a dar señales de vida. –Escuché a Niall reír detrás de mí y me sonrojé. Tosí un par de veces y me levanté del sofá. -¿A alguno le apetece un frappuccino o algo? Voy a ir al Starbucks de ahí abajo.
-Yo quiero uno.
-Y yo.
-Yo también. –Uno por uno fueron levantando la mano y yo reí mientras asentía.
-Vale chicos, en un rato estoy aquí.
-Espera Beca. Te acompaño. –Sonreí cuando vi a Niall levantarse del sofá y coger su chaqueta.
-A ver lo que hacéis ahí fuera. –Josh y Tom rompieron en carcajadas y pude escuchar como Chris les regañaba. Eran niños pequeños.
Andamos en silencio, codo con codo, los dos con la mirada fija en el suelo. Ambos teníamos unas ganas increíbles de hablarnos pero ninguno lo hacía. Llegamos al Starbucks en unos minutos y, cuando hicimos el pedido, nos sentamos en una mesa esperando a que nos llamaran.  Me quedé mirándole hasta que finalmente decidió hablar.
-Cometí un error.
-Cometiste varios. –Él sonrió.
-El principal fue dejarte ir mientras yo me quedaba con Rachel. –Asentí.  –Pero es que, aparte, cometí otro error.
-¿Cuál? –Él centró la mirada en mis ojos intimidándome como nunca. Recordaba la primera vez que me había mirado así. Fue en nuestra primera pelea, respiré lentamente.
-Enamorarme de ti. –Me dejó fría. Helada.
-¿Lo consideras un error?
-Sí, el mejor de mi vida. –Él sonreía como nunca le había visto sonreír. Y yo hice lo mismo. Ahora sentía la electricidad del principio sin ni si quiera tener que tocarnos. Sentía que estábamos completamente solos en la cafetería. Dejé de respirar apenas un segundo cuando vi que se levantaba de la silla para acercarse a mí con una sonrisa.

viernes, 8 de marzo de 2013

CAPÍTULO 22.


Una pesadilla me despertó media hora antes de mi hora normal, me escondí bajo las sábanas intentando recuperar el sueño, pero no podía, así que me resigné a levantarme y empezar a prepararme. Me miré en el reflejo del espejo. Daba asco la cara que tenía por culpa de las ojeras. Parecía un maldito zombie.
“Consecuencias de madrugar un lunes: Parecer un zombie.”
Me cepillé los dientes y empecé a vestirme. Medias, pantalones cortos y botas. Camiseta de tirantes y chaqueta vaquera. Me fui a la cocina a desayunar algo. Un par de bollitos y un vaso de leche. Cuando terminé, mi despertador marcaba las ocho menos cuarto, repasé que llevara el móvil y las llaves, cogí mi mochila y me fui andando tranquilamente hasta el colegio.
Vi el coche de la madre de Kara aparcado a pocos metros de la puerta del colegio. Y detrás de él pude diferenciar la figura de Harry con Kara y su madre. Suspiré centrando mi mirada en el suelo intentando sonreír lo mejor que podía. De pronto sentí como alguien me rodeaba con sus brazos.
-Es una mala amiga. –Julie me miró a través de sus gafas de pasta mientras sonreía.
-No. No digas eso. A ella le gustaba, y cuando estaba soltero aprovechó.
-¿Justo el día después de que rompierais? Él me parece un imbécil por no esperar al menos un mes, y ella una imbécil, por aprovechar que tú no estabas y tirarse a su cuello. –Me quité el pelo de la cara y entré a clase agarrada del brazo de Julie.
-Déjalo ya. Da igual. Si él está con ella es porque yo no le importaba mucho. Y ella simplemente se benefició de las circunstancias. –Julie se encogió de hombros y se sentó en su sitio mientras yo me sentaba detrás de ella. La clase se fue llenando lentamente. Niall llegó acompañado de Tom y Josh. Los tres centraron sus miradas en mí casi en el acto. Me escondí entre los mechones de mi pelo intentando disimular mis mejillas sonrojadas. Las risas de un par de chicas nos hicieron centrar de nuevo la mirada en la puerta. Rachel entraba acompañada de una de las rubitas que estaba con ella el primer día. Se sentó dos mesas delante de dónde yo me encontraba y, rápidamente giré mi cabeza hacía Niall vocalizando un ‘¿qué ha pasado?’, el sólo me miraba sonriendo mientras se encogía de hombros. El móvil me vibró en el bolsillo y lo saqué con rapidez.
