viernes, 17 de mayo de 2013

CAPÍTULO 69


*Narra Beca*


Nunca me había hecho tantísima ilusión que una persona viniera a visitarme, pero él, joder, con él era todo diferente. Cerré mis piernas alrededor de su cintura y acaricié sus rizos fijando mis ojos en los suyos.
-Gracias.
-¿Por qué pequeña?
-Por esto, por haber sido capaz de venir a verme en un día de clase.
-No podía aguantar más sin tu sonrisa, lo siento. –Reí en su cuello y él me acarició la espalda. Empecé a besar sus labios con agilidad, mientras él agarraba mi trasero con fuerza, apretándome contra su cintura. Lo había echado tanto de menos, tantísimo. Me separé de sus labios un segundo para dejarme caer en mi cama y rápidamente me acerqué a él para besarle de nuevo, con más intensidad que antes, él se colocó encima de mí, haciendo que la temperatura de mi cuerpo aumentara. Volví a mirar a sus ojos, perdiéndome en ellos. Le quité la camiseta mientras él hacía lo mismo con la mía y empezaba a besar mi pecho, acaricié su pelo mientras él se deshacía de mis shorts y de mis medias, volvió a besarme y le desabroché los pantalones. Harry se los quitó con un leve movimiento de piernas y los tiró al otro lado de la habitación. Bajé la mano a sus bóxers  y ahogué un grito. Mierda, ¿todo eso era de él? No recordaba todo eso de la primera vez que lo hicimos. Harry rió al ver mi cara y me besó con fuerza antes de levantarse de la cama.
-Espera un segundo. –Se acercó a sus pantalones y sacó un condón de la cartera. Volvió a echarse encima de mí con cuidado de no aplastarme y me besó de nuevo con la misma intensidad de antes. -¿Preparada? –Asentí, mordiéndome el labio y él sonrió. Me embistió con fuerza tras ponerse el condón y grité agarrándome a las sábanas. Él succionó mi cuello para después empezar a besarme mientras seguía con movimientos rápidos y fuertes y yo arañaba su espalda bajo los suaves gemidos que hacía a pocos centímetros de mi oreja, sonreí. Me levantó, sentándome en su cadera y volvió a moverse con velocidad, ahora era yo la que gemía en su oído mientras él mordisqueaba mi lóbulo, provocando aún más mis gemidos. Empecé a moverme haciendo círculos con las caderas y él respiraba de forma entrecortada. Grité su nombre cuando me cogió de la cadera para volver a penetrarme por última vez con más fuerza que las veces anteriores. Me tumbé en la cama y él se tumbó encima de mí besando mi pecho. Ambos estábamos sudando, exhaustos, pero más felices que nunca.
-Entonces, ¿vuelves a Inglaterra? –Lo miré mientras me besaba el cuello y suspiré. ¿Este chico no aceptaría nunca un no por respuesta?
-Harry…
-No hay ‘Harrys’ que valgan. Vuelve Beca. Tienes 18, podrás quedarte ahí aunque tu hermana y tu padre vuelvan a España. Te necesitan. –Él señaló hacia atrás, a lo que yo entendí que serían nuestros amigos y puse media sonrisa. –Te necesito. –Dijo en un suave susurro en mi oído que hizo que se me pusieran los pelos de punta. Se tumbó a mi lado, aferrando mi cintura con un suave abrazo y besó con tranquilidad mi hombro.
-No me vas a convencer. –Reí en voz baja y él suspiró, volviéndose a poner encima de mí.
-¿No? –Negué con la cabeza divertida y él se puso serio. –Tú lo has querido. –Y en medio segundo empezó a hacerme cosquillas, provocando que mi risa se escuchara en todo el piso. Pensé en lo que pensarían los vecinos, o mis amigos si aún seguían en la puerta de mi casa y, justo cuando estaba pensando en eso, el timbre de mi puerta resonó.
-Para, Harry, para. Están llamando. –Él besó mis labios y se quitó de encima. Me puse la ropa interior y su camiseta y salí a la entrada a abrir con una sonrisa en la cara. Podía pasarme la vida así, con sus camisetas puestas después de despertar con él al lado.
La sonrisa se esfumó de mi cara cuando vi quien estaba al otro lado de la puerta. Quise cerrar la puerta antes de que él entrara, pero, claramente, era más fuerte que yo y abrió la puerta de par en par, dando un paso en el recibidor y yo retrocedí un par de pasos hasta estrellarme con la pared. Me miró de arriba abajo, y sonrió. Miré a la puerta de mi cuarto y vi como la figura de Harry se acercaba a nosotros con cara de pocos amigos.
-¿Qué cojones estás haciendo tú aquí? –Harry dio un paso al frente y sus rizos se mezclaron con el pelo rubio de Lucas.
-¿Y tú, qué haces tú aquí? –Miraba la conversación como un partido de tenis, desviando la mirada de uno a otro, intentando controlar los movimientos de ambos.
-Visitar a mi novia, ¿algún problema? –Novia. Repetí la palabra como mil veces en mi cabeza desde que salió de los labios de Harry y sonreía cada vez que la escuchaba en mi cabeza. Su novia. Sonaba tan jodidamente bien. Parpadeé un par de veces, volviendo a la situación y me tensé cuando vi como los puños de Lucas se cerraban y subían a la altura de la mandíbula de Harry mientras este se quedaba impasible.
-Tenemos un asunto pendiente de Londres, ¿no, rizos?

