viernes, 23 de mayo de 2014

Capítulo 40.

*Narra Zayn*
Me puse la camiseta, comprobé que llevaba la pistola cargada y me coloqué la chaqueta. Metí un paquete de cigarros en el bolsillo y coloqué uno en mi boca.
-Me voy. –Cogí las llaves del coche y salí hacia el garaje. Arranqué el coche y me dispuse a salir hasta que un coche aparcó a escasos metros de mi puerta.
Observé a la chica que había dentro y balbuceé un par de insultos antes de salir del coche, apoyándome en la puerta de este y observando como ella también salía de su coche y se acercaba a mí.
-Llevo algo de prisa, Amy. ¿Podemos vernos... –La miré con detenimiento y enarqué una ceja. -¿Qué te ha pasado ahí?
-Un golpe tonto. ¿A dónde vas?
-A ver a unos amigos. –La vi cruzarse de brazos y resoplar enfadada.
-No me mientas.
-Cuando tú dejes de mentirme a mí, yo haré lo mismo. –Volví a entrar en el coche y bajé la ventanilla.
-No sabes con quien te estás metiendo. –Reí con fuerza y arranqué el motor.
-Ni tú tampoco, cariño. –Aceleré y salí de mi garaje derrapando a pocos centímetros de su deportivo.
Avanzaba sorteando cómo podía a los coches, intentando llegar antes que ellos al lugar de encuentro. Quizá podía tener controladas las vías de entrada o alguna mierda que se me ocurriera; aunque lo único que tenía en mente en esos momentos era sacar con vida a Jenn de donde quisiera que estuviera.
Vi un coche negro parado a unos pocos metros de distancia de la carretera y me desvié, aparcando frente a este. No veía nada del interior del coche, pero sabía que había alguien ahí, aunque no quien buscaba.
Un chico de poco más de 23 bajó del coche y se acercó a mi ventanilla con parsimonia.
-Están esperando en el siguiente desvío. Bajo el puente hay un descampado, ahí te esperan.
-¿Está la chica? –Sentí la urgencia en mi voz y me arrepentí cuando vi al chico sonreír; les había dado lo que querían.
-Está. –Asentí y aceleré, levantando una ráfaga de polvo con mis ruedas. Tomé el desvío que el chico me había dicho y aceleré bajo el puente hasta llegar a un amplio terreno, completamente vacío. Observé por el retrovisor como el coche de Josh aparecía tras el mío. Giré poniendo mi coche frente al suyo y frené.
Salí con prisas del vehículo y me apoyé en el capó mientras daba unas últimas caladas al cigarro que me había encendido pocos minutos antes.
Josh bajó también e imitó mis movimientos. Cruzó los brazos y pude diferenciar una sonrisa en su cara.
-Quería comunicarte que tu cuadro ya está colocado en la Galería Uffizi. Nadie ha sospechado la falsificación. Y espero que tú disfrutes los 100.000 euros que te han traspasado los italianos.
-90.000 libras de nada, Josh. No habéis perdido tanto. –Sonreí.  Pero todo mi cuerpo se tensó en un instante y puedo asegurar que, cuando vi el deportivo de Amy frenar justo al de Josh, todo mi cuerpo se había congelado.
Ella salió con prisas del coche y corrió a abrazarme con fuerza. Yo, me mantenía rígido, hasta que mi cuerpo reaccionó y agarró sus brazos.
-¿Qué narices haces aquí? –Separé a Amy del abrazo y la miré cabreado.
-Pensaba que me estabas engañando con otra y te seguí. ¿Qué está pasando?
-Vete de aquí, ya te lo contaré.
-Me parece muy romántica la escena pero, ¿podemos continuar con lo nuestro? –Por el rabillo del ojo vi cómo Amy se apoyaba en mi coche a observar la escena.

*Narra Jenn*
[Unas horas antes]
-Vamos, tienes que comer algo.
-Peter, dejame en paz un rato. Plasta.
-Lo que yo diga, eres un clon de mi hermana. –Rio con fuerza y dejó el plato en el suelo. -Sé que acabarás queriéndolo, así que ahí lo tienes.
-Gracias... –Me revolví en el suelo y suspiré de manera silenciosa.
Le di los últimos mordiscos al filete que habían preparado y levanté la mirada cuando escuché a mi padre hablando con Peter en la puerta. Antes de que pudiera darme cuenta, ya estaba delante de mí, observándome con esa maldita sonrisa cínica que jamás se borraba de su cara.
-Lárgate, verte me produce ganas de vomitar. –Tensó la mandíbula y yo tragué la comida antes de mostrarle una extensa sonrisa.
-Levanta, te voy a llevar a un sitio.
-Yo contigo no iría ni a la tumba. –Aparté la mirada, centrándola en mis apretados nudillos.
-Una lástima, le diré a Zayn que no querías verlo.
-¿Zayn?
-Ahora sí te interesa, ¿no? Vamos, levanta. Es un camino largo. –Me levanté y me observé por un segundo. Estaba hecha un verdadero asco.
-Sé que es mucho pedir, pero ¿podría ponerme otra camiseta al menos?
-Sí, ¿maquillaje y peluquería también querrá la señorita?
-Sólo pido una puta camiseta, para no ir oliendo a mierda, que para eso ya estás tú. –Grité con fuerza y vi cómo mi padre elevaba la mano para golpear una vez más mi mejilla. Pero antes de recibir el impacto, alguien habló.
-Yo tengo una camiseta vieja. Se la daré para que cierre la boca. –Peter me guiñó un ojo y yo reí entre dientes.
-Rápido. –Peter agarró mi brazo y tiró de mí sacándome de aquel zulo. Atravesamos un largo e inmaculado pasillo hasta que llegamos a una habitación algo más pequeña que dónde yo había estado metida las últimas semanas.
-Toma. Quizá te esté algo grande pero...
-Es genial. ¿Dónde me cambio?
-Me salgo. Cuando estés lista sal, estaré en la puerta. –Asentí y él salió de la habitación dándome la intimidad que necesitaba.
Me quité la vieja camiseta con prisas, lanzándola a una esquina de la habitación y me puse la otra. Era como llevar un saco de patatas como ropa, pero mejor esto que nada. Anudé una de las puntas de la camiseta, haciendo que fuera más de mi talla y salí de la habitación.
-Lista.
-¿La otra? -Entré a cogerla y sonreí avergonzada. –La tiraré en menos de un segundo.
-¡Será lo mejor! –Reí débilmente y avanzamos de nuevo por el pasillo que habíamos recorrido pocos minutos antes. Nos paramos antes de llegar a la puerta. -¿Crees que saldré? –Su mirada lo decía todo. No lo creía, ni si quiera tenía esperanza de que volviera viva. Y, para ser sinceros, yo tampoco lo creía.
Entré en la habitación dónde mi padre me esperaba con los brazos cruzados.
-Venga, no podemos llegar tarde. –Dos hombres más altos que Peter agarraron mis brazos, atando mis manos a la espalda. La cuerda raspaba con fuerza mi muñeca pero no me iba a quejar, pues no serviría de nada. Un tercer hombre entró y tapó mi boca con un pañuelo, impidiendo cualquier palabra por mi parte. Mi padre comenzó a andar, seguido de los dos hombres que habían aprisionado mis muñecas, después iba yo, acompañada del que me había tapado la boca.
Peter corrió hasta colocarse a mi lado. Lo miré intrigada y él sonrió.
-Espero no volver a verte, Jenn, pero que sigas viva. –Lo miré y sonreí, pero él no pudo ver la sonrisa por culpa del pañuelo. Aceleramos el paso hasta llegar a un todoterreno negro que había parado en mitad del desolado terreno. Observé el lugar. Estaba en mitad de la nada, literalmente.

Vi pasar el coche de Zayn a través de la ventanilla y sentí como si algo en mi estómago se despertara después de estar mucho tiempo dormido.
"No empecemos, mariposas. No es el momento."
Aceleramos detrás de él y paramos colocándonos frente a su coche. Lo vi salir y una sonrisa se incrustó en mi cara. Se había afeitado, pero seguía sin conocer el término 'peinarse después de dormir'. Aun así, estaba tan guapo como siempre. Lo vi hablar con mi padre, pero no escuchaba nada. Intenté bajar las ventanas con la esperanza de escuchar algo, pero lo único que recibí es un golpe en el brazo por parte del hombre que me había tapado la boca.
"Este es gilipollas."

Observé una sonrisa en el rostro de Zayn. Pero se borró casi en el instante que mi padre volvió a abrir la boca. Vi cómo cambiaba todo el peso de su cuerpo a la pierna izquierda y, sabía que todo iba mal. Aunque supe que todo se iba a poner peor cuando vi a Amy bajarse de un coche que acababa de llegar.

¡COMENTAD COMENTAD COMENTAD COMENTAD!!! <3

viernes, 16 de mayo de 2014

Capítulo 39.