“Simplemente, me enganché a los besos españoles.”
Julie se había apoyado en la mesa para leer también el mensaje y sonrió. Yo le saqué la lengua y volví a guardar el móvil. Maldito rubito. La escandalosa risa de Kara me hizo ver la escena que llevaba intentando evitar toda la mañana. Harry y Kara entraron de la mano en clase. Sentí como Katniss me clavaba una flecha en el pecho y, en ese momento, deseé estar realmente en la arena de Los Juegos del Hambre. Ambos se acercaron a nuestro sitio. Estoy segura de que pude percibir el odio que irradiaban los ojos de Julie y yo le golpeé el hombro intentando hacerle ver que tenía que disimular.
-Perdona… Beca, ¿te importaría cambiarme el sitio? –Abrí los ojos sorprendida ante la petición de Kara y me recordé a mi misma las palabras que ayer resonaron en mi cabeza durante la ducha, “irás con tu sonrisa falsa como si no te importara nada mientras el dolor te mata por dentro”. Y eso hice, sacar mi sonrisa falsa y asentir.
Recogí los libros que ya había colocado en mi sitio y me puse al lado de Julie. Las tres primeras horas pasaron lentamente, tuve que aguantar los cariñitos de Kara y Harry. Las siguientes horas después del recreo se me pasaron volando gracias a las bromas de Julie. Nos habíamos hecho grandes amigas y, en apenas unas horas, me había demostrado más que nadie. Me recordaba a Cris.
Siempre intentando hacer sonreír a los demás. El timbre resonó con fuerza indicándonos que podíamos volver a casa. Salí al patio despidiéndome de mi amiga y me acerqué a mi hermana que estaba hablando con una amiga.
-Beca, hoy me voy a comer con Amy, ya se lo he dicho a la abuela. –Asentí y me despedí de ella con un abrazo. Suspiré. Iba a estar sola toda la tarde. Llegué a mi apartamento y empecé a comer con mi abuelo. Mañana a estas horas estaría vistiéndome para irme a comer con mi padre. Eso me alegró un poco.
Me despedí de mis abuelos y empecé a hacer los deberes. Tendría que volver a empezar a estudiar historia para el examen de esta semana. Cuando llevaba más de tres horas en mi cuarto estudiando, escuché el timbre de mi casa y fui a abrir con rapidez. Mi hermana entró en casa con una sonrisa y yo la seguí con la mirada mientras cerraba la puerta.
-No, no cierres.
-¿Por qué? –Ella sólo sonrió y corrió a su cuarto. Volvió a sonar el timbre y bufé yendo a abrir la puerta.  Cuando la abrí me encontré con mi padre parado delante de mí. Sonreí y le abracé con fuerza. Le había echado demasiado de menos. Él sólo me acarició el pelo y entramos en casa. –Papá, ¿cuánto te quedas? Si venías mañana.
-Y me voy mañana. –La noticia me sentó como un jarro de agua fría.
-¿No vas a quedarte en el cumpleaños de mamá?
-Tengo trabajo.
-No me vengas con tengo trabajo. No. Si no te quedas es porque no te da la gana.
-A mí no me hables de esa forma, Rebeca. –Le miré fijamente a los ojos y suspiré.
-¿Hasta qué hora te quedas?
-Hasta las siete de la tarde.
-Comeremos juntos entonces. –Él asintió y yo le miré satisfecha. Me marché a mi cuarto y recogí los libros.
Cené en silencio mientras mi hermana interrogaba a mi padre. Yo ignoraba la conversación. No me interesaba la vida de mi padre en Berlín o en Austria. Me interesaba que se quedara con nosotras mañana. Y el viernes. Joder, su hija mayor sólo cumple 18 una vez y él se va a pasar el cumpleaños en Viena. Me despedí de mi padre y de Vicky y me fui a mi cuarto a dormir.
