domingo, 7 de abril de 2013

CAPÍTULO 50


Pasé de largo el edificio de la casa de Harry y seguí andando con cierta rapidez hasta el parque en el que habíamos estado en nuestra primera cita. Me recorrí el parque entero pero no estaba allí. Suspiré y decidí tumbarme en el césped.
-¿Dónde narices estás, Harry? –Grité mirando al cielo; una joven pareja que pasaba a mi alrededor me miraron extrañados y siguieron andando acelerando algo más el paso. Yo sonreí. Tenía que parecer una loca ahora mismo.
Me incorporé en la hierba y vi su camisa blanca a lo lejos. Allí estaba, apoyado en una valla, mirando las puntas de sus zapatos. Sonreí y me levanté de un salto acercándome a él. Cuando estaba a pocos metros de distancia, levantó la cabeza y me detuve en seco. No era Harry. Simplemente, era un chico que se le parecía.
Torcí la boca en una mueca y empecé a andar en dirección a mi casa. Entonces pensé en el pub dónde la pelea. Dijo que el dueño era su amigo y, quizá estuviera ahí. Empecé a recorrer de nuevo las calles londinenses hasta llegar al pequeño local. Agradecí llevar algo de dinero encima para poder pagar al portero y que me dejara entrar, cuando conseguí colarme entre la gente que abarrotaba el local me apoyé en una pared e inspeccioné el lugar buscándole.
-¿Cuántas veces te tengo que decir que no vengas a estos sitios sola? –Respiré hondo y miré a mi derecha para encontrarme con él.
-Estaba buscándote. Tu hermana está preocupada y los chicos también.
-¿Y tú? –Tragué saliva al ver que se ponía delante de mí y colocaba las manos a ambos lados de mi cabeza. Se acercó más a mí.
“Beca, maldita sea, respira.”
-Yo… yo también. –Me agarré a su cuello y lo abracé con fuerza. Claro que estaba preocupada. Cómo no iba a estarlo. Llevaba sin verlo más de cuatro días. Él correspondió mi abrazo aún con más fuerza. -¿Dónde has estado?
-Necesitaba alejarme de todo. Ha sido una semana de vacaciones. –Él rió y yo mostré una mueca seria. No me hacía ninguna gracia. –Vamos, sonríe. Estoy bien.
-¿Y si te llega a pasar algo, qué? ¿Creía que te había atropellado un autobús, o cualquier tontería? –Respiré profundamente y parpadeé un par de veces intentando reprimir las lágrimas. Él volvió a reducir el espacio entre nosotros, cogiéndome por la cintura.
-Estoy aquí, tranquila. –Le apreté con más fuerza intentando que no hubiera ninguna distancia entre nuestros cuerpos. Sentí una mano en mi cintura y la otra puesta en mi barbilla levantando mi cabeza. Capturó mis labios en un beso antes de que pudiera darme cuenta.
Hice fuerza para separarme de él pero acabé cediendo y me agarré a su cuello, siguiendo el beso. Echaba de menos la calidez de sus besos, el tacto de sus manos en mi cadera, echaba de menos que me acariciara el pelo en mitad de un beso y, ¿qué coño? Lo echaba de menos a él. Sentía su sonrisa en mis labios y me provocó una sonrisa a mí también. Y ahí estábamos los dos, en mitad de tanta gente, besándonos a base de sonrisas.
Recordé la electricidad que me provocaba Harry al principio, recordé como había pensado que se había ido, pero no, siempre había estado ahí aunque por un tiempo el dolor la había ocultado.
-Te invito a un chupito. –Asentí sonriendo y nos acercamos a la barra pedir dos chupitos y nos trajeron otros dos como invitación de la casa. Chocamos los vasos de los chupitos y tragamos con velocidad, dejando que ardieran en nuestras gargantas.
-Salgamos de este antro, Harry.
-Estaba deseando que me lo pidieras. –Agarró mi mano con rapidez y nos escabullimos entre la gente hasta que por fin pudimos respirar aire fresco.
Andábamos por las calles de Londres de la mano, mientras reíamos haciéndonos bromas. Era como si nada hubiera cambiado entre nosotros y, creo que una parte de mí, me decía que todo era como antes. 