Tragué saliva y cerré los ojos.
-Te quiero, Zayn. -Murmuré para mí misma y sentí una lágrima mojar mi mejilla. -Voy contigo, Liam. -Apreté los ojos con fuerza, pretendiendo no sentir ningun dolor cuando la bala me atravesará y esperé.
-Para, Josh. Amy ha tenido una idea mejor que esto. -Abrí los ojos y vi a Marcelo avanzar hasta dónde se encontraba mi padre y habló con él entre susurros que no llegué a escuchar.
-Te has librado. -Y ambos salieron de la habitación sin decir ni una mísera palabra más.
Sollocé con fuerza.
-¿Estás bien? -Peter volvió a estar sentado a mi lado, acariciando mi espalda, intentando confortarme.
-Peter, una pregunta, ¿por qué te preocupas tanto por mí? ¿Te han mandado ese trabajo o...?
-No, no, para nada. -Rio y volvió a negar con la cabeza. -Me recuerdas a mi hermana pequeña. -La felicidad de segundos antes se había esfumado y solo vi un intento de sonrisa en su cara y enarqué una ceja. -Tiene tu edad, quizá un año menos, pero me recuerda tanto a ti. Es tan valiente y tan atrevida como tú. Podría decir que eres tú de no ser porque ella es castaña.
-Eh, todo este pelazo rubio, es tintado. -Sonreí con pocas ganas.
-Bueno, entonces definitivamente, sois iguales.
-¿Dónde está tu hermana? -Al ver la expresión de su cara supe que jamás tendría que haber preguntado.
-En una casa de adopción. Mi padre se largó de mi casa por la droga y mi madre murió de cáncer hace dos años. No teníamos nada para vivir, sólo algo de comida que nos traían de vez en cuando los vecinos y, al ser menor, la llevaron a adopción porque yo no podía hacerme cargo de ella.
-Por eso quieres conseguir el dinero, para recuperarla.
-Exactamente. -Mojé mis labios y miré el suelo.
-Vete de la mafia. Aun puedes hacerlo. Tienes que encontrar otra forma de sacar dinero. Si no sales de aquí a tiempo, cuando llegue el momento tu hermana también estará metida en esta mierda.
-Jamás lo permitiría.
-A ellos les da igual lo que tú quieres. La cogerán y la meterán en esto. Sal de aquí, busca otro trabajo. Pero vete de este mundo. -Notaba la urgencia en mi voz y él pareció notarla porque me abrazó con fuerza.
-Gracias Jenn.
-No las des. -Sonreí.
-Tengo que irme. Descansa ¿vale? -Asentí y cerré los ojos al mismo tiempo que el ruido de la puerta penetraba con fuerza mis tímpanos.

*Narra Zayn*
Sentí un pequeño pitido bajo mi almohada y me removí en mi cama hasta que fui consciente de que era mi móvil lo que sonaba avisándome de que había recibido un nuevo mensaje.
"A las seis mañana en la carretera del desguace de Tom. Ven solo. J."
Me quedé petrificado al leer el mensaje.
No podía ser de Jenn. Así que supuse que era de Josh. Me levanté con prisas y observé el mapa.
El desguace de Tom estaba a unos cinco kilómetros de la última nave de Josh que había investigado.
Saqué un cigarro del paquete y lo encendí. Di una larga calada mientras intentaba hacer un plan lógico para la tarde siguiente. Si llevaban a Jenn con ellos podría conseguir llevarmela. Pero corría el riesgo de que fuera una trampa y, si intentaba acercarme a ella, nos fundieran a tiros.
Expulsé el humo, haciendo que ascendiera hasta el techo de mi habitación. Salí de mi cuarto y entré en la vieja buhardilla. Encendí la luz y observé las fotos una por una.
Entonces esa voz que tanto extrañaba habló en mi cabeza.
"Que ella esté secuestrada en este momento es por tu culpa y lo sabes. Tenías que empeñarte en estar con ella. No podías quedarte siendo el chico que nunca se engancha a una chica, ¿verdad? Tenías que engancharte a ella. Y no veas como te enganchaste, darías todo por ella, cualquier cosa. Hasta la dejarías para hacer que no entrase más en este mundo, aunque dejarla supusiera que te sintieras vacío. Pero te daba igual, porque sus sentimientos te importaban más que los tuyos propios. Pero no conseguiste alejarla, por que ella es tan cabezona como tú y, mientras tú querías protegerla, ella quería hacer lo mismo contigo y al final, acabásteis jodidos los dos. Pero eso sí, enamorados como ninguno."
Me senté en el suelo de la habitación y atendí a las palabras de Liam.
"Sabes lo que tienes que hacer, tío, pero yo sólo te lo voy a recordar. Antes de que me enterraran me prometiste que la ibas a cuidar siempre y sé que cumples tus promesas, Zayn. Sé que la has estado cuidando todos estos meses desde la distancia, controlando sus movimientos y salvándole el culo cuando peor estaba. Pero es ahora el momento de que des la cara. De que la cojas y la saques de este mundo de mierda para siempre. Y así, saldrás tú también."
Me levanté y cogí una foto que estaba despegada de la pared. Sólo salíamos Jenn y yo de espaldas, el último día de clase. Ella agarraba mi brazo mientras yo acariciaba con delicadeza su mano. Recordaba ese día como si fuera ayer. Sonreí.

*Flashback*
-Zayn, mi padre me va a matar si se entera de que sigo saliendo contigo. Es como, te odia. -Reí con poca fuerza, acariciando con mi dedo sus nudillos.
-Tranquila no va a pasar nada.
-No, nada, sólo nos puede pegar un tiro. -Sonrió nerviosa y yo negué con la cabeza.
-Pararía mil balas por tí, preciosa, no te preocupes por eso y disfruta, señorita graduada. -La besé con prisas justo cuando el director mencionó su apellido y se puso en pie para recibir su diploma de final de curso.
*Fin del flashback*

-Vamos a salir de esta, Jenn. Te lo prometo.

jueves, 8 de mayo de 2014

Capítulo 38.

*Narra Zayn*
Pasé una mano por mi pelo y dejé escapar de mi boca un sonoro suspiro mientras tachaba otra zona del mapa, acortando cada vez más los lugares donde Jenn podría estar.
-Zayn, hijo, ¿necesitas ayuda?
-Sólo si tienes un localizador de personas me podrías ayudar. –Torcí una sonrisa ante mi padre y él negó con la cabeza.
-Vamos a encontrarla, tranquilo. –Asentí poco convencido y volví a mirar el mapa.
-Salgo a despejarme, volveré para cenar. –Me levanté de la silla de mi escritorio, cogí un nuevo paquete de cigarrillos y salí de mi casa. Arranqué la moto con pocas ganas y le di algo de gas para avanzar con lentitud por la urbanización.
No hacía más que dar vueltas alrededor de un par de casas.
"¿Dónde narices estás, Jenn?"
Mi mente recorría cada lugar donde podía estar encerrada, pero no se me ocurría nada.
Giré al final de la calle para encontrarme el mercedes de mi abuelo aparcado frente a mi casa y todos los músculos de mi cuerpo se tensaron.
Aparqué rápidamente y entré en la casa, golpeando con fuerza la puerta. Mi madre me miraba temerosa desde el sofá principal del salón. Mi abuelo y mi padre me miraban, el primero con una mueca de desagrado y, el segundo, con una sonrisa orgullosa.
-¿Qué haces aquí? –Sentí la dureza en mi voz y fruncí el ceño.
-Ver a la familia.
-Nosotros ya no somos de la familia. –Mi madre tapó su boca, reprimiendo un sollozo. Entendía que le doliera, su propio padre la había traicionado. Tal y como Josh había hecho con Jenn.
-Vamos, Zayn. Siempre has sido mi nieto favorito. –Se acercó a mí con los brazos abiertos y yo retrocedí un paso.
-Ni te acerques, porque puede que no responda de mis actos. –Una sonrisa decoró su rostro, mientras retrocedía hasta su posición original.
-Me he enterado de que la chica que visitó contigo Italia está desaparecida. –Sentí como mi mandíbula se tensaba y clavé mis ojos en él.
-¿Qué sabes de Jenn?
-Nada, hijo, nada. Ojalá supiera algo. Me caía tan bien esa chica. –Reí irónicamente y crucé los brazos sobre mi pecho.
-Sé que trabajas con Josh, y por tanto sabes dónde está Jenn. Así que no seas tan teatrero conmigo, Marcelo, por favor. –Mis padres observaban la escena, atentos a cualquier movimiento.
-Estoy seguro que la encontrarás pronto. –Calló un segundo. –Espero que viva.
-Vete. -Mi madre se levantó del sofá con furia. –No te consiento que vengas a mi casa a amenazar a mi hijo con asesinar a su novia. Así que, por favor, saca tu maldito culo de mi casa, papá. –Reí silenciosamente ante las palabras de mi madre; mi padre miraba anonadado la escena y mi abuelo avanzó con paso ligero hasta salir por completo de la casa.
-Esa es la chica con la que me casé. –Me padre abrazó con tanta fuerza a mi madre que incluso llegué a pensar que la rompería y, por un segundo, me recordaron a Jenn y a mí.
-Que a gusto me he quedado, dios mío. –Reí con mi madre y me senté en el sofá.
-¿Creéis que sabe dónde está Jenn?
-Zayn... –mi padre agachó la cabeza y negó. –No te auto tortures más con eso, por favor.
-No lo entiendes. Sé que le va a pasar algo malo, necesito sacarla de ahí como sea.
-¿Todavía la quieres? –Miré a mi madre fijamente y observé como una pequeña sonrisa se formaba en su cara.
-Nunca dejé de hacerlo.

