jueves, 5 de septiembre de 2013

Capítulo 55

-Ahora sí que parece tu novio. –La voz de Luke a mis espaldas me hizo reír y me giré para dedicarle una sonrisa.
-Zayn, este es Luke. –Ambos se estrecharon la mano, antes de que Zayn volviera a fijar la mirada en mí. –Es el chico que me ha avisado de que esa zorra estaba contigo. –Sonreí tiernamente y ambos rompieron a reír.
Salimos del bar después de despedirnos de Luke, con el cual habíamos estado más de media hora contándole tonterías; las horas habían pasado con demasiada velocidad y ya eran más de las diez.
-¿Por qué no te quedas esta noche? Estoy sola. –Sonreí como una niña pequeña y él negó con la cabeza.
-No puedo, Jenn. Les he dicho a mis padres que antes de las once estaría allí. –Suspiré y apoyé mi cuerpo contra la puerta. Él se acercó a mí y entrelazó sus dedos con los míos. -¿Mañana por la mañana vienen tus amigas? –Negué con la cabeza.
-Vienen a las cinco.
-Pues te recojo a las doce y comemos juntos. ¿Qué te parece el plan? –Sonreí.
-A las doce te espero. No llegues tarde, Malik. O me iré con Luke. –Su rostro se volvió serio, aunque pude ver una tímida sonrisa asomarse por la comisura de sus labios.
-No te volveré a llevar a ese bar, preciosa. –Reí al mismo tiempo que él agarraba mis mejillas y posaba sus labios sobre los míos dejando en ellos un corto beso. Entré en casa, mientras él encendía la moto que estaba aparcada en la acera de enfrente. Lo escuché acelerar por la calle. Dejé las llaves en la entrada y entré en el salón, encendiendo la tele, tumbándome en el sofá y buscando algo interesante que ver, pero lo único que realmente me llamaba la atención fue un documental.
Los minutos pasaban, y mi sueño aumentaba mientras veía el documental, que trataba sobre algún animal en peligro de extinción. Apagué la televisión normal y conecté el USB en el que tenía guardadas todas las fotos. El viaje de Roma vino a mi cabeza de nuevo, gracias a las miles de fotos que aparecían poco a poco en la pantalla plana de mi salón. Recordé, la mañana que habíamos visto la Fontana di Trevi, y cuando tiré el candado al río. Las fotos fueron pasaron, dejando atrás las de Roma y mostrándome algunas con mis amigas de fiesta, con Harry, con Liam. En mi mente recordaba cada momento y una sonrisa se dibujaba en mi cara.
El timbre de mi casa me devolvió a la realidad y me levanté con parsimonia para abrir. Miré por la mirilla pero no me encontré a nadie y, desde la ventana del salón tampoco se veía a nadie fuera. Me encogí de hombros extrañada y volví al sofá para volver a ver las fotos. Justo cuando me estaba sentando, el bolsillo de mi pantalón vibró y saqué el móvil. Era Zayn.
-¿Qué, ya me echas de menos? ¿Te has pensado mejor lo de venir a dormir hoy conmigo? –Sonreí pero no escuché su peculiar risa al otro lado de la línea.
-¿Sigues en tu casa? –Por el tono de voz que tenía no parecía muy tranquilo, es más parecía nervioso, como si estuviera pasando algo.
-Sí, no me he movido de aquí, ¿por qué? ¿Te abro y hablamos? He escuchado el timbre.
-No, no habrás la puerta, ni se te ocurra. Vete al despacho de tu padre y sal por la ventana, estoy ahí.
-Pero, ¿por qué?
-Ahora te cuento, pero sal de ahí, rápido. –Colgó antes de darme tiempo a rechistar y resoplé obedeciendo. Me guardé el móvil en el bolsillo y corrí al despacho de mi padre. Abrí la ventana y, entre las sombras, distinguí la silueta de la moto de Zayn abajo, pero él no estaba ahí.
“Ah, claro genial, ¿qué quieres? ¿Qué salte en la moto así porque sí? Ni de coña.” Miré a ambos lados de la ventana pero no había nadie. El timbre volvió a sonar, ahora con más intensidad, provocando que mi nerviosismo aumentara. Respiré hondo y saqué mis piernas por la ventana apoyándolas en el alféizar. Volví a coger aire y salté de la ventana. Cuando toqué el suelo sentí como mis rodillas ardían y ahogué un grito. Justo cuando me estaba levantando apareció él por la esquina de la casa.
-¿Por qué no has esperado a que llegara a la ventana?
-Porque me has dicho que saliera de aquí rápido. ¿Qué narices pasa? –Me sacudí el pantalón y vi cómo se manchaba de marrón en mis rodillas. Genial, me había hecho sangre.
-Están los amigos de Lorenzo en tu puerta, con él. Venía a tu casa a darte una sorpresa y he visto su Ferrari a unas calles de distancia. Cuando estaba acercándome a tu casa, los vi llamar al timbre y me desvié para que no me vieran. –Tragué saliva y me subí en la moto al mismo tiempo que él lo hacía y me extendía un casco negro, algo más pequeño que el suyo. Me lo puse con rapidez, levantando la visera para mirarlo por el retrovisor.
-¿Y qué narices buscan en mi casa? –Me miró a través del espejo retrovisor y bajó la mirada a la vez que bajaba la visera de su casco. Vi la respuesta de forma clara en ese simple gesto y un escalofrío me recorrió el cuerpo de arriba abajo.

Me buscan a mí. No tenía ni idea de por qué, pero Lorenzo se había obsesionado conmigo en Italia y, por lo que parecía no iba a parar hasta conseguir lo que quería de mí fuera lo que fuera. Aunque, conociendo a Zayn, él no iba a parar hasta ver a su primo lejos de mí, y para eso haría lo que tuviera que hacer.