miércoles, 15 de mayo de 2013

CAPÍTULO 68


Dejé de saborear sus carnosos labios y la miré. Tenía una sonrisa en sus labios y yo una en los míos. Los chicos sonreían como idiotas detrás de nosotros. Y yo rompí a reír cuando los vi mirándonos.
-Bueno, ¿que hacéis en España?
-Devolverte a Inglaterra. Haz las maletas, que nos vamos mañana. -Louis sonreía y Beca nos miró con cara rara y se cruzó de brazos apoyándose en la pared.
-Chicos.
-No hay excusas.
-No hay cambios de opinión, no. -Me senté en un sofá mirándola cabreado mientras Kara se acercaba a ella para hablar con más tranquilidad. Julie tomó la palabra de nuevo.
-Nosotros nos vamos, Harry, intentalo tú. -Asentí y me levanté del sofá acercándome a ella cuando escuché la puerta cerrarse.
Beca me miraba sonriendo, pero ambos sabíamos que la sonrisa no era sincera. Negué con la cabeza, apoyando mi frente en la suya y besé su nariz, ella seguía con la mirada perdida en mis ojos.
-Vamos Beca, hazlo por nosotros. -Resopló y se separó de mi agarre.
-No es no, Harry.
-Por tu hermana. -Ella volvió a negar con la cabeza. -Por mí. -Dudó apenas un instante, lo justo para mirarme a los ojos llenos de lágrimas.
-N-n-no. -Me acerqué a ella que me abrazó en el instante, dejando un par de lágrimas en mi camiseta. Yo acaricié su pelo y aspiré con tranquilidad el aroma a coco de su pelo. -Lo siento Harry, no puedo volver.
-¿Es por ese gilipollas?
-Es por muchas cosas, Harry, por muchas. -Volvió a apretarme con fuerza la cintura y yo la estreché con más fuerza.
-Tranquila, estoy aquí, pequeña. -Ella agarró mi cuello y me besó con fuerza, subiéndose a mis caderas de un salto.
-La segunda puerta a la izquierda. -Susurró a mi oído y un escalofrío recorrió mi espalda mientras volvía a besarla.

sábado, 11 de mayo de 2013

CAPÍTULO 67

Cené una ensalada que había preparado mi hermana y, tras ver unos veinte minutos la televisión, me fui a mi cuarto para acostarme. Me dormí más temprano que nunca, tras leer el mensaje de Julie que decía que ya había hablado con Vicky.
El avión salía a las nueve de la mañana, así que me levanté a las seis, me arreglé, cogí la mochila que había preparado la noche anterior y salí a mi portal a esperar a que pasaran los demás a por mí. Las calles de Londres estaban desiertas, así que no tardaríamos más de una hora en llegar a Gatwick. Me apoyé en mi portal, cerrando mi chaqueta ya que el frío de madrugada se estaba haciendo presente.
Cinco minutos después el coche de Louis paraba a pocos metros de mi casa y todos me saludaban con cara de sueño. Yo me subí detrás, haciendo compañía a Kara y Julie, que se apoyaron en mi hombro cerrando los ojos y durmiendo el corto trayecto que había hasta el aeropuerto. Tom y Louis ocupaban los asientos delanteros y los tres íbamos hablando de lo que haríamos allí esa tarde, ya que la mañana siguiente estaríamos de vuelta. Chris y Josh no podían venir por unas pruebas de fútbol o algo así, la verdad es que no me acuerdo de lo que nos dijeron, pero igualmente nos comentaron que saludáramos a Beca de su parte. De Niall no tenía noticias, creo que ni si quiera se enteró de que iríamos hoy a visitarla, y la verdad, mejor que no supiera nada. No creo que hubiera aguantado mucho tiempo con él.
Una hora más tarde estábamos en el aeropuerto, buscando donde teníamos que ir para embarcar. Louis se acercó a una chica que estaba apoyada en el mostrador y esta le sonrió diciéndole algo de una salida cuatro o algo así creo que escuché, cuando la chica terminó de darle las indicaciones empezamos a seguir a Louis por uno de los muchos pasillos del aeropuerto. Cuando por fin encontramos la puerta de embarque solo quedaba media hora para que el vuelo saliera. Subimos con prisas al avión y nos sentamos en nuestros respectivos sitios, esperando a que el avión despegara.
                “Señores pasajeros, abróchense los cinturones, el avión va a hacer su despegue.”
Julie y Kara miraron por la ventana divertidas, mientras que Louis se acomodaba en su asiento con la intención de dormir un rato. Tom leía un libro y yo, cogí una revista del avión y me dispuse a leer algo que realmente no me interesaba, pero tenía que pasar las dos horas como fuera. Una azafata se nos acercó, preguntando si podía hacer algo por nosotros y, por la forma en la que Tom la estaba mirando, sabía que había algo que podía hacer por él, pero tendría que ser en una cama o, en este caso, en el baño del avión. Reí para mis adentros mientras Tom le miraba el culo cuando siguió andando por el pasillo.
 Finalmente, los cinco nos acabamos durmiendo en los asientos.
                “Señores pasajeros, anunciamos que estamos aterrizando, por favor, abróchense los cinturones y no se levanten de sus asientos hasta que el avión no haya parado por completo, esperamos hayan disfrutado del viaje”.
La mecánica voz nos despertó del sueño y todos empezamos a reírnos cuando nos dimos cuenta de que nos habíamos dormido. Me desperecé en mi asiento y Julie se rió al escucharme bostezar.
-Pareces un oso. –La miré extrañado y rompí en una carcajada que me convirtió en el centro de atención de todos los pasajeros.
 Cuando el avión por fin hizo su aterrizaje y nos dejaron salir del avión corrimos en busca de un taxi que nos llevara a la dirección que nos había dado Vicky, se suponía que era la casa de Beca y que tenía que estar allí. Media hora más tarde, llegamos a una de las calles más concurridas de Granada y observamos el lujoso edificio que era la casa de Beca. La gente paseaba tranquila por las calles, entrando en las tiendas o saliendo de ellas cargada de bolsas. Dejamos las mochilas en el suelo y miramos a Kara.
-¿Qué piso era?
-Cuarto C. –Asentí y llamé un par de veces. Su voz soñolienta respondió y carraspeé poniendo mi mejor acento español.
-El cartero, ¿es usted Beca López?
-Sí.
-Tengo una carta para usted.
-Suba. –Un sonido sordo nos indicó que la puerta estaba abierta y entramos todos entre risas.
Llamamos un par de veces al timbre de su casa, intentando no hacer ruido para que no descubriera que éramos nosotros, y ella abrió en pijama. Sus ojos se abrieron como platos cuando vio a Kara y Julie que saltaron sobre ella tirándola al suelo y las tres empezaron a reírse. Louis, Tom y yo observábamos la escena desde el rellano, sonriendo. Cuando por fin se separaron Louis la cogió en brazos y la abrazó con fuerza mientras ella reía a carcajadas y nos invitaba a pasar dentro del piso. Ya en el salón Tom repitió la misma acción que había hecho Louis segundos antes, provocando la misma risa en ella. Sólo quedaba que me saludara a mí, tragué saliva y Beca me miró sin saber qué hacer, mientras los demás nos miraban expectantes esperando que hiciéramos algo o, al menos, que dijéramos algo que rompiera aquella tensión que invadía el ambiente. Finalmente, la agarré de la cintura, con un leve movimiento, pegándola a mí y ella sonrió.
-Te he echado de menos, españolita.
-Y yo a ti, ricitos. –Y, entre risas, capturé sus labios en un dulce beso.