[Una semana después]
*Narra Jenn*
Me encontraba sentada en el frío suelo de la habitación, con las manos rodeando mis piernas. Había conseguido caerle bien a Peter y, después de mucho suplicarle, acabó por desatarme las manos, aunque sólo fuera para una partida de 'hundir la flota'.
-Entonces, A-6.
-Tocado. -Sonreí en señal de victoria. –C-9.
-Agua. Sólo me queda uno, ¿no? –Peter asintió. –A-7.
-¡Agua!
-¡Imposible! Has hecho trampa. Eres un capullo. –Ambos reímos con fuerza.
-D-5.
-Tocado. –Levanté la mirada hasta el tablero y sonreí. –B-6.
-Hundido.
-¡Sí! He ganado. –Salté en el sitio demostrando mi euforia y él solo rio desde su sitio. Volví a sentarme después de mis diez segundos de efusividad y respiré profundamente, aun dolorida por la paliza de Amy la semana anterior.
-¿Cómo tienes las costillas?
-Igual que hace una semana.
-Te dio con fuerza.
-Es una...
-Ya, Jenn, que te vas. –Asentí con desgana.
-¿Sabes... sabes algo de Zayn?
-Pues ahora mismo debe estar despertándose en mi cama. –La voz de Amy sonó en la habitación y yo me levanté con prisas.
-¿Vienes a que te reviente la otra ceja?
-Tranquilita ¿o quieres que te rompa más costillas?
-Y yo te rompo la cara. –La miré con rabia y ella solo sonreía desde la puerta.
-Amy, ¿necesitas algo? –Peter se levantó y se acercó a Amy, poniéndose entre ambas.
-Vengo a informarte de que mañana la sacaremos de aquí, que la cuides. Esta noche tendrá visita.
-¿Visita? –Levanté la voz, pero ninguno de los dos me hizo caso.
-¿A qué hora se va?
-A las ocho de la tarde.
-¿Y a qué hora viene esta noche?
-A las once estará aquí.
-¿Quién coño viene esta noche? –Siguieron ignorándome, hasta que finalmente Amy me miró por encima del hombro de Peter.
-Ve preparando unas buenas últimas palabras. No te queda mucho tiempo. –Ella rio y salió de la habitación seguida por Peter. La puerta cerró con un golpe sordo y volví a quedarme sola.
"Una semana."
"¿En serio aun piensas que Zayn está buscándote?"
"Llevo sin pensar eso desde el primer día."
"La zorra esta le habrá absorbido el poco cerebro que tenía."
"Espera. Si Amy trabaja con Josh y ella está con Zayn..."
"Le va a pasar algo. Seguro."
"No. No. No. No."
Pateé la silla con fuerza, estrellándola contra la pared.
-¡Peter! –Grité. -¡Peter! ¡Peter! –Grité de nuevo, esta vez con tanta fuerza que hasta me hice daño en la garganta, pero eso no me impidió gritar un par de veces más, hasta que por fin abrió la puerta.
-¿Qué pasa? –Me acerqué a él con rabia, encerrando su cuerpo entre la pared y el mío.
-Cómo toquéis a Zayn juro que os mataré a todos. Lentamente. Y de forma muy dolorosa. Dale ese mensaje a mi padre de mi parte. –Él tragó saliva y se marchó de la habitación de nuevo, después de volver a atarme las manos a la espalda apretando con demasiada fuerza la cuerda.

Escuché unas pisadas acercarse a mí y entrecerré los ojos, intentando averiguar quién había entrado en la habitación, aunque no fue hasta que lo tuve delante de mí cuando me di cuenta de que era mi padre el que me miraba con una sonrisa.
-¿Estás cansada, Jenn?
-Sólo de tener que aguantar tu irritante voz cada día. –Sonreí.
-Eso se acabará pronto. -Sacó la pistola y la cargó. –Siempre te tuve como la niña bien educada que jamás se separaría de su padre. –Acercó la pistola a mi cara y apartó un par de mechones con el cañón de esta.
-Lo habría hecho, de no ser porque mi padre era un verdadero cabrón. –Su pie golpeó mi espalda, haciendo que me doblara del dolor y acabara tumbada en el suelo retorciéndome.
-Sigues luchando.
-Hasta el último segundo. –Sentí mis palabras romperse a causa del dolor y tragué saliva, intentando levantarme.
-Puede que este sea tu último segundo.

¡Espero los comentarios! <3

lunes, 5 de mayo de 2014

Capítulo 37.

*Narra Zayn*
Golpeé con rabia la puerta de la casa de Josh. Una. Dos. Tres. Y así hasta diez veces.
-Vamos, cabrón, sé que estás ahí. –La punta de mi pie golpeaba impaciente el asfalto.
Giré sobre mí mismo y me monté en la moto. Aceleré.
Me salté unos cuantos semáforos en rojo, y por unos cuantos me refiero a unos diez o doce. Adelanté a decenas de coches que avanzaban con tranquilidad por la carretera. Y frené en la puerta de las oficinas de Josh.
Entré en el edificio, escuchando a mis espaldas los gritos de 'no puede pasar sin cita' de una joven secretaria que no llevaría más de dos meses trabajando. Me subí al ascensor y pulsé el botón de la última planta.
"Vamos. Vamos."
Las puertas se abrieron y jamás me parecieron tan lentas. Salí con prisas de ahí, avanzando por el gran pasillo hasta que llegué a la puerta del despacho de Josh. La abrí con fuerza, convirtiéndome en el centro de atención de su mirada.
Lo vi fruncir el ceño y yo cerré la puerta, antes de rodear su mesa y agarrar con fuerza el cuello de su camisa, levantándolo escasos centímetros del suelo.
-¿Dónde está Jenn? –Remarqué cada sílaba, analizando su rostro.
-¿Por qué me preguntas a mí? –Lo solté, haciendo que su espalda golpeara el suelo.
-Porque sé que tú tienes algo que ver con esto. Porque ella no desaparecería así como si nada.
-¿Estás completamente seguro de eso? –Me detuve un segundo. ¿Y si se había largado? Jenn no haría eso, ella no era así. ¿Pero, y si lo había hecho? Vi cómo Josh se levantaba y me observaba desde el otro lado de la mesa. –No sé nada de mi hija desde hace varios meses. Así que no tengo ni idea de dónde puede estar. –Me crucé de brazos, apoyándome en el escritorio que presidía toda la habitación. Saqué un cigarro y lo encendí con parsimonia tras colocarlo en mi boca.
-¿En serio crees que me voy a tragar que no sabes dónde está Jenn?
-Es la verdad. –Me acerqué a él, dando una larga calada al cigarro.
-Vamos, Josh. Hagamos esto fácil, dímelo. –Observé como sus ojos se clavaban en los míos y sonreía. –Si no me lo dices, acabaré encontrándola. Pero ahorrame trabajo.
-Quizá cuando la encuentres ya esté muerta. –Sonrió. Estaba hablando de matar a su propia hija. Apreté los puños con rabia y aparté el cigarro de mi boca.
-Te arrepentirás si le tocas un pelo, Josh. Te lo advierto. –Y choqué mi cigarro contra su mejilla, haciendo que gritara de dolor. Lo solté para ver la quemadura que le había dejado y sonreí. –La próxima, será en el ojo.
-Quizá Jenn sufra las consecuencias por esto. –La voz le temblaba por el dolor; pero hizo temblar cada parte de mi cuerpo. La había jodido. Ella iba a pagar por eso.
"No si antes la encuentro."
Salí tan rápido como pude de allí acelerando al máximo hasta llegar a la puerta de mi casa. Necesitaba pensar todos los lugares en donde podría estar encerrada. Necesitaba saber que podía sacarla de ahí.
Necesitaba salvarla.

*Narra Jenn*
Abrí los ojos cuando escuché a alguien abrir la puerta. El sonido de los tacones hacía eco por todo el habitáculo y, sin ver a la persona por completo, sabía que era Amy la que se paseaba de un lado a otro con parsimonia.
-¿Qué vamos a hacer contigo? –Se acercó hasta a mí y se arrodilló poniéndose a mi altura. Agarro mi cara con fuerza, obligándome a mirarla. –Habrías sido una buena ayudante si hubieras seguido con tu padre.
-¿Ayudante? ¿Tuya? –Reí, soltándome del agarre. –No me llegas ni a la punta de los zapatos, bonita. –Observé la muesca de asco en su rostro y sonreí.
-No te conviene cabrearme.
-¿Y qué vas a hacer? ¿Pintarme con tu pintalabios más caro? –Su mano volvió a agarrar mi cara, clavando sus uñas contra mis mejillas. Sentía el dolor y quería que ella también lo sintiera. Cerré los ojos y estrellé mi frente contra su ojo, haciendo que ambas soltáramos un alarido de dolor. Abrí los ojos para verla con algo de sangre en su ceja izquierda y sonreí al ver el resultado del ataque.
Sus manos tocaron con suavidad la herida y analizó con la mirada la sangre que mojaba sus dedos. Su mirada se clavó en mí e incluso pude escucharla gruñir. Se puso en pie.
-Zorra. –La punta de su bota se estrelló contra mi estómago y me mordí el labio para no gritar.
"Hija de puta."
Seguidamente de nuevo su pie golpeó mis costillas, y así un par de veces más, hasta que el dolor se adueñó de mí y me obligó a cerrar los ojos.

Sentí el suave roce de un algodón sobre mi frente y me obligué a mi misma a abrir los ojos. Un chico limpiaba con delicadeza la herida que yo misma me había hecho al golpear a Amy. Me miró un segundo a los ojos e incluso pude percibir algo de pena en esa mirada. Sentía pena por mí. Lo que me hacía suponer cual sería mi futuro aquí dentro. Un segundo roce con el algodón me hizo tensar todos mis músculos, intentando averiguar cuál sería su siguiente movimiento.
-¿Tienes alguna herida más? –Su voz era tranquilizadora, hablaba con el tono con el que se le habla a los niños pequeños, lo que me hizo relajarme y asentir con poca fuerza.
-Creo... creo que en las costillas.
-¿Puedo levantarte la camiseta? Solo quiero saber si tienes algo roto. –Afirmé y él enrolló la camiseta sobre mi cadera pero paró justo al llegar al borde del sujetador.
Tocó con poca fuerza los sitios dónde Amy había golpeado mientras yo me estremecía por el dolor. Miré por encima y comprobé como todo mi costado estaba poniéndose negro por momentos. Resoplé y el chico rio con poca fuerza.
-¿Te hace gracia? –Volvió a bajar la camiseta y se apartó encogiéndose de hombros.
-Te quedará un bonito tatuaje.
-Vaya, siempre he querido un tatuaje en el costado. –Apreté las rodillas contra mi pecho y apoyé la espalda en la pared. -¿Quién eres tú?
-Soy Peter.
-¿Última contratación de mi padre?
-Eso parece. –Suspiré.
-¿Por qué...?
-¿Por qué la mafia? –Asentí. –Necesito el dinero.
-Todos entráis en esto por lo mismo.
-¿Y tú por qué entraste? –Lo miré extrañada, preguntándome cómo podía saber que estuve en la mafia. –Vamos, eres la hija del jefe y la ex novia del famosísimo Zayn Malik. Cualquiera aquí dentro sabe tu historia. A mí solo me falta saber porque te metiste en esto.
-Entré por mantener alejada de esto a una persona. No podía permitir que siguiera aquí dentro y entré yo para sacarla. –Peter asintió, analizando mis razones.
-Pero, entrando tú, ¿no involucraste también a esa persona? –Fruncí el ceño, pero le di la razón asintiendo a los pocos segundos.
-Gracias por curarme.
-Lo que sea. Estaré en la puerta. Si necesitas algo, sólo grita. –Sonreí y él cerró la puerta con fuerza. Incluso llegaría a caerme bien si no fuera un mafioso que está trabajando con mi padre y que probablemente me pegaría un tiro si hiciera algún movimiento en falso.
Miré al techo y comencé a pensar.
Me había hecho famosa aquí dentro. ¿Por ser la hija de Josh, la ex de Zayn o la hija rebelde que se apartó de su padre para ir contra él?
Tenía el antojo de llamar a Peter para hablar con él un rato más. Parecía alguien agradable, pero jamás debes fiarte de una simple portada. Los más agradables suelen ser los más hijos de puta. Así que me puse a escuchar como las gotas de una vieja tubería se estrellaban contra el suelo. Apoyé la cabeza en la pared.
¿Cuánto tiempo llevaba aquí dentro?
Parecía que llevaba semanas, pero supuse que solo sería un par de días.
Escuché la voz de mi padre al otro lado de la puerta y a los pocos segundos se abrió para que entrara con rabia. Tenía una herida en la mejilla, era una especie de quemadura.
-¿Qué coño miras?
-Tu mejilla. –Reí al ver con claridad la quemadura que supuse se habría hecho con un cigarro.
-¿Divertido? Fue tu maldito Zayn, y ahora te toca a ti pagar por esto. –Abrí los ojos de par en par. -Tranquila, el castigo será lento. Por ahora, te quedarás aquí unos días más. –Agarró mi pelo con fuerza. -Y sé buena, ya has hecho bastante con Amy.
-Poco le he hecho a la zorra esa. –Soltó mi cabeza haciendo que se estrellara contra la pared y gruñí de dolor.
-Nos veremos en unos días. –Y salió, dejando entrar detrás de él a Peter que sonrió.
-Deja de meterte en problemas, no puedo estar curándote siempre.
-Cállate y ponme una puta venda en la herida. –Peter rio y se acercó de nuevo a mí con el botiquín.
-Te voy a llamar la chica heridas.