Capítulo 54

-No puedo creer que estés diciendo eso. –Hablaba entre susurros, intentando controlarse, pero la forma de hablar era seria, fría y distante.
-¡Pues créetelo, señor protector! –Mi voz salió con rabia, al mismo tiempo que estrellaba mi dedo índice contra su pecho. –Estoy hasta las narices de que vayas protegiéndome cuando no te he pedido ayuda en ningún momento, ayuda que me darás sólo por tener contento a tu padre o a quién sea que te ha obligado a hacerlo.
-¿Eres imbécil, Jennifer? ¿Te estás oyendo? ¿Qué te protejo porque me obligan? –Dio un paso hasta a mí y pegó su cara a la mía. –Nadie me ha obligado a quererte pero, en estos momentos, creo que no lo hago.
-¿Y tú gilipollas? Te odio, Zayn. ¿Lo entiendes? Te odio. –Me alejé de él y me apoyé en la pared de enfrente mirándolo con rabia.
-Y yo a ti. Sólo eres una maldita niñata, que no sabe que quiere ni sabe qué hacer con su vida y tiene que ir jodiendo la de los demás. Eres una egoísta que sólo se preocupa por sí misma.
-Y tú eres un maldito cabrón, y además un asesino. Sí, eso es lo que eres, un asesino que mata a gente sin importar si tiene familia o si es una niña de apenas cinco años. Das asco. Eres una basura, Zayn. Una mierda. –Me mordí el labio cuando escuché lo que acababa de salir de mi boca.
-Jennifer. –Sus ojos se clavaron en los míos mirándome con rabia, con odio. Había dado en su punto débil.
-¡Olvídame Zayn! Lárgate y olvídame. –Escupí las palabras con fuerza y, para terminar, golpeé mi puño contra el escritorio, haciéndome más daño que otra cosa. Empujé a Zayn por la puerta y salí corriendo a hasta mi cama y enterrando mi cara entre los cojines.
Habíamos discutido muchas otras veces, pero ninguna había sido tan fuerte como esta. Le había dicho cosas que ni si quiera pensaba, pero era todo a causa del enfado. Escuché como cerraba la puerta de la casa de un golpe y yo suspiré, escondiendo de nuevo las lágrimas en los cojines.
Entonces fui consciente de que había salido de casa sin protección alguna mientras los amigos de Lorenzo lo buscaban después de todo lo que había pasado en Roma. No lo iba a dejar solo, no.
Esta vez sería yo la que le salvaría el culo a él.
Me puse una cazadora y corrí hasta la puerta cerrándola tras de mí con un sonido sordo. Sólo había salido hacía un minuto, así que si miraba bien lo podía encontrar. Y así fue. Distinguí su pelo negro entre toda la multitud y yo empecé a seguirlo a una distancia prudente. Iba con la cabeza agachada, pero aun así esquivaba a todo el mundo con facilidad. El traqueteo de las gotas de lluvia contra el frío asfalto permitió disimular el característico sonido de mis zapatos.
Después de unos cuantos minutos andando lo vi entrar en un bar. Bufé cabreada y aceleré el paso para no perderlo de vista dentro del local.
Una parte de mí, me decía que me estaban observando, repasé con la mirada toda la calle pero ni si quiera sabía cómo eran los amigos de Lorenzo. Mi mano repasó el picaporte de plata antes de tirar de él con fuerza y adentrarme en ese antro de alcohol y tabaco.
Estaba anocheciendo en Londres y las mujeres se agrupaban en bares para su ronda diaria en busca de un tío, por lo que no me extrañó que el local estuviera hasta arriba de chicas sentadas al lado de algunos hombres ya bastante borrachos.
Empecé a deambular por el bar hasta que me encontré con un chico que me miraba fijamente, esperando que le dijera algo. Entonces fui consciente de la barra que había entre él y yo. "Bien, Jenn, es el camarero, idiota"
-¿Quieres algo, guapa?
-No, gracias. –Le devolví la sonrisa y giré mi cabeza para encontrarme a Zayn a unos metros de distancia.
-Soy Luke. –Centré la mirada en el chico de la barra y le estreché la mano que me había ofrecido para presentarse.
-Jenn.
-Veo que le has puesto el ojo a aquel chico moreno. –Negué fingiendo una sonrisa.
-Sí, podemos decir que es mi... novio.
-Pues no tiene pinta de ser novio de nadie. –Con un simple gesto de cabeza señaló el lugar donde estaba Zayn, haciéndome mirar hasta ahí.
Juro que, si en ese momento me hubiesen pegado un tiro, habría sido menos doloroso que ver aquello. Una preciosa chica estaba justo delante de Zayn, mientras él paseaba las manos por su cintura,  haciendo pequeños círculos en ella; tal y como hacía conmigo.
La chica se tomó la confianza de sentarse en el regazo de Zayn y dar un sorbo de su copa, mientras yo sentía la sangre hervir dentro de mí. Y él no hizo otra cosa más que sonreírle; tal y como me sonreía a mí.
Iba a echarle la culpa al alcohol, pero era imposible que se le hubiese subido tan rápido, ni si quiera llevaba en el bar más de quince minutos y no se había bebido ni media copa. Era consciente de todo lo que hacía.
La mano de la chica empezó a acariciar su pelo negro y la distancia entre ellos cada vez era menor. No, eso sí que no. Te quieres ligar al tío equivocado, guapa.
Gruñí y me levanté del taburete, dejando atrás a Luke y a lo que fuera que me estuviese diciendo. Cuando me encontré a la altura de Zayn empujé con fuerza a la chica, haciendo que su trasero se estrellara con fuerza en el suelo pegajoso de aquel bar.
-¿Qué haces, tía? –Miré a la chica con rabia y me coloqué encima de ella, lanzando mis manos a su cuello, evitando que levantara la cabeza.
-Vuelves a tocarlo y te puedes dar por muerta, zorra. –Empezó a patalear hasta librarse de mi agarre y con una de sus uñas postizas logró alcanzar la parte inferior de mi ojo, haciendo que lanzara un quejido de dolor debido al arañazo.
-¿Y tú quién coño eres?
-Tu peor pesadilla si no te alejas de mi novio. –Apreté aún con más fuerza su cuello y sonreí con malicia.
Unas manos rodearon mi cintura separándome de ella y poniéndome en pie. Me giré para encontrarme con sus ojos marrones mirándome de arriba abajo, inspeccionándome. Suspiró y apretó el puente de su nariz antes de comenzar a hablar.
-¿Qué haces aquí? –Su voz era ronca a causa del humo del tabaco que impregnaba el techo del lugar.
-¿Y tú? ¿Qué mierda haces aquí? –Me crucé de brazos, aún sin apartar mi mirada de la suya.
-Intentar olvidarme de ti. –Recordé lo que le había dicho cinco minutos antes en la casa y el mundo se me vino encima, no decía nada de eso en serio. Nunca le diría cosas así. -¿Y bien?
-Te seguí intentando protegerte de los amigos de tu primo. Y, entro en el bar, y lo primero que veo es que estás a punto de tirarte a una tía delante de todo el mundo. –Sus manos apretaron con efusividad mi cintura, hasta tal punto que casi dolía. Pero al ser consciente de la fuerza que estaba usando se detuvo, acariciándome con delicadeza
-Para, Jennifer. No montes una escena.
-No. No voy a parar hasta que todo vuelva a ser como antes. Quiero ser la única a la que le robes un beso, la única que toques. Quiero tus caricias y tus abrazos. Te quiero a ti y punto. Te necesito, ahora y siempre. –Dejé que todas las palabras salieran de golpe, pero fueron claras y concisas. Dejé a un lado mi orgullo por tenerlo a él de vuelta. Sus manos dejaron libres mis caderas para posarse en mis mejillas y, acto seguido juntar sus labios con los míos.
-Te quiero, preciosa. –Habló sobre mis labios, permitiendo a los míos mostrar una sonrisa.
Entonces recordé lo que había dicho en mi cuarto y mis ojos se llenaron de lágrimas. Me mordí el labio intentando reprimirlas, pero fue un esfuerzo en vano.
-¿Qué pasa? No llores.
-Perdóname, lo siento. No quería decir todo aquello. No pienso que seas una mierda, ni una basura. –Sorbí por la nariz y volví a sollozar. –No pienso nada de lo que te dije. No te odio. Zayn. –Me apreté contra su pecho, y descargué en él todas mis lágrimas. Él simplemente acariciaba con parsimonia mi espalda intentando consolarme.
-Tranquila preciosa. Lo sé. Yo tampoco pienso nada de lo que te dije. Y tampoco te odio. –Levantó mi cara y besó mi nariz. –No podría odiar a la razón de mis sonrisas.