CAPÍTULO 49



Cinco minutos más. Me revolví en la cama ante el irritante pitido del despertador y tapé mi cabeza con las sábanas.
-Beca, tenemos que ir a clase. Despierta. –Era su voz ronca la que perforaba mi tímpano. Me incorporé y lo vi sonriendo a pocos metros de mí. –Buenos días.
-¿No podemos saltarnos las clases y quedarnos aquí, en la camita? –Puse carita de cachorrito y él sonrió.
-No hay nada que me apetezca más que eso. –Le cogí de la camiseta acercándolo a mí y, cuando estaba a pocos centímetros, un nuevo pitido hizo que Harry se desvaneciera.
Abrí los ojos de golpe y miré el despertador. Todo había sido un sueño. Salí de mi cama con las mismas ganas que siempre y, repetí, el mismo proceso de siempre. Llevaba una sonrisa dibujada en la cara, pero no sabía por qué. Salí del edificio y anduve los pocos metros que había hasta llegar a nuestro punto de encuentro. Me senté en el bordillo esperando a Julie, que apareció con Josh, Tom y Chris al final de la calle. Me levanté y los saludé uno a uno. Julie se había enterado de lo de Will por la noche, cuando le mandé un mensaje diciéndoselo y se le notaba que estaba seria, pero aún así, seguía con ese punto humorístico que siempre tenía
-¿Te duele mucho el labio? –Julie rozó la herida y yo gruñí. –Sí, sí que te duele. Lo siento.
-No importa, venga, que vamos tarde. –Llegamos a clase cuando el profesor ya estaba pasando lista. Niall me sonrió y yo le correspondí con otra sonrisa. Pero mi mirada se desvió al sitio que había junto a Kara. Era el segundo día que faltaba Harry.
Resoplé intentando prestar algo de atención en clase, pero me fue casi imposible. Me pasé las seis horas haciendo garabatos en un trozo de libreta y recibiendo miradas de odio por parte de Rachel, a segunda hora decidí ignorarla, pero entonces ella atacó haciendo que todas sus amigas me miraran con demasiada rabia contenida. ¿Yo? Bueno, yo seguía dibujando cosas sin sentido en mi papel de libreta. Ni si quiera había sido consciente de lo rápido que habían ido transcurriendo las horas. Cuando por fin sonó el timbre, me levanté de mi sitio y salí al patio acompañada de Tom y Julie. Mi hermana reía en la puerta con una amiga y un par de chicos. Sonreí. Estaba ligando con ellos, sí. La llamé con el brazo y ella se despidió de sus amigos mientras yo hacía lo mismo con los míos.
-¿Quiénes eran esos dos chicos? –Golpeé mi brazo con el suyo y el rubor subió a sus mejillas.
-El rubio se llama Adam, el moreno, David.
-¿Cuál de los dos es?
-David. –Se ruborizó aún más y yo sonreí. Era bastante guapo.  Mi abuela nos recibió con una sonrisa enorme en la puerta de la casa, a la cual, correspondimos con otra más. Comimos escuchando a mis abuelos contarnos como habían pasado la mañana y, cuando acabamos, Vicky empezó a fregar los platos mientras yo me tumbaba en el sofá y cerraba los ojos para descansar. Cuando terminé de dormir, encendí la televisión para ponerme a ver algo interesante, pero no había nada así que me decanté por ver vídeos en Youtube durante toda la tarde hasta la hora de la cena, cuando mi hermana puso una película poco interesante. Fui la primera en irse a la cama, y, de nuevo, soñé con Harry.
El resto de la semana fue una maldita repetición del resto de los días hasta que llegó el viernes. Harry había faltado a clase toda la semana y, empezaba a preocuparme, a diferencia de mis amigos. Cuando salimos al recreo escuché los planes de Julie de ir al cine el sábado y me apunté en el momento. Kara aceptó también y, aunque nos costó más convencerlos, los chicos también. Acabamos decidiéndonos por una película de acción que acababan de estrenar y que las críticas decían que era bastante buena.
-Bien, chicos. ¿Qué os parece si hago los grupos para los trabajos hoy? –La profesora de filosofía dejó sus libros en la mesa y se cruzó de brazos sonriendo.
-¿No los podemos hacer nosotros? –La voz salió de una de las chicas que ocupaban las mesas del centro de la clase y la profesora lanzó una mirada cortante en su dirección.
-No. –Sacó una lista de su bolso y miró a la clase.  –Empiezo. La señorita Kara Doyle irá junto a Louis Tomlinson, Nicole Clapton y Ellen Britt. Rebeca López estará en un grupo integrado por Julie Wells, Josh Devine, April Tyler y Rachel Jones. –Mi mirada se abrió de par en par y Rachel me miró con cara de asco.
-¿Hay alguna posibilidad de cambiar de grupo? –La profesora miró a Rachel con una sonrisa irónica.
-Ninguna. –Ella se cruzó de brazos resoplando mientras la profesora seguía diciendo los grupos de clase.
Sonó el timbre y todos salimos al patio con una sonrisa en la cara, por fin viernes. Comimos con cierta rapidez ya que mi hermana había quedado y me obligaba a ayudarla con la ropa. Al final, acabó poniéndose una camisa blanca, unos vaqueros y unos botines marrones que había heredado de mí.
Me dio un beso en la mejilla y salió de mi casa a las cinco y media de la tarde. Sonreí placenteramente mientras me tumbaba en el sofá viendo la tele. Al final, acabé durmiéndome mientras veía un programa de cocina.
Abrí los ojos a las siete y media de la tarde, justo cuando mi móvil resonaba a causa de un mensaje que acababa de recibir.
          “Beca, ¿sabes dónde está Harry? Estamos llamándole pero no lo coge y, su hermana, está preocupada. Chris.”
          “¿No está en su casa? No sé nada de él, pero si me entero de algo os llamo.”
          “No, no está allí. Gracias. Es urgente.”
Me quedé parada mirando a la ventana del salón, Harry tampoco había ido a clase hoy, ni ayer, ni antes de ayer... Y así toda la semana. Decidí llamarlo para ver si a mí me contestaba. Una vez. Dos veces. Tres veces.
          “El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura, por favor, inténtelo de nuevo más tarde.”
Resoplé, ¿dónde narices se habría metido? De repente una fugaz idea recorrió mi cabeza. Escribí una nota a Vicky diciéndole que volvería tarde, cogí el móvil y las llaves y salí de mi casa en dirección a casa de Harry esperando que mi idea fuera cierta.

CAPÍTULO 48



Me separé de ella dejando que sus amigas le arreglaran el maquillaje y yo me fui al baño a mirarme la cara.
-Zorra. –Me había arañado con las uñas de gel y me quemaba el labio. Me eché agua pero la herida seguía molestándome.
-¡Beca! –Julie y Kara entraron por la puerta gritando y me abrazaron. -¡Esta es nuestra chica! –Rieron y tocaron mi labio.
-Parad, coño. Duele.
-Mira lo que le has arrancado. –Julie saco una extensión de su bolsillo y yo empecé a reír. –La voy a guardar como recuerdo. “La extensión de Rachel arrancada por mi españolita” –Y la levantó en señal de victoria. Sonreí mientras negaba con la cabeza y volví a clase con ellas.
Si las miradas matasen, yo no habría salido viva del colegio, Rachel y sus amiguitas se habían pasado el día entero mirando a mi sitio y lanzando maldiciones contra mi persona. ¿Mi respuesta? Reírme de ellas cada vez que me miraban. El timbre. Gracias a Dios. Recogí las cosas con rapidez y me reuní con los demás en la puerta del colegio. Mi hermana dirigió la mirada directamente hasta mi labio y me miró extrañada, Julie se acercó por detrás y sonrió al ver la expresión de mi hermana.
-Beca es una matona.
-Cállate, ¿quieres? –Reí y me despedí de todos mientras empezaba a andar en dirección a mi casa. La comida estaba en la mesa, pero no estaban ni mis abuelos ni Will. Supuse que lo habían llevado a la estación para que volviera a Manchester. Suspiré, sabiendo que no lo vería hasta dentro de unas tres semanas, cuando acabara los finales.
Acabamos de comer y mi hermana se tumbó en el sofá para leer. Yo decidí irme a mi cuarto y dar un repaso por las redes sociales, no sin antes pararme en el baño para mirarme el labio.
-Zorra. Me ha destrozado el labio. –Rocé con la punta del dedo la herida y rechiné los dientes del dolor.
Me tumbé en la cama y miré al techo. Necesitaba hablar con alguien, no sólo de la pelea sino de todo en general. Alargué mi mano en busca de mi móvil y busqué el número de Cris. Al segundo toque ya estaba contestando.
-¡Beca! Dos llamadas en un mismo mes, que milagro. –La escuché reír. –Cuéntame, ¿qué te pasa?
-Estoy hecha un maldito lío. –Resoplé y me incorporé pegando mi espalda en el cabecero. Empecé a contarle todo lo que había pasado, desde el principio, sin omitir ningún detalle. Ella escuchaba tranquilamente al otro lado de la línea y, cuando terminé, la escuché suspirar.
-Entonces, peque, me estás diciendo que los dos tíos más buenos de todo el instituto están detrás de tu precioso culo y tú, estás con uno de ellos, pero el otro te llama la atención ¿no? –Parece que la estaba viendo sonreír en su habitación repleta de posters. Yo negué con la cabeza.
-Más o menos es eso, sí.
-Maldita sea, ¿crees que aceptarían hacer un trío? Él que mejor funcione en la cama es con el que te quedas. –Ambas empezamos a reír como locas.
-¡Cris! –Ella seguía riendo.
-Vale, vale, ya pasó. No sé, Beca, si quieres mi humilde opinión.
-La quiero, la quiero.
-Pues es, que yo tampoco sé que hacer. –Ahogué una risa.
-Muy buen consejo.
-Joder, no te voy a decir las mierdas esas de “sigue a tu corazón” bla, bla, no. Tú… déjate llevar.
-Gracias Cris, te volveré a llamar.
-Hazlo. Te quiero.
-Yo no. –Reímos y colgué. La hora del móvil marcaba las seis menos cuarto de la tarde. Me estiré en la cama y fijé la mirada en el techo. Tendría que hacer deberes de matemáticas, pero no estaba muy por la labor. Cogí el portátil de debajo de mi cama y lo encendí metiéndome en Twitter y Tuenti. No había muchas novedades. Un par de mensajes privados y poco más. Los contesté y abrí el chat para ver si había alguien interesante conectado.
Noe. Cris. Raúl. Y pocos más. Resoplé desconectándome y cogí un libro de la estantería dejando el ordenador a un lado.
“Tengo ganas de ti”. Decimo novena vez que me leo esta novela, pero no tenía otra cosa que hacer así que abrí el libro y me introduje en las calles de Roma. Leía con rapidez, dejándome envolver por la historia.
-Beca, vamos a cenar ya. –Miré a mi puerta y me encontré a mi hermana cruzada de brazos.
-¿Qué hora es?
-Las diez menos veinte. –Me levanté y dejé caer el libro en la cama. Cenamos mientras mirábamos con poco interés la televisión. –Mañana tengo examen. No quiero ir a clase.
-¿Te lo sabes?
-Sí, pero me pondré nerviosa y se me olvidará todo.
-Que no idiota. Vete a la cama y descansa, verás cómo mañana sale genial. –Ella asintió, llevó los platos a la cocina y se despidió de mí yéndose a su cuarto.
Yo también debería acostarme, hoy ha sido un día duro. Fregué los platos con rapidez y me metí en la cama. Una noche más, Harry, se coló en mis sueños.

