domingo, 15 de septiembre de 2013

Capítulo 60

Bueno que hoy empiezo eso de subir sólo los findes, como hoy es domingo pues ya no habrá capítulo hasta el sábado que viene. Que espero que os guste, que ahora se pone interesante la novela y que me comentéis que os ha parecido el capítulo, o la novela o lo que queráis, recibo cualquier crítica encantada. Bueno, no me enrollo más que soy muy pesada. Disfrutad del capítulo.

-¡Zayn! Zayn despierta, vamos. –Escuchaba la voz de mi prima a la distancia, y abrí los ojos con lentitud. Valentina se lanzó con prisa a mis brazos y sentí como sollozaba un par de veces en mi hombro. Acto seguido se separó de mí y golpeó con delicadeza mi brazo bueno. –Me has asustado, gilipollas.
-Claro prima, yo lo he planeado así para asustarte. –Bufé y ella sonrió abrazándome de nuevo. Mire la habitación de nuevo y me di cuenta de que estaba en casa de Liam. -¿Dónde está Liam?
-Se ha ido a comprar algo para sacarte la bala y curarte la herida. –Asentí.
-¿Y Jenn? –Mi prima señaló con la cabeza la puerta y yo la miré extrañado.
-Está durmiendo en el salón. Ayer cuando llegó Liam a por ti, Jenn salió de su casa porque vio el coche; cuando te vio tirado en el suelo echó a todas sus amigas de casa y se vino con nosotros. Ha estado toda la noche a tu lado, no ha dormido nada sólo por saber si estabas bien y, desde esta mañana que entré yo a cuidarte no se ha movido del salón esperando que te despertaras. –Asentí y me intenté levantar de la cama, poniendo un gesto de dolor cuando mi brazo se estiró. –Para, para. Ya te he dicho que aún no te hemos sacado la bala. Deja que te ayude.
-Tengo que ir a mear, Valen, no creo que quieras ayudarme en eso. –Ella negó con la cabeza poniendo cara de asco y me levanté con cuidado dirigiéndome al cuarto de baño. Cuando salí, estaba solo en la habitación. Me acosté en la cama de nuevo, escuchando de lejos la conversación que mantenían mi prima y Jenn.
-Entonces, ¿Lorenzo está muerto? –No escuché la contestación de Valentina, por lo que sobreentendí que había asentido cuando Jenn continuó. –Esto es tan raro.
-¿Porqué?
-Normalmente, una novia tiene que preocuparse por si su novio la engaña con otra, no por si le pegan un tiro. –Pasé una mano por mi pelo y me levanté, acercándome a la puerta para escuchar con más claridad.
-¿Qué quieres decir?
-No quiero decir nada. Sólo que es extraño. ¿Cuándo tú eras pequeña, te imaginabas saliendo con Liam, es decir, con un mafioso?
-No, claro que no.
-Pues yo igual. No es que me imaginara con un príncipe, pero sí que me imaginaba saliendo con un chico que los sábados te lleve al cine, no que tengas que estar un sábado por la noche cuidando de que no pierda sangre porque le han pegado un tiro. –Me apoyé en la pared y dejé escapar un suspiro. Escuché la puerta principal cerrarse y volví a la cama cuando escuché a Liam saludar a las dos chicas. Un minuto después, se abrió la puerta de la habitación y Liam entró en ella con un par de gasas y demás productos.
-Vamos a sacarte esa bala. –Miré a Liam cabreado y él sonrió. –Lo siento tío, pero esto dolerá un poco. –Roció de alcohol la zona de la herida y grité con fuerza.
-¡Me cago en tu madre, Liam! –Él simplemente rió y limpió con cuidado la herida. Miré a la puerta y vi cómo se abría para mostrarme a Jenn. Todas las facciones de mi cara se relajaron al verla ahí parada con media sonrisa en su rostro. –Hola preciosa.
-Hola, Malik. –Miró a Liam que también tenía la mirada puesta en ella. -¿Puedo quedarme? –Ambos asentimos y ella se sentó a mi lado en la cama, agarrando con fuerza mi mano. Liam volvió a vaciar medio bote de alcohol en la herida y de nuevo gruñí. –Tranquilo, tranquilo. –Pasó una mano por mi frente, apartando el pelo que tenía en la cara.
-Vale, voy a abrir. Muerde esto. –Me dio un paño de cocina y mordí con fuerza para así evitar cualquier grito. Sentí el cuchillo clavarse en mi brazo y cerré los ojos, intentando así evitar cualquier dolor. Cuando los abrí, me encontré con el rostro de Jenn lleno de lágrimas, pero aún seguía cogida de mi mano, acariciándola con delicadeza. –Jenn, ¿puedes pasarme algo para coger la bala? –Ella simplemente asintió y se levantó, dejándonos de nuevo solos en la habitación. Pasaron un par de minutos y, cuando por fin iba a hablar, ella volvió a entrar.
-Sólo he encontrado estas pinzas, ¿sirven? –Liam asintió. Vi como Liam se concentraba por sacar el proyectil del interior de mi brazo, mientras ella simplemente me miraba con los ojos llorosos.
-¡Ya está! Empiezo a coser. –Asentí y volví a cerrar los ojos cuando la aguja juntó las dos partes de la herida. Un par de minutos después, Liam estaba recogiendo los restos de gasas que quedaban sobre la cama. -¿Cómo estás?
-Como si me acabaran de pegar un tiro. –Liam rió y yo le devolví una amable sonrisa. -¿Podemos hablar, tío?
-¡Oh, sí! Perdón, ya me voy. –Jenn rió y salió del cuarto en medio segundo provocando también la risa de Liam.
-¿Qué pasa?
-¿Has escuchado antes de que estaban hablando? –Él simplemente negó con la cabeza.
-Ella estaba diciendo que no se imaginaba saliendo con un tío al que le pegan un tiro. Liam, por culpa de lo de ayer la voy a perder tío.
-¿En serio crees que la vas a perder? Si la fueras a perder no se habría pasado toda la noche aquí sentada, contándote lo que ha hecho con sus amigas mientras controlaba que no tuvieras fiebre y que no perdieras sangre. Cada vez que hacías un gesto extraño, venía a llamarnos para ver si nosotros sabíamos que te pasaba. Nadie hace eso si piensa abandonar al chico días después. –Rió. Mi cara se quedó seria, no escuchaba nada de lo que me decía Liam; en mi cabeza aún resonaban con demasiada fuerza las palabras de mi primo. Suspiré y lo miré de nuevo negando con la cabeza. Él sólo se levantó de la cama y apoyó su mano sobre mi pierna.
-Piensa las cosas antes de hacerlas, puedes acabar arrepintiéndote Zayn.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Capítulo 59

¡Hola, holita! Bueno antes de empezar el capítulo quiero deciros una cosa. Ahora con esto de que empiezan las clases y tal, voy a subir sólo los sábados y los domingos, que este año me toca 2º de BACH y tengo que estar pendiente de la selectividad y tal. Así que, eso, subiré sólo sábados y domingos, lo decía para que no pensarais  que he dejado de subir ni cosas así. Y ya esta, sólo era avisaros, ya os dejo con el capítulo, espero que os guste. Gracias de nuevo por leer la fic, en serio, gracias. ¡Os quiero!