¡Sé que dije que subiría dos, no me comáis amores míos! Esta noche subo el siguiente. Espero ver comentarios por aquí abajo o en Twitter, os quiero.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Capítulo 53

Sólo una semana más y vacaciones de navidad. Recogí la mochila y salí de mi casa corriendo. A estas horas, hace una semana estaba cogiendo un avión en dirección a Italia y ahora ni si quiera me hablaba con Zayn. Me había pasado todo el fin de semana sin saber nada de él, ni una llamada, ni un mensaje nada. Ambos éramos demasiado orgullosos. Suspiré y cerré la puerta de mi casa.
Mis amigas me recibieron con un abrazo y con una ronda de noticias frescas, estar una semana sin hablar con ellas significaba una semana de cotilleos nuevos.
-Bueno y Espe y Jerry, han confirmado su relación por todo lo alto.                                                      
-Y tanto, los pillamos en el baño del pub. –Todas reímos y mi mirada se posó en las mejillas rojas de Espe.
-¡Que os den! –Se cruzó de brazos y todas la abrazamos con fuerza. Seguimos hablando de las demás relaciones de la clase, de las peleas y de poco más, ya que el profesor interrumpió nuestra animada charla.
Empezó a contarnos lo que haría en vacaciones y, por supuesto, nos mandó ejercicios para que “preparáramos la mente” durante las tres semanas de vacaciones.
-¿Sabes que Harry tiene chica? –Miré a Zoe de reojo y sonreí negando con la cabeza. –Se llama Lea, está en un curso por debajo. Ahora te la presentará seguro.
-¿Ya la conocéis? –Ella asintió y se acercó más a mi sitio para poder hablar sin que nos escucharan.
-Te caerá bien, es Harry en versión tía. –Reí en voz baja y asentí. Sí eso era verdad, nos llevaríamos bien.
Las dos horas restantes pasaron y por fin nos dejaron salir al patio. Corrí al lado de Harry y le sonreí esperando que me contara lo que ya sabía.
-Vale, vale, no me atosigues con esa mirada. –Me agarró del brazo y me acercó a un grupo de cuatro chicas que miraron a Harry como auténticas bobas, a excepción de una que estaba absorta en su mundo mirando el móvil. Vale, me estaba diciendo que de las cuatro anormales estas que miraban a Harry cual dios griego, una era su chica. Lo miré con cara de asco y él sonrió. –Lea. –La chica que estaba mirando al teléfono levantó la mirada mostrando una sonrisa en su cara. Esta sí me gustaba más que las otras. Abrazó a Harry con todas sus fuerzas y luego se dirigió a mí; la chica era guapísima, y tenía un toque divertido gracias a sus gafas de pasta.
-Soy Jenn, encantada.
-Lea. –Extendí mi mano para saludarla pero ella me envolvió en sus brazos; reí, correspondiéndole el abrazo mientras observaba a sus amigas. Estuvimos un rato hablando con ella y descubrí que Zoe tenía razón, era Harry en chica. Hacían las mismas bromas, los mismos chistes malos y ambos eran igual de pervertidos.
Después del recreo de nuevo nos tocó escuchar los planes de los profesores para estas vacaciones, ¿en serio pensaban que realmente nos importaban? A última hora no aguantaba ni un minuto más en aquella habitación y rezaba porque el timbre sonara pronto.  Apoyé la cabeza en la mesa fijando la mirada en el asiento vacío de Zayn. Daba por seguro que esta semana no lo vería, pero también tenía seguro que no iba a comerme mi orgullo.
Podemos decir que tampoco supe nada de él, el martes, ni el miércoles, ni el jueves. Vamos, que ya era viernes por la noche y aún no sabía si seguía vivo o qué había pasado con él.
Mis padres me habían dicho que se irían todo el fin de semana a Edimburgo a ver a mis tíos, por lo que me quedaría sola hasta el domingo por la mañana. Hablé con mis amigas y ya teníamos organizado el sábado en mi casa.
Dejé todos esos pensamientos a un lado, metí la película en el reproductor y cogí el bol de palomitas sentándome en mi cama. Típica noche de diciembre. Me metí en la cama y le di al play. No sabía ni qué película me había grabado esta vez Allie, pero conocía mis gustos a la perfección.
“Romeo y Julieta”.
No. Desconecté la película y suspiré. No iba a ver esa y menos ahora; busqué alguna que tuviera grabada en el ordenador, pero todas eran románticas y no creo que pudiera aguantarlas.
-¿Puedo hacerte compañía? –Salté en mi cama, encendiendo con prisas la luz y él rompió a reír. –Perdón, no quería asustarte.
-¿Dónde has estado? –Volví a fijar la vista en el portátil, sabía que si lo miraba mis ganas de correr a abrazarle serían más fuertes y no pensaba tirar por el suelo mi orgullo.
-Teníamos que hacer un trabajo. –Asentí y me tumbé en la cama, aún con el portátil en mis piernas. Sentí el colchón doblarse cuando se sentó en él y suspiré doblando las piernas, alejándome de él. –Los amigos de Lorenzo están aquí. –Levanté la mirada del portátil y alcé una ceja interrogante.
-¿Que quieren?
-No lo sé. Sólo los he visto un par de veces en la puerta de mi casa y a la salida del instituto. –Asentí, sintiendo el miedo recorriendo cada parte de mi cuerpo; no sabía que querían ni que hacían en Londres, pero no traerían buenas noticias. –Entonces, ¿puedo quedarme?
-¿Para qué? ¿Para controlar si me electrocuto con una lámpara? ¿O es que quieres acompañarme por si me ahogo en la ducha?
-A la ducha te acompañaría encantado, preciosa. –Bufé, bajando la mirada hasta la pantalla del portátil. –Jenn, ¿no ha sido bastante estar sin hablarnos una semana?
-Yo no tengo ningún problema, eres tú el que no ha querido hablarme.
-¿Yo tengo que hablarte cuando la liaste tú sola? –Solté una risa irónica y aparté el portátil de mis piernas dejándolo a un lado de la cama.
-¿Yo sola? ¿Y tú qué?
-¿Yo? Mierda Jenn, perdona por querer protegerte.
-Quizá no quiera que me protejas. –Mi voz se elevó por encima de la suya. Se levantó al escuchar mis palabras, yo imité sus movimientos acercándome a él, haciendo que, por primera vez, su cuerpo estuviera encerrado entre la pared y mi pecho.

¡Hola, hola criaturillas de Lucifer! Bueno, ya tenéis el capítulo; sé que le dije a una chica de twitter que hoy subiría dos, pero no he podido, acabo de coger el portátil y en medio minuto me lo vuelven a quitar. Peeero, para que veáis que cumplo, mañana subo dos capítulos, ¿vale? Bueno, nada más, espero que os haya gustado el capítulo y que me comentéis. ¡Os quiero!