sábado, 6 de abril de 2013

CAPÍTULO 47



Antes de darme cuenta, alguien tiró de mí, poniéndome entre su cuerpo y la pared de algún edificio. Levanté la mirada, aún llorosa, y me perdí en sus ojos verdes. Notaba su respiración estrellarse en mis labios y como su nariz chocaba con la mía. Cerré los ojos y él colocó una mano dentro de mi chaqueta rozando con suavidad mi espalda desnuda provocándome escalofríos. Me acercó más a él y abrí los ojos para ver su sonrisa a pocos centímetros de mis labios. Abrazó más fuerte mi cadera y le escuché resoplar. Abrió los ojos de golpe para encontrarse con los míos y yo tragué saliva. Él levantó su mano y limpió una lágrima valiente que se había atrevido a salir.
-¿Qué ha pasado? –Susurraba a pocos metros de mis labios y yo me estremecía cada vez que lo hacía.
-No he sido nada más que un polvo para él. Se ha besado con Rachel delante de mis narices. –Harry relajó su agarre a mi cintura y puso una mano apoyada en la pared a pocos metros de mi cara. Entonces la melodía de mi móvil se escuchó en el callejón. Respondí con la voz entrecortada por las lágrimas que caían como suicidas por mi rostro.
-¿Beca? –Era la voz de Niall la que estaba al otro lado de la línea. -¡Beca! ¿Dónde estás? Rachel me cogió y no podía deshacerme de ella. ¡Me besó! Maldita sea.
-Lo sé, lo vi todo. –Levanté la vista a Harry que besó mi frente con delicadeza.
-Beca, no significó nada para mí.
-Mañana hablaremos. –Colgué el teléfono y lo guardé en el bolsillo delantero de mis pantalones.
-Nunca debí dejarte ir.
-Dijiste que nos precipitamos. –Nuestra conversación se reducía a susurros que cada vez bajaban más de volumen.
-Nos precipitamos dejándolo. Éramos fuertes. Podíamos haberlo superado. –Bajé la mirada pero él colocó su mano en mi barbilla levantando mi cabeza. –Te quería Beca. Y, que narices, te quiero.
-No puede ser, Harry.
-No me pienso rendir.
-Tendrás que hacerlo. –Fijé mis ojos en los suyos y me perdí en ellos de nuevo.
-Espera. –Volvió a acercarse hasta el punto de rozar su nariz con la mía. –Pídeme lo que quieras, pero no me pidas que me rinda a la hora de conseguir recuperarte. No puedo hacerlo. –Se separó de mí y se marchó en dirección al bar de dónde había salido hace media hora. Me senté en el suelo y miré al cielo que dejaba ver una preciosa luna llena y sollocé.
Me levanté tambaleándome a causa de los tacones y empecé a andar mientras el móvil vibraba en mi bolsillo. No tenía ganas de hablar con nadie. Llegué a mi casa diez minutos más tarde, dejé los tacones tirados en algún lugar de mi habitación, me deshice de mi ropa y me metí en la cama. Cada diez minutos miraba el reloj de mi habitación, deseando que por fin marcara las siete de la mañana y que acabara el día de mierda que había tenido.
Cuando al fin fue la hora, me levanté y me puse unos vaqueros, unas zapatillas de deportes y la primera camiseta que cogí. Ni si quiera me paré para peinarme. Cogí la mochila y las llaves y salí de allí. Me encontré a Julie comiéndose una manzana donde siempre quedábamos. La miré y ella tiró lo que quedaba de manzana para andar hacia mí.
-¿Qué coño te pasa?
-¿Perdona?
-Te largaste dejando que la guarra esa se besara con tu novio. –Resoplé.
-Él no opuso resistencia alguna.
-Le gritó que se fuera a la mierda y empezó a buscarte por todo el bar. Tu primo le dijo que te habías ido y no se movió de la barra el resto de la noche. –Sentí como mi estómago se retorcía. Yo me había pasado la noche dudando de él. Sollocé. –Tranquila. Él no está molesto, es más, está deseando besarte. Palabras textuales. –Sacó su BlackBerry para enseñarme un mensaje de Niall de esa misma mañana.
-¡Hola chicas! –Josh y Tom nos saludaron en la puerta del colegio y yo centré mi mirada en las escaleras principales. Allí estaba él sentado, con la cabeza entre las manos.
-¿Mucha resaca, rubito? –Levantó la vista hasta a mí y sonrió.
-Bastante.
-Eso te pasa por beber más de la cuenta.
-No, esto me pasa por no acabar la noche contigo en mi cama. –Reí y le abracé.
-Vamos a clase. –Empecé a andar y sentí como clavaba su mirada en mi trasero. Me volví mirándole a los ojos. –Deja de mirarme el culo, imbécil.
-Es que él me llama. –Lo miré extrañada y ahogué una risa. Me agarró de la mano y entramos a clase. Rachel y sus amigas estaban sentadas en sus mesas de siempre y, cuando nos vio aparecer, mostró una sonrisa y se acercó.
-Vaya Niall, parece que tu novia te ha perdonado después de pasar la noche en mi cama. –Él fue a contestar pero yo me adelanté.
-No cariño, no creo que mi novio haya pasado la noche en tu pocilga.
-Repite eso.
-¿No lo has entendido bien? Parece que las rubias sí que son tontas. –Sonreí. –Que eres una cerda. –La sonrisa desapareció de mi cara cuando su mano se estrelló en mi mejilla. La miré asombrada y ella rió volviendo con sus amigas. Niall me agarró del brazo cuando empecé a andar pero yo me deshice del agarre rápidamente acercándome a ella y devolviéndole la bofetada. Y antes de reaccionar, toda la clase gritaba ‘pelea, pelea’.