CAPÍTULO 66



Llegué a mi casa después de un día duro de clase, y me acordé entonces de que aún no había cambiado el teléfono, así que decidí hacerlo mientras comía el bocadillo que me acababa de preparar.
Era un móvil exactamente igual que mi Samsung anterior. En resumen, mi hermana no se había roto la cabeza pensando qué modelo comprarme. Metí la tarjeta de memoria y la tarjeta sim y, tras ponerlo a cargar, el sonido del móvil me dio la bienvenida. Suspiré y dejé que se cargaran todas las configuraciones y se traspasaran todos los números de teléfono. 10 minutos después todo estaba hecho, vi el registro de llamadas y una sonrisa apareció en mi cara. Marqué su número con rapidez y suspiré en el teléfono.
-Harry, por fin das señales de vida.
-Lo siento, es que destrocé ayer el móvil.
-¿Cómo?
-Se suicidó. –Escuché su risa en el auricular acompañando la mía.
-Bueno, que te llamaba para decirte que si te querías venir el sábado al fútbol, me han dado dos entradas y no tengo con quién ir. –Me recosté en el sofá, valorando las opciones. A lo mejor hasta me venía bien la invitación de mi primo para poder convencer mejor a Beca de que volviera. Sonreí.
-Claro tío, pero… ¿podrías conseguir otra?
-Supongo que sí, ¿para Niall?
-No. –Bufé al teléfono y mi primo se echó a reír.
-No quiero decir que te lo dije pero…
-Cállate gilipollas.
-Cállate tú, cabrón. –Y así éramos. No había conversación en la que no nos insultáramos. –Bueno, entonces, ¿para quién es la tercera entrada?
-Una chica.
-¿Una chica Harry? Espera que lo entienda bien. ¿Mi primo, el señor ‘nunca me ataré a una chica’, puede que se haya enamorado?
-Es una chica. Fin. ¿Puedes conseguirla o no?
-No lo sé, tío.
-Bueno, cuando sepas algo me mandas un mensaje. Te veo el sábado. –Escuché su despedida y colgué el teléfono. El timbre alejó mis pensamientos centrados en la televisión y me levanté a abrir. Mi hermana venía hasta arriba de bolsas con comida y bebida y un par de productos de limpieza. La ayudé a colocar la compra mientras la música de ColdPlay invadía mi salón.
-¿Tienes la radio puesta, Harry?
-No. –Me quedé un segundo en silencio y entonces caí en la cuenta de que era mi móvil el que reproducía la música. –Joder. –Corrí al salón y descolgué el teléfono mientras intentaba recobrar el aliento. -¿Diga?
-Hola. –Me paralicé casi al instante al escuchar su voz en el teléfono. La sentía aquí al lado, abrazándome por detrás mientras se ponía de puntillas intentando apoyarse en mi hombro.
-Hola Beca. ¿Cómo estás?
-No preguntes imbecilidades, Harry. A veces pareces tonto. No creo que esté muy bien lejos de mi familia y amigos. –No era la misma, lo notaba en su voz, estaba apagada, distante, no era la Beca sonriente y radiante que yo había conocido
-Pues ya sabes que hacer. –Resopló en el auricular y yo me fui a mi cuarto para hablar con más tranquilidad.
-¿Y tú cómo estás?
-¿Quién es la que pregunta imbecilidades ahora, Beca? –Escuché su risa y provocó una leve sonrisa en mi rostro. – ¿Cómo quieres que esté cuando estás a miles de kilómetros de distancia?
-¿Eso es que estás bien?
-Eres idiota.
-Como tú. –Soltamos una pequeña carcajada. –Te echo de menos, Harry.
-Yo también Beca. Pero fue tu decisión.
-Lo sé.
-De todas formas sabes que siempre me vas a tener aquí.
-Harry, ya sabes que no vuelvo a Londres, ¿no? –Bufé cabreado. Sí, lo sé Beca, y no gracias a ti precisamente.
-Me lo dijo tu hermana. ¿Pensabas decírnoslo?
-Yo ni si quiera lo sabía, me enteré en el aeropuerto antes de irme. –Suspiré. –Harry, me tengo que ir ya, solo llamaba para ver como estabas. Te llamaré mañana.
-Si no me llamas tú, llamaré yo. Te quiero Beca. –Y colgamos al mismo tiempo. Dejé que el teléfono descansara sobre mi estómago y sonreí al pensar en la cara que pondría mañana cuando la viéramos. Me entró la risa al pensar que podría mandarnos a la mierda o algo parecido, por eso de que odia las sorpresas y mucho más si son en mitad de la calle y sabiendo cómo son Kara y Julie de escandalosas.
-Harry, ¿qué cojones te pasa? ¿Estás drogado?
-No arruines mi momento de felicidad. –Mi hermana sonrió y se sentó a mi lado en la cama. -¿Quieres algo? Venga Gemma, déjame.
-Cuéntamelo, va Harry. Joder, que soy tu hermana. –La miré y sonreía, como una niña chica a la que le han regalado una piruleta de su color favorito. Puse los ojos en blanco.
-Era una amiga, mañana vamos a ir a verla.
-¿De dónde? ¿La hija de los Robert? –La miré sorprendido y negué con la cabeza.
-España. Hija de los López.
-¿Qué? ¿A España? ¿Mañana? Ni de coña, ¿eres tonto, Harry?
-Ves Gemma, jodes cualquier momento. Vamos mañana y volvemos pasado, no hay más que hablar.
-Harry, tú no haces esas cosas por una chica. ¿Enamorado? -¿Porqué todo el mundo me decía lo mismo? Me estaban tocando los huevos de una manera impresionante. Sí, enamorado, hasta el último de mis rizos, pero dejadlo ya. Joder. –No, no… Muy enamorado. –Gemma sonrió y revolvió mis rizos.
-Estate quieta, anormal.
-¿Y lo sabe mamá? Habrá que contárselo, y tendremos que conocer a su familia, ¿tú conoces a sus padres? –“Bueno a su madre sí, aunque en realidad era una tumba, ¿eso cuenta?” Sonreí.
-Me estás agobiando, Gemma. No nos vamos a casar, sólo vamos a ir a verla unos amigos y yo.
-Seguro, bueno, sea lo que sea pásalo bien mañana, Harry. –Se levantó de la cama y alisó su camisa, pero se paró en la puerta para fijar la mirada seriamente en mí. –Pero no quiero sobrinos antes de tiempo. –Estallé en una carcajada y escuché su risa al final del pasillo antes de que cerrara la puerta de su habitación.