*Narra Zayn*
Arranqué la moto y la dejé aparcada en un callejón cercano a su casa. No pensaba dejarla sola, ni un minuto, y mucho menos con Lorenzo en paradero desconocido.
Empecé a dar vueltas por los alrededores, observé como todas las chicas iban entrando en la casa y sonreía cada vez que Jenn salía a recibirlas.
Miré mi reloj. Unos minutos más de las seis, me recosté en la pared de una casa que estaba a una distancia razonable de la de Jenn y encendí un cigarro. Sabía que Lorenzo iba a ir a su casa, lo conocía demasiado bien. Terminé de fumarme el cigarro y decidí volver a recorrer las calles cercanas.
Iba paseando con tranquilidad por las calles medio vacías de Londres, revisando cada centímetro. El frío era fuerte y aún más cuando se acercaba la noche, razón por la que la gente no solía pisar la calle pasadas las cinco, por lo que la tarea de búsqueda sería fácil.
La melodía de mi móvil me alertó y contesté con prisa.
-¿Te crees que soy tonto?
-Hola Lorenzo. –Di la vuelta, para volver a la casa de Jenn. -¿Cómo cojones sigues vivo?
-Hay algo que se llama, chalecos antibalas.
-Ya, pero no te creía tan inteligente como para usarlos.
-Mira primito, estoy harto de tanto juego. Estoy hasta las narices de ti y de tu preciosa chica. ¿Qué me dirías si te digo que está irresistible con sus cuatro amigas?
-Que te vas a arrepentir de haber dicho eso.
-Tengo ganas de entrar en su casa y llevármela a su cuarto... –ambos guardamos silencio –y hacerla gritar como nunca lo harías tú. –Gruñí y apreté el teléfono hasta el punto que pensaba que se rompería.
-Quien juega con fuego se acaba quemando. –Me paré en la puerta de metal y levanté la mirada para encontrarme con la de Lorenzo en la acera de enfrente. –Estás muerto.
-Ya lo veremos. –Entró en el callejón en el que había aparcado la moto y yo lo seguí. Dos chicos salieron de entre las sombras mostrándome sus cínicas sonrisas. Apreté los puños dentro de los bolsillos de la chaqueta y bufé cabreado. Uno de ellos era Rodrigo y al otro no logré identificarlo, un nuevo reclutamiento seguramente.
-Esto es una cosa entre mi primo y yo. Vosotros dos sobráis. –Hablé con frialdad sin una pizca de sentimiento en esas palabras. Duro como una piedra.
-Largaos, me basta conmigo mismo para machacarlo. –Los dos chicos me rodearon y, por el rabillo del ojo, los vi montarse en un todo terreno que había aparcado frente a la calle. –Vaya, Zayn. Tú y yo, con lo bien que nos llevábamos y lo buenos que éramos en el negocio. Una lástima que prefirieras otras compañías antes que la nuestra.
-Nunca me gustó tu mundo, Lorenzo. Fuiste un mierda y lo sigues siendo. –Apreté la mandíbula y él sonrió negando con la cabeza, clavó su puño en mi mejilla y una chispa de rabia se encendió en mí.
-Cuida esas formas Zayn. -Fui a devolverle el golpe, pero él detuvo el movimiento. –Cuando te vi entrar con ella en el bar –silbó –en seguida pensé en todo lo que le haría cuando me la dejaras. Pero luego vi que la protegías y... me pareció tan estúpido. Tú no eres tío de una sola chica. Pero como veo que no das tu brazo a torcer, aquí me tienes. Nunca me había esforzado tanto por conseguir el polvo de alguna. –Agarré su cuello con fuerza estrellándolo contra la pared y pegué mi cara a la suya.
-Ella no es una cualquiera, Lorenzo, que se te grabe eso en la cabeza. –Rió como pudo a causa de la falta de aire por mi agarre.
-Vaya, Zayn está enamorado. Me haces las cosas tan fáciles primo. –Con su rodilla golpeó mis costillas y me separé de él cayendo al suelo, lanzando un alarido de dolor. -¿No has pensado que harás cuando te deje? Porque te va a dejar. –Golpeó mi vientre con una patada, provocando de nuevo que me retorciera del daño. –No va a estar contigo siempre, nadie quiere envejecer con un asesino. –Se acercó a mí con media sonrisa. –Zayn, Zayn, Zayn... ¿acaso crees que la tendrás mucho tiempo? –Se acercó a mí y yo levanté la mirada hasta sus ojos azules, que desprendían rabia, odio. –No, –bajé la mirada de nuevo centrándola en el suelo –en cuanto aparezca un chico que le dé más seguridad de la que tú le das, te dejará. –Agarró mi pelo, haciendo que levantara la cabeza y gruñí de dolor. –Nadie quiere a un mafioso que no será nada en la vida cuando puede tener a un buen estudiante que llegará a ser banquero o empresario. –Con un rápido impulso me tiró una vez más al suelo y dejó una nueva patada en mi estómago haciendo que me doblara de dolor. Aunque realmente no sabía que me dolía más, si el golpe o que tenía razón. –No eres nada, Zayn. Un asesino y nadie quiere a un asesino en su vida, ella tampoco. –Agarró el cuello de mi camiseta levantándome y estrelló mi cuerpo contra la pared, provocando un gesto de dolor en mi cara. –Un día llegarás a casa y tendrás un mensaje suyo diciendo que está harta de tu vida, harta de tus movidas. –Agarró mi cara, haciendo que lo mirara fijamente y sonrió al ver que estaba destrozándome por dentro. –Te dirá que está harta de ti. –Me soltó dejándome caer en el suelo. Su risa se escuchó por todo el callejón. – ¿Te crees que eres alguien? Lo siento primo pero solo eres un tío que se cree importante por llevar una pistola en el pantalón. Pero, ¿qué le puedes dar a una chica? –Volvió a centrar la mirada en mí. –Nada. –De nuevo una patada en mis costillas y otro grito de dolor salió de mi garganta. –Ahora estará ahí con sus amigas, contándoles que ayer fuisteis a una casa lejos del centro a pegarle un tiro a un tío... espera, eso no se lo puede contar. Entonces, ¿crees que hablará de ti con sus amigas? –Miré la casa de Jenn a lo lejos y suspiré.
-Ya me has cansado, Lorenzo. Para escuchar palabrería y mentiras baratas pongo la televisión. –Saqué fuerzas de dónde no las tenía y me levanté del suelo. Mi paso era lento, a causa de la paliza que había recibido minutos antes, pero aún podía mantenerme en pie y eso era de agradecer. –Te advertí que te alejaras. Dos veces. Eres tú el que ha tentado la suerte. –Saqué la pistola y él hizo lo mismo. Ambos nos apuntábamos en la frente del otro.
Éramos él o yo. Y no pensaba consentir que entre esas opciones entrara Jenn.
-Hasta nunca. –Y apreté el gatillo. Esperé el disparo de respuesta pero no llegó, Lorenzo estaba tirado en el suelo, con un charco de sangre rodeando su cabeza. Miré el todoterreno y vi como sus dos amigos salían de él con la intención de hacerme desaparecer del mapa. Estaba demasiado herido como para luchar cuerpo a cuerpo y, los golpes que me había dejado mi primo en la cara impedían mi visión de lejos.
Estaban a apenas un metro cuando disparé a Rodrigo haciéndolo caer redondo al suelo. Uno menos. El otro era más rápido de lo que creía. Estaba a medio metro cuando disparé contra su pecho, pero justo un segundo antes él disparó contra mí, dándome de lleno en el brazo. Lo vi caer a pocos centímetros del cuerpo de Lorenzo y, acto seguido, me desplomé sobre mis rodillas.
Saqué el móvil con el brazo bueno y marqué el número de Liam.
-¿Qué pasa, Zayn?
-¿Puedes venir a por mí? Estoy en frente de la casa de Jenn. Me han dado. –Escuché una afirmación y colgué el teléfono. Mi mirada se clavó entonces en la casa de Jenn, y mi mente automáticamente reprodujo todas las palabras de Lorenzo que se marcaron con fuerza en mi cerebro. Me acerqué a la pared, y apoyé allí la cabeza mientras esperaba a Liam. De un momento a otro, todo se volvió negro.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Capítulo 58

*Narra Jenn*

-¡Zayn! –Grité con todas mis fuerzas desde el jardín de atrás y en medio segundo él estaba en el balcón, medio desnudo y apuntando con la pistola en mi dirección. –Estás jodidamente sexy así, pero baja la pistola y ven aquí. –Él rió y dejó la pistola en su pantalón mientras se acercaba a mí con un paso lento.
-¿Qué pasa?
-Mira este gatito. –Levanté una cría de gato y sonreí. -¿Puedo llevármelo? Por favor. –Se encogió de hombros resoplando.
-Haz lo que te dé la gana.
-Vaya, ya veo que nos levantamos de buen humor. –Él bufó y se dio la vuelta en dirección a la casa.
-La próxima vez no me despiertes para enseñarme un jodido gato. Creía que te había pasado algo. –Entró dentro de la casa y yo rodé los ojos cabreada. Fue entonces cuando mi mirada se posó en donde debería estar el cuerpo de Lorenzo. Sí, debería, porqué ahí no había nada. ¿Quién coño se había llevado el cuerpo?
-¡Zayn!
-¡No quiero ver otro puto gato, Jenn! –Gritó desde dentro de la casa, me estremecí y cogí al gato en brazos.
-¡Zayn! –Volví a gritar aún con más fuerza, no contestaba. -¡Malik, joder! –Miré de nuevo al balcón y lo vi asomarse cabreado.
-¡Olvídame quieres! Coge todos los gatos que te apetezca pero déjame dormir tranquilo, hostia.
-¡El puto cuerpo de tu primo no está donde lo dejamos anoche! –Grité con rabia y su cara palideció. Cogió la pistola, comprobando que tenía balas suficientes y bajó de un salto del balcón, acercándose a la parte delantera de la casa. Lo vi volver negando con la cabeza y gruñí.
-Coge al gato, si quieres, nos largamos. –Me acerqué a él pegándome a su espalda, mirando a todos lados. Pasamos por el salón y, antes de salir de la casa, guardé la pistola, que estaba sobre la mesa, en mi bolso. Nos montamos en la moto y salimos de ahí lo antes que pudimos. Ahora ya sabíamos que Lorenzo no estaba solo y, ahora más que nunca, iba a por nosotros.