CAPÍTULO 46



Sentí a alguien zarandear mi cuerpo y fue entonces cuando me desperté, estaba en la terraza, tumbada en el balancín con mi libro como almohada. Abrí los ojos lentamente y me encontré de frente con las gafas de Julie. Salté en el balancín asustándome y ella se echó a reír.
-Vamos niña, no te vas a quedar durmiendo todo el día. –Me estiré y me senté pensando en la noche anterior. Seguramente habría sido un sueño, nada extraño. –Hoy vamos a ir al pub del otro día, Will, Chris, Niall y yo. ¿Vienes?
-Claro. –Ella sonrió y se sentó a mi lado. –Por tu culpa he perdido diez libras. ¿No podías ser un poco estrecha y no follar con Niall? –Reí con fuerza. Maldita Julie.
-Lo siento, hoy te invito yo a los chupitos. –Ella aceptó con la cabeza.                           
-A las 5 nos vamos. –Me levanté entrando dentro de la casa para encontrarme con la mesa puesta. Eran las doce y media. Resoplé, tantos meses viviendo en Londres y aún no me había acostumbrado al horario de aquí. Terminamos de comer, me despedí de Julie y de Kara y entré a ducharme para poder estar lista a la hora.
Esta vez me puse una camiseta blanca que dejaba al aire la espalda y unos pantalones a rayas, los mismos tacones que en mi cumpleaños y lista. El maquillaje de siempre y el pelo, aún un poco húmedo, cayendo por mi espalda descubierta. Encima llevaba una americana negra. Mi primo me esperaba en la puerta y bajamos a la calle dónde nos esperaban los demás.
Saludé a Chris con un abrazo y me giré hacia a Niall, el cual, me saludó besándome con fuerza. Sonreí separándome de él para recuperar el aliento. Empezamos a andar hacia el pub mientras el sol se iba escondiendo y daba paso a una de esas frías noches londinenses. Julie saludó al portero con un guiño de ojos y éste nos dejó pasar sin oponer resistencia.
El ambiente del pub estaba tan cargado como la última vez que vine, aunque ahora podía asegurar que había mucha más gente que el día de mi cumpleaños. Nos sentamos todos en la barra para pedir las bebidas. Cerveza para los chicos y un par de mojitos para nosotras. La pista estaba llena de chicas con poca ropa que buscaban, una noche más, un tío con el que poderse acostar. Will sacó a Julie a la pista de baile mientras yo me quedaba con Niall y Chris que hablaban entre ellos de algún tema sin mucha importancia.
-Hola Beca. –Me giré al escuchar su voz chillona y me encontré a Rachel parada detrás de mí. Iba embutida en un vestido negro que no dejaba mucho a la imaginación y unos tacones de charol negro. Resoplé y saqué mi mejor sonrisa falsa. –Sólo quería preguntarte si me dejas a tu chico un baile. –Miré a mis espaldas a Niall que observaba la conversación a distancia.
-No creo que Niall quiera bailar con alguien como tú.
-¿Cómo yo?
-Ya sabes, él no baila con… -me acerqué a su oído para que pudiera entenderme bien y el ruido del local no fuera un problema. –Perras. –Soltó una risa irónica.
-Ya veremos. –Fue hacia donde se encontraba Niall y le dijo un par de palabras al oído. Él se encogió de hombros y ella aplaudió victoriosa. Había aceptado. Me giré para coger mi bebida y, cuando volví para mirarle, ya se había perdido en la pista con ella. Lo busqué con la mirada y di con él en el mismo momento que él cerraba sus labios sobre los de la rubia.
-Será gilipollas. –Murmuré estrellando la copa en la barra. Estaba sola mientras Chris intentaba ligar con una preciosa pelirroja,  Will y Julie bailaban mientras se comían a besos y, bueno Niall para mí había desaparecido.
-¿Qué haces aquí sola? –Me giré para encontrarme con Louis y reí. Llevaba pintalabios por toda la cara así que entendí que su noche había sido divertida
-Empiezo a pensar que me persigues Louis. –Él guiñó un ojo y yo fingí una sonrisa. –No vengo sola. Mi otro amigo gay está bailando por ahí. –Los dos empezamos a reír.
-Ahora en serio, Rebeca, ¿qué haces sola?
-Chris está ligando, Julie con mi primo y Niall… con Rachel. –Él levantó la vista para mirar el local y negó con la cabeza.
-Ha dejado un bombón para irse con... –Acarició su garganta en busca de la palabra adecuada.
-Con una perra. –Él chasqueó los dedos y me guiñó un ojo. Sonreí. Me levanté de la banqueta y cogí mis cosas, no serían más de las nueve de la noche y ya estaba hasta las narices. –Nos vemos mañana. –Él asintió y yo me acerqué a dónde se encontraba Julie. –Me voy, Niall se ha ido con Rachel y yo no me voy a quedar aquí viendo lo que hacen. –Will miró a Niall que bailaba con la chica rubia a pocos metros de nosotros y yo puse cara de asco.
-Ten cuidado.
-Sí, tranquila. –Miré a Will. –Te mando un mensaje cuando llegue a casa. –Él asintió y siguió bailando con Julie. Salí del bar y un golpe de aire frío sacudió mi espalda. Tirité. Me abroché la chaqueta y empecé a andar hacía mi casa dejando que demasiadas cosas rondaran por mi cabeza. ¿Qué coño había sido ese beso? Resoplé quitando un par de lágrimas de mis mejillas. Entonces escuché una risa detrás de mí. Aceleré el paso y oí como sus pasos también lo aceleraban.
“Oh genial Beca, sólo a ti se te ocurriría volver sola a casa de noche” 