martes, 3 de septiembre de 2013

Capítulo 52

Abrí los ojos poco a poco y me giré mirando a Zayn que estaba completamente dormido. Una sonrisa se dibujó en mi cara, hasta que una idea rozó mi cabeza. Reí en voz baja y me levanté con cuidado, intentando no despertarlo.
Corrí al baño y llené uno de los vasos de agua. Volví a la cama y me acerqué con cuidado a su lado.
“Se va a enfadar”.
“Pero será divertido.”
Reí y quité todas las sábanas, descubriendo una almohada que imitaba el cuerpo de Zayn. Me congelé en el acto deteniendo todas mis acciones y, de repente, sentí como el agua empezaba a correr por mi cara.
-Buenos días, preciosa. ¿Querías hacer algo con ese vaso?
-¡Te mato, Malik! –Solté una sonora carcajada y corrí detrás de él por toda la habitación. –No vas a escapar, capullo.
-Ven aquí, preciosa. Te estoy esperando. –Corrí hasta cogerlo por la cintura, pero en un rápido movimiento, él ya me tenía cogida por los brazos, pegando mi espalda en la pared. –No sabes lo que te haría con esa camiseta mojada.
-¡Malik! –Reí, escondiendo la cabeza en el hueco de su cuello y él soltó una leve carcajada en mi oído. Su risa se transformó en húmedos besos que fue dejando por mi cuello, mi mandíbula, hasta llegar a la comisura de mis labios. Gemí cuando mordió el lóbulo de mi oreja, apretando mi trasero.
-¿Nos vamos, preciosa? –Gruñí cuando se alejó de mí, lo miré indignada y me guiñó un ojo.
-Idiota. –Él rió con ganas y se puso los vaqueros terminando de arreglarse. Cogí una camiseta de la maleta y me puse su chaqueta vaquera lista para salir al último viaje que haríamos en Italia.
No era un viaje largo, es más las dos horas se me pasaron volando; cuando por fin encontramos donde poder aparcar el coche visitamos la ciudad de arriba abajo, empezamos en Piazza della Signoria, donde desayunamos y, de ahí, a recorrer cada uno de los puntos más conocidos de la ciudad, el Duomo de Santa Maria del Fiore, el Ponte Vecchio… Eran las seis de la tarde cuando decidimos coger el coche y volver a Roma.
-No quiero volver Zayn. –Aminoró la velocidad del coche y suspiró, cogiendo el desvío que nos llevaría al centro de la ciudad.
-Tenemos que hacerlo, no podemos quedarnos aquí a vivir. –Apoyé la cabeza en la ventanilla y lancé un suspiro que se estrelló con el cristal de esta.
-Estaré castigada durante siglos después de esto. Ni si quiera Liam ayudará. –Su silencio me demostraba que tenía razón.
Subimos a la habitación y recogimos la maleta, dejando fuera solo la ropa para el viaje de vuelta y lo necesario para asearnos al día siguiente.

-¿Nunca has sentido que cuando bajes de un avión te van a pegar un tiro entre ceja y ceja? –Miré por la ventanilla del avión como éste descendía y en pocos minutos tomaríamos tierra.
-Todos los días de mi vida. –Rodé los ojos sonriendo y apreté la mano de Zayn. –No va a pasar nada, tranquilízate.
-¿Cómo puedes decirme que me tranquilice?
-Porque antes de que alguien te ponga una mano encima, yo le reviento la cabeza.
-Te recuerdo que hablas de mi padre, por mucho que lo odie, no quiero quedarme huérfana. –Bufó cabreado dando por terminada la conversación.
Pocos minutos después las ruedas del avión hicieron contacto con el suelo londinense. Y, después de las típicas maniobras de aterrizaje, estábamos en la terminal recogiendo las maletas. Subí al Mercedes plateado de Zayn y suspiré dejando atrás el recuerdo de una de las mejores semanas de mi vida. Agarré la mano de Zayn mientras éste metía una marcha y una sonrisa se dibujó en su cara.
-¿Quieres que te acompañe? –Negué con la cabeza cerrando el maletero y besé su mejilla.
-Si pasa algo te llamo, no te preocupes. –Él asintió poco convencido y volvió a montarse en el coche al mismo tiempo que yo llamaba al timbre de la casa. Mis dedos tintineaban en el asa de la maleta esperando a que alguien abriera la puerta. Zayn derrapó detrás de mí, justo cuando la puerta se abrió descubriéndome la sonrisa de mi madre que me abrazó con demasiada fuerza.
Empezaba el interrogatorio de ‘¿qué tal te lo has pasado? ¿Cómo te han tratado? ¿Te ha gustado aquello? ¿Qué habéis hecho? ¿Qué ciudades habéis visto?’ y demás. Suspiré sentándome en el sofá, siguiendo con la mirada los movimientos que hacía mi madre, la cual volvió al salón un par de minutos después acompañada de mi padre. Todo mi cuerpo se tensó y hasta pude sentir mi respiración cortarse. Ahí vamos con los gritos y las peleas.
-Hola Jenn. –Mi padre cogió asiento en frente de mí y clavó su mirada en mis ojos. Tragué saliva y él apoyó las manos en la mesa, dejando sobre ellas todo el peso.
-Hola papá. –Intenté una sonrisa, pero se quedó en eso, un mero intento.
-¿Cómo te lo has pasado en Roma? Íbamos a ir este verano, pero si ya has ido, iremos tu madre y yo solos. –Mis ojos se abrieron como platos ante su respuesta y me giré para ver a mi madre que me miraba con una tierna sonrisa.
-Bien… bien, me lo he pasado bien. –Dudé un segundo en mi contestación, esto era demasiado raro y, si algo sabía era que mi padre no iba a cambiar tan rápido su opinión ante Zayn.
-Me alegro, cariño. –Se recostó en el sillón, aún con la mirada fija en mis ojos y sonrió. –Pero bueno, cuéntanos, ¿qué has hecho?
-Em… fuimos a Roma, a Verona, Venecia y Florencia. Y poco más, la verdad. Todo muy bonito, y la comida riquísima. –Me levanté del sofá con una sonrisa y cogí la maleta dirigiéndome a mi habitación, evitando más preguntas. El móvil vibró en el bolsillo de mi cazadora y abrí el mensaje que acababa de recibir.
“¿Todo bien? No he escuchado ni un grito en todo el rato.”
Me paré en el pasillo, extrañada, releyendo el mensaje.
“¿Dónde estás?”
Escribí con rapidez y volví a emprender el camino hasta mi habitación. No saldría de ahí hasta el lunes para volver a ir al colegio, donde me enfrentaría a alguien peor que mis padres, mis amigas.
-Aquí.
-¡Za! –Su mano se dirigió a mi boca, evitando que gritara y sonrió. Unos segundos después me dejo libre y lo abracé. –Tienes que dejar de colarte en mi habitación, es un mal hábito.
-No podía dejarte sola.
-Relájate Malik, estoy perfectamente.
-Perdona por intentar que no te pasara nada. –Pude notar el enfado en su voz y bufé rodando los ojos.
-Sé cuidar de mi misma.
-No lo parecía en el bar, ni en casa de mis abuelos. –Puse cara de asco y solté una risa irónica.
-En los dos sitios tú me dejaste sola.
-No seas hipócrita.
-Y tú no seas un gilipollas. Lárgate quiero dormir. –A él no pareció importarle y en dos segundos estaba fuera de mi cuarto. 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 51

-¡Despierta, dormilona! –Sentí como besuqueaba toda mi cara y me quejé, enterrando mi cuerpo aún más entre las sábanas. -¡Vamos, preciosa! Nos vamos a Verona.
-Cinco minutitos más. –Murmuré como una niña pequeña lo que provocó su risa. Sentí como sus brazos rodearon mi cintura y, antes de darme cuenta estaba sobre su hombro. Tenía los ojos entrecerrados cuando me sentó en el sofá y empezó a desnudarme. –No estoy para eso, Zayn.
-¿Por qué siempre tienes que pensar mal de mí, preciosa? –Dejé escapar una pequeña risa y me estiré abriendo por completo los ojos. –Buenos días. –Besó mi nariz para volver a irse a la habitación, permitiéndome una perfecta vista de su espalda. Resoplé sintiendo el rubor en mis mejillas y me levanté para empezar a vestirme yo también.
No había amanecido aún en Roma cuando estábamos saliendo del hotel, nos esperaban cuatro largas horas hasta Verona, de las cuales pasé tres y media inventándome la letra de las canciones italianas que sonaban en la radio. Y el resto, observando el precioso paisaje que ofrecía la Toscana.