-¿¡Y cómo es que estás aquí?! –Abracé a Valentina con fuerza y ella me respondió el abrazo aún más fuerte.
-Voy a pasar las navidades con mi primo, que lo echaba de menos. –Reí asintiendo y dando un sorbo del café. Los chicos se habían ido a dar una vuelta mientras nosotras nos poníamos manos a la obra con las compras de Navidad. –Ya me ha contado Zayn lo de Lorenzo. ¿No sabéis dónde está? –Negué con la cabeza.
-Lo vi caer al suelo muerto, en serio. No respiraba y a la mañana siguiente, ya no estaba ahí.
-Por lo tanto sabemos que sus amigos no se han ido a Roma.
-Y que está herido. Bastante. –Ambas asentimos. –Tenemos que encontrarlo.
-Tenemos que encontrarlo. –Nuestras palabras salieron al unísono, provocando tímidas sonrisas en ambos rostros. -¡Bueno! Se acabó hablar de esto, parecemos Liam y Zayn; seguro que ellos no están hablando de lo bueno que está aquel tío de ahí. Lástima que tenga novia. –Me giré hasta donde ella señalaba y sonreí levantándome con prisas y corriendo hasta el chico que había señalado Valentina. -¡El plan tampoco es que le pongas los cuernos a Zayn! –Reí al escucharla a la distancia y abracé a Harry con todas mis fuerzas.
-Vale, vale, yo también me alegro de verte. –Me separé para abrazar a Lea de la misma forma que a su novio. Nos acercamos hasta la mesa que compartía con Valentina y ella se levantó con una sonrisa en el rostro.
-Soy Valen.
-Yo Harry, y esta preciosidad es Lea.
-¡Cállate Styles! –Lea le dio un suave puñetazo a Harry en el hombro provocando mi risa. –Encantada.
-Igualmente. –Los cuatro nos sentamos mientras terminaba de tomarme el café.
-¿Qué hacíais por aquí? –Levanté la mirada de mi vaso centrándola en Lea y ella sonrió.
-Sólo buscábamos regalos de navidad. –Asentí.
-¡Nosotras igual! Te puedes venir con nosotras si quieres. Tú, Harry no. Sólo chicas. –Valen lanzó una mirada asesina hacia Harry aunque rapidamente empezó a reír como una loca, causando nuestras risas también.
-¿Podemos hablar un segundo en privado, Jenn? –Asentí y me levanté de la mesa, alejándome con Harry, hasta pegarnos a la pared de una de las tiendas.
-¿Qué pasa, ricitos?
-No sé qué regalarle a Lea. –Resopló, pasándose una mano por sus rizos y le dediqué una tierna sonrisa. –Quiero impresionarla, tiene que ser algo especial; pero soy malísimo para el romanticismo.
-Vale, conozco poco a Lea, pero estoy segura de algo que le gustará sí o sí. –Miré encima del hombro de Harry y vi como Lea y Valen hablaban entre carcajadas en la mesa. Giré la mirada para ver a Zayn, que me dedicó una mirada cortante desde la barra a la que respondí con una sonrisa.
-¿Me lo vas a decir o tengo que pagarte? –Volví a mirar los ojos verdes de Harry y reí con fuerza.
-Sí, sí, perdona. ¿Qué te parece unas entradas para algún concierto de alguien que le encante?
-¡Es genial! ¡Eres genial! –Antes de darme cuenta estaba entre sus brazos siendo asfixiada por un abrazo.
-Harry, necesito respirar. –Él me soltó entre risas y yo me arreglé el pelo como pude. –Gracias.
-A ti. Seguro que le encanta. Tú también recibirás un buen regalo en navidad. –Besó mi mejilla y volvió a retomar el camino hasta la mesa, donde se sentó mientras pasaba un brazo por los hombros de Lea. Yo sólo rodé los ojos, mientras negaba con la cabeza y una sonrisa aparecía en mi cara. “Este chico estaba rematadamente loco”. Volví a la mesa para despedirme de Harry y empezar la sesión de compras con las chicas.
-Harry, si quieres puedes irte con mi primo y Liam. –Tosí forzosamente y miré de reojo a Zayn que tenía los puños apretados encima de la mesa sin quitarle el ojo de encima a Harry.
-No, yo mejor me voy a dar una vuelta y luego ya recojo a Lea. –Valen negó con la cabeza y se levantó llamando la atención de Zayn y Liam. Estos se acercaron con rapidez y se sentaron en un par de sillas que había libres.
-Chicos, vosotros os vais con Harry a dar una vuelta y nosotras a comprar. Aquí en dos horas. –Valentina besó con rapidez los labios de Liam y se levantó cogiendo sus cosas. Lea miró a Harry y repitió la acción de Valentina. Yo me acerqué al oído de Zayn, intentando que nuestra conversación se quedara en simples susurros.
-No la líes, Malik y te compraré algo bonito.
-Mejor cómprate algo de lencería negra. Eso sí que será un bonito regalo para mí. –Reí en su cuello y besé sus labios para después hacer compañía a las dos chicas. Valentina se giró antes de salir del bar y miró a los tres chicos con una sonrisa.
-¡Pagáis vosotros! –Y salimos de allí con rapidez, haciendo que nuestras carcajadas se escucharan por todo el centro comercial.
-Mirad, esto para Liam. -Valentina nos enseñó una camiseta blanca con un 'fuck you' estampado en negro. Asentí, le gustaría seguro. El regalo de Harry fue el primero que escogimos, un par de fundas para su iPhone y algo que Lea ya le había comprado aparte. Ahora tocaba el de Liam. Habíamos recogido como cinco tiendas, pero nada, Valen seguía indecisa.
-¿Seguro? –Resoplé, apartando de mi cara un par de mechones y sonreí.
-Segurísimo. –Ella asintió y se fue a la caja a pagar. Salimos de ahí, y empecé a pensar que regalarle a Zayn.
-¿Jenn? –Levanté la mirada hasta Lea y me sonrió. -¿Sabes que comprarle? –Negué con la cabeza.
-Tengo la sensación de que la voy a joder con el regalo.
-¡Le compres lo que le compres seguro que le encanta! –Valentina me agarró del brazo y empezó a pasear de nuevo por todo el centro comercial. Las tiendas ya me las conocía de memoria, así que no me paraba ni si quiera a mirarlas.
-Dejadlo. Me rindo.
-Nena, la semana que viene es 23. ¿Cuándo se lo piensas comprar? –Resoplé, ahogando un grito entre mis manos. Mis amigas rieron abrazándome con fuerza y yo bufé cabreada.
-Chicas, id donde los chicos, yo voy a dar una vuelta. A ver si veo alguna cosa. –Ambas asintieron al unísono. Y me dejaron sola en la puerta de una tienda.
"Piensa por una vez en tu vida, Jennifer. ¿Qué puedes comprarle?"
Empecé a andar, hasta que entré en una tienda que no había visto antes. Empecé a rebuscar entre las perchas, entre cada prenda, pero nada. No había ni una cosa que me gustase para él.
-¿Puedo ayudarte en algo? –Me giré y sonreí a Liam que rodeó mi cuerpo con sus brazos y apoyó su barbilla en mi hombro.
-No veo nada que le vaya a gustar realmente.
-¿Por qué no piensas un poco? Es un regalo tuyo, aunque le regales una piedra la va a guardar como un tesoro. –Reí ante su comentario y me acerqué a la última estantería de la tienda. –Mira esto. –Observé lo que me enseñaba y me dedicó una sonrisa.
-Tiene una igual, se la puso en Roma. –Liam bufó, dejando la chaqueta encima de un perchero y siguió dando vueltas por la tienda.
-¡Liam! –Busqué a Liam con la mirada, pero no había ni rastro de él en la tienda. Gruñí. –Este capullo se ha largado.
-Este capullo está justo detrás de ti.
-Te quiero. –Reímos y levanté la camisa que había escogido. Él asintió y yo aplaudí emocionada. Corrí a la caja para pagar y, cuando terminamos, volvimos con el resto que nos miraba esperando que dijéramos dónde habíamos estado. Nosotros simplemente sonreímos y nos sentamos mientras retomaban la conversación.
-¿Por qué no hacemos una comida el sábado, para celebrar las fiestas y eso? –Todas las miradas se posaron en Liam, y fueron aceptaron la propuesta uno por uno. No sé por qué tenía la sensación de que esa comida no iba a salir demasiado bien. Miré el reloj de mi móvil y me levanté de la mesa haciendo que todos me miraran.
-Lo siento, es que tengo que irme. Hablamos. –Me despedí de todos hasta llegar a Zayn que se puso de pie y, después de una rápida despedida, me hizo compañía.

-Gracias por traerme, Malik. –Él sonrió negando con la cabeza y se bajó de la moto al mismo tiempo que yo.
-Voy a quedarme por aquí cerca, no pienso dejar que ese malnacido de Lorenzo se acerque a ti. No te va a tocar un pelo, no otra vez. –Besó mis labios antes de que entrara en casa. –Te quiero, Jenn.
-Te quiero. –Volví a saborear sus labios y entré en casa para preparar todo lo necesario antes de que llegaran las chicas.