El despertador me alejó del profundo sueño en el que estaba sometida. Me levanté de un salto y me vestí. Miré la foto de mi madre que residía mi mesita de noche y sonreí.
-Felicidades, mamá. –Cogí mis cosas y me fui a clase. Julie me esperaba en su sitio y yo decidí volver a mi sitio original. Kara entró apenas dos minutos después que yo y, tras ella, Josh, Tom y Niall. Kara nos saludó a Julie y a mí, como si todo estuviera bien; después de haberse pasado todo el día de ayer sin hablarnos. Nosotras sólo le sonreímos y volvimos a nuestros asuntos. El profesor nos contó que tendríamos que hacer algunos trabajos para sacar las primeras notas de la evaluación y además poder eliminar alguna materia. Yo apuntaba distraída todo lo que el profesor decía. Estaba deseando que sonara el timbre y poder irme con mi hermana y mi padre. Pero aún me quedaban tres horas de clase.
Cuando volvimos del recreo, Harry ya estaba sentado a mi lado. Ahora tendría que aguantar tres horas sus intentos de volver a ser amigos. Farfullé un par de insultos hasta que vi la solución. El sitio que había al lado de Josh estaba libre. Trasladé mis libros y me senté a su lado mientras él me miraba con una sonrisa. Niall y Tom se giraron sonriendo también. Me pasé esas tres horas entre risas con Tom y Josh, eran dos de los chicos más graciosos que había conocido. De vez en cuando miraba a mi sitio y veía a Julie pidiendo ayuda y a Harry mirando a Niall y a los chicos con mala cara.
Cuando por fin sonó el timbre me despedí de los chicos y de Julie y salí corriendo a por mi hermana. Ambas sonreímos y empezamos a andar con rapidez hacia casa. Cuando llegamos mi abuela estaba poniendo la mesa. Me quedé parada en la puerta, esperando una explicación, mi abuela me miró y negó con la cabeza.
-Se ha tenido que ir. Asuntos de… -Antes de que acabara la frase me largué de mi casa. Empecé a andar sin ninguna dirección, sentía las lágrimas caer por mis mejillas pero suspiré y me las sequé, levantando la cabeza y fue cuando me encontré con Josh. Sonreí y se acercó a mí.
-Eh, Beca. ¿Qué haces por aquí?
-Busco donde comer. No me apetecía estar en casa. –Él rió.
-Vente. Voy a casa de Niall a comer, y luego veremos una película.
-Pero… ¿no se molestará? –Él negó con la cabeza y empezamos a andar. En un par de minutos llegamos a una bonita casa adosada. Josh llamó un par de veces al telefonillo y, cuando Niall abrió la puerta, sonreí mientras él me estrechaba entre sus brazos.
¡¡COMENTAD, COMENTAD, COMENTAD!! :)

CAPÍTULO 21.


Bueno, antes de empezar, decir que lo siento por no haber podido escribir antes porque he estado estudiando. Intentaré subir hoy otro capítulo y ya no subiré hasta el sábado que viene.
Lo segundo es decir que dos personas me han dicho que quieren que meta al resto de los chicos, pero estaría bien que me dijerais más opiniones sobre eso.
Y por último decir que me gustaría que me comentarais la novela, para ver que os parece, si queréis que os avise cuando suba, lo que sea, pero comentadla, ¿si? Bueno, y ahora: 


No sé cómo, pero me desperté en mi cama. Estoy completamente segura de que me quedé dormida en el sofá. Entonces caí en la cuenta de que me habría traído Will cuando acabó la película. Mi despertador marcaba las diez de la mañana. Farfullé un par de palabrotas y salté de mi cama. Me lavé la cara y los dientes y me asomé al balcón a ver como se planteaba el día.
-¿Chocolate con churros para la señorita? –Me di la vuelta alarmada por haber escuchado su voz y lo vi parado a pocos metros de mí. ¿Seguía soñando?
-¿Cómo has entrado, Harry?