-¡Oh Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehúsa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me amas, y dejaré yo de ser una Capuleto. –Me asomé a la réplica del balcón de Julieta que había en Verona, centrando la mirada en Zayn que me miraba tan sorprendido como el resto de la plaza.
-¿Continuaré oyéndola, o le hablo ahora? –Reí en voz baja al ver que me seguía el juego. La gente de la plaza nos seguía observando, incluso algunos habían empezado a grabar la escena.
-¡Sólo tu nombre es mi enemigo! ¡Porque tú eres tú mismo, seas o no Montesco! ¿Qué es Montesco? No es ni mano, ni pie, ni brazo, ni rostro, ni parte alguna que pertenezca a un hombre. ¡Oh, sea otro nombre! ¿Qué hay en un nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora. ¡Romeo, rechaza tu nombre; y a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mi toda entera! –Lancé una mano al aire, recordando la representación que tuve que hacer en sexto de primaria y reprimí una pequeña risa.
-Te tomo la palabra. Llámame sólo “amor mío” y seré nuevamente bautizado. ¡Desde ahora mismo dejaré de ser Romeo! –Zayn se subió a la pequeña plataforma que había justo enfrente del balcón, juntando sus labios con los míos y los aplausos resonaron por toda la plaza. Rompí a reír al ver a toda la gente aplaudiendo con ganas nuestra improvisada representación.
-No conocía esta faceta tuya, Malik. –Agarré la cámara y me acerqué a su mejilla dejando un beso en ella al mismo tiempo que capturaba el momento.
-Hay partes de mí que desconoces.
-Pues no quiero esperar mucho en descubrirlas. –Volvimos a reír y nos montamos en el coche emprendiendo el viaje hasta Venecia.

-Como me caiga al agua te juro que vienes conmigo detrás. ¡Malik, no muevas la góndola! –Zayn rió y dejó de moverse por el estrecho barco haciendo que todo el movimiento parara. Se sentó detrás de mí y rodeó mi cadera con sus piernas.
-No dejaría que te cayeras, tonta.
-Pues estate quieto y rema, que tú eres el experto en esto, ¿no? –Sonreí y él puso los ojos en blanco cogiendo el remo haciendo que la góndola se moviera por todo el canal. De nuevo hicimos allí un reportaje de fotos tanto de ambos como de los monumentos que veíamos y, cuando acabamos, regresamos a Roma.

Llegamos al hotel después de cinco horas de viaje, ni si quiera sentía las piernas después de pasar tantas horas sentada en el coche y la cabeza me iba a estallar de tanta autovía. Me desnudé lo más rápido que pude y me metí en la cama cubriendo mi cuerpo con la fina sábana. El colchón se curvó con el peso de Zayn, que besó levemente mi hombro antes de tumbarse por completo. Entonces, una duda asaltó mi mente.
-Zayn. –Escuché un 'hmm' en el otro lado de la cama y me giré para mirarlo cara a cara. –Nunca me has contado porque quieres dejar este mundo. Ya sabes, la mafia y eso. –Sentí su cuerpo tensarse ante el tema.
-Te dije que ya te lo contaría.
-Pues es el mejor momento. –Hice una pequeña pausa esperando que él empezara y, como vi que no lo hacía, me abracé a él mostrando una sonrisa. –Por fa. –Suspiró resignado y dejó ver una fugaz sonrisa, aunque se borró rápidamente.
-Si esperas una historia agradable, te advierto que no lo es. –Asentí poco convencida y me separé de él para mirarlo fijamente. –Hace varios meses tenía que hacerle una visita a uno de los organizadores de campaña de James, ya sabes, una visita rápida. –Afirmé entendiendo que esa visita significaba asesinarlo. –Bien, entré en su casa y el tío estaba dormido mientras la mujer estaba no sé dónde, sería perfecto. Un tiro y fin, nadie se enteraría. –Hizo una pausa y se irguió apoyando la espalda en el cabecero de la cama. –Cuando me iba a ir, escuché la puerta abrirse y entró su hija en el cuarto. Cuando me vio, lo único que hizo fue decir "Hola, Zayn", miró a su padre y volvió a mirarme, sabía lo que había hecho, vio la pistola, lo vio todo. Tuve que pegarle un tiro. –Sus palabras salieron sin más; mis ojos se cristalizaron, y sabía que empezaría a llorar de un momento a otro. –No tenía más de cinco años, Jenn. Me sentí como una mierda, pero me conocía, lo había visto todo y podía decirle mi nombre a su madre o a la policía y estaba jodido, no tenía otra opción. –Recogí mis piernas entre mis brazos, pegando los muslos a mi pecho y apoyando la barbilla en las rodillas mirando a un punto fijo de la habitación.
No podía negar que aquello me había afectado más de lo que pensaba; sentí como mis mejillas se humedecían, pero no sabía en qué momento había empezado a llorar. Sorbí por la nariz y limpié mis mejillas, intentando que Zayn no se diera cuenta.
-Por eso quiero salir de esta mierda, pero mi familia me lo impide.
-¿No te puedes salir por ellos?
-No, las cosas no son como piensas. Soy demasiado importante en la parte inglesa como para que me pierdan. –Rodó los ojos y se acercó a mí envolviendo mi cuerpo con sus brazos. Tragué saliva pensando lo que iba a preguntar, más bien pensando si sería capaz de afrontar la respuesta.
-¿Has asesinado a alguien más desde entonces?
-Sí. –Respondió frío, sin sentimiento.
-¿Seguirás haciéndolo? –Se quedó callado un par de minutos, en los que, en la habitación, sólo se escuchaba el ruido de los coches que pasaban por la calle.
-Sí. –Asentí levantándome de la cama y alejándome de él. Necesitaba reponer fuerzas después de lo que acababa de escuchar. –No te vayas. Jenn, no hagas esto. Sigo siendo el mismo.
-Sólo voy a beber algo, relájate Malik. –Por fin sonrió después de toda la noche. Se levantó de un salto agarrándome de la cintura y levantándome por los aires.
-No sé qué he hecho toda mi vida sin ti.
-Yo tampoco lo sé.
-Veo que no te falta ego, eh cariño. –Reí y dejé que me abrazara con fuerza. –Lo digo en serio, Jenn, has visto la peor versión de mí y no has echado a correr, ten por seguro que no voy a dejar que te vayas de mi vida.
-Tranquilo, tampoco pensaba hacerlo. –Me giré encontrándome con su sonrisa a pocos centímetros de mi cara.