martes, 10 de septiembre de 2013

Capítulo 57

*Narra Valentina*
Las nueve y media de la noche y el avión acababa de pisar tierras británicas, nada más abrir las puertas, me bajé con demasiadas prisas y corrí a coger mis maletas. Eran tres maletas, más una de mano, pero seguro que me acabaría faltando ropa y tendría que ir de compras.
Empecé a andar por toda la terminal, recibiendo miradas de todo el mundo, entonces supe por qué. Estaba demasiado morena para ser una británica más, luego miré mi reflejo en un escaparate y supe que todos me miraban por el escote tan pronunciado que llevaba. Sonreí cuando vi el coche de Liam aparcado a pocos metros de mí. Atravesé el aparcamiento y me crucé de brazos buscándolo con la mirada.
-Te he echado de menos, nena. –Sus susurros hicieron que mis piernas flaquearan y sonreí cuando recibí un par de besos húmedos por mi cuello. Me giré para besar sus labios y él me devolvió el cálido beso, apartándose de mí dejándome con más ganas. –Vamos, guapa. –Golpeó mi trasero, y me guiñó un ojo. Idiota como él solo. Metió las maletas en el maletero y se montó en el coche en menos de un minuto.
-¡Liam! –Reí y me senté en el asiento del copiloto.
-¿A dónde te llevo, nena?
-A tu cama. –Solté una carcajada y a él le faltó tiempo para acelerar, provocándome una risa aún más escandalosa. Íbamos sorteando los coches y, cuando entramos en la ciudad, no respetábamos ningún semáforo. –Liam, no quiero morir.
-Vas a morir en unos minutos, nena. –Puso una mano en mi muslo y apretó con delicadeza, haciendo que me estremeciera por completo. Giré mi cara hasta él y pude ver su sonrisa. –Tranquila, será de placer. –Reí y me acerqué a él besando con parsimonia su cuello. –Valen, estoy conduciendo.
-¿Y esto te distrae? –Paseé mi lengua por su cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja y él gruñó.
-Valen, para. –Reí en voz baja y puse una mano en sus vaqueros, paseándola con tranquilidad por su muslo. Volví a escucharlo gruñir cuando bajé la cremallera de su pantalón. –Joder. –El coche frenó con fuerza y me fijé en la casa, no había cambiado un ápice desde la última vez que la vi.
Me bajé del coche de un salto y, después de que Liam abriera la puerta, entré con prisas encendiendo la televisión y sentándome en el sofá.
-Si piensas que vas a salir impune después de lo del coche, vas lista, nena.
-¿El coche? ¿Qué ha pasado en el coche? –Sonreí cuando vi cómo se acercaba a mí, quitándose la camiseta gris que llevaba. –Eh, esa camiseta…
-Sí, es la que me regalaste en mi cumpleaños. –Asentí mordiéndome el labio, perdiendo mi mirada en su torso. ¿Desde hace cuánto va al gimnasio? En medio segundo estaba encima de mí, haciendo que nuestras narices se rozaran. – ¿No tienes calor? –Negué con la cabeza, provocando su risa.
-¿Y tú no tienes frío? Hace cinco grados en la calle.
-Podría derretir el polo con la temperatura de mi cuerpo, Valen. –Besé sus labios con ganas, todas las ganas acumuladas después de dos meses sin verlo. Él me devolvió el beso con la misma intensidad, agarrando con fuerza mi cuerpo, pegando mi cintura con la suya. Un pequeño gemido salió de mis labios cuando sentí un bulto pegado a mi estómago.
Un escalofrío recorrió mi espina dorsal cuando sentí sus dedos acariciar mi brazo desnudo y, fue entonces cuando me percaté de que estaba sin camiseta. Los pantalones también desaparecieron de mi cuerpo en medio minuto y, los suyos, corrieron la misma suerte.
-Este sofá es demasiado incómodo. –Antes de que pudiera contestar, Liam ya me había cogido en brazos, haciendo que yo enroscara mis piernas en su cadera, pegando aún más su erección contra mi entrada. Gemí en su oído, mientras él mordisqueaba con delicadeza mi hombro, provocando que mi excitación fuera mayor.
Me tumbó sobre su cama y rebuscó en los cajones en busca de un preservativo y, cuando lo encontró, volvió a tumbarse encima de mí. Se podía decir que arrancó de un tirón mi sujetador, haciendo que el rubor de mis mejillas aumentara.
-Eres preciosa. –Capturó mis labios en un beso, mientras su mano subía, hasta masajear mi pecho. Los besos volvieron a aumentar el ritmo al igual que las caricias sobre mi cuerpo. En un rápido movimiento, me coloqué sobre su cadera, dejándolo a él debajo y tomando el control de la situación.
-Es hora de descansar, Liam. –Sonreí de medio lado y metí las manos en sus bóxers, masajeando con ganas su erección, provocando pequeños suspiros y haciendo que el bulto cada vez fuera mayor.
-Valen, voy a llegar ya como sigas así. –Reí y besé su pecho, quitándonos a ambos las últimas prendas de ropa que teníamos. Le coloqué el preservativo y me senté sobre él como pude y empecé con un ritmo lento, al igual que los besos mientras sentía como se tensaba todo mi cuerpo al sentirlo dentro. Me alejé de sus labios para colocar mis manos en su pecho y mantener el ritmo, el cual aumentó con el paso del tiempo. Sus manos se colocaron en mi cintura, ayudándome con los movimientos.
Minutos después, Liam volvió a ponerme debajo, formando movimientos rápidos con su cadera, haciendo que arqueara la espalda buscando más. Sus labios repasaron toda mi anatomía, dejando leves mordiscos en mis puntos más sensibles. Los míos, por el contrario, se centraron en su cuello, provocando que mi nombre saliera en pequeños susurros de su boca.
Ambos acabamos a los pocos minutos y él se dejó caer sobre mi pecho con sumo cuidado mientras yo pasaba mis dedos entre su pelo. Ambas respiraciones fueron disminuyendo de velocidad hasta que estaban completamente acompasadas.
Liam levantó la mirada, al mismo tiempo que hacía que se entrelazaran nuestros dedos y besó mi mejilla, para mostrarme después una preciosa sonrisa en su cara, sabía que otra sonrisa había aparecido en mi cara; ese era el efecto que tenía Liam en mí, siempre había sido así, desde que lo conocí.
Miré al techo recordando la primera vez que lo vi sentado en la mesa del comedor de mis abuelos, o como sonreía con las historias de mi primo, su sonrisa me capturó desde el primer momento; después mantuvimos el contacto, sesiones de Skype, llamadas hasta altas de la madrugada, mensajes de ánimo en los malos momentos o simplemente, llamadas para no hablar de nada y escuchar la voz del otro, detalles que poco a poco hicieron que me enamorara de él.
-Valen, ¿me escuchas? –Volví a centrar mi mirada en sus ojos y negué con una sonrisa. –Déjalo.
-No, dime que has dicho. –Besó mi mejilla y se movió a mi lado en la cama, rodeando mi cintura con un brazo.
-Era una tontería. –Me encogí de hombros y besé su hombro, cerrando los ojos intentando dormirme un poco. Pasaron unos minutos hasta que volví a escuchar su voz. -¿Estás dormida, nena? –No contesté, fingiendo estar en un profundo sueño. –Bueno, pues aprovecho y te digo lo de antes. –Sentí como apartaba un par de mechones de mi cara, colocándolos en mi oreja y sentí el leve movimiento de sus labios sobre ella. –Te quiero, Valentina. Te quiero. –Mis ojos se aguaron, era la primera vez que me lo decía. Besó mi mejilla y se acomodó en la cama. Después de esas palabras no podía dormir, no quería cerrar los ojos, abrirlos y que todo hubiera sido un jodido sueño.
Me giré en la cama mirando el reloj de mi móvil. Las doce menos veinte de la noche;  escribí un rápido mensaje a mi primo, diciéndole que estaba en Londres y volví a estirarme en la cama. Llevábamos como dos horas durmiendo, bueno, Liam llevaba dos horas durmiendo. Me giré mirándolo y sonreí.
-Yo también te quiero, Liam.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Capítulo 56

Suspiré apretándome a su cintura mientras él circulaba por las calles de Londres. Otra vez había tenido que venir a protegerme él.
Frenamos después de más de media hora en la moto. Me bajé y empecé a andar hasta la casa dejando a Zayn atrás, que estaba guardando la moto en un lugar dónde nadie pudiera verla. Escruté el lugar con la mirada y me di cuenta que me había traído a la casa que visitamos unos meses antes.
Golpeé la puerta para entrar y me acomodé en el viejo sofá que había, Zayn llegó un par de minutos después y cerró la puerta a sus espaldas, haciendo que el eco se escuchara en toda la estancia.
-¿Qué te pasa?
-Nada. –Subí los pies al sofá y los abracé, pegando los muslos al pecho.
-Vamos, dime.
-Estoy harta de que me tengas que proteger. Me siento inútil, como si no pudiera hacer nada, cada vez que hay algún problema tienes que venir tú a ayudarme. –Suspiré. –Déjalo, es una tontería. Voy a dormir un rato. –Me tumbé en el sofá, colocando mis manos como almohada.
- Preciosa, haces de todo con solo sonreír. Jenn, estoy encantado de ser quien te proteja, créeme que no querría que otra persona que no fuese yo te protegiese. –Se acercó a mí y se sentó cogiéndome en brazos. Dejó un beso en mi frente y me apretó contra su pecho. –Descansa anda, yo me quedo vigilando por si acaso. –Me senté a su lado para poder apoyar la cabeza en su hombro. Estuve repasando con la mirada la habitación hasta que escuché un gruñido a mi lado. Me giré y pude ver como Zayn roncaba a mi lado.
Ahogué una risa y me moví del sofá para asomarme al balcón a que me diera algo de aire. Se escuchaban los coches en la lejanía, y gracias a la luz de las farolas se podía ver algunos gatos moverse en los alrededores de la casa.
Un ruido en la parte delantera de la casa me alertó y volví a entrar en casa. Me asomé a través de la cristalera rota y pude distinguir a alguien golpear una piedra en frente de la puerta. Si mi vista no me fallaba, era Lorenzo. Nunca olvidaría ese pelo rubio.
Me giré y miré a Zayn, necesitaba dormir; había visto sus ojeras en el bar de esta tarde. Cogí la pistola que Zayn había dejado encima de la mesa y me acerqué a la puerta.
"Jenn, si sales por ahí le estás poniendo a huevo que te pegue un tiro. El balcón."
Asentí para mí misma y corrí al balcón. Di un pequeño salto y cuando mis pies tocaron el suelo, guardé la pistola en la parte de atrás de mi pantalón y avancé con cuidado hasta la puerta principal.
"¿Y ahora qué? ¿Piensas plantarte en frente de él con una sonrisa y decirle: "Hola vengo a pegarte un tiro"? Haz un plan antes, idiota."
Me apoyé en la pared y empecé a cavilar todas las opciones que podía hacer, hasta que escuché unos pasos a pocos metros de mí.
-Vaya, me lo has puesto muy fácil, morena. –Me erguí separándome de la pared y le dediqué una sonrisa al chico.
-Puedo decir lo mismo´, rubito. –Él rió dando un paso hacia a mí, mientras yo daba dos alejándome de él.
-¿Tienes miedo?
-No me hagas reír. –Detuve mis movimientos y escruté su posición. -¿Qué, no vienes con tus amigos?
-No me hace falta nadie para daros un buen escarmiento. Los he mandado de vuelta a Roma. –Reí irónicamente y él gruñó cabreado. –Bueno, ya me he hartado de hablar, ahora te quiero hacer gritar.
-Lo mismo digo. –Puse mi mano en la culata de la pistola y la saqué, apuntando directamente al pecho de Lorenzo.
-Vaya, que miedo, la niñita tiene una pistola. ¿Acaso sabes usarla? –Disparé a su brazo, haciendo que gritara de dolor mientras caía al suelo.
-Te dije que te haría gritar. –Lo vi retorcerse en el suelo mientras apretaba la herida intentando detener la hemorragia.
-Eres una maldita zorra. –Se levantó a regañadientes sacando una navaja de uno de los bolsillos de sus vaqueros. Gruñí y volví a levantar la pistola.
Una parte de mí no quería matarlo, no quería ser una asesina. Pero otra, ansiaba con ganas pegarle un tiro y darle su merecido.
-Nos vemos en el infierno, primo. –Y un tiro salió desde detrás de mi hombro clavándose en el pecho de Lorenzo, haciendo que su cuerpo inerte cayera al suelo.
Me giré y me encontré a Zayn con otra pistola algo más pequeña de la que yo tenía. Lo abracé con fuerza, sintiendo como su pecho se contraía a causa de la leve risa.
-¿Qué pasa?
-Dices que eres una inútil y apenas una hora después le pegas un tiro a mi primo dejándolo medio muerto. –Acompañé su risa y le devolví la pistola.
-¿Cómo sabías dónde estábamos?
-Oí como saltabas por el balcón y cuando escuché el disparo pensaba que él te había dado a ti, pero veo que sigues siendo buena tiradora. –Agarró mi cintura, levantándome escasos centímetros y así poder besarme con tranquilidad.
-Ya te lo dije Malik, tengo un buen maestro. –Entramos en casa y volvimos ocupar asiento en el sofá de antes. Sus brazos rodearon mi cintura, pegándome a él.
-¿Sabes, Jenn? Cuando he escuchado el disparo, me he bloqueado. –Levanté la mirada hasta él, esperando que continuara. –Pensaba que te habías ido, que todo se había acabado en ese momento. Que no volvería a verte, ni a escuchar tu risa. Creí que te perdía y, por primera vez en bastante tiempo, estaba acojonado, preciosa.
-Pues aquí estoy y aquí voy a seguir mucho tiempo. –Besé su mejilla y él acarició con delicadeza mi pelo. Sentí como los ojos se me iban cerrando poco a poco. Y caí en un leve sueño hasta que la melodía de su móvil me despertó. -¿Qué hora es, Malik?
-Las doce menos veinte. –Asentí. -¿Quién es?
-Alguien que tiene ganas de verte. –Me enseñó el móvil y yo reí levemente. Mañana sería un día divertido.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Capítulo 55