CAPÍTULO 65.


Bueno, después de una semana sin escribir absolutamente nada, aquí traigo nuevo capítulo, espero que os guste y, no os preocupéis si es corto, prometo hacer el siguiente algo más largo.



Mi casa era un verdadero caos, el salón estaba completamente patas arriba, con las latas de coca-cola y los platos de la comida sobre la mesa, bufé. Gemma no había tenido tiempo en toda la tarde para limpiarlo, claro, sería más importante tocarse las narices.
Mi hermana estaba encerrada en su cuarto, sin dirigirme la palabra, y, la verdad es que, después de ver como estaba la casa, no me apetecía mucho hablar, porque sabía que acabaríamos discutiendo de nuevo, y no tenía ganas de entrar en una pelea con alguien tan cabezota como ella.
En el suelo de mi cuarto seguía la carcasa de mi móvil, al igual que la pantalla. Suspiré, sabiendo que no tendría solución. Ya me compraría un móvil nuevo mañana. Me resigné y encendí el ordenador, esperando encontrar alguna buena noticia.
Twitter. Me recorrí las novedades, buscando algo que me alegrara el día, pero no vi nada. Suspiré y decidí dejarlo abierto mientras me iba a preparar la cena. Una pizza congelada, una cena saludable.
Volví a mi cuarto y centré la atención de nuevo en el ordenador.
“¿Cómo puedes echar de menos a una persona a la que has visto hace unas horas?”
Suspiré y decidí escribir un nuevo tweet. Necesitaba que supiera que tenerla tan lejos me mataba.
“Vuelve, sólo pido eso.”
Que simple Harry. Bufé, esperando una respuesta, un tweet que me dijera que lo había leído, algo, una simple gilipollez. Pero nada.
El reloj del horno me distrajo y me levanté a por mi cena. Encendí la televisión cuando acabé de cenar, me tumbé en la cama y alejé mis pensamientos de Beca, a sabiendas de que hoy volvería a ser la protagonista de mis sueños y que mañana sólo pensaría en ella. Como hoy. Después de unos veinte minutos mirando la televisión sin prestar atención, cerré los ojos y me dormí.
-Harry, despierta, llegas tarde a clase.
-Voy, Gemma.
-Tienes un móvil nuevo en el salón, la próxima vez no seas tan bestia. –Ella revolvió mi pelo y rió. –Nos  vemos luego. –Escuché como cerraba la puerta de mi cuarto y me estiré en mi cama, suspirando con fuerza. Alisé las sábanas con la mano y fui al baño a lavarme la cara. Otra noche sin dormir.
“Joder Harry, esto no puede seguir así, era una chica. Una chica. ¿Qué narices tenía de especial?”
La sonrisa que se dibujó en mi cara cuando pensé en ella me dio la respuesta. Resoplé, su hermana tenía razón, estaba jodidamente enamorado de ella.
Cogí el móvil nuevo, la tarjeta de memoria y lo metí todo en la mochila que me coloqué en el hombro y salí de mi casa con prisa, intentando no llegar tarde a clase.
Todos hablaban y reían alrededor de mi mesa, Louis fue el primero en notar mi presencia y me abrazó con fuerza. Julie hizo lo mismo y Kara besó mi mejilla con dulzura. Me sentía mal por ella, estaba saliendo con ella pero ni si quiera estaba enamorado de ella. Sonreí y me uní a la conversación.
-¿Qué os parece entonces si hacemos eso?
-¿Hacer el qué? –Todos me miraron y me sonrieron. Me explicaron con detalles el plan que traían entre manos y yo me quedé pensando ante la atenta mirada de todos. –Vale, hagámoslo. –Todos rieron con fuerza y Tom y Josh chocaron sus manos, mientras Julie y Kara se abrazaban efusivamente.
-Harry, ¿podemos hablar? –Kara me sonrió apartándome del grupo y se sentó en una mesa en la otra esquina. Yo la miraba intrigado mientras ella enrollaba un mechón de su pelo en su dedo, después de unos segundos en completo silencio, ella carraspeó y finalmente se decidió a hablar. –Harry… he, he conocido a otra persona.
-Yo también he conocido a muchas personas, no es una novedad, Kara. –Ella negó con la cabeza y me sonrió.
-No me refería a eso, Harry.
-¿Y a qué te referías entonces?
 -Pues… -Su silencio delató que la noticia que iba a soltar no era buena. Me senté en la mesa, aún con la mirada fija en ella mientras ella resoplaba y retomaba la conversación. -¿Te acuerdas del chico que vimos a la salida del cine que preguntó por Beca? –Asentí. –Pues me lo encontré un par de días después y me invitó a tomar una copa  y… -Tragué saliva. No sabía cómo sentirme, una parte de mí estaba aliviada, pensando que al menos la ruptura, si es que lo podía llamar así, iba a ser sencilla. Pero, otra parte de mí, estaba cabreada, joder, mi novia me acababa de decir que me estaba poniendo los cuernos, quisiera o no, eso me jodía. Sonreí y la miré a los ojos.
-No, no, no quiero detalles. Tranquila. –La abracé y ella me miró sorprendida.
-¿No te molestas?
-Eh, no pasa nada. ¿Amigos? –Ella asintió y saltó a mis brazos mientras reía con fuerza.  –Venga, anda, volvamos con los demás, hay muchas cosas que planear. –Ella asintió y volvimos con el grupo, que seguían retocando algunos detalles sueltos que quedaban por aclarar.