-Por la ventana, soy como Spiderman. –Solté una pequeña risa, pero me repuse rápidamente volviendo a ponerme seria. –Es broma. Me ha abierto tu hermana. –Miré detrás de Harry y pude ver a mi hermana correr por el pasillo hasta meterse en su cuarto.
-Ya te pillaré. –Alcé la voz lo suficiente como para que ella lo escuchara y me senté en el sofá mientras Harry se sentaba en frente de mí. - ¿Y para qué has venido? ¿Sólo para desayunar?
-No. Ya me dijo ayer Kara que te había contado lo nuestro. –Asentí esquivando su mirada. –Bien, pues quería venir a hablar contigo. A arreglar las cosas. No quiero que acabemos mal.
-Nunca quise acabar mal contigo, Harry. –Levanté la vista y lo vi sonreír. Yo también sonreí.
-Entonces, ¿amigos?
-Amigos. –Cogí un trozo de los churros recién hechos que había traído Harry y lo mojé en el chocolate aún caliente. Él hizo lo mismo. Estábamos en completo silencio, pero no era un silencio incómodo. Estaba realmente agusto estando así con él. Al cabo de un par de minutos él decidió retomar la conversación.
-Nos precipitamos, ¿no crees? –Asentí mientras bebía un sorbo del chocolate. –Sólo quiero decir que no cambio ninguna de las palabras que te dije, Beca. Ninguna.
-Yo tampoco, Harry. Estuve siendo sincera todo el tiempo. –Él se levantó y me abrazó con fuerza. Pero ya no sentía los escalofríos del primer día. ¿Dónde estaba toda aquella electricidad que me hacía sentir? Inspiré en su cuello, empapándome de todo su perfume y le abracé con fuerza.
-Me voy ya, pequeña. Mañana nos vemos.
-Adiós Harry, hasta mañana. –Le acompañé hasta la puerta y me despedí de él con la mano. Me quité un par de mechones de la cara, cerré la puerta y volví al salón para asomarme al balcón. El día se planteaba realmente raro. Escuché los pasos de mi hermana detrás de mí y me giré con cara seria.
-Necesitabais hablar. Lo siento. –Yo negué divertida con la cabeza y me puse a su lado.
-No pasa nada cielo. Pero, no hemos arreglado nada.
-Bueno, ahora sois amigos.
-¿Y te crees que todo va a seguir igual que antes? –Ella bajó la cabeza, dándose cuenta de la verdad. Yo también lo hice. Era cierto. Nada iba a ser igual.
Pasamos la mañana en casa de mis abuelos, como todos los domingos. Después de comer, mi hermana y mi primo se pusieron a ver una película, mientras mi abuela y yo hablábamos tranquilamente en la cocina. Me contó que mi padre vendría en dos días, el día del cumpleaños de mi madre. Y que podríamos irnos a comer a algún restaurante. Yo acepté encantada. Estaba deseando ver a mi padre.
-Y, ¿qué quieres para tu decimoctavo cumpleaños?
-Nada abuela, no hace falta que me compres nada. –Ella sonreía mientras negaba con la cabeza.
-Algo bonito tendrás. –Yo la abracé y me fui al salón a ver la película que tanto interesaba a Vicky y Will.
Volvimos a mi casa cuando la película acabó y decidimos hacer un par de pizzas. Las puse en el horno mientras mi hermana se duchaba. Cuando por fin salió de la ducha, yo llevaba unos diez minutos comiendo. Ella se sentó en el suelo, cogió un trozo de pizza y centró los ojos en la pantalla.
-Enana, en cuanto salga de la ducha a la cama. Que mañana hay clase. –La escuché farfullar y entré en el baño. Encendí la radio y dejé que la música de algún grupo inglés impregnara el ambiente. Me metí bajo la ducha y me puse a pensar que haría al día siguiente.
“Pues vas a hacer como si no pasara nada. Porque eres así de tonta. Irás con tu sonrisa falsa como si no te importara nada mientras el dolor te mata por dentro”.
Bufé mientras me aclaraba el cuerpo. Apagué el agua y me envolví en una toalla. Avisé a mi hermana de que se fuera a la cama y yo me fui a mi cuarto a vestirme. Me puse el pijama, me quité la coleta que me había hecho para que no se me mojara el pelo y me metí en la cama pidiendo que el día siguiente no fuera muy duro. 