-Ahora sí que parece tu novio. –La voz de Luke a mis espaldas me hizo reír y me giré para dedicarle una sonrisa.
-Zayn, este es Luke. –Ambos se estrecharon la mano, antes de que Zayn volviera a fijar la mirada en mí. –Es el chico que me ha avisado de que esa zorra estaba contigo. –Sonreí tiernamente y ambos rompieron a reír.
Salimos del bar después de despedirnos de Luke, con el cual habíamos estado más de media hora contándole tonterías; las horas habían pasado con demasiada velocidad y ya eran más de las diez.
-¿Por qué no te quedas esta noche? Estoy sola. –Sonreí como una niña pequeña y él negó con la cabeza.
-No puedo, Jenn. Les he dicho a mis padres que antes de las once estaría allí. –Suspiré y apoyé mi cuerpo contra la puerta. Él se acercó a mí y entrelazó sus dedos con los míos. -¿Mañana por la mañana vienen tus amigas? –Negué con la cabeza.
-Vienen a las cinco.
-Pues te recojo a las doce y comemos juntos. ¿Qué te parece el plan? –Sonreí.
-A las doce te espero. No llegues tarde, Malik. O me iré con Luke. –Su rostro se volvió serio, aunque pude ver una tímida sonrisa asomarse por la comisura de sus labios.
-No te volveré a llevar a ese bar, preciosa. –Reí al mismo tiempo que él agarraba mis mejillas y posaba sus labios sobre los míos dejando en ellos un corto beso. Entré en casa, mientras él encendía la moto que estaba aparcada en la acera de enfrente. Lo escuché acelerar por la calle. Dejé las llaves en la entrada y entré en el salón, encendiendo la tele, tumbándome en el sofá y buscando algo interesante que ver, pero lo único que realmente me llamaba la atención fue un documental.
Los minutos pasaban, y mi sueño aumentaba mientras veía el documental, que trataba sobre algún animal en peligro de extinción. Apagué la televisión normal y conecté el USB en el que tenía guardadas todas las fotos. El viaje de Roma vino a mi cabeza de nuevo, gracias a las miles de fotos que aparecían poco a poco en la pantalla plana de mi salón. Recordé, la mañana que habíamos visto la Fontana di Trevi, y cuando tiré el candado al río. Las fotos fueron pasaron, dejando atrás las de Roma y mostrándome algunas con mis amigas de fiesta, con Harry, con Liam. En mi mente recordaba cada momento y una sonrisa se dibujaba en mi cara.
El timbre de mi casa me devolvió a la realidad y me levanté con parsimonia para abrir. Miré por la mirilla pero no me encontré a nadie y, desde la ventana del salón tampoco se veía a nadie fuera. Me encogí de hombros extrañada y volví al sofá para volver a ver las fotos. Justo cuando me estaba sentando, el bolsillo de mi pantalón vibró y saqué el móvil. Era Zayn.
-¿Qué, ya me echas de menos? ¿Te has pensado mejor lo de venir a dormir hoy conmigo? –Sonreí pero no escuché su peculiar risa al otro lado de la línea.
-¿Sigues en tu casa? –Por el tono de voz que tenía no parecía muy tranquilo, es más parecía nervioso, como si estuviera pasando algo.
-Sí, no me he movido de aquí, ¿por qué? ¿Te abro y hablamos? He escuchado el timbre.
-No, no habrás la puerta, ni se te ocurra. Vete al despacho de tu padre y sal por la ventana, estoy ahí.
-Pero, ¿por qué?
-Ahora te cuento, pero sal de ahí, rápido. –Colgó antes de darme tiempo a rechistar y resoplé obedeciendo. Me guardé el móvil en el bolsillo y corrí al despacho de mi padre. Abrí la ventana y, entre las sombras, distinguí la silueta de la moto de Zayn abajo, pero él no estaba ahí.
“Ah, claro genial, ¿qué quieres? ¿Qué salte en la moto así porque sí? Ni de coña.” Miré a ambos lados de la ventana pero no había nadie. El timbre volvió a sonar, ahora con más intensidad, provocando que mi nerviosismo aumentara. Respiré hondo y saqué mis piernas por la ventana apoyándolas en el alféizar. Volví a coger aire y salté de la ventana. Cuando toqué el suelo sentí como mis rodillas ardían y ahogué un grito. Justo cuando me estaba levantando apareció él por la esquina de la casa.
-¿Por qué no has esperado a que llegara a la ventana?
-Porque me has dicho que saliera de aquí rápido. ¿Qué narices pasa? –Me sacudí el pantalón y vi cómo se manchaba de marrón en mis rodillas. Genial, me había hecho sangre.
-Están los amigos de Lorenzo en tu puerta, con él. Venía a tu casa a darte una sorpresa y he visto su Ferrari a unas calles de distancia. Cuando estaba acercándome a tu casa, los vi llamar al timbre y me desvié para que no me vieran. –Tragué saliva y me subí en la moto al mismo tiempo que él lo hacía y me extendía un casco negro, algo más pequeño que el suyo. Me lo puse con rapidez, levantando la visera para mirarlo por el retrovisor.
-¿Y qué narices buscan en mi casa? –Me miró a través del espejo retrovisor y bajó la mirada a la vez que bajaba la visera de su casco. Vi la respuesta de forma clara en ese simple gesto y un escalofrío me recorrió el cuerpo de arriba abajo.

Me buscan a mí. No tenía ni idea de por qué, pero Lorenzo se había obsesionado conmigo en Italia y, por lo que parecía no iba a parar hasta conseguir lo que quería de mí fuera lo que fuera. Aunque, conociendo a Zayn, él no iba a parar hasta ver a su primo lejos de mí, y para eso haría lo que tuviera que hacer.