sábado, 4 de mayo de 2013

CAPÍTULO 64



Llegué a mi casa y escuché como la música de Adele sonaba al fondo del pasillo. Me acerqué al cuarto de mi hermana y la saludé con una sonrisa. Ella bajó la música y se sentó en la cama con intención de hablar conmigo.
-Deberías ir a ver a papá y mamá. Los chicos te echan de menos. –Me recosté en la puerta mientras la miraba sin prestar atención a lo que estaba diciendo.  –Harry, hazme caso.
-Gemma, paso. –Salí de su cuarto y me encerré en el mío, con el móvil pegado a mi estómago.
Las horas pasaban lentas, aburridas, y sin recibir señales de vida de Beca; me desesperaba, esperando una llamada que se estaba haciendo de rogar. Al final decidí marcar el móvil de Louis por si sabía algo de ella. Di un par de tonos y, cuando por fin lo cogió, la respuesta fue la que esperaba. No sabía nada de ella, estaba igual que yo. Resoplé, dándole las gracias, por nada, y llamé a Julie. La misma respuesta, a diferencia de que ella se pasó un buen rato diciéndome lo mal que había tratado a su hermano.
¿Qué querías Julie? ¿Qué le abrazara y le diera las gracias? Claro, “gracias Niall, has hecho que la única chica de la que me he enamorado esté a miles de kilómetros de mí y, probablemente, esté llorando por ti”. Maldito gilipollas. Y muy poco le he hecho para lo mucho que se merece. Colgué tras escuchar el sermón de Julie y probé esta vez con Kara, aunque esta ni si quiera me cogió el teléfono.
Mi último recurso era llamar a su casa y esperar a que Vicky me diera buenas noticias. Un toque, dos, tres, hasta que por fin me lo cogió una voz desconocida para mí.
-Hola, buenas noches, ¿está Vicky?
-Sí, ¿quién es?
-Un compañero de Beca.
-Claro, un segundo. –Escuché como la mujer llamaba a Vicky y esta contestaba a regañadientes.
-¿Harry?
-Hola Vicky. ¿Cómo estás?
-No demasiado bien, teniendo en cuenta que mi hermana se ha ido a España hace unas cuantas horas, no preguntes idioteces, Harry. –Sonreí, era tan borde como su hermana, y el acento español se le notaba a bastantes leguas.
-Ya, tienes razón. ¿Sabes algo de ella?
-¿Estás hasta las trancas no?
-¿Cómo?
-Perdón, una expresión española. Quiero decir que estás muy enamorado, ¿no?
-Bastante. –Me tumbé en la cama y la escuché suspirar en el auricular.
-Ella también te quería, pero tenía que irse. Si se quedaba aquí no iba a estar bien.
-Lo entiendo, lo que no entiendo es porque todo tan precipitado.
-Tendría que haberse ido antes o después, si no hubiera tomado esa decisión la habrías perdido a final de este mes.
-¿Cómo?
-A final de mes vuelvo a España con mi padre. No creo que volvamos a Londres y, por tanto, ella tampoco lo hará. –Todo a mí alrededor se volvió negro, se derrumbó el mundo a mis pies, no podía ser cierto lo que estaba diciendo.
No, me negaba a aceptarlo. Maldita sea, no. ¿Todo esto quería decir que no volvería a  ver sus ojos marrones, su arruga de la nariz a la hora de reírse? ¿No volvería a ver como se toca el pelo en clase porque no se entera de lo que explica el profesor, ni volvería a ver su forma de mover los brazos en la pista de baile para llamar la atención de sus amigas? Me despedí de Vicky y colgué el teléfono, estrellándolo contra la pared.
Salí de mi casa cerrando la puerta con un fuerte portazo y arranqué la moto perdiéndome por las calles de Londres, las lágrimas nublaban mi visión. Quién lo imaginaría, Harry Styles, llorando por una chica. Resoplé y le di más gas a la moto acelerándola al máximo. Veinte minutos después llegué al lugar de destino. Aparqué la moto y me bajé de un salto.
Andaba por el estrecho camino buscando por todos lados lo que me interesaba. Cuando por fin llegué, me senté en el suelo y miré al frente.
-Señora, sé que es una gilipollez estar aquí ahora mismo y, ni siquiera creo en Dios, pero quizá usted pueda ayudarme a recuperar a su hija. –Oh genial, parecía un gilipollas hablándole a la tumba de su madre. Miré al cielo y recordé la vez que la acompañé y me la presentó.
“Mira mamá este es Harry. No estoy loca.” En ese momento sí que lo pensé, pero era su madre y para ella era muy importante estar ahí y presentármela. Así que ¿qué podía hacer? Pues nada, sonreí y me presenté formalmente. Reí en voz baja ante aquel recuerdo.
O cuando me pidió que me fuera a esperarla en la moto para decirle a su madre que qué hacía con Niall y conmigo, que le gustamos los dos. ¿Y yo que hice? Me escondí detrás de un árbol para escucharlo todo. Esos pequeños detalles eran los que me volvían loco. A mi mente vino todo aquel día, como después del cementerio me pidió que no dijera nada de lo que acababa de ocurrir, que hiciéramos como si nada, que siguiéramos como simples amigos. Amigos que estaban locos el uno por el otro, muy normal la cosa. Miré el reloj de mi muñeca. Las ocho menos veinte. Me maldije una y mil veces por haber roto el móvil en mi habitación, ahora quería hablar con ella y no tenía como hacerlo.
Suspiré y me levanté del suelo, despidiéndome de la tumba con una leve sonrisa. Volví a montarme en la moto y volví a recorrerme la autovía de vuelta a mi casa. 

Primer día sin Beca y ya era todo una verdadera mierda.