jueves, 29 de agosto de 2013

Capítulo 50

Salimos a la puerta principal mientras yo forcejeaba intentando zafarme de su apretado agarre, después de vivir una escena en el bar no quería saber de qué era capaz este tío. Apreté el tacón contra su pie provocando un gruñido de dolor por su parte.
Su mano se apartó de mi boca el tiempo justo para soltar un grito de ayuda, aunque fue sustituido por uno de dolor en cuanto la palma de su mano se estrelló en mi mejilla. Ahogué un sollozo, no le iba a dar la satisfacción de verme llorar. Me agarró con fuerza del brazo, retorciéndomelo y lo colocó en mi espalda evitando que hiciera movimiento alguno. Antes de acercarse al coche, estrelló mi cuerpo contra una farola, haciendo que me encorvara del dolor.
-Coopera, ¿quieres? No me gusta hacer daño a una señorita, pero si me lo pones difícil vas a sufrir las consecuencias. –Abrió la puerta de un maserati blanco empujándome con fuerza al asiento trasero. Mi cabeza se estrelló contra la ventanilla y grité de dolor, sintiendo como un pequeño hilo de sangre bajaba por mi mejilla. Sacando las fuerzas de donde pude clavé mi pie en su muslo y aproveché sus instantes de dolor para salir del coche y alejarme lo máximo posible de él, pero sus movimientos eran más rápidos y en pocos segundos me tenía cogida por el pelo, casi arrastrándome de nuevo al interior del coche, golpeando mis costillas con sus rodilla. Ya no reprimía los sollozos, estaba demasiado dolorida como para aguantar las lágrimas, que quemaban mis mejillas.
-Creo recordar que te dije que no la tocaras. –La figura de  Zayn apareció en el capó del coche y apretó los puños con fuerza cuando miró mi cara empapada en lágrimas. –Tienes dos segundos para soltarla y, a lo mejor, me pienso si matarte con mis propias manos o con un tiro limpio.
-Creo que me arriesgaré. –Una de las manos de Lorenzo se acercó a mi cara, acariciándola con delicadeza mientras sonreía con sorna.
-Uno. –Zayn dio un paso más hasta nosotros y Lorenzo apretó mi cara acercando mis labios a los suyos. –No te atrevas Lorenzo, no sabes de lo que soy capaz de hacer por ella. –Una risa gutural salió de la boca de su primo haciendo que todo mi cuerpo temblara del miedo.
-No es más que otra de tu lista, Zayn. Deja que yo también la disfrute. –Lo siguiente que vi fue como Zayn estaba encima de su primo, agarrándolo del cuello de la camisa.
-Has tentado mucho a la suerte primito. –Un derechazo limpio a la nariz hizo que un poco de sangre salpicara la camisa blanca de Zayn. Lorenzo lo empujó con fuerza, quitándoselo de encima y rápidamente estrelló un puñetazo en el mismo sitio que Zayn se lo había propinado segundos antes. Se palpó la nariz varias veces observando la hemorragia que acaba de producirle el golpe y levantó la mirada hasta su primo frunciendo el ceño. Sus ojos eran de un marrón casi negro y, apostaría mi paga diciendo que podía ver como había chispas de odio saltando en ellos.
El puño de Zayn se clavó en el vientre de Lorenzo aunque Lorenzo tampoco se detenía y sus golpes iban directos a la cara de Zayn y a su estómago. Zayn agarró a su primo por el cuello de la camisa, manchada enteramente por sangre y lo estrelló contra el capó de un todoterreno que había allí aparcado. A pesar de las lágrimas pude ver el gesto de dolor en la cara de Lorenzo y, una parte de mí, sintió pena por él. Yo no era del tipo de personas que disfrutaba  viendo sufrir a la gente y no iba a cambiar ahora. Zayn golpeó la cabeza de su primo contra el coche y lanzó un puñetazo hasta ella. Repitió la acción un par de veces, haciendo que el coche, su puño, la cara de su primo y todo en general se llenase de sangre. Corrí hasta ponerme detrás de él y acaricié su cuello.
-Zayn, Zayn para. Lo vas a matar. –Su puño bajó y dio un paso atrás alejándose del cuerpo de su primo que estaba tirado en mitad de la calle; por el movimiento de su pecho supe que le costaba respirar, miré a Zayn sin saber qué hacer, pero él ya estaba montándose en el jeep.
Corrí hasta el coche y me monté con prisas. Él aceleró y nos alejamos de la mansión. Zayn aceleraba en las calles medio vacías de Roma, saltándose semáforos y sin importarle mucho lo que le gritaran el resto de conductores. No hablamos nada, ni una palabra y, cuando llegamos al hotel igual. Él sólo entró en la habitación y comenzó a cambiarse sin articular una palabra.
Yo repetí sus acciones, me desnudé y miré mi reflejo en el espejo, el cual me permitió ver la sangre de mi labio y mi ojo medio morado. El hombro también lo tenía rojo y sabía que al día siguiente lo tendría morado. Me ahorré el mirarme las costillas ya que con el simpe roce de mis dedos me dolían. Mis ojos se fijaron entonces en los ojos marrones de Zayn que me miraban desde el borde de la cama. Tenía sangre seca en su ceja y algo hinchado el ojo izquierdo, me acerqué a él con el algodón que había usado para limpiar mi herida, pero él simplemente negó con la cabeza y desvió la mirada hasta el balcón. Volví a girarme y seguí mirando mi reflejo.
-Jenn, lo que has visto esta noche… –Tragó saliva. –Has visto la peor parte de mí. Y no quiero meterte en esto. Mañana volvemos a Londres, desapareceré de tu vida, no te meteré en mis mierdas. Se acabó Jenn, sabíamos que tendríamos que hacerlo y ya es el momento de acabar con esto. –Era la primera vez que hablaba desde la pelea y no era eso lo que quería oír.
-No. –Me giré y avancé hasta él, inclinándome hasta ponerme a su altura, haciendo así que su mirada y la mía se juntaran. –No me pienso ir a Londres. Y por supuesto no pienso dejar que desaparezcas de mi vida.
-Jennifer.
-¡No Zayn! –Mi voz se cortó por las lágrimas y más que gritar enfadada parecía que suplicaba. –Prometiste que no me ibas a dejar. ¡Joder Zayn, lo prometiste! –Enterré mi cabeza en mis rodillas y suspiré intentando relajarme. –He visto la peor parte de ti y no te he dejado. He vuelto contigo al hotel, sin importarme nada. Me da igual que seas un asesino, un traficante o un payaso de circo, Malik. Te quiero. –Sus ojos se levantaron hasta encontrar los míos y yo me sequé las lágrimas que quedaban en mis mejillas.
-Te quiero, preciosa. –Me levantó hasta ponerme en sus rodillas y besó mis labios con lentitud, procurando no hacerme daño. Me recostó en la cama, apretándome contra su cálido cuerpo y dejó que sus manos pasearan por mi espalda hasta situarse en mi cadera, dejando en ella suaves caricias. Cerré los ojos, cayendo poco a poco en los brazos de Morfeo. –No podría dejarte, preciosa. Por mucho que quisiera, me tienes atado. –Después de esas palabras, sentí un beso en mi frente y pocos segundos después, estaba completamente sumida en un sueño.

PD: Muchas gracias a Elena por hacerme la foto, te debo una cielo. Te quieeero <3