-Y yo a ti el enfermero pesado. Siempre tiene que haber uno, el que no calla ni debajo de agua.

¡Comentad bbys! <333

sábado, 3 de mayo de 2014

Capítulo 36.

Giré sobre mí misma para encontrarme a Amy parada a pocos metros de mí, apoyada sobre la puerta y con una pistola en su mano izquierda. Mis ojos se abrieron como platos y un único pensamiento recorría mi cabeza.
"¿Qué coño?"
-No lo esperabas ¿verdad? –Rio con fuerza. –Nadie lo esperaría de mí, por eso era la persona perfecta para este trabajo. ¿Quién sospecharía de la típica chica dulce e inocente? Tu padre tuvo una gran idea contratándome para esto.
-¿Josh?
-El mismo. –Miré intrigada a mi alrededor.
-¿Dónde está Louis?
-Información confidencial. –La miré con rabia, cogí su cuello pegándola por completo a la pared y saqué la pistola sin dudarlo un segundo, cargándola y apuntando directamente a su cabeza. Ella simplemente sonrió con ganas. –No, guapa. Te recuerdo que estoy con tu padre y, por tanto, tengo conmigo a todos los hombres que él tiene. Antes de que dispares, tendrás cien disparos en todo tu cuerpo.
-No me hagas dejarte por mentirosa, Amy. –Apreté la mandíbula y agarré con fuerza el arma, acariciando con ganas el gatillo. -¿Dónde cojones está, Louis? No lo repito más.
-Ha tenido que ir a la capital, creo haber escuchado que su padre está muy enfermo.
-¿No le habrás hecho nada a su padre, verdad? ¡Porque te juro que te mato, zorra! –Grité con ira, pegando mi cara a la suya y apretando tanto como podía el agarre de su cuello. Sin embargo, la expresión de tranquilidad no se borraba de su cara. Empujó con poca fuerza mi cuerpo y yo me separé de ella, todavía manteniendo el cañón de la pistola en dirección a su cabeza.
-Jenn, acabemos pronto. Zayn me espera. –Su risa volvió a sonar en la desierta casa y fue lo último que escuché antes de que algo golpeara mi cabeza, haciéndome caer al suelo, perdiendo por completo la conciencia.

Abrí los ojos cuando sentí unas gotas de agua golpear contra la punta de mi nariz. Parpadeé un par de veces para alcanzar a ver una pequeña habitación, únicamente iluminada por una bombilla que en cualquier segundo se apagaría. Sólo había una silla y un viejo armario de latón que ya estaría oxidado.
Yo me encontraba en medio de esta, atada fuertemente  de las manos. En los tobillos también tenía una cuerda, pero esa estaba desatada, permitiéndome moverme por el sitio. Mojé mis labios y percibí algo de sangre en el labio inferior, seguramente por algún golpe de Amy.
"Zorra."
Me levanté como pude y empecé a moverme por toda la habitación, hasta que la puerta se abrió, dejando entrar algo de más iluminación en el pequeño habitáculo.
-Vaya... eres como un león encerrado.
-Soy igual de agresiva que uno. –Josh rio con ganas. Se acercó a mí, y tocó con delicadeza la herida de mi labio provocando que girara la cabeza con rabia. –No me toques. Jamás. –Podía escuchar chirriar mis dientes y él solo se quedó allí observándome.
-Verás, esto es muy sencillo. Pórtate bien, y puede que salgas con vida de aquí.
-Que te jodan, papá. –Sonreí, antes de recibir una bofetada por su parte. La mejilla quemaba y yo contuve como pude mis ganas de llorar, hasta el punto de que volví a sonreír, provocando en él una muesca de asombro.
-Ya hablaremos. –Giró sobre sí mismo y salió de la habitación. Resoplé y volví a sentir la quemazón de mi mejilla.
Me senté en el suelo, pegando la espalda en la pared y dejé caer la cabeza entre mis piernas, cerrando los ojos.
*Flashback*
-¿Qué va a pasar cuando te marches? ¿Cuándo te hartes de mis manías, mis rarezas, de mis enfados por nada? ¿Qué va a pasar entonces? –Coloqué mi cabeza en sus piernas mientras Zayn acariciaba mi pelo con parsimonia, ambos con la mirada fija en el sol que estaba a punto de salir.
-Entonces, tú te encerrarás en tu cuarto y yo me quedaré en el salón y empezaré a pensar. –Guardó silencio un segundo, antes de sonreír y continuar hablando. –Y pensaré en todas tus manías que tanto me gustan, en cuando aprietas los puños de tu chaqueta porque estas nerviosa, o la forma de chocar las rodillas cuando te aburres. Pensaré en tus rarezas, como por qué no te gusta mirarte en el espejo cuando te despiertas ni cuando te acuestas, o por qué siempre separas las patatas de la carne. Pensaré en los enfados, pero pensaré más en los momentos buenos que hemos pasado. Y, después de todo eso, iré a tu cuarto, me tumbaré en la cama y te diré lo mucho que te quiero. –Sonreí, aun sin mirarle a la cara, hasta que él finalmente acarició mi mejilla, haciendo que centrara la mirada en él.
-Eres un maldito cursi.
-Todo por tu culpa.
-He cambiado al chico malo.
-Y yo a la chica buena.
-Eso es un mérito, mereces un premio y todo.
-Ya lo tengo. –Bajó su cara, hasta que apenas nos separaban dos centímetros y sonrió. –Tú. –Y juntó sus labios con los míos, haciéndome sonreír en mitad del beso.
*Fin flashback*
-Zayn... –Sorbí por la nariz, y seguí hablando en pequeños susurros que solo yo podía escuchar. –Te necesito. No puedo hacer esto sin ti, no puedo salir de aquí sin ti. –Gemí casi sin fuerzas y volví a dejar caer mi cabeza entre mis piernas, dejando que en la sala sólo se escucharan mis sollozos.

*Narra Zayn*
Agarré la cintura de Amy, apretándola con fuerza contra mí, mientras ella reía en mi cuello.
-¿A qué viene tanta felicidad? –Sus palabras chocaron contra mi oído y la separé para poder mirarla antes de contestar.
-A nada, estoy feliz. –Besé sus labios con rapidez.
-Me gusta. –Reí y me apoyé en el capó de su coche.
-¿De dónde venías?
-De mi casa, ¿de dónde quieres que venga?
-Por ahí no es el camino de tu casa. –Miré la carretera por donde ella había venido y me encogí de hombros.
-Es un atajo que he encontrado, tardas menos. Te lo tengo que enseñar. –Asentí y saqué un cigarro de mi pantalón.
-¿Qué haces esta noche?
-Estudiar.
-¿Crees que alguna noche podrás reservarla para mí?
-Tengo los finales en poco tiempo, cielo. –Enarqué una ceja. ¿Los finales? ¿Poco tiempo? Conocía el calendario de la facultad y los finales no comenzaban hasta dentro de dos meses. Ella seguía sonriendo.
La música de mi móvil me despertó de mis pensamientos y saqué el teléfono de mi bolsillo con rapidez. Su nombre parpadeaba con ansias en la pantalla y, sentí una sonrisa recorrer mi rostro.
-Tengo que cogerlo.
-Tranquilo, yo ya me voy. –Besó mis labios con prisas y se montó en su coche acelerando antes de darme tiempo a despedirme. Descolgué el teléfono.
-¿Qué pasa, preciosa?
-¿Zayn? –Esa voz no era de Jenn.
-¿Louis?
-Zayn tío, sé que esto es raro, pero ¿sabes dónde está Jenn?
-¿No está en la casa?
-No, acabo de llegar y estaba toda la casa patas arriba, como si hubieran robado, y ella no está aquí.
-Quizá ha ido a algún sitio y no ha vuelto aún.
-Su coche está en la puerta y su móvil estaba tirado en el suelo.
Los peores pensamientos se hicieron presentes en mi mente y un nudo se acopló en mi garganta.
No puede pasarle nada malo, no a ella. No a Jenn.
-Yo me encargo. –Y colgué, sin permitir un reproche de Louis. Entré con prisas en mi casa y subí las escaleras de tres en tres hasta llegar a mi cuarto. Registré todos los cajones hasta que encontré lo que buscaba. Cargué la pistola y guardé los demás cargadores en mi bolsillo.