Capítulo 54

-No puedo creer que estés diciendo eso. –Hablaba entre susurros, intentando controlarse, pero la forma de hablar era seria, fría y distante.
-¡Pues créetelo, señor protector! –Mi voz salió con rabia, al mismo tiempo que estrellaba mi dedo índice contra su pecho. –Estoy hasta las narices de que vayas protegiéndome cuando no te he pedido ayuda en ningún momento, ayuda que me darás sólo por tener contento a tu padre o a quién sea que te ha obligado a hacerlo.
-¿Eres imbécil, Jennifer? ¿Te estás oyendo? ¿Qué te protejo porque me obligan? –Dio un paso hasta a mí y pegó su cara a la mía. –Nadie me ha obligado a quererte pero, en estos momentos, creo que no lo hago.
-¿Y tú gilipollas? Te odio, Zayn. ¿Lo entiendes? Te odio. –Me alejé de él y me apoyé en la pared de enfrente mirándolo con rabia.
-Y yo a ti. Sólo eres una maldita niñata, que no sabe que quiere ni sabe qué hacer con su vida y tiene que ir jodiendo la de los demás. Eres una egoísta que sólo se preocupa por sí misma.
-Y tú eres un maldito cabrón, y además un asesino. Sí, eso es lo que eres, un asesino que mata a gente sin importar si tiene familia o si es una niña de apenas cinco años. Das asco. Eres una basura, Zayn. Una mierda. –Me mordí el labio cuando escuché lo que acababa de salir de mi boca.
-Jennifer. –Sus ojos se clavaron en los míos mirándome con rabia, con odio. Había dado en su punto débil.
-¡Olvídame Zayn! Lárgate y olvídame. –Escupí las palabras con fuerza y, para terminar, golpeé mi puño contra el escritorio, haciéndome más daño que otra cosa. Empujé a Zayn por la puerta y salí corriendo a hasta mi cama y enterrando mi cara entre los cojines.
Habíamos discutido muchas otras veces, pero ninguna había sido tan fuerte como esta. Le había dicho cosas que ni si quiera pensaba, pero era todo a causa del enfado. Escuché como cerraba la puerta de la casa de un golpe y yo suspiré, escondiendo de nuevo las lágrimas en los cojines.
Entonces fui consciente de que había salido de casa sin protección alguna mientras los amigos de Lorenzo lo buscaban después de todo lo que había pasado en Roma. No lo iba a dejar solo, no.
Esta vez sería yo la que le salvaría el culo a él.
Me puse una cazadora y corrí hasta la puerta cerrándola tras de mí con un sonido sordo. Sólo había salido hacía un minuto, así que si miraba bien lo podía encontrar. Y así fue. Distinguí su pelo negro entre toda la multitud y yo empecé a seguirlo a una distancia prudente. Iba con la cabeza agachada, pero aun así esquivaba a todo el mundo con facilidad. El traqueteo de las gotas de lluvia contra el frío asfalto permitió disimular el característico sonido de mis zapatos.
Después de unos cuantos minutos andando lo vi entrar en un bar. Bufé cabreada y aceleré el paso para no perderlo de vista dentro del local.
Una parte de mí, me decía que me estaban observando, repasé con la mirada toda la calle pero ni si quiera sabía cómo eran los amigos de Lorenzo. Mi mano repasó el picaporte de plata antes de tirar de él con fuerza y adentrarme en ese antro de alcohol y tabaco.
Estaba anocheciendo en Londres y las mujeres se agrupaban en bares para su ronda diaria en busca de un tío, por lo que no me extrañó que el local estuviera hasta arriba de chicas sentadas al lado de algunos hombres ya bastante borrachos.
Empecé a deambular por el bar hasta que me encontré con un chico que me miraba fijamente, esperando que le dijera algo. Entonces fui consciente de la barra que había entre él y yo. "Bien, Jenn, es el camarero, idiota"
-¿Quieres algo, guapa?
-No, gracias. –Le devolví la sonrisa y giré mi cabeza para encontrarme a Zayn a unos metros de distancia.
-Soy Luke. –Centré la mirada en el chico de la barra y le estreché la mano que me había ofrecido para presentarse.
-Jenn.
-Veo que le has puesto el ojo a aquel chico moreno. –Negué fingiendo una sonrisa.
-Sí, podemos decir que es mi... novio.
-Pues no tiene pinta de ser novio de nadie. –Con un simple gesto de cabeza señaló el lugar donde estaba Zayn, haciéndome mirar hasta ahí.
Juro que, si en ese momento me hubiesen pegado un tiro, habría sido menos doloroso que ver aquello. Una preciosa chica estaba justo delante de Zayn, mientras él paseaba las manos por su cintura,  haciendo pequeños círculos en ella; tal y como hacía conmigo.
La chica se tomó la confianza de sentarse en el regazo de Zayn y dar un sorbo de su copa, mientras yo sentía la sangre hervir dentro de mí. Y él no hizo otra cosa más que sonreírle; tal y como me sonreía a mí.
Iba a echarle la culpa al alcohol, pero era imposible que se le hubiese subido tan rápido, ni si quiera llevaba en el bar más de quince minutos y no se había bebido ni media copa. Era consciente de todo lo que hacía.
La mano de la chica empezó a acariciar su pelo negro y la distancia entre ellos cada vez era menor. No, eso sí que no. Te quieres ligar al tío equivocado, guapa.
Gruñí y me levanté del taburete, dejando atrás a Luke y a lo que fuera que me estuviese diciendo. Cuando me encontré a la altura de Zayn empujé con fuerza a la chica, haciendo que su trasero se estrellara con fuerza en el suelo pegajoso de aquel bar.
-¿Qué haces, tía? –Miré a la chica con rabia y me coloqué encima de ella, lanzando mis manos a su cuello, evitando que levantara la cabeza.
-Vuelves a tocarlo y te puedes dar por muerta, zorra. –Empezó a patalear hasta librarse de mi agarre y con una de sus uñas postizas logró alcanzar la parte inferior de mi ojo, haciendo que lanzara un quejido de dolor debido al arañazo.
-¿Y tú quién coño eres?
-Tu peor pesadilla si no te alejas de mi novio. –Apreté aún con más fuerza su cuello y sonreí con malicia.
Unas manos rodearon mi cintura separándome de ella y poniéndome en pie. Me giré para encontrarme con sus ojos marrones mirándome de arriba abajo, inspeccionándome. Suspiró y apretó el puente de su nariz antes de comenzar a hablar.
-¿Qué haces aquí? –Su voz era ronca a causa del humo del tabaco que impregnaba el techo del lugar.
-¿Y tú? ¿Qué mierda haces aquí? –Me crucé de brazos, aún sin apartar mi mirada de la suya.
-Intentar olvidarme de ti. –Recordé lo que le había dicho cinco minutos antes en la casa y el mundo se me vino encima, no decía nada de eso en serio. Nunca le diría cosas así. -¿Y bien?
-Te seguí intentando protegerte de los amigos de tu primo. Y, entro en el bar, y lo primero que veo es que estás a punto de tirarte a una tía delante de todo el mundo. –Sus manos apretaron con efusividad mi cintura, hasta tal punto que casi dolía. Pero al ser consciente de la fuerza que estaba usando se detuvo, acariciándome con delicadeza
-Para, Jennifer. No montes una escena.
-No. No voy a parar hasta que todo vuelva a ser como antes. Quiero ser la única a la que le robes un beso, la única que toques. Quiero tus caricias y tus abrazos. Te quiero a ti y punto. Te necesito, ahora y siempre. –Dejé que todas las palabras salieran de golpe, pero fueron claras y concisas. Dejé a un lado mi orgullo por tenerlo a él de vuelta. Sus manos dejaron libres mis caderas para posarse en mis mejillas y, acto seguido juntar sus labios con los míos.
-Te quiero, preciosa. –Habló sobre mis labios, permitiendo a los míos mostrar una sonrisa.
Entonces recordé lo que había dicho en mi cuarto y mis ojos se llenaron de lágrimas. Me mordí el labio intentando reprimirlas, pero fue un esfuerzo en vano.
-¿Qué pasa? No llores.
-Perdóname, lo siento. No quería decir todo aquello. No pienso que seas una mierda, ni una basura. –Sorbí por la nariz y volví a sollozar. –No pienso nada de lo que te dije. No te odio. Zayn. –Me apreté contra su pecho, y descargué en él todas mis lágrimas. Él simplemente acariciaba con parsimonia mi espalda intentando consolarme.
-Tranquila preciosa. Lo sé. Yo tampoco pienso nada de lo que te dije. Y tampoco te odio. –Levantó mi cara y besó mi nariz. –No podría odiar a la razón de mis sonrisas.

¡Sé que dije que subiría dos, no me comáis amores míos! Esta noche subo el siguiente. Espero ver comentarios por aquí abajo o en Twitter, os quiero.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Capítulo 53