sábado, 2 de marzo de 2013

CAPÍTULO 20.


-¿Qué ha pasado? Me estás asustando. –Kara bufó un par de veces al otro lado de la línea mientras yo daba vueltas, nerviosa, por toda mi habitación.
-Harry y yo estamos juntos. –Estoy totalmente segura de que escuché el crujido de mi corazón en aquel instante. Escuchaba su respiración inquieta.
-Me… me alegro muchísimo, de verdad. –Ella rió débilmente y yo le acompañé la risa.
-Muchas gracias. Yo… bueno, cuando tú faltaste el viernes me acerqué a hablar con él y…
-Tranquila, está bien, no importa. Nos vemos el lunes. –Colgué el móvil y lo estrellé contra los cojines de mi cama. Maldita sea, joder, ¿no me puede ir nada bien? Me miré en el espejo, me sequé las lágrimas, sonreí falsamente y salí de mi cuarto.
Mi hermana estaba comiéndose un bocadillo en el salón y yo me senté a su lado. Empezamos a jugar como cuando éramos niñas, necesitaba alejar la mente de aquella situación y eso fue lo mejor que se me ocurrió. Jugar a hacerle cosquillas a mi hermana, estuvimos así unos veinte minutos hasta que se ella se repuso de la risa y consiguió recuperar el aliento. Se sentó delante de mí y me alcanzó un coletero.
-¿Me haces trenzas como me hacía mamá? –Asentí y empecé a alisarle el pelo con los dedos. Mientras la peinaba ella me contaba cosas de su clase, de los chicos y de sus nuevas amigas. De lo mucho que echaba de menos España y de las ganas que tenía de ver a mi padre.
Yo también tenía ganas. Iba a venir en unos días, para celebrar el cumpleaños de mi madre, pero no estaría para el mío. Empecé a hacerle una trenza de raíz a mi hermana, como las que le hacía de pequeña para ir a clase, o para las bodas. Siempre le había gustado llevar trenzas y siempre me pedía que se las hiciera. Esos eran nuestros momentos de tranquilidad.
-¿Qué vas a hacer para tu cumpleaños? Ya son 18. –Me encogí de hombros y acabé de recogerle el pelo.
-No creo que haga nada, pasaré la mañana en clase y por la tarde con vosotros. Será un día más.
-No puede ser un día más, serás mayor de edad. No digas idioteces. –El timbre de la puerta me sacó de aquella incómoda situación y fui a abrir con agilidad.
-Buenas tardes prima, hoy toca sesión de fútbol. Chelsea-Liverpool. Tu equipo contra el mío.
-Vais a perder, como siempre. –Él sólo rió y se acomodó en el sofá poniendo el partido que acababa de empezar. No había cosa que más me gustara que eso, una buena tarde con la familia viendo el fútbol mientras mi primo y yo nos hacíamos rabiar. Al descanso el partido iba 1-0 a favor del Chelsea, y yo no hacía otra cosa que reírme de Will que estaba enfadado en una esquina del sofá.  
Preparé algo para picar ya que pronto sería la hora de cenar. Escuché la voz de mi primo llamarme porque la segunda parte acababa de empezar, así que saqué una cerveza y unas coca-colas, con un plato de palomitas y me volví a sentar en el sofá con Vicky y Will.
-¡Goooooool! En tu cara primita. Golazo de Luis Suárez. –Will empezó a saltar delante de la televisión mientras yo lo miraba riéndome.
-Tranquilo, acaba de empezar la segunda parte. –Él se sentó en el sofá dando un largo trago a su cerveza y mi hermana se acomodó encima de él. La segunda parte del partido fue tranquila,  sólo un par de faltas, un par de disparos a portería pero ningún gol.
Cuando el reloj dio las nueve de la noche el árbitro pitó el final del encuentro que acabó con un 1-1. Mi primo se estiró en el sofá y levantó a mi hermana de su regazo que se sentó en el sofá de enfrente farfullando un par de insultos. Yo sonreía viendo la escena, definitivamente, eran como dos niños pequeños.
-¿Hoy salimos otra vez?