-No vas a salir vivo de esta, Josh.

COMENTAAAAAAAAAAD <3

domingo, 27 de abril de 2014

Capítulo 35.

Sentí como alguien golpeaba con poca fuerza mi brazo y abrí los ojos lentamente.
-No sé quién narices es, pero dile que pare con los putos mensajes, que quiero dormir. -Louis lanzó el móvil a mi cama y yo sonreí timidamente. Louis me devolvió la sonrisa y volvió al salón, donde a los pocos segundos lo escuché de nuevo roncar.
Desbloqueé el móvil para encontrarme con más de diez mensajes de la misma persona.
"Despierta, dormilona, a trabajar."
"Jenn, vamos."
"Siempre fuiste de sueño profundo."
"Si en diez segundos no te despiertas pienso coger un avion de vuelta y despertarte."
"Jenn, venga ya."
Y otros cuantos más. Me estiré en la cama y cogí el portátil que estaba bajo esta. Metí la contraseña y en medio segundo estaba en la página del banco, preparada.
Cogí los auriculares y cerré la puerta antes de llamar a Zayn y poner el manos libres.
"Por fin."
"Venga, hagámoslo rápido."
"Cuando estábamos juntos no decías eso."
"Malik."
Su risa sonó con eco en mis auriculares y yo sonreí.
"Ya están aquí, lo dejo en manos libres para que escuches todo."
"Genial."
Durante más de quince minutos estuve escuchando a Zayn hablar con alguien en italiano, así que practicamente no entendí nada de lo que decían, pero supongo que estarían hablando de la calidad del cuadro, del precio, de la localización y todas esas cosas que se suelen hablar durante un intercambio.
"Preciosa."
"Sigo aquí."
"Genial, métete en la cuenta 0009765, contraseña 000081965."
Hice lo que me pidió y en medio segundo estaba metida en la cuenta, me metí en el apartado de trasferencias y esperé la siguiente orden.
El hombre y Zayn volvieron a hablar durante unos cinco minutos más mientras yo golpeaba con poca paciencia el teclado del ordenador.
"Traspasa 90.000 libras a la cuenta 0034829."
Tosí al escuchar la cantidad de dinero que debía traspasar.
"¿90? Zayn..."
"Hazlo."
Marqué la cantidad que él me dijo con rapidez y lo mismo con el número de cuenta.
"¿Estás seguro, Malik?
"Sí."
Pulsé el botón y observé el mensaje que me decía que la transferencia había sido correcta. Suspiré aliviada.
"Hecho."
"Te debo una."
"Te la guardo."
Ambos colgamos el teléfono al segundo. Bajé la pantalla del ordenador y me tumbé en la cama mirando fijamente el techo. Un sonido me hizo desviar la mirada y Louis apareció en la puerta.
-Jenn... te buscan en la puerta. -Fruncí el ceño y él solo se encogió de hombros.
-Voy a ponerme un chándal, salgo en dos minutos. -Dejé el pelo tal y cómo lo tenía y me enfundé rápidamente una sudadera y un pantalón de chándal, cogí mis zapatillas y salí con prisa al salón, dónde solo estaba Louis sentado mirando fijamente la televisión.
-Está fuera. -Asentí y avancé hacia la puerta principal.
Todo mi cuerpo se vio atravesado por un escalofrío cuando mi mano tocó el picaporte de la puerta y un mal presentimiento golpeó mi cerebro. Respiré hondo y abrí la puerta para encontrarme de frente a Marcelo con media sonrisa. Cerré la puerta detrás de mí y di un paso hasta él, manteniendo fija mi mirada en sus ojos.
-¿Qué quieres? -Él simplemente movió la cabeza, sin borrar de su cara la sonrisa, indicándome que lo siguiera.
-Sólo serán un par de minutos. -Avanzamos hasta el pequeño bosque que había frente a la casa y, cuando habíamos andado menos de diez metros, paró en seco girándose hacia a mí.
-Marcelo, no tengo tiempo para gilipolleces.
-Tranquila, seremos rápidos. -La voz de mi padre sonó detrás de mí y me giré, colocándome de tal manera que tenía a ambos frente a mí.
"Jamás le des la espalda a tu enemigo, aunque lo veas desarmado, siempre tienen un truco bajo la manga."
Las palabras de Zayn se escucharon por toda mi cabeza y asentí interiormente, dándole la razón.
-¿Qué queréis? Ya os dije que no quería volver a esto.
-Pues eso no es lo que parece. -Enarqué una ceja ante las palabras de Marcelo y él aumentó su sonrisa.
-Pensábamos que no querías más mafia y vas, y te metes en esto con mi nieto. -Mi padre rió acompañando las palabras de Marcelo. -No has elegido el bando correcto.
-Discrepo.
-Jenn, te has metido con el enemigo.
-En este momento, solo vosotros sois mis enemigos. -En ese momento me arrepentí de no haber llevado la pistola conmigo.
"A partir de ahora, la pistola siempre encima."
-Jenn, no nos quieres tener como enemigos.
-Pero mucho menos como aliados.
-Está bien, cómo quieras, querida. -Josh asintió y Marcelo avanzó con lentitud hasta estar a su lado.
-Tendrás noticias nuestras.
-Espero que sea vuestra esquela. -Escupí las palabras con rabia y me giré para volver a casa, hasta que un sonido me hizo volverme hacia ellos de nuevo.
Josh tenía la pistola cargada y apuntando directamente a mi cabeza. Apreté los puños con fuerza a ambos lados de mi cuerpo y sonreí.
-No tienes cojones, Josh.
-¡Jennifer! -Una sonora carcajada salió de mi garganta al ver su reacción.
-Hazlo. -Vocalicé cada letra de la palabra, tentándolo a apretar el gatillo y sonreí cuando lo vi mirarme a los ojos y dudar de lo que estaba haciendo.
-Josh, vámonos. -Marcelo colocó una mano sobre el hombro de mi padre que bajó la pistola en medio segundo. Negué con la cabeza y volví a retomar el camino a casa.
-Que os jodan. -Saqué mi dedo corazón en su dirección y salí del bosque.
Llamé un par de veces a la puerta hasta que Louis finalmente abrió y me miró intrigado cuando ya estaba dentro de la casa.
-¿Quién narices era ese viejo?
-Un cliente, le di la dirección de la casa por si necesitaba algo y ha venido a pedirme una cosa.
-¿Y a dónde habéis ido?
-A que vea unas fotos para un jarrón para su esposa. -Vi en la cara de Louis que no se había tragado ni una palabra de lo que le había dicho, pero dejó el tema a un lado y me sonrió velozmente.
-Venga, a desayunar. He hecho tostadas y café.
-Eres el mejor. -Besé su mejilla con efusividad y ambos nos quedamos en silencio.
-Raro...
-Raro... -Ambos pronunciamos la palabra al mismo tiempo y nos miramos con prisa antes de romper a reír.
Metí la pistola en mi bolso y salí con prisas de mi casa despidiéndome de Louis con un abrazo.
Desde que Marcelo apareció en la puerta de mi casa hace un mes, ese maldito cacharro no se separa de mí.
Aceleré adelantando un par de coches y aparqué en un pequeño sitio que quedaba en frente del bar. Entré con prisas y me senté junto a Lea dejando el bolso sobre mis rodillas.
-Una cocacola.
-Otra.
Hablamos durante horas, y reímos mucho más. Me informó sobre toda la gente que había dejado de ver al terminar el instituto. Hablamos de Louis, de Harry, de la última película de Bradley Cooper que acababan de sacar en dvd y del nuevo disco que Ed Sheeran estaba a punto de publicar.
Nos abrazamos con fuerza antes de volver a subirme en el coche para volver a casa. No eran más de las doce, pero la carretera estaba más vacía que nunca, permitiéndome acelerar tanto cómo quisiera.
Aparqué delante de la puerta de la cochera y observé con detenimiento la casa. Había alguien dentro. Miré por todos lados, pero el coche de Louis no estaba ahí, así que él no era.
Saqué la pistola del bolso y la coloqué en la parte trasera de mi pantalón.
Abrí la puerta y descubrí cómo la cerradura estaba forzada. Avancé por la casa, lentamente, intentando que ni un ruido alertase a quién quisiera que estuviera ahí dentro. Coloqué la mano derecha sobre la culata de mi pistola y la sujeté con fuerza, preparándome para cualquier cosa.
-Vaya, por fin has llegado.
¡COOOOMENTAD BBYS! ♡♡

domingo, 20 de abril de 2014

Capítulo 34.