Sólo una semana más y vacaciones de navidad. Recogí la mochila y salí de mi casa corriendo. A estas horas, hace una semana estaba cogiendo un avión en dirección a Italia y ahora ni si quiera me hablaba con Zayn. Me había pasado todo el fin de semana sin saber nada de él, ni una llamada, ni un mensaje nada. Ambos éramos demasiado orgullosos. Suspiré y cerré la puerta de mi casa.
Mis amigas me recibieron con un abrazo y con una ronda de noticias frescas, estar una semana sin hablar con ellas significaba una semana de cotilleos nuevos.
-Bueno y Espe y Jerry, han confirmado su relación por todo lo alto.                                                      
-Y tanto, los pillamos en el baño del pub. –Todas reímos y mi mirada se posó en las mejillas rojas de Espe.
-¡Que os den! –Se cruzó de brazos y todas la abrazamos con fuerza. Seguimos hablando de las demás relaciones de la clase, de las peleas y de poco más, ya que el profesor interrumpió nuestra animada charla.
Empezó a contarnos lo que haría en vacaciones y, por supuesto, nos mandó ejercicios para que “preparáramos la mente” durante las tres semanas de vacaciones.
-¿Sabes que Harry tiene chica? –Miré a Zoe de reojo y sonreí negando con la cabeza. –Se llama Lea, está en un curso por debajo. Ahora te la presentará seguro.
-¿Ya la conocéis? –Ella asintió y se acercó más a mi sitio para poder hablar sin que nos escucharan.
-Te caerá bien, es Harry en versión tía. –Reí en voz baja y asentí. Sí eso era verdad, nos llevaríamos bien.
Las dos horas restantes pasaron y por fin nos dejaron salir al patio. Corrí al lado de Harry y le sonreí esperando que me contara lo que ya sabía.
-Vale, vale, no me atosigues con esa mirada. –Me agarró del brazo y me acercó a un grupo de cuatro chicas que miraron a Harry como auténticas bobas, a excepción de una que estaba absorta en su mundo mirando el móvil. Vale, me estaba diciendo que de las cuatro anormales estas que miraban a Harry cual dios griego, una era su chica. Lo miré con cara de asco y él sonrió. –Lea. –La chica que estaba mirando al teléfono levantó la mirada mostrando una sonrisa en su cara. Esta sí me gustaba más que las otras. Abrazó a Harry con todas sus fuerzas y luego se dirigió a mí; la chica era guapísima, y tenía un toque divertido gracias a sus gafas de pasta.
-Soy Jenn, encantada.
-Lea. –Extendí mi mano para saludarla pero ella me envolvió en sus brazos; reí, correspondiéndole el abrazo mientras observaba a sus amigas. Estuvimos un rato hablando con ella y descubrí que Zoe tenía razón, era Harry en chica. Hacían las mismas bromas, los mismos chistes malos y ambos eran igual de pervertidos.
Después del recreo de nuevo nos tocó escuchar los planes de los profesores para estas vacaciones, ¿en serio pensaban que realmente nos importaban? A última hora no aguantaba ni un minuto más en aquella habitación y rezaba porque el timbre sonara pronto.  Apoyé la cabeza en la mesa fijando la mirada en el asiento vacío de Zayn. Daba por seguro que esta semana no lo vería, pero también tenía seguro que no iba a comerme mi orgullo.
Podemos decir que tampoco supe nada de él, el martes, ni el miércoles, ni el jueves. Vamos, que ya era viernes por la noche y aún no sabía si seguía vivo o qué había pasado con él.
Mis padres me habían dicho que se irían todo el fin de semana a Edimburgo a ver a mis tíos, por lo que me quedaría sola hasta el domingo por la mañana. Hablé con mis amigas y ya teníamos organizado el sábado en mi casa.
Dejé todos esos pensamientos a un lado, metí la película en el reproductor y cogí el bol de palomitas sentándome en mi cama. Típica noche de diciembre. Me metí en la cama y le di al play. No sabía ni qué película me había grabado esta vez Allie, pero conocía mis gustos a la perfección.
“Romeo y Julieta”.
No. Desconecté la película y suspiré. No iba a ver esa y menos ahora; busqué alguna que tuviera grabada en el ordenador, pero todas eran románticas y no creo que pudiera aguantarlas.
-¿Puedo hacerte compañía? –Salté en mi cama, encendiendo con prisas la luz y él rompió a reír. –Perdón, no quería asustarte.
-¿Dónde has estado? –Volví a fijar la vista en el portátil, sabía que si lo miraba mis ganas de correr a abrazarle serían más fuertes y no pensaba tirar por el suelo mi orgullo.
-Teníamos que hacer un trabajo. –Asentí y me tumbé en la cama, aún con el portátil en mis piernas. Sentí el colchón doblarse cuando se sentó en él y suspiré doblando las piernas, alejándome de él. –Los amigos de Lorenzo están aquí. –Levanté la mirada del portátil y alcé una ceja interrogante.
-¿Que quieren?
-No lo sé. Sólo los he visto un par de veces en la puerta de mi casa y a la salida del instituto. –Asentí, sintiendo el miedo recorriendo cada parte de mi cuerpo; no sabía que querían ni que hacían en Londres, pero no traerían buenas noticias. –Entonces, ¿puedo quedarme?
-¿Para qué? ¿Para controlar si me electrocuto con una lámpara? ¿O es que quieres acompañarme por si me ahogo en la ducha?
-A la ducha te acompañaría encantado, preciosa. –Bufé, bajando la mirada hasta la pantalla del portátil. –Jenn, ¿no ha sido bastante estar sin hablarnos una semana?
-Yo no tengo ningún problema, eres tú el que no ha querido hablarme.
-¿Yo tengo que hablarte cuando la liaste tú sola? –Solté una risa irónica y aparté el portátil de mis piernas dejándolo a un lado de la cama.
-¿Yo sola? ¿Y tú qué?
-¿Yo? Mierda Jenn, perdona por querer protegerte.
-Quizá no quiera que me protejas. –Mi voz se elevó por encima de la suya. Se levantó al escuchar mis palabras, yo imité sus movimientos acercándome a él, haciendo que, por primera vez, su cuerpo estuviera encerrado entre la pared y mi pecho.

¡Hola, hola criaturillas de Lucifer! Bueno, ya tenéis el capítulo; sé que le dije a una chica de twitter que hoy subiría dos, pero no he podido, acabo de coger el portátil y en medio minuto me lo vuelven a quitar. Peeero, para que veáis que cumplo, mañana subo dos capítulos, ¿vale? Bueno, nada más, espero que os haya gustado el capítulo y que me comentéis. ¡Os quiero!

martes, 3 de septiembre de 2013

Capítulo 52

Abrí los ojos poco a poco y me giré mirando a Zayn que estaba completamente dormido. Una sonrisa se dibujó en mi cara, hasta que una idea rozó mi cabeza. Reí en voz baja y me levanté con cuidado, intentando no despertarlo.
Corrí al baño y llené uno de los vasos de agua. Volví a la cama y me acerqué con cuidado a su lado.
“Se va a enfadar”.
“Pero será divertido.”
Reí y quité todas las sábanas, descubriendo una almohada que imitaba el cuerpo de Zayn. Me congelé en el acto deteniendo todas mis acciones y, de repente, sentí como el agua empezaba a correr por mi cara.
-Buenos días, preciosa. ¿Querías hacer algo con ese vaso?
-¡Te mato, Malik! –Solté una sonora carcajada y corrí detrás de él por toda la habitación. –No vas a escapar, capullo.
-Ven aquí, preciosa. Te estoy esperando. –Corrí hasta cogerlo por la cintura, pero en un rápido movimiento, él ya me tenía cogida por los brazos, pegando mi espalda en la pared. –No sabes lo que te haría con esa camiseta mojada.
-¡Malik! –Reí, escondiendo la cabeza en el hueco de su cuello y él soltó una leve carcajada en mi oído. Su risa se transformó en húmedos besos que fue dejando por mi cuello, mi mandíbula, hasta llegar a la comisura de mis labios. Gemí cuando mordió el lóbulo de mi oreja, apretando mi trasero.
-¿Nos vamos, preciosa? –Gruñí cuando se alejó de mí, lo miré indignada y me guiñó un ojo.
-Idiota. –Él rió con ganas y se puso los vaqueros terminando de arreglarse. Cogí una camiseta de la maleta y me puse su chaqueta vaquera lista para salir al último viaje que haríamos en Italia.
No era un viaje largo, es más las dos horas se me pasaron volando; cuando por fin encontramos donde poder aparcar el coche visitamos la ciudad de arriba abajo, empezamos en Piazza della Signoria, donde desayunamos y, de ahí, a recorrer cada uno de los puntos más conocidos de la ciudad, el Duomo de Santa Maria del Fiore, el Ponte Vecchio… Eran las seis de la tarde cuando decidimos coger el coche y volver a Roma.
-No quiero volver Zayn. –Aminoró la velocidad del coche y suspiró, cogiendo el desvío que nos llevaría al centro de la ciudad.
-Tenemos que hacerlo, no podemos quedarnos aquí a vivir. –Apoyé la cabeza en la ventanilla y lancé un suspiro que se estrelló con el cristal de esta.
-Estaré castigada durante siglos después de esto. Ni si quiera Liam ayudará. –Su silencio me demostraba que tenía razón.
Subimos a la habitación y recogimos la maleta, dejando fuera solo la ropa para el viaje de vuelta y lo necesario para asearnos al día siguiente.

-¿Nunca has sentido que cuando bajes de un avión te van a pegar un tiro entre ceja y ceja? –Miré por la ventanilla del avión como éste descendía y en pocos minutos tomaríamos tierra.
-Todos los días de mi vida. –Rodé los ojos sonriendo y apreté la mano de Zayn. –No va a pasar nada, tranquilízate.
-¿Cómo puedes decirme que me tranquilice?
-Porque antes de que alguien te ponga una mano encima, yo le reviento la cabeza.
-Te recuerdo que hablas de mi padre, por mucho que lo odie, no quiero quedarme huérfana. –Bufó cabreado dando por terminada la conversación.
Pocos minutos después las ruedas del avión hicieron contacto con el suelo londinense. Y, después de las típicas maniobras de aterrizaje, estábamos en la terminal recogiendo las maletas. Subí al Mercedes plateado de Zayn y suspiré dejando atrás el recuerdo de una de las mejores semanas de mi vida. Agarré la mano de Zayn mientras éste metía una marcha y una sonrisa se dibujó en su cara.
-¿Quieres que te acompañe? –Negué con la cabeza cerrando el maletero y besé su mejilla.
-Si pasa algo te llamo, no te preocupes. –Él asintió poco convencido y volvió a montarse en el coche al mismo tiempo que yo llamaba al timbre de la casa. Mis dedos tintineaban en el asa de la maleta esperando a que alguien abriera la puerta. Zayn derrapó detrás de mí, justo cuando la puerta se abrió descubriéndome la sonrisa de mi madre que me abrazó con demasiada fuerza.
Empezaba el interrogatorio de ‘¿qué tal te lo has pasado? ¿Cómo te han tratado? ¿Te ha gustado aquello? ¿Qué habéis hecho? ¿Qué ciudades habéis visto?’ y demás. Suspiré sentándome en el sofá, siguiendo con la mirada los movimientos que hacía mi madre, la cual volvió al salón un par de minutos después acompañada de mi padre. Todo mi cuerpo se tensó y hasta pude sentir mi respiración cortarse. Ahí vamos con los gritos y las peleas.
-Hola Jenn. –Mi padre cogió asiento en frente de mí y clavó su mirada en mis ojos. Tragué saliva y él apoyó las manos en la mesa, dejando sobre ellas todo el peso.
-Hola papá. –Intenté una sonrisa, pero se quedó en eso, un mero intento.
-¿Cómo te lo has pasado en Roma? Íbamos a ir este verano, pero si ya has ido, iremos tu madre y yo solos. –Mis ojos se abrieron como platos ante su respuesta y me giré para ver a mi madre que me miraba con una tierna sonrisa.
-Bien… bien, me lo he pasado bien. –Dudé un segundo en mi contestación, esto era demasiado raro y, si algo sabía era que mi padre no iba a cambiar tan rápido su opinión ante Zayn.
-Me alegro, cariño. –Se recostó en el sillón, aún con la mirada fija en mis ojos y sonrió. –Pero bueno, cuéntanos, ¿qué has hecho?
-Em… fuimos a Roma, a Verona, Venecia y Florencia. Y poco más, la verdad. Todo muy bonito, y la comida riquísima. –Me levanté del sofá con una sonrisa y cogí la maleta dirigiéndome a mi habitación, evitando más preguntas. El móvil vibró en el bolsillo de mi cazadora y abrí el mensaje que acababa de recibir.
“¿Todo bien? No he escuchado ni un grito en todo el rato.”
Me paré en el pasillo, extrañada, releyendo el mensaje.
“¿Dónde estás?”
Escribí con rapidez y volví a emprender el camino hasta mi habitación. No saldría de ahí hasta el lunes para volver a ir al colegio, donde me enfrentaría a alguien peor que mis padres, mis amigas.
-Aquí.
-¡Za! –Su mano se dirigió a mi boca, evitando que gritara y sonrió. Unos segundos después me dejo libre y lo abracé. –Tienes que dejar de colarte en mi habitación, es un mal hábito.
-No podía dejarte sola.
-Relájate Malik, estoy perfectamente.
-Perdona por intentar que no te pasara nada. –Pude notar el enfado en su voz y bufé rodando los ojos.
-Sé cuidar de mi misma.
-No lo parecía en el bar, ni en casa de mis abuelos. –Puse cara de asco y solté una risa irónica.
-En los dos sitios tú me dejaste sola.
-No seas hipócrita.
-Y tú no seas un gilipollas. Lárgate quiero dormir. –A él no pareció importarle y en dos segundos estaba fuera de mi cuarto. 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 51