-¿Estás loco? No creo que pueda aguantar otra noche como la de ayer. –Will soltó una carcajada y yo le saqué la lengua.
-Bueno, el viernes que viene si saldrás para celebrar los dieciocho.
-No, no quiere salir, no quiere celebrar nada. –Mi hermana se tumbó en el sofá mientras cambiaba de canal poniendo un reality.
-¿Irá de coña, no Beca? –Negué con la cabeza seriamente.
-No, va a ser un día normal. Primero a clase y luego a casa. Fin.
-Está bien, si es lo que tú quieres. –Asentí con decisión y me fui a mi cuarto a ponerme el pijama. –Cuando volví al salón, Vicky y Will estaban absortos viendo el programa. Negué divertida y me senté con ellos a ver una versión inglesa del Gran Hermano español. Bufé, nunca me había gustado esa porquería, ni en España ni en Inglaterra, ni en el fin del mundo, pero me resigné a verlo. Ellos lo comentaban entretenidos, y yo estaba metida en Twitter, hacía más de dos semanas que no me conectaba y tenía varias menciones de mis amigos, preguntándome como estaba, como me iba por tierras inglesas y cómo me trataba la gente.
Pero hubo un mensaje directo que realmente me sorprendió. Era de Noe, llevábamos sin hablarnos más de seis meses, cuando ella decidió que la chica que se preocupaba más por sacarse la ESO no era buena compañía.
                “Hola Beca; sólo quería decirte que te echo de menos, que no hay día que no me acuerde de tus bromas y de tu risa. Espero verte pronto por aquí. Te quiero.”
Me quedé un rato leyendo y releyendo sus palabras, sin saber que contestarle. Respiré hondo y empecé a escribir.
                “Noe. Me sorprende que me escribas. ¿Tus amigas pijas te han dejado de lado? Te recuerdo que no soy segundo plato de nadie.”
Enviar. Ahora seguro que recibiría alguna excusa tonta, de las que ella solía dar para todo, la conocía demasiado bien. Dejé el móvil sobre la mesa y me estiré en el sofá, colocando las piernas sobre el regazo de mi primo. Vicky había cambiado de canal a otro donde acababa de empezar una película, nos quedamos viéndola en silencio. Mi primo me hacía cosquillas en las piernas mientras yo cada vez tenía más sueño. Me había pasado la tarde alejada de cualquier pensamiento relacionado con Harry pero, a la hora de dormir, la conversación con Kara volvió a mi cabeza provocándome pesadillas.

CAPÍTULO 19.


Me desperté cuando los rayos del sol entraron en mi cuarto. El dolor de mi cabeza me demostraba que el día anterior me había pasado bebiendo. Bufé dándome cuenta de que aún eran las ocho y media de la mañana. Me levanté resignada y decidí salir a dar una vuelta para despejar un poco la mente. Me puse una camiseta azul de manga francesa, unos vaqueros, mis vans y me recogí el pelo en dos trenzas. Cogí mi móvil, mis llaves y me fui. Había dejado a mi hermana y a mi primo durmiendo, sabía que volvería antes de que se despertaran así que no me preocupé en dejarles ninguna nota.
La suave brisa impactaba en mi cara provocándome una sensación agradable, comencé a andar sin ningún rumbo fijo; la gente andaba con prisa por las calles de la ciudad, empresarios que iban a entrar ya en el trabajo, chicos que volvían de fiesta, jubilados que salían a desayunar, y luego yo que, en momentos como ese, echaba de menos España. De repente me acordé del día en el que estábamos. 21 de septiembre, el cumpleaños de Cris. Sonreí y saqué el teléfono de mi bolsillo y marqué su número.
-¿Diga?
-¡Cristina!
-¿Beca, eres tú? Cariño, ¿cómo estás?
-Sí, sí soy yo. Felicidades pequeña, estoy bien. ¿Tú? –Me senté en la acera de la calle y me apoyé en la pared mientras escuchaba con atención como me contaba las cosas que habían pasado con mis amigos. Me enteré de que Noe, la que había sido mi mejor amiga, ahora se juntaba con los pijos de la clase. Que Lucas se había cambiado del colegio, pero que siempre quedaban los viernes, y que ella, después de tanto tiempo detrás de Marcos ya llevaba dos meses con él.