viernes, 3 de mayo de 2013

CAPÍTULO 63


Acabaron las clases y me fui a casa con prisa, no tenía ganas de encontrarme con nadie, no me apetecía hablar. Llegué y de nuevo estaba solo en casa. Como siempre. Me preparé un bocadillo y me tumbé en el sofá intentando prestar atención al programa especial que estaban echando sobre el Chelsea, me maldije a mí mismo, era su equipo favorito. La imagen de nosotros dos frente al Big Ben hablando de fútbol se hizo presente en mi mente y los recuerdos volvían a quemar a fuego lento. Las horas pasaban rápido, permitiéndome pasar este horrible día rápido.
Cogí el teléfono y marqué el número de casa de Beca. Fue su hermana quien contestó, se le notaba en la voz que se había pasado el día llorando.
-Vicky, ¿está tu hermana?
-Se ha ido hace apenas media hora. –Suspiré y me dejé caer en el sofá.
-¿Gatwick?
-Correcto. –Me despedí de ella y colgué el móvil. Me puse mi cazadora, cogí las llaves de mi moto y, cuando estuve en la calle, aceleré por las calles de Londres. La autovía estaba más ocupada que de costumbre, pero yo zigzagueaba por los coches, saltándome salidas y más salidas, hasta que hora y cuarto después, llegué al aeropuerto. Beca me llevaba media hora de adelanto, pero si corría podría pillarla antes de facturar. Me recorrí la terminal de arriba abajo, buscando su pelo moreno por todos lados, quería verla por última vez, tocarla y besarla, decirle lo mucho que la quería.
-Disculpe señorito. –Una joven azafata me tocó el hombro desviando mis pensamientos. –Usted no puede estar aquí si no va a facturar algo de equipaje.
-Claro, perdone. –Me aparté de la cola y me senté en el suelo, pegando mi espalda al mostrador.
No la iba a encontrar, por supuesto que no, era una locura. Suspiré, poniéndome de pie de un salto y salí del aeropuerto mientras escuchaba de fondo que el vuelo con destino a España, iba a realizar su despegue. Arranqué la moto y salí del aparcamiento derrapando por el asfalto. Una hora y cuarto, más tarde aparqué frente a la casa de Niall. Escuchaba la voz de Julie dentro así que llamé un par de veces al timbre hasta que ella apareció con los ojos hinchados y rojos.
-Eh, ¿estás bien? –Ella asintió y se acurrucó en mi pecho mientras la abrazaba.
Vi entonces a Niall en el jardín con una preciosa chica rubia tumbada entre sus piernas. Maldito gilipollas. Acababa de irse Beca y este mamón ya tenía a la tía entre sus piernas. Me deshice del abrazo de Julie y me acerqué con paso decidido a él.
-Ey, Harry tío, ¿qué –Antes de que acabara la frase mi puño impactó contra su mandíbula provocando un grito de la chica rubia. -¿Qué cojones te pasa?
-¿Y a ti? –Le empujé con fuerza, desahogando toda mi rabia contra él. –No hace ni una hora que se ha ido y ¿ya estás follándote a otra? –Volví a empujarlo hasta acorralarlo contra la pared. –No merecías ni media lágrima suya.
-¿Y tú sí? Haberla cuidado cuando estaba contigo y no le hubieras puesto los cuernos. Si acabó conmigo sería por algo. –Sus palabras ardieron dentro de mí provocando que la furia saliera de golpe al exterior. Golpeé de nuevo su mandíbula, aunque esta vez el contestó el golpe con un derechazo directo a mi ojo. Yo lo miré sorprendido y lo agarré del cuello, levantándolo un par de centímetros del suelo, mientras él farfullaba rogando que lo soltara.
-Harry para, lo vas a matar. –Esa voz… Miré a mi izquierda y me encontré a Beca con un precioso vestido de flores y una cazadora vaquera.
Me sonreía melancólicamente mientras se agarraba la muñeca izquierda, su pequeña manía cuando estaba nerviosa. Sonreí al verla, pero rápidamente me recordé que era imposible que estuviera ahí, su avión había salido hacía más de una hora. Sacudí un par de veces mi cabeza, aún sosteniendo a Niall del cuello, y la imagen de Beca desapareció apareciendo en su lugar Julie. No había sido más que una ilusión. Bajé a Niall con un golpe sordo y salí de la casa, deseando escapar de aquella mierda. Necesitaba alejarme de todo y, con la única que quería hablar, estaba a varios miles de kilómetros de mis brazos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

CAPÍTULO 62


Bueno, quiero avisar que desde este capítulo hasta dentro de unos cuantos más, la historia la narrará Harry. Sólo eso. Gracias por leer la novela. ¡Os quiero!


[Narra Harry]


Dejé de besarla para volver a abrazarla. No podía permitir que se alejara de mí, no quería dejarla ir, pero era su decisión. Se marchó después de unos treinta minutos en mi casa y yo me tumbé en mi cama. Todo lo que quería hacer era llorar. ¿Quién cojones había pasado conmigo? Resoplé y me tumbé en mi cama.
Las siete menos cuarto y aún seguía sin moverme de mi posición inicial. Las ocho menos cuarto. El móvil. Me levanté a cogerlo y vi el nombre de Niall parpadear en él.
-¿Qué quieres?
-Tío, ¿qué pasa hoy con todos? ¿Ha pasado algo? –Fue entonces cuando me di cuenta de que el gilipollas ni si quiera se había enterado de que Beca se volvía a España por su culpa. Apreté los puños y suspiré.
-Nada.
-Joder Harry, pasa algo, cuéntamelo.
-Mañana nos veremos Niall. –Colgué el teléfono lanzándolo sobre el colchón. No podía creerme lo que había hecho. Teniendo a Beca, se había llevado a otra a su casa y se había acostado con ella, ¿es gilipollas? Sí, definitivamente lo es.
Me preparé un bocadillo y, cuando terminé de cenar me acosté, deseando que no llegara el día siguiente. No quería verla por última vez, no aguantaría una despedida. Me tumbé en la cama y miré al techo. Entonces una lágrima recorrió mi mejilla.
Recordé la primera vez que la llevé a mi casa, cuando estaba llorando en el baño por Niall. Ese cabrón la había hecho llorar demasiadas veces. Recordé la cena con las vistas a la Torre Eiffel que diseñé solo para ella. Y de nuevo otra lágrima cayó por mi cara. Luego la pelea con Lucas, y el día del pub. Y el viernes que lo hicimos. Me retorcí en mi cama y comencé a llorar, dejando que todos los recuerdos volvieran a mi mente hasta que me quedé dormido.
Me desperté a las seis de la mañana. Y me miré en el espejo, no había dormido nada y tenía unas ojeras alucinantes. Se presentaba un día duro, durísimo. Me senté en la cama y resoplé. Había llegado el maldito día. Volví a tumbarme en la cama para maldecir una y mil veces su idea de largarse de Londres. “Te llamaré cada día”, ¿y de qué me servía a mí que me llamara? Yo quería verla cada día con esa sonrisa, con esa forma de arrugar la nariz, quería escuchar su risa a mi lado. Joder. Miré el reloj de nuevo. Las seis y media. Entré a ducharme y dejé que las gotas de agua incidieran en mi cuerpo, mientras yo me torturaba pensando ella.
Me arreglé con una camiseta y unos vaqueros anchos. Me arreglé los rizos, me coloqué la mochila al hombro y salí de mi casa dando un portazo. Llegué al instituto de los primeros, aunque rápidamente la clase se llenó de gente. Julie y Kara tenían las mismas ojeras que yo. Louis se acercó a mí y me estrechó la mano, tenía un semblante serio. El profesor entró seguido de Niall, que venía con una sonrisa en la cara. Me levanté de golpe y cerré mis manos en un puño, pero Julie me paró agarrándome del brazo. La miré y ella negaba con la cabeza.
Pasé la primera hora mirando el asiento vacío de Beca, que llegó a segunda hora sólo para recoger sus libros y despedirse de la clase. Todos se quedaron atónitos ante la noticia, nosotros solo la abrazamos y ella sonrió aunque tenía los ojos cristalizados, sabía que empezaría a llorar de un momento a otro.
-Beca, ¿te vas? –Niall se acercó a ella cuando Julie y yo estábamos despidiéndonos de nuevo.
-Sí.
-Yo… yo… te quiero, Beca. Te quiero de verdad. –Ella lo miró a los ojos aguantándose las ganas de llorar y yo apreté de nuevo los puños. Que ganas tenía de partirle la cara al rubio.
-No me creo ni media palabra Niall, lo siento –Y tras decir eso, salió de clase corriendo. La había perdido, definitivamente, la había perdido para siempre