-¡Despierta, dormilona! –Sentí como besuqueaba toda mi cara y me quejé, enterrando mi cuerpo aún más entre las sábanas. -¡Vamos, preciosa! Nos vamos a Verona.
-Cinco minutitos más. –Murmuré como una niña pequeña lo que provocó su risa. Sentí como sus brazos rodearon mi cintura y, antes de darme cuenta estaba sobre su hombro. Tenía los ojos entrecerrados cuando me sentó en el sofá y empezó a desnudarme. –No estoy para eso, Zayn.
-¿Por qué siempre tienes que pensar mal de mí, preciosa? –Dejé escapar una pequeña risa y me estiré abriendo por completo los ojos. –Buenos días. –Besó mi nariz para volver a irse a la habitación, permitiéndome una perfecta vista de su espalda. Resoplé sintiendo el rubor en mis mejillas y me levanté para empezar a vestirme yo también.
No había amanecido aún en Roma cuando estábamos saliendo del hotel, nos esperaban cuatro largas horas hasta Verona, de las cuales pasé tres y media inventándome la letra de las canciones italianas que sonaban en la radio. Y el resto, observando el precioso paisaje que ofrecía la Toscana.

-¡Oh Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehúsa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me amas, y dejaré yo de ser una Capuleto. –Me asomé a la réplica del balcón de Julieta que había en Verona, centrando la mirada en Zayn que me miraba tan sorprendido como el resto de la plaza.
-¿Continuaré oyéndola, o le hablo ahora? –Reí en voz baja al ver que me seguía el juego. La gente de la plaza nos seguía observando, incluso algunos habían empezado a grabar la escena.
-¡Sólo tu nombre es mi enemigo! ¡Porque tú eres tú mismo, seas o no Montesco! ¿Qué es Montesco? No es ni mano, ni pie, ni brazo, ni rostro, ni parte alguna que pertenezca a un hombre. ¡Oh, sea otro nombre! ¿Qué hay en un nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora. ¡Romeo, rechaza tu nombre; y a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mi toda entera! –Lancé una mano al aire, recordando la representación que tuve que hacer en sexto de primaria y reprimí una pequeña risa.
-Te tomo la palabra. Llámame sólo “amor mío” y seré nuevamente bautizado. ¡Desde ahora mismo dejaré de ser Romeo! –Zayn se subió a la pequeña plataforma que había justo enfrente del balcón, juntando sus labios con los míos y los aplausos resonaron por toda la plaza. Rompí a reír al ver a toda la gente aplaudiendo con ganas nuestra improvisada representación.
-No conocía esta faceta tuya, Malik. –Agarré la cámara y me acerqué a su mejilla dejando un beso en ella al mismo tiempo que capturaba el momento.
-Hay partes de mí que desconoces.
-Pues no quiero esperar mucho en descubrirlas. –Volvimos a reír y nos montamos en el coche emprendiendo el viaje hasta Venecia.

-Como me caiga al agua te juro que vienes conmigo detrás. ¡Malik, no muevas la góndola! –Zayn rió y dejó de moverse por el estrecho barco haciendo que todo el movimiento parara. Se sentó detrás de mí y rodeó mi cadera con sus piernas.
-No dejaría que te cayeras, tonta.
-Pues estate quieto y rema, que tú eres el experto en esto, ¿no? –Sonreí y él puso los ojos en blanco cogiendo el remo haciendo que la góndola se moviera por todo el canal. De nuevo hicimos allí un reportaje de fotos tanto de ambos como de los monumentos que veíamos y, cuando acabamos, regresamos a Roma.

Llegamos al hotel después de cinco horas de viaje, ni si quiera sentía las piernas después de pasar tantas horas sentada en el coche y la cabeza me iba a estallar de tanta autovía. Me desnudé lo más rápido que pude y me metí en la cama cubriendo mi cuerpo con la fina sábana. El colchón se curvó con el peso de Zayn, que besó levemente mi hombro antes de tumbarse por completo. Entonces, una duda asaltó mi mente.
-Zayn. –Escuché un 'hmm' en el otro lado de la cama y me giré para mirarlo cara a cara. –Nunca me has contado porque quieres dejar este mundo. Ya sabes, la mafia y eso. –Sentí su cuerpo tensarse ante el tema.
-Te dije que ya te lo contaría.
-Pues es el mejor momento. –Hice una pequeña pausa esperando que él empezara y, como vi que no lo hacía, me abracé a él mostrando una sonrisa. –Por fa. –Suspiró resignado y dejó ver una fugaz sonrisa, aunque se borró rápidamente.
-Si esperas una historia agradable, te advierto que no lo es. –Asentí poco convencida y me separé de él para mirarlo fijamente. –Hace varios meses tenía que hacerle una visita a uno de los organizadores de campaña de James, ya sabes, una visita rápida. –Afirmé entendiendo que esa visita significaba asesinarlo. –Bien, entré en su casa y el tío estaba dormido mientras la mujer estaba no sé dónde, sería perfecto. Un tiro y fin, nadie se enteraría. –Hizo una pausa y se irguió apoyando la espalda en el cabecero de la cama. –Cuando me iba a ir, escuché la puerta abrirse y entró su hija en el cuarto. Cuando me vio, lo único que hizo fue decir "Hola, Zayn", miró a su padre y volvió a mirarme, sabía lo que había hecho, vio la pistola, lo vio todo. Tuve que pegarle un tiro. –Sus palabras salieron sin más; mis ojos se cristalizaron, y sabía que empezaría a llorar de un momento a otro. –No tenía más de cinco años, Jenn. Me sentí como una mierda, pero me conocía, lo había visto todo y podía decirle mi nombre a su madre o a la policía y estaba jodido, no tenía otra opción. –Recogí mis piernas entre mis brazos, pegando los muslos a mi pecho y apoyando la barbilla en las rodillas mirando a un punto fijo de la habitación.
No podía negar que aquello me había afectado más de lo que pensaba; sentí como mis mejillas se humedecían, pero no sabía en qué momento había empezado a llorar. Sorbí por la nariz y limpié mis mejillas, intentando que Zayn no se diera cuenta.
-Por eso quiero salir de esta mierda, pero mi familia me lo impide.
-¿No te puedes salir por ellos?
-No, las cosas no son como piensas. Soy demasiado importante en la parte inglesa como para que me pierdan. –Rodó los ojos y se acercó a mí envolviendo mi cuerpo con sus brazos. Tragué saliva pensando lo que iba a preguntar, más bien pensando si sería capaz de afrontar la respuesta.
-¿Has asesinado a alguien más desde entonces?
-Sí. –Respondió frío, sin sentimiento.
-¿Seguirás haciéndolo? –Se quedó callado un par de minutos, en los que, en la habitación, sólo se escuchaba el ruido de los coches que pasaban por la calle.
-Sí. –Asentí levantándome de la cama y alejándome de él. Necesitaba reponer fuerzas después de lo que acababa de escuchar. –No te vayas. Jenn, no hagas esto. Sigo siendo el mismo.
-Sólo voy a beber algo, relájate Malik. –Por fin sonrió después de toda la noche. Se levantó de un salto agarrándome de la cintura y levantándome por los aires.
-No sé qué he hecho toda mi vida sin ti.
-Yo tampoco lo sé.
-Veo que no te falta ego, eh cariño. –Reí y dejé que me abrazara con fuerza. –Lo digo en serio, Jenn, has visto la peor versión de mí y no has echado a correr, ten por seguro que no voy a dejar que te vayas de mi vida.
-Tranquilo, tampoco pensaba hacerlo. –Me giré encontrándome con su sonrisa a pocos centímetros de mi cara.