-¿Y tú, que tal por Londres?
-Bastante bien. –Respiré profundamente. –La gente es muy simpática, pero nada comparado con vosotros. –Escuché una débil risa.
-¿Vas a venir pronto?
-Ojalá.
-Me tengo que ir, Beca. Te echo de menos.
-Adiós, Cris. Yo a ti también. –Colgué el teléfono y descansé mi cabeza sobre la pared; realmente sí quería volver a mi país. Con mis amigos, mis primos… Me incorporé y decidí volver a casa. Iba mirando los escaparates de la tienda, pero no había ninguno que me llamara realmente la atención.
Tras veinte minutos andando por fin llegué a mi piso. Mi hermana aún seguía durmiendo pero mi primo se había ido a casa de mis abuelos, según había puesto en una pequeña nota que había dejado sobre la mesa del salón. Así que decidí tranquilizarme leyendo alguna novela “asquerosamente cursi” como las llamaba mi hermana.
Me dejé envolver por las aventuras de los protagonistas, por cada beso, cada conversación. Cerré el libro cuando acabé de leer un par de capítulos y decidí que era hora de despertar a mi hermana.
-Buenos días, dormilona. –Salté sobre su cama y ella se puso la almohada en la cabeza. –Vamos, Vicky, que es tarde. –Ella se desperezó en la cama y se incorporó.
-Déjame dormir.
-No, vamos. Es tarde. –Farfulló y se levantó de la cama dirigiéndose al baño. Yo me levanté de su cama y me fui a la cocina a preparar algo de comer.
Nos decidimos por una ensalada para cada una. Terminamos de comer en menos de quince minutos. Me fui a lavar los platos mientras mi hermana subía la música al máximo. Cuando me asomé al salón la vi bailando por encima de los sofás, parecía una loca, me quedé parada en la puerta riéndome de sus ridículos bailes, mientras ella bailaba descompasada una canción que sonaba en la radio. Entre el ruido de la música y los gritos de mi hermana pude diferenciar el tono de mi móvil sonando en mi cuarto, así que corrí a coger el teléfono. Respiré profundamente intentando recuperar el aliento antes de contestar.
-¿Diga?
-Beca.
-¿Qué ha pasado, Kara?
-Yo… bueno, quise que te enteraras por mí antes que por otros.

CAPÍTULO 18.


Al cabo de un rato escuché las risas de mi hermana y mi primo entrando por la puerta y me hicieron reír a mí.
-¡Beca! Dice Will que has hecho macarrones, dime que no está jugando con mis sentimientos.
-No, hoy comemos macarrones. –Mi hermana levantó los brazos en señal de victoria y se fue a su cuarto a cambiarse. -¿Y bien?
-No sé, no he llegado a hablar con él. Con quién si he hablado es con Niall y con Rachel. La chica es algo imbécil, ¿no? –Asentí mientras lo miraba. –Bueno, pues me ha preguntado por ti, porque no habías ido hoy a clase. Y poco más. –Resoplé quitándome un mechón de la cara y me encogí de hombros.
Recogimos la mesa en silencio y, mientras mi hermana se iba a hacer deberes a su cuarto, yo me quedé con mi primo viendo una película. Al cabo de media hora decidimos quitarla, porque era realmente mala, así que nos pusimos a hacer planes para el fin de semana que acababa de empezar
-Esta noche nos vamos a ir de fiesta, tú y yo. A Vicky la dejamos con los abuelos. –Lo miré divertida y negué con la cabeza.
-Debo estudiar.
-Déjate de estudios. Y ve a arreglarte, en una hora salimos. ¡Vamos! –Corrí a la ducha mientras reía. Mi primo era el único que me sacaba de cualquier pozo de tristeza. Después de ducharme y secarme el pelo empecé a vestirme. Acabé poniéndome unos vaqueros pitillos azul eléctrico, una camisa blanca y unos tacones negros. Un poco de rímel, brillo de labios y fin.