miércoles, 28 de agosto de 2013

Capítulo 49


Sonreí después del beso y entré en el jardín, convirtiéndonos a ambos en el centro de todas y cada una de las miradas. Mis tías sonreían y se acercaron con rapidez.
-Estas son Francesca, la madre de Valentina, y Mariana. –Jenn saludó con una sonrisa a ambas y se puso a hablar animadamente con ellas y Valentina que se unió en seguida a la conversación al igual que mi abuela Sofía. Yo la dejé sola para ir a hablar con mis tíos y mi abuelo que fumaban un puro mientras comentaban a plena voz un nuevo plan que ejecutar.
-Hola Zayn.
-Gregorio. –Estreché la mano de mi tío y él la apretó con fuerza. –Rafael. –Repetí la acción con mi otro tío y saludé con un abrazo a mi abuelo.
-Es guapa. –La voz de mi primo se clavó en mi espalda y me giré clavando mi mirada en la suya con furia.
-Aleja la mirada de ella. –Lorenzo rió con fuerza acariciándose el hombro. –Te duele ¿no? -Agarré a mi primo por el brazo y lo separé de todo el grupo para hablar con él en privado. –Si vuelves a tocarla, a mirarla o hasta respirar el mismo aire que ella te juro que el tiro va directo a tu cabeza. ¿A qué cojones venía que tú y tu amiguito nos siguierais esta mañana? ¿Y el festival del bar?
-Tranquilo, primito. Sólo he dicho que es guapa, y más a la luz de las antorchas. Lo de seguirte, ha sido divertido. Y lo del bar... –se tocó el labio aún dolorido por el mordisco de Jenn y sonrió –deberías compartirla. –Gruñí cerrando los puños hasta que unos brazos rodearon mi cintura besando mi hombro. No. Ella ahora no.
-¿Qué pasa Zayn? –Ella se colocó a mi lado y me dedicó una sonrisa. -¿No nos vas a present...? –Su boca se tensó en una línea recta y apretó mi hombro, intentando ocultarse detrás de mí; estaba asustada y lo notaba por el pequeño temblor que tenía en su labio.
-Tranquila guapa, no voy a hacerte nada… que tú no quieras. –Lorenzo rió con fuerza, provocando un escalofrío en Jenn y haciendo que mi rabia aumentara cada vez más. –Soy el primo de Zayn, Lorenzo, aunque ya nos conocemos. –Dio un paso para acercarse a ella pero yo me puse en medio deteniendo su avance.
-No te acerques a ella, no te lo repito más. –Lorenzo levantó las manos como un gesto inocente y se alejó de nosotros mientras enseñaba una sonrisa cínica.
-¿En serio el tío que estuvo a punto de violarme o lo que quisiera que fuera a hacer me el otro día, es tu primo? –Asentí con desgana y ella se separó de mí con parsimonia. -¿Por qué no me lo dijiste?
-No es la parte más agradable de mi familia. Simplemente, ni lo considero de mi familia.
-Tenías que habérmelo dicho igualmente. –Sus palabras salieron en un hilo de voz apenas audible para los demás. Suspiré y levanté su barbilla para hacer que me mirara.
-Perdóname, preciosa. No quería hablarte de él, no te preocupes, no te va a hacer nada.
-Da igual. –Se alejó un paso de mí y me mostró la sonrisa más falsa que había visto jamás. –Me vuelvo con tu prima. Cuando quieras irte me avisas. –Suspiré y di un largo trago a mi bebida mientras la veía alejarse entre la gente con la cabeza agachada.
Seguí hablando con mis tíos sobre la nueva información de Inglaterra, todo iba como debía ir, por lo que tendría unos días de tranquilidad cuando volviéramos.
Con la mirada buscaba a Lorenzo, pero no había ni rastro de él, supuse que se había largado y me relajé, escuchando con atención lo que explicaba Rafael.
-Entonces, cuando llegues a Londres, lo primero que tienes que hacer es hablar con Liam y tu padre, si ellos están de acuerdo todo saldrá bien.
-Creo que puedo avanzar que Liam estará de acuerdo, y convencer a mi padre será pan comido. –Mis tíos rieron y encendieron un puro más, al mismo tiempo que yo encendía un tercer cigarrillo. Me separé de ellos, en dirección al baño, sin perder de vista a Jenn, que parecía divertirse con mi prima. Sonreí negando con la cabeza antes de volver a perderla entre la gente bailando una mini conga con Valentina.
*Narra Jenn*
-Tenía que habérmelo dicho, joder. Valen, no intentes defenderlo. –Su prima se sentó delante de mí con su característica sonrisa.
-Es un cabrón.
-Perdona, ¿qué? –No quería que lo defendiera, pero tampoco me esperaba eso. Ella suspiró y rió en voz baja.
-Tenía que habértelo dicho, joder, Lorenzo estuvo a punto de yo que sé qué y él no dijo nada. –Se levantó de un salto y me tendió la mano para que me levantara. –Bueno, dejemos el tema. ¡Vamos a divertirnos!
Empezamos a movernos por todo el jardín al ritmo de la música. Íbamos algo contentas, vale no, íbamos borrachas y bastante.
-Creo que vas muy mal ¿no? –Esa voz. Me giré achinando los ojos, intentando mantenerme en pie. –Sí, vas mal. –Él rió con fuerza.
-Déjame tranquila ¿quieres?
-Ese es el caso que no quiero. –Agarró mi cintura, pegándome más a él. Mis manos se posaron en su pecho intentando alejarlo de mí. Iba muy borracha, pero sabía perfectamente que aquello no iba a acabar bien.
-Suéltame. Ahora. –Miré sus ojos azules y él sonrió aún más ampliamente. Mi mirada recorrió todo el lugar pero no había rastro de Zayn por ningún sitio. ¿Dónde coño estaba? Rápidamente las manos de Lorenzo se posaron en mi boca impidiéndome gritar. Miré a Valentina en busca de ayuda, pero estaba dormida en una hamaca y los demás invitados estaban absortos en sus conversaciones.
Necesitaba ayuda, pero nadie iba a dármela.