[2 semanas después]
Solté la trenza que me había hecho dos minutos antes y la cambié por una coleta alta que sabía que acabaría cambiando por un moño al cabo de un par de horas.
Resoplé cabreada cuando vi a Louis entrar en el cuarto y me giré para seguir leyendo un libro que tenía más que leído.
No había sido una buena semana, me había pasado los días discutiendo con Louis una y mil veces y casi siempre, por gilipolleces. Cerró la puerta a sus espaldas y escuché como crujía el colchón a causa de su peso. Cerré el libro, miré de reojo sus movimientos y lo observé pasar su mano por su despeinado pelo para luego suspirar un par de veces. Apoyó los codos sobre sus rodillas y las palmas de sus manos taparon su rostro.
-Jenn.
-Si vienes a discutir, paso, Louis.
-Sólo venía a decirte que no es normal la última pelea que hemos tenido.
-¿Y vienes a disculparte o piensas que yo lo haré?
-Jennifer.
-No me vengas con Jennifer, Louis.
-Olvídalo. -Me giré para observarlo y fruncí el ceño al ver cómo miraba intrigado la estantería de mis libros.
-¿Qué miras?
-Las fotos. -Seguí su mirada y miré con detenimiento las fotografías. Lea y yo en la fiesta de cumpleaños de Zayn. Liam conmigo en el viaje a Irlanda. Liam, Zayn y yo en la playa. Louis, Harry, Lea y yo en una fiesta. Zayn y yo en Roma. Liam y yo el día de mi graduación. Un pequeño montaje de Harry y de mí cuando éramos pequeños y mayores. Otra de Liam conmigo haciendo el payaso. Lea, Harry y yo en mi cumpleaños. Más de Liam conmigo y Zayn. Algunas otras con Lea. Y, por último, una más de Zayn y mía en Roma. Sonreí de medio lado cuando en mi mente aparecieron los recuerdos que guardaban las fotografías. Desperté a mi mente y retomé la conversación con Louis.
-¿Y qué te pasa con las fotos?
-Que no me parece normal que tengas las fotos con tu ex ahí puestas y ni una conmigo.
-Tengo una.
-Sabes a lo que me refiero. No es agradable ver como mi novia sale besando a su ex novio, abrazándolo o lo que sea.
-Son simples fotos.
-¿Y las nuestras qué son?
-Las nuestras las tengo en el móvil.
-Y las suyas impresas, en un marco y bien colocadas junto a todas tus mierdas. -Lo miré asombrada y me levanté cabreada para ponerme frente a él.
-No son mierdas. Son libros, cosas que tú deberías leer para tener algo de inteligencia. Y muchos, muchísimos recuerdos. -Volví a sentarme y ahora fue él quien se levantó, demostrando su enfado.
-Pasa página, Jenn. Tener mil fotos de Zayn no van a hacer que vuelva. Ni a Liam tampoco. -Sus palabras me hirieron, y él no sabía hasta qué punto. Pero lo único que hice fue enfadarme todavía más.
-No creerás que voy a tirar las fotos con mi mejor amigo ¿no? Porque no lo voy a hacer, y menos porque a ti te salga del rabo.
-Ya lo haré yo por ti. -Y moviendo su mano derribó todos y cada uno de los marcos estrellándolos contra el suelo. Vi como las fotos se rompían o se arrugaban al tocar el suelo y creía que era yo la que estaba sufriendo los golpes. Salté al suelo, recogiendo los pedazos de cristales y apartándolos de las fotos.
-Eres un maldito gilipollas.
-Ni que me importara lo que tú pienses. -Escuché como avanzaba por la habitación, abría la puerta y, tras salir del cuarto, la cerraba con un portazo que me hizo saltar en el sitio.
Miré con lágrimas en los ojos las fotos y sonreí amargamente. Las recogí, intentando arreglarlas tanto como podía y las guardé en el fondo del cajón de mi mesita.
Mi móvil vibró encima de la cama. Un mensaje.
"Necesito verte. Es urgente."
"A las diez en Hooks."
Bufé, sequé mis mejillas y cogí un jersey de mi armario. Me puse unos vaqueros, las botas y salí de la habitación.
-Me largo.
-¿Qué? -Louis se levantó como un rayo del sofá y se puso delante de la puerta. Pude ver sus ojos rojos y agaché la cabeza.
-Sólo voy a darme una vuelta.
-¿Vas a volver? -Pude sentir ¿miedo? en su voz y algo dentro de mí se ablandó.
-En un par de horas. -Cogí las llaves, revisé que llevaba el móvil y algo de dinero y salí de la casa.
Cuando llegue al bar eran las diez menos cinco pasadas y conociendo la puntualidad de Zayn sabía que aún le quedaba algunos minutos para llegar. Me acerqué a la barra, sentándome en un taburete y levanté la mano llamando la atención del camarero.
-Un whisky solo, por favor. -El hombre, de unos cincuenta y muchos, asintió y me sirvió la copa en un par de segundos. Golpeé con mis dedos la barra del local esperando que los minutos pasaran con más rapidez.
Otro whisky más. Sentí el aire exterior golpear el interior del local cuando alguien abrió la puerta del sitio. Miré el reloj de mi pulsera. Las diez y cuarto. Rodé los ojos cuando vi la sombra de alguien pasar detrás de mí y supe que era Zayn al oler su colonia.
-Otro como el de la señorita. -Ocupó el asiento que había junto al mío y apoyó ambos brazos sobre la barra mientras yo daba un largo sorbo a mi vaso.
-Llegas tarde.
-Sabes que eso no es raro en mí, preciosa.
-Deja de llamarme así, Zayn. -Lo vi reprimir una sonrisa cuando el camarero le entregó un vaso lleno de whisky.
-Estás echa un desastre. -Sabía que no lo decía porque el jersey fuese de hace dos años. Lo decía por las ojeras, la coleta medio deshecha y mil cosas más que quizá yo no veía en el espejo, pero sí se percibían desde fuera.
-Digamos que no está siendo una buena semana. -Refunfuñé un par de palabras sin sentido y levanté la mano indicándole al camarero que llenara el vaso vacío.
-¿Problemas en el paraíso?
-No te interesa. -El camarero se alejó tras servir el tercer whisky doble de la noche y yo bebí con desgana, dejando que el sabor del alcohol quemara por mi garganta.
-Tienes que ayudarme con una cosa, Jenn. -Dejé el vaso sobre la barra y miré de reojo a Zayn.
-¿Qué quieres?
-Es una falsificación.
-¿Cuando?
-Mañana en Roma. -Enarqué una ceja y él continuó explicando. -Yo iré a Roma mañana por la mañana, lo único que tú debes hacer desde aquí es hacer la transferencia de dinero cuando yo te diga.
-¿Desde cuándo necesitas mi ayuda para eso?
-Desde que no puedo confiar ni en mi propio abuelo.
-¿Qué tiene que ver eso?
-Él es quien me ha mandado la falsificación. Pero no me fío una mierda de sus hombres ni de sus cuentas, así que vamos a hacerla tú y yo solos.
-Zayn te dije que no quería saber nada más de la mafia.
-Será la última vez que te meta en esto, te lo juro. Sólo puedo fiarme de ti para estos asuntos, Jenn, sabes que lo digo en serio. -Asentí, dando por finalizada la conversación.

Dejé las llaves encima de la mesa y cerré la puerta con suavidad, intentando no despertar a Louis.
-Pensaba que no ibas a volver. -Y sin un minuto para reaccionar, sus brazos rodearon mi cintura pegándome contra su cuerpo.
-¿Tienes la regla o algo, Louis?
-¿Qué?
-Lo digo por tus cambios de humor. -Su risa golpeó mis tímpanos y yo lo abracé con fuerza. -Tenemos que hacer algo.
-¿Con qué?
-Con esto Louis. No... no podemos seguir como estamos.
-Supongo que tienes razón. -Me soltó del abrazo y me miró. -Jenn, te quiero como a nadie y quiero lo mejor para ti, y sé que mereces algo mejor.
-No digas tonterías, Louis, tú eres lo mejor.
-Pero no para ti. -Ambos sonreímos y él volvió a abrazarme. -No pienso alejarme de ti, nunca, ¿me oyes? -Asentí, sintiendo mis mejillas empaparse por mis lágrimas. -No llores, idiota. Voy a seguir siendo tu mejor amigo, nena.
-Te quiero, Louis. -Sentí de nuevo sus labios contra los míos y lo besé con fuerza.
-Te quiero mucho, Jenn. -Besó mi frente y me abrazó con fuerza. -Debes descansar, yo dormiré en el sofá.
-Puedes seguir durmiendo...
-En el sofá, Jenn. -Sonrió y yo asentí con desgana. -Hasta mañana.
-Hasta mañana. -Recorrí el pasillo con parsimonia, analizando todo lo que había pasado en el salón. Acabábamos de romper. Sentí las lágrimas de nuevo en mis mejillas y las sequé con rapidez.
"No pienso alejarme de ti, nunca."
Las palabras de Louis resonaban con fuerza. No quería que se alejara de mí. Quería seguir teniéndole conmigo cada día. Pero supongo que lo mejor era estar como amigos, mejores amigos o lo que fuera que fuésemos a ser ahora.
Me metí en la cama y dejé que mi mente anduviera sola por ahí antes de dormirme.
"Mañana será un día jodidamente largo."
"No lo dudes."


¡Hola lectores! Bueno, vengo a dar malas noticias (ooooooh!) Quiero decir que voy a ir terminando la fic, no sé si quedarán diez, doce, quince o veinte capítulos (o quizá menos) pero sí que la voy a ir terminando, porque la veo ya muy repetitiva y se me agota el argumento. Además, siendo sincera, si la acabo es porque tampoco veo que la gente la siga mucho y, quien la sigue, ni si quiera deja un comentario o algo y eso me fastidia bastante, pero bueno, no voy a echar nada en cara a estas alturas. Sólo decir que eso, que se van a ir cerrando muchas cosas en estos capítulos y que cada vez queda menos para saber el final. Si queréis algo o lo que sea, sabéis que me podéis encontrar en twitter (@cookiestoniall) o en ask (www.ask.fm/cookiestoniall) y nada, no mucho más, que espero vuestros comentarios por aquí abajo.
¡Gracias por leer!

jueves, 17 de abril de 2014

Capítulo 33.