-Vicky, ahora vienen los abuelos, que Will y yo nos vamos a dar una vuelta.
-No me parece justo. –Rió con fuerza en su cuarto y se despidió de mí con la mano. –Hasta mañana.
-Adiós. –Cogí el móvil, algo de dinero y las llaves y salí al rellano, dónde estaba mi primo esperando. -¿Has hablado con los abuelos?
-Sí. En diez minutos irán a tu casa. –Asentí y me agarré a su brazo y bajamos las escaleras. Salimos a la calle que empezaba a llenarse de adolescentes como nosotros. Las risas inundaban las calles. Mi primo me llevo primero a un par de pubs dónde nos tomamos varios cubatas y un par de chupitos, después me llevó un pub de los más Vips de Londres. Reí cuando mi primo le metió un par de billetes de veinte libras al portero del pub y éste nos dejó pasar.
La música resonaba con fuerza, me gustaba. Pedimos un par de Martinis con coca-cola y nos movimos a la pista para bailar. Dejé que la música entrara en mi cuerpo, y me movía inconscientemente. Vi como todas las miradas se posaban en nosotros y yo me eché a reír.
Un par de chicas nos miraban y señalaban a mi primo. Definitivamente, era un ligón. Le cogí de la chaqueta y me acerqué a su oído.
-Has ligado. Mira aquellas chicas que están detrás de mí. –Él rió en mi cuello y se acercó a ellas. Yo negué divertida con la cabeza y me acerqué a la barra para descansar.
-¿Bailas? –Me di la vuelta mientras alguien me cogía por la cintura y sonreí instintivamente fijando mi vista en los ojos de Harry. Él también sonreía, como si nada hubiese pasado, como si la conversación de anoche no hubiera existido.
Me levanté del taburete y me fui con él a la pista, sentía como el alcohol empezaba a hacer efecto. Bailamos un par de canciones convirtiéndonos en el centro de atención de todo el mundo. Nos acercamos a la barra a pedir algo más, Harry se pidió una cerveza y yo otro Martini con coca-cola. Me lo bebí con rapidez y sentí como me ardía la garganta. Resoplé cuando vi al camarero acercarse con un par de chupitos.
-Invita la casa. –Nos guiñó un ojo y se fue. Harry y yo nos miramos y nos los bebimos casi en el acto. Sacudí la cabeza y, justo cuando iba a empezar una nueva canción, vi como mi primo se colocaba a nuestro lado esperando una explicación. Yo sonreía, algo mareada por las copas que llevaba, Harry lo miró de arriba abajo y se acercó a mí.
-No me habías dicho que tenías un hermano. –Lo miré sorprendida y negué con la cabeza y me acerqué a su oído.
-No es mi hermano. Es mi primo Will. –Él sólo asintió sonriendo. Sentí como Will me cogía la mano y se acercaba a mí.
-Beca, nos largamos, llevas un par de copas de más. –Yo negué divertida y me aferré al brazo de Harry.
-¿Habéis venido los dos solos? –La voz ronca de Harry me perforó el tímpano y yo asentí mirándole a los ojos.
-Sí. ¿Tú? –Vi a Harry evitar mi mirada y suspiré.
-No, he venido con una amiga. –Sonreí falsamente y me solté de su brazo lentamente, acercándome a Will.
-Nosotros nos vamos a ir ya, que está mi hermana sola. –Besé la mejilla de Harry y salí del recinto agarrada de la mano de mi primo.
-¿Ese chico era Harry? –Asentí. –Menudo imbécil. Antes de irme con las dos chicas esas lo he visto darse el lote con otr…
-Lo sé. Déjalo ya. –Él me abrazó con fuerza y sonrió.
-Perdona.
Llegamos a casa después de estar más de veinte minutos recorriendo Londres. Abrí la puerta en silencio y dejé pasar a mi primo. Le preparé el sofá para que no tuviera que molestar a mis abuelos, le di un pijama de mi padre y me fui a mi cuarto a dormir.
-He visto a Niall esta noche, mientras tú estabas bailando con Harry. Sigue sonriéndote igual que en la cafetería. –Y eso fue lo último que recuerdo antes de quedarme dormida mientras mi primo me tapaba.