CAPÍTULO 61


Mi padre tosió intentando no ahogarse después de lo que acababa de decir. Yo lo miraba recta, seria, sin mostrar rasgos de que echaría de menos aquella ciudad de mis sueños. Tras un par de minutos en silencio, él retomó la palabra.
-¿Cuándo… cuándo quieres irte?
-Mañana mismo, busca el billete para por la tarde, hoy me despediré de mis amigos y mañana hablaré con el director. Vicky se queda con los abuelos aquí, le vendrá genial desenvolverse ella sola. Yo me vuelvo a nuestro piso.
-Parece que ya lo tenías planeado. –Negué con la cabeza.
-Todo acaba de surgir. Voy a llamar a unos amigos para comer con ellos y darles la noticia. –Mi padre asintió y se marchó de la cocina para dejarme hablar con tranquilidad y empezar a buscar el avión que me llevaría de vuelta a España. A la primera que llamé fue a Julie que me respondió casi en el acto. -¿Comemos hoy?
-¡Claro! En media hora donde siempre. –Colgué y realicé la misma operación con Kara, con Louis y con Harry, que aceptaron con la misma facilidad que Julie.
Me costó más convencer a Chris, Josh y Tom, que tenían planeado ir a casa de Niall y no sabían qué hacer, pero finalmente accedieron. Me quedé un rato con el móvil en la mano, planteándome si llamar al rubio o no llamarlo. Acabé descartando la idea y no le avisé de nada.
-Papá, me voy. En un rato vuelvo. –Cogí dinero y el móvil y me marché al restaurante donde habíamos quedado. Fui la primera en llegar así que me senté en el suelo y respiré hondo. Les iba a echar de menos, sentía cómo mis ganas de llorar aumentaban, pero las contuve con un fuerte suspiro. Julie y Louis fueron los primeros en llegar y ambos se sentaron conmigo y empezaron a hablar de algún tema al que no prestaba atención. Luego Josh, Tom y Chris. Más tarde Kara y, el último en aparecer, fue Harry. Nos sentamos en una mesa alejada de la entrada, donde podíamos hablar con tranquilidad.
No sabía en qué momento soltar la bomba así que decidí hacerlo cuando acabáramos de comer. Nos pasamos la comida haciendo bromas, contándonos historias desconocidas de nuestra infancia y yo intentaba de todas las maneras, encontrar las palabras adecuadas. Acabamos de comer en una hora y media y, antes de que pidieran el postre, me levanté de mi asiento decidida a lanzar la bomba.
-Chicos, escuchadme un segundo. –Todas las miradas se posaron en mí y sonrieron. Respiré hondo y empecé a hablar. –Bien, han pasado una serie de cosas últimamente que me han hecho pensar mucho. Lo último que ha ocurrido ha sido encontrarme a una chica desnuda en casa de Niall. –Todos abrieron la boca y empezaron a hablar. –Callaos, no quería hablar de eso. Bueno, después de todo lo que me ha ocurrido he tomado una decisión. –Miré a cada uno a la cara, seguían con una sonrisa fija. Imborrable. Yo intenté sonreír también, pero me fue imposible, así que decidí soltarlo antes de empezar a llorar. –Chicos, me vuelvo a España. –Me senté en la silla de nuevo y las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas. Miré la mesa y todos estaban callados, mirando sus platos vacios, todos menos Harry, que cuando di la noticia se había levantado y se había largado del restaurante.
Louis levantó la vista para encontrarse con la mía y se levantó de un salto para abrazarme. Yo le abracé con fuerza mientras me acariciaba el pelo. Las siguientes en acercarse fueron Kara y Julie, que dejaron escapar un par de lágrimas en mi hombro. Y después Josh, Tom y Chris, que me abrazaron entre los tres y me dijeron que me iban a echar de menos. Yo me sequé las lágrimas y, tras pagar y despedirme de mis amigos, empecé a andar hacia mi casa. Cuando apenas llevaba unos diez metros andados, levanté la mirada y me encontré con la silueta de Harry a pocos metros, así que empecé a correr y lo agarré del brazo, para encontrarme con sus verdes ojos llorosos.
Él centró su mirada en la mía también y secó un par de lágrimas fijas en mis mejillas, acaricié su mano y lo abracé con fuerza mientras el correspondía mi abrazo con la misma fuerza, apretándome contra su pecho.
-Te quiero, Beca. –Besó mis labios con suavidad. –No lo hagas, no me dejes aquí solo, no te vayas. –Volvió a dejar un beso en mis labios y se separó apenas unos centímetros.
-Harry, tengo que hacerlo, lo siento. Te llamaré para contarte todo, cada día.
-No me vale escuchar tu voz a través de un teléfono, ¿cuándo te vas? –Tragué saliva. Sabía que no le iba a gustar que le dijera que mañana, así que miré al suelo y respiré hondo.
-Mañana por la tarde. –Miró mis ojos y pude ver como los suyos se cristalizaron, tenía ganas de llorar, unas ganas enormes, así que me abracé a su cintura y me desahogué mientras él acariciaba mi pelo.
-Podemos… ¿podemos ir a un lugar privado? –Asentí y empezamos a andar hacia su casa. Llegamos media hora más tarde, después de haber pasado todo el camino llorando mientras él me consolaba abrazándome. -¿Quieres beber algo?
-No, no. Tranquilo. –Se sentó a mi lado en el sofá y me besó la frente. –Te voy… te voy a echar de menos.
-Yo mucho más, lo sabes. –Me acurruqué en sus piernas y volví a llorar. –No llores pequeña, no llores. Voy a estar aquí siempre para ti. –Me levanté y centré la mirada en los ojos de Harry, esforzándome por poner una sonrisa. Él acarició mi pelo y besó mis labios con dulzura.