Me crucé de brazos, esperando a que continuara hablando, pero él se lo tomó con calma. Sacó un cigarro del paquete que tenía en el bolsillo de la chaqueta y lo encendió con parsimonia. Puse mi mano en mi frente y dejé escapar un sonoro suspiro.
-¿Vas a hablar? Me apetece tomarme un ibuprofeno y acostarme, la verdad.
-Vámonos.
-¿Qué?
-Sí, recoge tus cosas, yo recojo las mías y nos largamos.
-Zayn.
-Dejamos atrás toda esta mierda Jenn, nos vamos. Sin Louis y sin Amy. Tú y yo, solos. Dime que no te apetece. –Vi su sonrisa de chico malo, de medio lado, la que siempre ponía cuando tenía una idea espontánea y guardé silencio unos instantes, recapacitando sus palabras. Irnos. Solos. A cualquier lugar lejos de todo esto.
-No. –Frunció el ceño, no contento con mi respuesta.
-¿Has dicho que no?
-Exacto. Pensaba que tenías un oído perfecto. –Se cruzó de brazos y pude ver el enfado en su gesto.
-¿Se puede saber por qué? –Iba a hablar pero antes de poder abrir la boca la voz de Liam resonó en mi cabeza, tal y como había hecho en el cementerio, haciéndome saber que debía decirle todo lo que quería decir. Respiré hondo y lo miré fijamente.
-Por qué no me da la gana de estar como siempre, de tirar todo lo que tengo por la borda. Por primera vez estoy bien, estoy tranquila. No me tengo que preocupar de que algún mafioso me pegue un tiro por ser novia de su enemigo; no tengo que quedarme despierta hasta las dos o las tres de la madrugada esperando a que mi novio llegue porque ha ido a pegarle un tiro a alguien. Me siento como una persona normal, si entro a restaurantes caros o a discotecas privadas es porque Louis ha reservado, no porque amenace al portero a punta de pistola.
>>Y estoy segura de que realmente no quieres huir de todo esto. Zayn, te apasiona la mafia. No puedes alejarte de ella, está más que claro, y me parece bien, jamás te lo echaré en cara. Pero yo quiero dejar de pertenecer a eso. Y por eso mismo no puedo irme contigo.
>>Te recuerdo que hace algo más de un año, vinimos a este pueblo a más de media hora de la capital para alejarnos de todo. Para estar los dos solos, para no saber nada más de muertes, ni de falsificaciones de cuadros; para no saber nada de nada de la mafia. Y escasos meses después, estabas de nuevo metido con mi padre en esto. Es algo que te llama, son tus raíces. Te has criado con la mafia, disparando y extorsionando. Pero yo no. Yo me he criado en un mundo completamente distinto. –Cogí aire, asombrada por la seriedad con la que había hablado, y parpadeé un par de veces, conteniendo las lágrimas que estaban a punto de desbordarse por mis mejillas. –Ya lo dijiste tú en mi patio cuando nuestros padres colaboraban, somos polos opuestos, venimos de mundos completamente distintos. –Me puse de puntillas y besé su mejilla. –Debes irte. –No se movió ni medio centímetro de donde estaba. –Zayn, ambos sabíamos que no habría un final feliz para nosotros. –Eso pareció hacerle reaccionar y por fin bajó su mirada hasta hacerla chocar con la mía. Se agachó, besando mi frente con fuerza para acto seguido montarse en su moto y arrancarla no con demasiada prisa.
-Hasta pronto, Jenn.
-Adiós, Zayn. –Y comencé a andar mientras de lejos escuchaba su moto rugir cada vez alejándose más.
"Lo has hecho genial, Jenn."
"¿Y por qué me siento como si me hubiera atropellado un tráiler?"
Abrí con prisas la puerta de la casa y la cerré con una fuerza que ni yo misma sabía que tenía. Me dejé caer boca abajo en el sofá y cogí mi móvil. Respiré hondo un par de veces y marqué su número.
-¿Jenn? ¿Estás bien, nena? –Su voz adormilada me hizo sonreír.
-Sí... solo... –Casi sin quererlo un sollozo salió de mi garganta.
-Jenn, ¿qué te pasa?
-Quiero que vuelvas, Louis.
-Está bien, nena. –Me consoló durante un par de minutos hasta que al final dejé de sollozar como una niña de cuatro años que no tiene su muñeca. –Estaré ahí a las nueve de la mañana te lo prometo, iremos a desayunar a la playa si quieres.
-Hace frío. –Su risa sonó con fuerza en el auricular.
-Te dejaré mi chaqueta para que no pases frío.
-Entonces pasarás frío tú.
-Jenn, no sé cuándo te enterarás que yo iría al polo norte en pantalones cortos por ti.
-Solo te lo pediría si me traes un pingüino. –Ambos reímos. –Gracias, Louis.
-Te quiero.
-Te quiero. –Y colgamos al mismo tiempo.
Poco a poco sentí como mis párpados pesaban más y al final acabé durmiéndome en el sofá.

Abrí los ojos cuando el fuerte olor a café invadió mis fosas nasales. Sonreí, aspirando con fuerza el delicioso olor. Abrí los ojos de par en par cuando fui consciente de lo que pasaba y corrí a la cocina.
-¡Louis! –Lo abracé con fuerza, al igual que él hizo conmigo, levantándome escasos centímetros del suelo.
-¿Me echabas de menos?
-No sabes cuánto. –Lo besé con fuerza, sintiendo su sonrisa en mitad del beso.
-¿Qué pasó anoche, nena? –Me mordí el labio, planteándome si contarle lo de Zayn u omitir esa parte.
-Salí de fiesta con Lea y cuando volví me vi aquí sola... –Sin dejarme acabar sus brazos volvieron a estrechar mi cuerpo, casi sin fuerza.
-No te volveré a dejar sola. –Reí en su cuello, haciendo que él también se riera.
-Tranquilo, puedo vivir sin ti.
-Ya lo veo.
-Fue culpa del alcohol, que me pone ñoña. –Louis asintió y yo le saqué la lengua, dando por terminada la conversación.
-Vamos, te debo un desayuno en la playa.

*Narra Zayn*
Crucé las manos sobre mi vientre y centré la mirada en las fotos que había en la pared. Estaban todas las fotos que me había llevado de casa de Jenn. Solo faltaban las dos de Roma que le había dejado.
-Zayn. –Me erguí al escuchar a mi madre abrir la puerta. –Amy ha llamado y ha dicho que estaría aquí en diez minutos. –La vi torcer el gesto al pronunciar el nombre de la chica y suspiré. La había visto hacer ese gesto tantas veces que sabía perfectamente que significaba.
-¿Te gusta Amy? –Me miró intrigada, intentando averiguar el porqué de mi pregunta.
-No me tiene que gustar a mí, sino a ti. ¿Te gusta Amy, Zayn? –La miré durante unos segundos.
-Sí, claro que sí, sino no estaría con ella.
-Entonces no te debe importar lo que yo piense.
-No es eso, mamá. –Miré de reojo mi techo y observé como mi madre seguía con su mirada la mía.
-Es Jenn. –Me levanté de un salto y salí con prisa de la habitación.
-No es Jenn. Nunca más será Jenn. –Salí del cuarto y esperé a que mi madre saliera para cerrar la puerta y encajarla de tal forma que nadie más pudiera entrar.
Escuché el pitido del coche de Amy y salí con prisas para recibirla con un abrazo.
-¿Qué tienes ahí? –Observé un pequeño corte en la parte interna del brazo. Su cara palideció, pero rápidamente negó con la cabeza y rio de forma exagerada.
-Una pelea que tuve ayer en un bar. –Su mirada se centró en el suelo. –Si te cuento, te descojonas, cielo. Fue una tontería.
-¿Por una tontería te hicieron ese corte? –Amy se movió incómoda en el asiento del copiloto y yo resoplé cabreado. –Olvídalo. Vamos a darnos una vuelta.
Sabía que eso no había sido una pelea en un bar, pero la verdad, no me interesaba pelearme solo para que acabara contándome una mentira que ni ella se creería.

Aceleré y salí al centro de la ciudad, subí el volumen de la radio mientras Amy me contaba lo que había hecho la noche anterior con sus amigas.

¡COMEEEEEENTAD!

lunes, 14 de abril de 2014

Capítulo 32.

Avancé entre la poca gente que había a las afueras del local y conseguí llegar hasta la carretera; andaba dando tumbos a causa de la cantidad de alcohol que recorría mis venas en esos momentos. Una risa idiota salió de mi garganta cuando un coche pasó a pocos metros de mi espalda, haciendo que tanto mi pelo como mi camiseta se movieran con el viento que provocó.
Seguí caminando, esquivando coches y, a veces dejando que ellos me esquivaran a mí. Salté dejando que mi cuerpo siguiera el ritmo de la música que resonaba únicamente en mi cabeza. Estaba sola y me gustaba esa sensación. De nuevo un coche pasó a escasos metros de mí, dejando que su claxon resonara con fuerza al mismo tiempo que mi escandalosa risa.
-¿¡Qué diablos estás haciendo, Jenn!? –Me giré sobre mí misma, tambaleándome, al escuchar mi nombre y centré mi mirada en sus ojos marrones que me miraban fijamente desde el otro lado de la carretera. Por la forma en la que apretaba su mandíbula, sabía que estaba enfadado, pero no lograba entender por qué.
-¡Solo me estoy divirtiendo! –Grité con fuerza, levantando las manos justo cuando un coche me esquivaba como podía y hacía gritar el claxon.
-¡Jennifer!
-¡Zayn! –Intenté imitar su tono de voz y reí con ganas cuando vi que sólo había parecido una niña pequeña. Volví a girarme sobre mis talones para comenzar a andar por la carretera. Miré sobre mi hombro y la figura de Zayn había desaparecido. Volvía a estar sola. Me encogí de hombros y seguí saltando por el asfalto. Los pitidos se convirtieron en insultos que provocaban aún más mi risa.
Unas luces iluminaron mi cara de frente haciendo que me detuviera en seco.
“Mierda.”
Mi boca se abrió con el objetivo de emitir un grito, o algo que llamara la atención de la gente o para frenar el coche que venía directo a mí, pero de mi garganta no salió ni el más mínimo sonido.
“Se acabó. Has vivido una buena vida…
Supongo”
Quise moverme, pero ni un músculo respondía ante mis peticiones, así que lo único que pude hacer fue cerrar los ojos esperando el impacto.
-¡¿Estás loca?! –Abrí los ojos para encontrarme tirada en el arcén y a Zayn encima de mí, con la respiración agitada.
-Zayn…
-¿No pensabas moverte?
-Me… me había congelado. No sabía qué hacer. –Intentaba hablar tan bien como podía, pero igualmente el miedo que tenía en el cuerpo había hecho desaparecer de mi sistema cualquier gota de alcohol que contuviera.
-¿Y quedarte ahí parada era la mejor opción? Te iba a atropellar una puta furgoneta, Jenn. –Suspiré, irguiéndome y apoyé mi espalda en las barras del arcén.
-Gracias por salvarme. Pensaba que te habías ido. –Ambos guardamos silencio. Un minuto después, Zayn volvió a hablar.
-No podía irme y dejarte ahí. No me lo habría perdonado si no llego a estar ahí para sacarte de la carretera cuando ha pasado el coche. No podía permitir que te pasara nada. –Vi un destello de sonrisa en su rostro y sentí como mi boca también se estiraba en una sonrisa.
-Gracias de nuevo. –Me apoyé en el suelo y me levanté como pude al mismo tiempo que él repetía mis acciones. Empecé a andar por el arcén, sintiendo su sombra detrás de mí y su aliento golpear con poca fuerza en mi nuca.
Noté como mis piernas comenzaban a flaquear, aunque no puedo decir con seguridad si era por el miedo que había pasado segundos antes o por lo cerca que lo tenía. Colocó una de sus manos en mi cintura y me giré enarcando una ceja.
-Solo me aseguro de que andes en línea recta, no quiero que pase otra escena como la de la furgoneta. –Reí asintiendo y seguí andando hasta el semáforo que habíamos pasado antes de entrar en el bar. – ¿Podrás esperarme aquí diez segundos? Tengo que ir a coger las llaves de la moto.
-Puedo llamar a un taxi e irme sola, no tienes por qué acompañarme.
-Sí tengo por qué. –Desapareció en el local mientras yo me apoyaba en la pared y escondía la cabeza en mis manos. Si cerraba los ojos sentía como todo me daba vueltas.
“La resaca de mañana será monumental.”
-¿Vamos? –Salté en el sitio al escuchar su voz y lo miré entrecerrando los ojos.
-¿Y Lea y Harry?
-Tienen mi coche, yo cojo la moto de un amigo.
-Podemos quedarnos hasta que ellos quieran volver y no tenemos que dejarlos solos. –Me daba igual irme ahora que dentro de dos horas, únicamente buscaba una excusa para no tener que regresar sola a casa con Zayn.
-No estás en condiciones de seguir aquí y no creo que ellos quieran irse ya. Vámonos. –Sin darme tiempo a rechistar me cogió en brazos sentándome en la parte trasera de la moto. Él se acomodó en el asiento y aceleró sin darme tiempo a abrocharme el casco.