CAPÍTULO 45


[Narra Beca]
Besé de nuevo los labios de Niall antes de entrar en mi portal y me despedí de él. Cuando llegué a mi casa mi hermana aún dormía pero, por lo que escuchaba, mis abuelos ya estaban despiertos así que me pasaría a visitarlos y, además, ver a Will.
Mi abuela abrió la puerta con una sonrisa y yo la abracé. Mi abuelo me miraba desde el sofá del salón y me lancé a sus brazos mientras él me hacía cosquillas. Escuché la puerta del apartamento y desvié la mirada hasta allí para descubrir a mi primo con un paquete de churros. Me levanté del sofá y le revolví el pelo mientras él farfullaba un par de insultos.
Recogimos el salón cuando acabamos de desayunar y salí al balcón a tomar el aire. Escuché los pasos de Will detrás de mí y me di la vuelta sonriendo. Él me devolvió la sonrisa y se apoyó en la baranda a mi lado.
-¿Lo pasaste bien?
-Lo pasé genial. –Me ruboricé al recordarnos a Niall y a mí haciéndolo en un bosque perdido de Manchester y mi primo sonrió.
-Vino Harry preguntando por ti anoche. –Fijé la mirada en la silueta del Big Ben que se veía desde la terraza y ahogué un suspiro. –Y Kara llamó. Creo que deberías llamarla.
-Sí. Será lo mejor. –Saqué el móvil de la chaqueta y busqué su número en la agenda. Un toque. Dos toques. Al tercero la voz ronca de Kara sonó al otro lado.
-¿Beca?
-Kara, ¿estás bien? –Escuché un pequeño sollozo.
-¿Podemos… podemos vernos?
-En diez minutos en el colegio. –Colgamos a la vez. Miré a Will y él se encogió de hombros. –Ha debido de ser muy grave. –Volví a agarrarme el pelo en una coleta y, después de despedirme de mis abuelos, me fui a la puerta del colegio a esperar a Kara. Salió de una boca de metro, llevaba una coleta deshecha y una sudadera. Y, por la cara que traía, no había dormido en toda la noche.
Me acerqué a ella y empezamos a andar hasta una pequeña plaza que había a unos metros de allí. Me contó que había tenido una pelea con Harry la tarde anterior y que habían acabado fatal, pero ni si quiera sabía si habían terminado. Yo la escuchaba sin perder detalle de la conversación, intentando ayudarla en lo que podía.
Cuando terminó de hablar resopló profundamente. Había aguantado las ganas de llorar todo el tiempo, y yo la miraba admirando lo fuerte que era. Yo habría roto a llorar en mitad de la conversación. La abracé con fuerza dejando que ella se escondiera entre mi pelo y, cuando pasaron un par de minutos, ella se separó y mirándome a los ojos.
-¿Sabes lo que más me dolió?
-¿Qué?
-Qué esta jodidamente enamorado de ti. Y que, cuando se lo pregunté ayer, me lo confirmó mirándome fijamente a los ojos. –La voz se le quebró en mitad de la frase y yo tragué saliva. –Te quiere. Y no puedo cambiar eso.
-También te quiere a ti.
-Pero nunca me mirará como te mira a ti; ¿has visto cómo sonríe cuando te ve? Maldita sea, es la sonrisa de un tío enamorado. –Ella se levantó del banco y yo bajé la mirada. –Tranquila, Beca. No es tu culpa.
-Kara, yo…
-No te vayas a disculpar. Da igual, ya encontraré a alguien que me mire de esa forma. –Me abrazó sonriendo mientras secaba un par de lágrimas y yo suspiré abrazándola aún más fuerte. –Bien, y ahora cuéntame, ¿qué tal la excursión con Niall? ¿Lo hicisteis?
-¡Kara!
-¡Lo hicisteis! –Ambas estallamos en una risa. –Lo sabía. Julie me debe diez libras. –Volví a reír y ella acompañó mi carcajada casi al instante.
-No os voy a contar nada más, guarras. –Seguimos sentadas en la plaza contándonos cosas hasta que nuestras tripas rugieron. Ambas nos miramos y sabíamos que era hora de volver a casa.
Me despedí de ella en la boca de metro y me susurró un ‘gracias’ antes de darme un abrazo de despedida. La despedí con la mano y empecé a andar hacía mi apartamento. Llegué a casa de mis abuelos y mi hermana me abrazó con fuerza.
-¿Me has echado de menos, enana?
-Mucho. –Reí y empecé a comer mientras escuchaba a mi hermana decirle a mis abuelos que hoy dormiría en casa de una amiga. Fue entonces cuando me acordé de que mañana no teníamos clase. Sonreí pensando en algún buen plan que hacer para no desaprovechar el día.
Acabamos de comer y nos tumbamos en el sofá mientras mi abuela se ponía a leer un libro y mi abuelo veía entretenido el fútbol. En un par de minutos, Vicky, se había quedado dormida entre Will y yo.
-Voy a invitar a las chicas a dormir. –Él sonrío con picardía y yo le golpeé el brazo. –Tú vas a estar lejos de mi casa. Y de Julie.
-Pues yo invitaré a los chicos. –Le lancé una mirada cortante y él rió. –Déjame ir. Cuando os vayáis a la cama yo me iré.
-Te quedas hasta las doce.
-Como la cenicienta. –Lo miré extrañada y empezamos a reír provocando que Vicky balbuceara un par de insultos y se removiera en el sofá.
Llamé a Julie y a Kara que aceptaron encantadas y a las seis y media ya las tenía en la puerta de mi casa armando lío.
Julie venía cargada de comida y helado y Kara se había encargado de traer las películas que veríamos durante las horas siguientes. Will ayudó a Julie a colocar todo mientras Kara y yo los dejábamos solos en la cocina.
Cuando volvieron con palomitas, patatas y bebidas, pusimos la primera de las más de diez películas que habían traído y apagamos las luces del salón, dejando como única iluminación la luz de la pantalla de la televisión.
Al cabo de dos horas y media había terminado la película. Kara y yo estábamos en el suelo comiendo palomitas y Will y Julie se habían apoderado del sofá. Los miramos unos segundos y estaban abrazados ignorando por completo la película mientras se comían a besos.
-¡Iros a un motel! –Les lancé un puñado de palomitas y Julie me enseñó el dedo corazón.  –¿Así me agradeces que te presentara a este idiota? –Todos reímos y Kara se acercó para poner la siguiente película. Y cuando acabó, otra más. Y otra. Sólo recuerdo ver tres y que el reloj marcaba las once. Había sido un día duro así que cerré los ojos y me dormí en el frío suelo de mármol.
Abrí los ojos. Las dos menos diez de la mañana. Kara dormía en el sillón y Julie y Will lo hacían en el sofá. Hacían tan buena pareja. Sonreí, la pantalla de la televisión seguía encendida así que la apagué y fui a mi cuarto a por un par de mantas para taparlos. Yo me había desvelado así que cogí un libro, una manta, encendí la luz de la terraza y me senté en el pequeño balancín para leer algo.
Mi mirada se desviaba a la calle, por la que no paseaba nadie a excepción de un par de borrachos. El rugido de una moto se escuchó por toda la calle y me asomé para mirar mejor. La figura del chico sólo estaba iluminada por las farolas, pero, podría diferenciar aquellos rizos en cualquier lugar.

CAPÍTULO 44


[Narra Niall]