CAPÍTULO 60.



Cuando me desperté por la mañana mi móvil aún seguía descolgado, lo acerqué a mi oído y seguía escuchando la respiración tranquila de Harry al otro lado. Sonreí cuando me di cuenta de que nos habíamos quedado dormidos los dos, escuchando la respiración del otro.
-Harry… Harry, despierta. –Lo escuchaba gruñir y revolverse en la cama, era como un niño pequeño. –Harry, vamos, despierta.
-Beca, un par de minutos más… -Reí. -¿¡Beca!? –Parece que lo estaba viendo ahora mismo levantándose de un salto y buscándome por todos lados.
-Aquí, en el móvil. –Escuché su escandalosa risa al otro lado de la línea y reí yo también. –Buenos días, ricitos.
-Buenos días Beca. ¿Tienes algo que hacer hoy para el desayuno?
-Yo, Harry, mejor no.
-Sólo es un desayuno, no te voy a pedir matrimonio. Eso quizá más adelante. –Reímos y suspiré.
-Lo siento Harry, he quedado con Niall.
-Está bien. –Colgó. ¿Qué manía tenían ahora todos los chicos de colgarme después de un ‘está bien’? Bufé cabreada y salté de la cama buscando algo que ponerme. Un jersey de lana y unos pitillos con unos botines. Cogí mi móvil de nuevo y marqué el número de Niall. Después del quinto toque colgué y volví a intentarlo con el mismo resultado y así, tres veces más. Cogí mis llaves y decidí ir a su casa con un par de chocolates calientes y poder desayunar juntos. Avisé a mi hermana que estaba desayunando mientras veía la tele y me fui.
Compré un par de chocolates en la cafetería que había bajo mi casa y empecé a andar con cierta rapidez para evitar que se enfriara la bebida, llegue a su puerta en cinco minutos. Un toque. Dos. Tres. Nada. Resoplé y lo intenté una cuarta vez, la definitiva. La puerta se abrió mostrándome el perfecto cuerpo desnudo de una chica rubia, que apenas se tapaba con una toalla de baño. La miré con los ojos abiertos de par en par y ella sonreía desperezándose.
-¿Necesitas algo?
-Yo… yo… ¿está Niall?
-Sí, está durmiendo, ¿quieres que le deje algún recado? –Sonreí y di un paso dentro de la casa.
-¿En su cuarto verdad? –Ella asintió confundida. Yo sonreí. –Sólo será un segundo. –Subí las escaleras con rapidez y dejé sobre la mesita uno de los vasos de chocolate. Destapé el primero y lo vertí sobre su cara mientras sonreía y él se levantaba gritando.
-¿Qué cojones? Beca. –Se quedó blanco al verme mientras yo sonreía y destapaba el segundo vaso.
-Buenos días, Niall. –Y dicho esto, dejé caer el líquido sobre el cuerpo de Niall que se retorció en la cama a causa del calor de la bebida. Volví a bajar las escaleras y le sonreí a la chica. –Por cierto, soy la novia del chico con el que te has acostado. Bueno, ex novia claro está. –Ella sólo me miró y el sonrojo subió hasta sus mejillas.
Me controlé a mi misma y salí de la casa apretando los puños para no darle un puñetazo a la chica en esa nariz operada que tenía. Respiré profundamente cuando llegué a mi edificio y me senté en el portal dejando que las lágrimas cayeran con tranquilidad por mis mejillas. ¿Qué coño pasaba con él? ¿No sabía estar con una chica más de un día? Gilipollas. Me sequé las lágrimas cuando escuché a alguien abrir el portal y salió del edificio mi vecina del quinto, una mujer de unos cincuenta y pocos que siempre iba sonriendo, siempre. La saludé con un movimiento de cabeza que ella correspondió levantando la mano, pero apenas se movió del sitio cuando vio mis ojos rojos.
-¿Estás bien?
-Sí, tranquila.
-¿Quieres subir a mi casa a tomar un té? –Volvió a sonreír y yo asentí, dando un largo suspiro. El piso estaba precioso decorado, con muebles modernos y antiguos, era un salón amplio, mucho más amplio que el mío, que acababa en un precioso balcón. –Siéntate, en un segundo traigo la bebida. –Me senté en un pequeño sillón de orejas que tenía presidiendo la sala y ella se esfumó a la cocina. Cinco minutos después, volvió con una bandeja repleta de dulces y pastas y dos tazas de leche.
-Gracias, no se tendría que haber molestado.
-No es ninguna molestia niña, cuéntame, ¿qué te pasa? -¿Nunca habéis sentido que os podéis desahogar más con una persona que conocéis que con alguien al que conoces de toda la vida? Pues eso me pasó a mí.
Di un sorbo a mi vaso de leche y le conté a la señora todo lo que acababa de pasarme y lo que me había pasado los días anteriores, ella escuchaba atenta, asintiendo de vez en cuando, demostrándome que me escuchaba. Suspiré cuando acabé de contarle mi historia y me sequé con rapidez los mofletes que aún seguían húmedos a causa de las lágrimas.
-Pequeña sólo te puedo decir una cosa. En esa historia hay dos personas enamoradas, una de ellas eres tú y siento decirte que la otra, no es Niall. –Di un mordisco de un pastel y la miré resignada, tenía razón. –Yo también he tenido tu edad y he pasado eso, y quiero que sepas que, el chico que prefiere que otras que no sean su novia le acompañen en la cama, no merece ni una lágrima. Sin embargo, ese que se queda dormido escuchando tu respiración al otro lado del teléfono… -Ella sonrió. –Maldita sea, ¿qué haces que aún no has ido a buscar al tal Harry? No lo pierdas pequeña.
-Gracias, señora. Y por el desayuno también.
-Sabes que estoy aquí arriba para lo que quieras. –Asentí y salí del piso. La conversación con la mujer me había hecho reaccionar, pero no quería saber ahora mismo nada de Harry ni de Niall, necesitaba alejarme de todo y sabía cómo hacerlo. Bajé a mi piso y vi como mi padre se preparaba el desayuno en la cocina. El momento perfecto.
-Papá, ¿podemos hablar?
-Claro, dime. –Mojó una galleta en el café recién hecho y me miró con una sonrisa esperando a que hablara, yo sólo respiré profundamente y lo solté de golpe.
-Quiero volver a España.