Me bajé cuando la moto derrapó a varios metros de mi casa, que hacía un año había sido nuestra casa. Me mordí el labio y sonreí tendiéndole el casco.
-Buenas noches, Jenn. –Me despedí con la mano y él aceleró, desapareciendo al final de la carretera.
“Podías haber dejado que me atropellaran, Malik, sería menos doloroso que ver cómo te marchas ahora con ella.”
Me quité los tacones para poder andar con más agilidad (o al menos intentarlo) y comencé a andar con la mirada fija en el suelo. Escuché gruñir una moto al lado mío y giré la cabeza para encontrarme a Zayn mirándome con una sonrisa.
-¿Se te ha olvidado algo, Malik?

-Varias cosas. –Apagó el motor de la moto y se bajó con rapidez para colocarse en frente de mí. –Tengo algo que proponerte.

jueves, 10 de abril de 2014

Capítulo 31.

Salí de la ducha tan rápido como pude cuando escuché el timbre del teléfono resonar en toda la casa. Até la toalla por encima de mi pecho y moví mi pelo con una mano mientras con la otra descolgaba el teléfono y lo pegaba a mi oído.
-¿Diga? ¿Hola?
-Eh, enana. –Sonreí en el instante que escuché su voz en el auricular.
-Hola Louis.
-¿Qué haces?
-Estaba duchándome, ahora helándome por tu culpa. –Ambos reímos al unísono. -¿Tú?
-Esperando a que empiece el fútbol.
-¿A estas horas?
-Es un partido de niños, se juegan a las 12. –Asentí para mí. -¿Estás bien, nena?
-¿Qué? Sí, perfectamente. Estaba pensando en tonterías mías.
-Bueno, sólo era para decirte que vuelvo mañana. La familia no se lleva tan bien como recordaba y la verdad es que me incomoda un poco estar aquí.
-¡Genial! –Sentí mis mejillas enrojecerse al mostrar mi entusiasmo y su risa rebotó con fuerza en mis tímpanos. –Quizá me pilles con resaca, pero no importa.
-¿Qué tienes pensado para esta noche?
-Iba a ser una simple fiesta, pero ahora que sé que será mi última noche de libertad… -Rio de nuevo acompañando mi risa. Escuché unos cuantos gritos de fondo y de repente mucha gente comenzó a aplaudir y gritar haciendo que me tuviera que separar el teléfono del oído.
-Me tengo que ir, empieza esto.
-¡Que ganen los tuyos!
-Siempre lo hacen, apuesto por los ganadores. –Rodé los ojos y colgué. Cogí un chándal y dejé airear mi pelo mientras recogía un poco la casa después de no haber pasado allí la noche. Al final, no sé cómo, acabé cambiando todo mi cuarto.
Aparté todos los libros de mi estantería y en ella coloqué fotos con Louis, la que me regalaron Lea y Harry en navidad y algunas más del instituto. Despejé otra estantería llena de muñecos y comencé a colocar en ella todos los libros que había sobre mi cama. Antes de colocarlos, ojeaba por encima las páginas y, en alguno, me paraba a leer un par de capítulos. Al cabo de dos horas había acabado de colocar todas las cosas en sus nuevos sitios.
“Perfecto.”
Dirigí la mirada al suelo, donde una esquina de una foto sobresalía por debajo de la cama. Me agaché para cogerla y sentí como una sonrisa crecía en mi cara.
Recogí mi pelo en una trenza mal hecha, me puse unos vaqueros, un jersey y, después de coger las cosas más indispensables, salí de mi casa con prisas. Arranqué el coche y aceleré por la calle principal del pueblo antes de entrar en la autovía. Las letras de algún cantante golpeaban los cristales de mi coche, pero cesaron rápidamente cuando apagué el motor y anduve con prisas, entrando en el gran recinto.
Abrí la cancela de hierro ya casi oxidada y, el olor a muerto, pútrido y flores resecas golpeó mi nariz. Tosí un par de veces y me acerqué a la tumba de Liam, limpiando un poco el polvo con la mano.
-Podrías venir de vez en cuando a verme. –Su voz sonaba en mi cabeza, pero podía imaginármelo ahí parado, fingiendo estar enfadado aunque con una sonrisa en su cara.
-Lo sé. Pero no sabía cómo hacerlo.
-Coges un coche, te presentas aquí y me cuentas tus mierdas. Tal y como hacías cuando estaba vivo. Sólo que ahora te escucha también mi abuelo, mi tío y demás. –Reprimí una risa y me senté en el suelo, pegando la cabeza en la lápida. -¿Y bien?
-¿Qué?
-Vamos, no has venido a hablar con un muerto para no contarle nada importante.
-El caso es que estoy hablando con un muerto.
-Cómo si eso fuera raro. –Lo sentí reír en mi cabeza y reí yo también. -¿Zayn, verdad?
-Me da asco que me conozcas tan bien. El caso es… lo quiero lejos.
-Y cerca también.
-Exacto.
-Mantenlo lejos, Jenn. Louis está bien para ti; estás feliz con él, no intentes joder eso por Zayn cuando no sabes si podrás estar con él más de un mes. –Refunfuñé cabreada y mi cerebro guardó silencio. Liam se había ido, o al menos el Liam que yo me había creado en mi mente. Necesitaba hacerlo, era como volver a tenerlo cerca.
Me levanté y sacudí la parte trasera de mi pantalón. Miré un último segundo la tumba y salí de allí no con demasiada prisa, dejando que el suave aire abanicara mi cara casi sin fuerza. Cuando llegué a mi casa ya habían pasado las cuatro de la tarde. Preparé un bocadillo, sin muchas ganas, y puse la televisión mientras me lo comía.
Empecé a vestirme pasadas las siete. Solté la trenza, dejando que las ondas de mi pelo cayeran a lo largo de toda mi espalda. Me enfundé una falda, no demasiado ajustada, pero me la quité en el acto, cambiándola por unos pitillos verde mar. Cogí una camiseta blanca con un par de letras escritas en ella y una chaqueta vaquera. Terminé de maquillarme con el tiempo justo de ponerme los tacones, recoger las cosas y salir a la calle, cuando escuché el pitido de un coche a las afueras.
Abracé con ímpetu a Lea y a Harry y saludé con un simple ‘hola’ a Zayn que me miraba con una sonrisa desde el asiento del conductor. Me acomodé en la parte trasera, junto a mi amiga y Zayn aceleró. Llegamos al pueblo de al lado, donde el ambiente era inmejorable. Salimos del coche en pocos segundos y, antes de darnos cuenta, ya teníamos la primera ronda de chupitos en el cuerpo y la segunda sobre la barra.
-¡Otra más! –A Lea se le notaban los tres cubatas que llevaba en la voz y supongo que a mí también, cuando reí con fuerza.

-¡Que sean dos! –El camarero se acercó y dejó dos cubatas más delante de nosotras. Bebí con lentitud, saboreando el alcohol. Abracé a mi amiga y ella a mí antes de romper a reír de nuevo como dos imbéciles. -¡Me voy a tomar el aire! –Grité en su oído, pero ella asintió como si hubiera escuchado un simple susurro. Me separé de Lea y avancé entre la multitud. Antes de salir a la calle, miré sobre mi hombro para ver a Zayn mirándome fijamente desde la barra, se levantó en el acto, y yo negué con la cabeza saliendo con prisa de aquel antro.

¡MIL PERDONES POR HABER TARDADO TANTÍSIMO EN SUBIR! PERO LOS EXÁMENES Y TODO ME TENÍAN ESTRESADA Y, DE VERDAD QUE LO SIENTO! 
Comentad amores <333