Me revolví en la hierba cuando escuché un trueno detrás de las montañas que nos rodeaban y, cuando abrí los ojos, un rayo atravesó el cielo iluminando el monte. La tormenta estaba a pocos metros de nosotros, así que tendríamos que volver cuanto antes. Miré a mi derecha y me encontré a Beca completamente dormida a pesar del estruendo de los truenos. Sonreí acariciando con delicadeza su mejilla y apartando un par de mechones que se habían colado entre su nariz y su boca. Ella arrugó la nariz y se dio la vuelta dándome la espalda.
Aún estábamos desnudos. Sentí un rubor en las mejillas y deslicé mi dedo por su columna vertebral. Sentí como se estremecía y me acerqué a su oreja, no sin antes dejar un par de besos en su cuello.
-Despierta Beca. Hay tormenta. –Ella volvió a girarse y se abrazó a mi cintura. –Vamos, tenemos que irnos.
-Cinco minutos más, rubito. –Su voz era débil y soñolienta. De repente un nuevo trueno rugió a pocos metros de dónde nosotros estábamos. Beca se abrazó con más fuerza a mi cintura y abrió los ojos. –Vale, nos vamos. –Solté una carcajada y ella se levantó de un salto permitiéndome observar cada una de sus curvas.
-Levantarse con estas vistas es un placer. –Ella me miró extrañada y desvió la vista hasta su cuerpo únicamente vestido por unas bragas rojas. Se sonrojó y corrió a taparse con la manta con la que yo me estaba cubriendo. Cogió su camiseta que estaba a pocos metros de nosotros y se la puso en medio segundo.
Reí e hice lo mismo con mis bóxers y mis vaqueros. Cuando acabé de ponerme la camiseta ella ya estaba vestida y peinada. Se había puesto un moño dejando que un par de mechones taparan parte de su cara. Se dio la vuelta para recoger las cosas del picnic, dándome la espalda. Estaba preciosa, como ninguna chica podía estarlo. Mi mirada fue bajando hasta mantenerla en su trasero, oh joder. Reí por lo bajo recordando la noche anterior y ella se dio la vuelta en un segundo. Me pilló mirándola embobado y se cruzó de brazos.
-Mueve el culo, Horan. Y deja de mirar el mío. –Se echó la mochila al hombro y soltó a su caballo mientras acariciaba la crin de éste. Dio un salto y se encajó perfectamente en la montura mientras azuzaba al caballo para que corriera en dirección al hotel. –¡Quien llegue primero invita a comer! –La escuché gritar en la lejanía y reí subiéndome yo también en el caballo. Lo hice correr como nunca para poder alcanzarla. Cuando llegué a su altura ella reía escandalosamente mientras la tormenta nos pisaba los talones.
Estaba despuntando el alba cuando aparecimos por el hotel. El hombre que nos atendió la mañana anterior estaba en la puerta del hotel con un café caliente en la mano. Nos miró sonriente y se acercó a recoger a sus dos caballos.
-Espero que hayáis disfrutado de la experiencia, chicos. –Beca y yo nos miramos cómplices y ahogamos una risa.
-Ha sido todo genial. Gracias George. –Le entregó la mochila y se despidió de él con la mano. Nos montamos en el BMV de Chris para volver a Londres después de vivir una de las mejores noches que había vivido en mucho tiempo.
Empecé a conducir camino a casa y vi como Beca se quedaba dormida en el asiento. Miré a la carretera pensando como narices me podía haber enganchado tanto a una tía en tan poco tiempo. Ella se revolvió en el minúsculo espacio que tenía cuando el móvil empezó a sonar en el cenicero del coche. Lo cogí intentando parar la música y que ella siguiera descansando.
-¿Diga?
-¿Niall? ¿Eres tú? –Era la voz ronca de Harry la que estaba al otro lado de la línea.
-El mismo. –Escuché resoplar a Harry.
-¿Está Beca por ahí? Necesito hablar con ella.
-Está dormida. –Volvió a resoplar con más insistencia en el auricular. -¿Qué narices quieres Harry?
-Cuando se despierte dile que me llame. –Colgó el teléfono y miré a Beca que me miraba desde el asiento del copiloto.
-Buenos días dormilona. –Ella se estiró en su asiento y miró divertida por la ventana. Dejé el móvil en el cenicero y volví a centrar la mirada en la carretera.
Llegamos a Londres a las diez y media de la mañana. Dejé a Beca en su casa, no sin antes aclarar que me debía una comida por haber perdido la apuesta, y me marché a casa de Chris a devolverle el coche. Llegué justo a tiempo para ver la moto de Harry derrapar calle abajo y marcharse. Aparqué el coche en la puerta de su garaje y llamé un par de veces al telefonillo.
-¡Niall! –Chris me abrazó con fuerza y yo reí.
-Está bien tío, que no me he ido a la guerra. –Entré en su casa y me senté en el sofá mientras él traía un par de cervezas de la nevera. -¿Qué hacía Harry aquí? –Chris tensó la mandíbula y me miró encogiéndose de hombros.
-Él dice que nada. Yo digo que está enamorado. –Di un trago de la cerveza y volví los ojos en blanco.
-¿Cuántas veces ha estado enamorado ya?
-No tío, enamorado de verdad.
-Kara lo ha cambiado. –Sonreí. –Espero que siente cabeza de verdad.
-Niall… Harry no está enamorado de Kara.

jueves, 4 de abril de 2013

CAPÍTULO 43



- Eres imposible – dije con rabia – No te soporto
-¿¡Qué!? ¿Tú no me soportas a mí? ¡Si eres tú la que está todo el día buscando que nos peleemos! ¿Qué narices hacías espiando ayer por la mañana, cuando hablaba con Julie?
-Simplemente me preocupo por que mi chico siga siendo mío, pero sabes que te digo –respiré hondo y le dirigí una mirada cortante. -¡No puedo contigo!
-¡¿Y yo sí?! ¡Eres una cría, maldita sea, mira lo que has liado por una tontería! –Por primera vez en toda la conversación se levantó para ponerse a mi altura. –Deja de hacer espectáculo cada vez que nos peleamos.
Se paró delante de mí, con la mirada llena de rabia. Ambos teníamos mucha tensión dentro; o nos dábamos de hostias o… Respiré hondo de nuevo y me di la vuelta empezando a andar en dirección contraria a donde él estaba. Pero en mitad del trayecto me di la vuelta liberando toda la rabia contenida.
-¡¿Y qué quieres que haga?! No, mucho más fácil. ¡¿Qué quieres hacer?! ¿Huir? ¿Dejar que los problemas se solucionen solos?
-¿Qué que quiero hacer? ¡Quiero besarte! ¡Besarte con todas mis fuerzas! –Corrió hasta donde me encontraba y se acercó a mí antes de que pudiera apartarme. Me agarró con ambas manos, y se lanzó a mis labios. Presionó los suyos con los míos, haciendo que todo mi cuerpo entrase en calor. Intenté separarme, pero me detuvo. Y poco a poco empecé a dejarme llevar. Abrió poco a poco su boca y la mía también lo hizo. Fuimos dando pequeños movimientos. Me besaba con presión. Y yo hacía lo mismo. Necesitaba desfogarme. Acabar con su maldita boca. Noté como una sonrisa salía de su boca. Llevé mis brazos a su nuca y él los suyos a mi trasero. Me apoyó contra un árbol y apoyó su cabeza contra la mía. Mantuvimos la mirada apenas un segundo y volvimos a comernos a besos.
 Necesitaba más. Mucho más de él. Lo necesitaba mío. Hizo una pequeña fuerza para que subiera a sus caderas y le correspondí dando un pequeño salto y, sin dejar de besarle, coloqué mis piernas alrededor de ésta. Me acercó mucho más a él. Empezó a caminar conmigo encima, hasta dejarme arrinconada entre sus brazos y otro árbol mucho más alto que el anterior. Mordí su labio inferior, notando como su piel se erizaba. Me encantaba. Su lengua jugaba con la mía haciendo un leve zigzag. Pero antes de haberle dado por satisfecho, me separé de él.
-Bájame, Niall.
-¿Estás loca? –Volvió a presionar su frente contra la mía.
-Que me bajes. Estábamos en medio de una pelea. –Él rió por lo bajo y pegó su boca a mi oreja provocándome escalofríos.
 -Tú no me vas a dejar con las ganas. –Volvió a pegarme a él y yo corrí hacia sus labios. Notaba mi respiración entre cortada y sabía que él también la notaba. Nuestros labios se abrían y cerraban cada vez más lento y con más fuerza. Me besó el cuello y seguidamente subió a mi oreja mientras yo me dejaba hacer, necesitaba más. Él no podía parar y yo no quería que lo hiciera.            
- Niall… -Dije en un breve susurro.
-No, por favor. Ahora no me cortes. Déjame hacerlo y te juro que haré lo que quieras. Por favor, Beca. –Respiré y volví a lanzarme a sus labios.
Volvió a levantarme y me colocó suavemente en la hierba poniéndose sobre mí. Besó mi cuello, mientras yo mordía su oreja. ¡Por favor! ¡No podía esperar más! Volví a besarle y él me pegaba su cuerpo desde mi cintura. Me coloqué encima de él y empecé a desabrocharle el cinturón mientras le daba pequeños besos por todo el pecho y él acariciaba con tranquilidad mi espalda. Me quitó la camiseta y yo  a él los pantalones. Por su mirada supe que mis shorts también sobraban y él no tardó en deshacerse de ellos. Volvió a colocarse encima, y volví a abalanzarme sobre su boca. Como me gustaba besarle, no había nada mejor.
Niall paró para fijar los ojos en los míos y sonreímos. Llevó sus manos entre mi pelo y volvió a besarme. Poco a poco nuestros cuerpos fueron entrando en calor y después de más besos en aquel desierto paraje, lo sentí entrar en mí. Noté como todo mi cuerpo se tensaba de golpe y le agarré la mano. La apretaba fuerte, dejando toda mi tensión, mientras él me besaba con delicadeza para tranquilizarme. Bajó sus manos hasta mi cintura para acariciarme y a continuación besó mi lóbulo derecho. Apoyé la cabeza en la hierba y apreté su mano de nuevo. Él besó mi frente mientras y yo puse mi mano sobrante en su pelo rubio y agarrándolo con fuerza. Notaba como mi respiración se iba entre cortando cada segundo al igual que la suya.
Mojé mis labios y volví a pegarlos a los suyos. Me mordió y se posó en mi cuello, dando pequeños besos. Puso su mano bajo mi hombro y me pegó a él de nuevo. Volví a besarle, con un conjunto de zigzag y un cúmulo de hormonas recorriendo todo mi cuerpo. Esta noche iba a ser mío. Y yo suya. Nada podría impedírmelo.
Antes de acabar colocó su boca sobre mi oreja, dejando que su respiración cayese sobre mí. Posé ambas manos sobre su espalda cerrando los ojos. Todo su cuerpo se tensó y al segundo después dejó que se desprendiese una parte de é. Se quedó encima de mí, sin separarse, notando como mis manos apretaban su espalda. Poco a poco empecé a relajarme. Abrí los ojos y sonreí al ver una preciosa sonrisa dibujada en la cara de Niall. Lo besé y se separó de mí.
-Que todas las peleas acaben así, por favor. –Me acerqué a Niall apoyándome en él y poniendo mi oreja en su pecho. Acarició mi pelo y sonreí.
-Beca, -busqué sus ojos azules en la inmensidad de la noche. Él sonreía. –Me acabo de dar cuenta que ya nada puede quitarme las ganas de ti. Quiero que todas tus sonrisas sean provocadas por mí. –Me abrazó con más fuerza y yo me aferré a él con la misma fuerza.
-Te quiero.
-Yo te quiero más. – Nos quedamos ambos mirando hacia el cielo, observando todas aquellas espectaculares estrellas, que en la ciudad sería imposible de ver.

CAPÍTULO 42


Las horas pasaban mientras yo decidía que ponerme para el día siguiente. Cuando acabé de comer volví a mi cuarto a seguir decidiendo, me decanté por unos shorts negros y una camiseta de tirantes con una chaqueta vaquera, según había dicho el tiempo mañana haría calor, y como íbamos a estar en mitad del campo, sabía que sudaría si me ponía algo más abrigado. De zapatos, unas vans. Sonreí satisfecha y salí de mi cuarto mientras escuchaba los diálogos de Batman en la televisión del salón. Mi hermana estaba comiendo palomitas mientras miraba sin perder un detalle el plasma.
Preparé la cena para las dos y me senté a ver el final de la película con ella. Cuando acabó decidimos ponernos alguna película de Disney, terminamos eligiendo ‘Los Aristogatos’ y disfrutamos como niñas pequeñas riendo como nunca. Ya podíamos tener treinta años, que seguiríamos viendo ese tipo de películas.
-Vicky, mañana no estoy, lo sabes. A las siete me voy. –Ella sonrió y nos marchamos a nuestra habitación intentando dormir. Me encerré en las sábanas y cerré los ojos haciendo una recopilación de todo lo sucedido el día de hoy.
¡Mierda! ¡Mierda! Salté de la cama a las siete menos diez de la mañana. Me había dormido. Salté de la cama y me puse los shorts y la camiseta. Alisé mi pelo con los dedos y me puse un poco de rímel. Me puse mis vans, recogí el móvil, las llaves, los tickets y bajé corriendo a la calle. Un BMV plateado paró frente a mi portal y corrí a subirme cuando vi a Niall a través de la ventanilla.
El viaje fue largo, pero lo pasamos escuchando música y cantando a plena voz. A las nueve de la mañana  estábamos llegando a Manchester. Sólo teníamos que buscar el hotel donde se impartía el curso y podíamos empezar a montar.
-Hemos llegado. –Niall salió del coche y yo le acompañé. En la recepción había una preciosa chica rubia que nos mostró su perfecta y blanqueada sonrisa cuando nos vio entrar por la puerta.
-Hola, buenos días, ¿en qué podemos ayudarles?
-Hola, tengo estos tickets, querría saber donde son los cursos. –Le entregué a la chica los dos tickets y ella nos miró manteniendo la sonrisa.
-Sí, saliendo a la derecha encontraréis a George. Él os informa. –Nos despedimos de ella y salimos a la calle. Nos acercamos a un hombre de unos treinta y pocos.
-Hola ¿George? –El hombre nos miró asintiendo y yo sonreí. –Venimos por los cursos para montar a caballo.
-Ah sí, ¿sólo vosotros dos? –Niall y yo asentimos y George empezó a andar hacia los establos. Al cabo de un par de minutos sacó dos preciosos caballos y una pequeña mochila. –Tú debes ser Beca. –Sonreí asintiendo. –Tu primo me dijo que os prepara esto también. Bien chicos, los caballos los podéis traer aquí, como muy tarde, mañana por la mañana. Disfrutad. –Le dio a Niall las riendas y se marchó a seguir trabajando en pintar una pequeña valla.
Me acerqué al caballo negro que me había llamado la atención desde que salió del establo y me monté de un salto, llevando la mochila en la espalda. Niall me copió la acción y empezó a cabalgar dejándome atrás. Yo arreé al caballo y empecé a cabalgar detrás de él.
Después de un par de horas riendo, haciendo carreras y jugando con los caballos paramos en un pequeño estanque que había. Atamos las riendas de los caballos en un árbol y nos sentamos cerca de ellos. Abrí la mochila y descubrí un par de tuppers con comida.
“Un picnic romántico, genial Will”. Reí por lo bajo y saqué la comida. Tortilla de patatas y arroz tres delicias. Perfecto. Niall me miraba extrañado, pero empezó a reír cuando saqué los platos y los cubiertos.
-Tu primo ha pensado en todo, ¿no? –Asentí con una sonrisa dibujada en mi cara y Niall cogió un trozo de tortilla, yo hice lo mismo con el arroz. En quince minutos habíamos terminado con todo.
Nos tumbamos en la hierba para disfrutar de la pequeña brisa que había y, mientras Niall me acariciaba el pelo, yo dejé la vista fija en el cielo, viendo las nubes pasar.
-Niall. –Miré sus ojos y él me miró intrigado. -¿Por qué no me habías dicho antes lo de Julie?
-No es un tema que me guste hablar. No es divertido ir contando que tu madre se largó de tu casa en tu decimo octavo cumpleaños. –Se me agarró un nudo en el estómago.
-Podrías haberlo hablado conmigo. No sé, si te importo, sabrás que puedes confiar en mí y que te voy a apoyar siempre. –Mi voz había subido unos pocos decibelios y me había sentado frente a Niall para mirarle directamente a los ojos.
-Beca déjalo. –Me crucé de brazos. –No hables de confianza cuando tú también me ocultas cosas. Tú también me podías haber contado lo de tu madre pero sólo se lo dijiste a Harry. –Lo miré asombrada por las palabras que habían salido de su boca. -¿Qué pasa,  no te gusta que te paguen con la misma moneda? –Él había subido el volumen de su voz también, provocando que mi enfado aumentara. –Quizá deberías haber venido aquí con él y no conmigo. –Las palabras salieron con rabia de su boca y yo me levanté enfadada manteniendo la mirada fija en él.

miércoles, 3 de abril de 2013

CAPÍTULO 41



-Tendrías que quedarte aquí a vivir. Mi madre nunca está, además tienes derecho.
-Sabes que no puedo. Tengo que cuidar a mis hermanos pequeños. -¿Vivir con él? ¿Qué broma de mal gusto era esta? Me alisé la camiseta y entré dando saltos en el jardín interrumpiendo la conversación.
-Hola Niall. ¡Julie! –La miré fingiendo una sonrisa. -¿Qué haces aquí? –Ella se encogió de hombros y miró a Niall de reojo.
-Que te cuente él. –Sonrió y me abrazó mientras yo ocupaba la hamaca que ella había dejado vacía. Centré la mirada en las nubes que se movían lentamente a causa de la brisa. Niall se sentó a mi lado sonriendo.
-¿Y bien? –No me molesté en mirarle a la cara. Esperaba una explicación para pedirle a Julie que se fuera a vivir con él. Es como si yo le pidiera a Harry que viviera conmigo, no es razonable.
-Julie es la hija del marido de mi madre. –Me levanté de la hamaca y le miré a los ojos sorprendida. –Mi madre está con su padre en otra casa aquí no vienen casi nunca, y en su casa se pasan un día cada tres meses.
-Julie… ¿vive sola?
-Con sus dos hermanos pequeños. –Suspiré y me arrepentí al instante de haber desconfiado de ellos. Le abracé con fuerza y él acarició mi brazo. –Bueno, ¿qué haces aquí? ¿Venías a por algo? –Golpeé mi frente sacando del bolsillo de la chaqueta los dos tickets que me había dado mi primo.
-Mañana tengo un paseo a caballo por Manchester, para dos.
-Iré encantado.
-No te estaba pidiendo que vinieras. Quería saber si a Louis le gustaría… -Lo miré seria mientras él se levantaba de la hamaca ofendido. No aguanté más y estallé en una sonora carcajada. –Eres idiota.
-Y tu tonta. Voy a por algo de beber, ahora vuelvo. –Asentí mientras me acercaba a la piscina y observaba el dibujo que había en el fondo hecho con azulejos. Era un bonito delfín azul con las sombras destacadas en blanco. Luego fijé la mirada en las casas de alrededor, dándome cuenta de que, la más cercana, estaba a unos 200 metros.
De repente sentí como alguien enrollaba sus brazos alrededor de mi cintura y besaba con delicadeza mi cuello provocándome escalofríos. Yo me di la vuelta con rapidez. Él sonreía y yo lo hice instantáneamente.
-¿Nunca te he dicho que me encanta tu sonrisa? –Reí, recordando la primera vez que me lo dijo y él apretó su agarre acercándome más a él. Sentía que el rubor de mis mejillas cada vez era mayor.
Él me apartó un mechón del pelo y lo colocó detrás de mi oreja mientras depositaba un beso debajo de esta, y luego otro en la mejilla, y en la comisura de mis labios, hasta que, por fin llegó a mis labios. Enganché mis brazos detrás de su cuello mientras saltaba para engancharme en su cintura. Rió en mis labios y entró dentro de la casa conmigo en brazos.
¿Hacía calor en Londres o era que mi temperatura corporal había ascendido por momentos? Resoplé separándome un segundo de la boca de Niall mientras él se pasaba la mano por su pelo rubio. Una sonrisa se dibujó en mi cara mientras buscaba de nuevo su boca y, antes de darme cuenta, él ya había tirado lejos su camiseta y nos había tumbado a los dos en el sofá. De repente, yo tampoco tenía camiseta. Los besos descendieron hasta mi vientre llegando al filo de mis pitillos y yo me estremecí. La ropa sobraba entre nosotros dos, ambos lo sabíamos, y nos queríamos deshacer de ella cuanto antes. Las supras de Niall volaron por el salón y desabrochó su cinturón justo cuando el timbre de su casa resonó.
-No jodas. –Miré la puerta del salón y agarré a Niall del cuello acercándolo a mí. –No abras. Por favor. –Lo besé bajando las manos hasta sus vaqueros medio desabrochados y él no se quejó hasta que volvió a sonar el timbre, esta vez con más insistencia.
-¡Oh vamos hombre! No hay nadie en casa. –Niall gritó desde el salón y yo rompí a reír mientras él se subía el vaquero y se dirigía a la puerta. Yo me tapé con un cojín intentando disimular que sólo llevaba un sujetador.
-¿Qué coño haces Niall? Venimos a comer y a jugar. –La voz de Chris se extendió por el salón y yo empecé a notar de nuevo el rubor de mis mejillas.
-No, no paséis.
-¿Por qué… -Tom y Chris estaban dentro del salón cuando yo sonreí avergonzada mientras intentaba cubrirme como podía. –Hostia. Interrumpimos. –Todos estallamos en una carcajada y Tom me tiró la camiseta que, sin saber por qué, había acabado casi en la puerta de la cocina. Me la puse con rapidez y Niall hizo lo mismo con la suya.
-Tíos, seguid. Nosotros… comemos en casa de Harry. –“Sí, por favor, largaos”. Tenía la necesidad de sentir a Niall mucho más cerca que habíamos estado antes, pero sonreí y negué con la cabeza intentando ser educada.
-Me voy a mi casa, tranquilos. Niall, mañana…
-A las siete estoy en tu casa. –Asentí despidiéndome de todos y salí de la lujosa casa en dirección a mi piso.
Cuando por fin llegué miré mi reflejo en el pequeño espejo de mi cuarto. Aún sentía los besos de Niall en mi cuello y, volvieron los escalofríos, mientras me dejaba caer en mi cama deseando que Chris y Tom no hubieran llamado en ese momento.