martes, 27 de agosto de 2013

Capítulo 48

*Narra Zayn*
Era la quinta tienda de ropa a la que entrabamos y Jenn aún no había comprado nada. Suspiré mientras la seguía por todas las estanterías y pasillos de la tienda. Cogió cinco o seis vestidos y rechazó otros tantos hasta que por fin corrió al probador mientras yo me apoyaba en la pared de enfrente dispuesto a darle mi opinión sobre todos ellos.
-¡Vale, salgo! –Abrió la puerta del probador y giró sobre sí misma hasta volver a quedar en frente mía y sonrió ajustándose el pelo en un hombro. Llevaba un vestido verde que se ajustaba a todas sus curvas, mierda, estaba genial. Me mordí el labio y ella sonrió. -¿Te gusta? ¡Sí, te gusta! Lo sé, lo veo en tu cara. –Empezó a aplaudir con demasiado entusiasmo causando mi risa y las miradas de las dependientas de la tienda.
-Jenn, Jenn, tranquila. –Me acerqué a ella y se calmó. -¿Te gusta a ti? –Se mordió el labio y asintió con media sonrisa en la cara.
-Pero bueno, aún hay más. Espera ahí. –Volvió a entrar en el probador dejándome en la puerta con una sonrisa.
A los pocos minutos salió con un vestido blanco de manga corta y volvió a girar esperando mi aceptación, asentí mirándola de arriba abajo. Repitió la acción con otro vestido azul, algo más corto que el anterior y volví a asentir. Y, de nuevo lo mismo con otro vestido blanco.
-¡No te pueden gustar todos, Zayn! –Su risa entrecortaba las palabras.                              
-Pues me gustan. –Me encogí de hombros, subiendo las mangas de mi chaqueta de cuero y ella se cruzó de brazos mirándome seria.
-¡Vamos, Zayn! No se puede ir de compras contigo. –Suspiró y volvió a cerrar el probador. Un par de minutos después la escuché hablar. –Este es el último. –Y acto seguido volvió abrir, mostrándome su figura a través de un vestido blanco que la hacía más sexy de lo que ya era. Sabía que mi boca se había abierto como una O, cuando vi a Jenn reírse. Tosí un par de veces intentando recuperar la compostura y ella giró para mostrarme la espalda y sonreí. El vestido dejaba su espalda al descubierto y la decoraba con un bonito lazo. Estaba preciosa, joder.
-Este.
-¿Este? No es muy... –Frunció el ceño mientras miraba sobre su hombro intentando mirarse en el espejo.
-Es perfecto. –Me acerqué a ella y agarré su cintura pegando sus labios a los míos. Escuché un par de susurros de las demás clientas de la tienda y Jenn rió aún con sus labios sobre los míos.
Terminamos en la tienda de vestidos y seguimos paseando por Roma.
-Tocan los zapatos, Malik.
-No, no, no creo que aguante más.
-Vamos, será divertido. –La miré irónico y ella me sonrió como solo ella sabe. Rodé los ojos y asentí.
Volvimos a recorrer varias tiendas hasta que por fin encontramos los perfectos para ella. Comimos y regresamos al hotel para empezar a arreglarnos. Bueno, más bien Jenn empezó a  arreglarse, yo mientras la esperaba viendo la televisión.
-¡Zayn! Vamos a llegar tarde así que arréglate ya. –Su voz resonó en la habitación y reí.
-Vale mamá.
-Malik, lo que yo te hago no te lo haría tu madre. –Escuché su risa en el baño y rompí a reír yo también.
-Eres una pequeña pervertida, Green. –Salió del baño, aún más guapa de lo que ya estaba en la tienda. –Creo que el vestido te va a durar puesto poco tiempo. –La agarré de la cintura, rozando con mis dedos su espalda desnuda, pegando su pecho al mío.
-Malik, tienes que vestirte.
-O tú que desnudarte. –Ella rió y, a regañadientes, me separé de su cuerpo y entré en el baño. Me duché y afeité y me puse el traje. Terminé de abrochar la corbata cuando ella entró en el cuarto.
-No, no. Sin corbata estás mejor. –Se acercó a mí quitando la corbata y sonrió. –Ahora soy yo la que quiere desnudarte. –Se mordió el labio de tal forma que tuve unas ganas casi ansiosas de agarrar su rostro y estampar mi boca sobre la suya, pero ella pareció leer mis intenciones y se separó alisando su vestido. Cogió un pequeño bolso y se acercó a la puerta.
De nuevo me habían cambiado el vehículo por el jeep negro. Jenn subió de un salto y yo arranqué dejando atrás el centro de la ciudad hasta la mansión de mis abuelos. Observé como jugaba con sus dedos y supe que estaba nerviosa.
-Tranquila, les caerás bien.
-¿Y si no les caigo bien? –Paseó su mano sobre su pelo y suspiró. Coloqué una mano en su rodilla y ella me miró mientras yo le enseñaba una sonrisa intentando calmarla.
-Pues que les den. Eres mi chica, no la suya. –Rió en voz baja y se relajó en el asiento mientras una canción en italiano sonaba de fondo.
Diez minutos después la estaba ayudando a bajar del jeep y entrábamos de la mano en la casa de mis abuelos. Valentina llegó con rapidez a nuestro lado abrazando con efusividad a Jenn, aunque ésta le devolvió el abrazo con las mismas ganas.
-Ink-man, la esperan en el jardín.
-¿No crees que deberías dejar ya lo de ink-man? Empezaste a llamarme así con 5 años, ya tienes 17, déjalo. –Agarré de la mano a Jenn y sonreí a mi prima.
-¿Por qué? A mí me gusta. Yo también empezaré a llamarte así. –Jenn rió y mi prima asintió convencida.
-Ni se te ocurra, preciosa. –Negué con la cabeza y empecé a andar hasta el jardín al lado de Jenn y seguido de cerca por Valentina. Respiré hondo antes de abrir la puerta y Jenn pareció notar mi nerviosismo ya que me apretó la mano con suavidad y, cuando desvié la mirada hasta ella, plantó un beso en mi mejilla.
-Vamos, no muerden. -Una sonrisa iluminó su cara y desvió la mirada hasta mi prima que la cogió del hombro sacudiéndola con gracia.
-Eso es lo que tú te crees. –Valentina hizo reír a Jenn aunque yo sabía perfectamente que no lo decía tan en broma como parecía.

lunes, 26 de agosto de 2013

Capítulo 47

Me giré, con una sonrisa de oreja a oreja y miré a Zayn, que me esperaba desde el otro lado de la moto. Me dio el casco justo después de que él se pusiera el suyo y se levantó la visera.
-¿Nos vamos? –Asentí subiéndome a la moto. Él hizo lo mismo, arrancó y volvimos de nuevo al hotel.

-Joder Zayn, esto está buenísimo. –Volví a pinchar la pasta de mi plato dirigiéndola a mi boca. Levanté la mirada hasta los ojos marrones de Zayn. -¿Cómo has dicho que se llama? –Hablé con la boca llena provocando su risa y, por consiguiente, también la mía.
-Tagliatelle con salmón. –Asentí, rebañando lo último que quedaba en el plato y le dediqué una sonrisa.
-Aún no te he dado las gracias por el viaje. –Zayn levantó la vista del plato dedicándome una de sus pícaras miradas. Reí. –No de esa forma, pervertido. En serio, Malik, nadie ha hecho algo así por mí, nunca.
-Sólo bromeaba, preciosa. –Besó mi mejilla y se apoyó en el sofá. -No me des las gracias. –Me levanté y me senté en sus rodillas. –Te merecías un descanso después de los estudios. Alejarte de todo.
-Con ‘de todo’ te refieres a ‘de mi padre’. –Él asintió con media sonrisa y besó mi frente. Yo busqué sus labios con los míos, haciendo que se juntaran en medio de una de sus sonrisas. Sus manos se deslizaron dentro de mi camiseta y un escalofrío atravesó mi espina dorsal. Enredé mis dedos en su pelo oscuro, mientras seguíamos besando.
Los besos subieron de temperatura todo mi cuerpo y, al parecer, también subió el calor corporal de Zayn que me cogió en brazos, haciendo que mis piernas se entrelazaran en su cintura y  se dirigió con prisas hasta la habitación. Me dejó en la cama mientras se quitaba la camiseta y la tiraba al suelo. Se tumbó encima de mí con media sonrisa en su cara y yo puse los ojos en blanco quitándome también la camiseta.
Rápidamente nuestros pantalones también estaban en el suelo, y sus manos se paseaban con delicadeza por mi cintura, provocando sonrisas idiotas en mi cara. Cambié de papeles y, con un ágil movimiento, me puse encima de él. Acaricié su pecho bajando la mano hasta el borde de sus bóxers y reí al ver la expresión de su cara cuando acaricié el bulto que destacaba en la tela negra. Gruñó, haciendo que todo su cuerpo temblase y yo sonreí, besando con delicadeza sus labios.
Zayn se irguió en la cama, rebuscando en la mesita de noche, hasta que por fin sacó un pequeño envoltorio color plata. Se lo arrebaté de las manos y, bajándole los bóxers, se lo coloqué, provocando aún más gruñidos por su parte.
-Esto ya es cosa mía preciosa. –Me agarró de las caderas, para volver a dejarme bajo su musculoso cuerpo. Mi risa se cortó por sus besos y, en pocos segundos, lo sentí dentro de mí, haciendo que arqueara la espalda, pidiendo más. Los movimientos eran lentos, acompasados, mezclados entre besos y caricias. Acabamos mientras clavaba mis uñas en su espalda y él susurraba mi nombre en mi oído, provocando aún más éxtasis dentro de mí.
Se tumbó a mi lado acercándome a él y yo besé su hombro. Sus dedos recorrían mi vientre, causándome cosquillas; hablamos del viaje a Roma, de lo que habíamos visto, de lo que nos quedaba por ver y de mil cosas más que no tenían sentido alguno.
-Mañana por la mañana vamos de compras. Tienes que ir arreglada por la noche.
-¿A dónde vamos?
-Cena familiar, ya sabes, en plan presentación oficial. –Me tensé en el acto. –Tranquila, sólo serán mis tíos. Ya sabes los padres de Valentina y algunos más. Pasado mañana iremos a Venecia y Verona si quieres.
-¿Verona? –Sentí como una sonrisa crecía en mi rostro.
-Sí, preciosa. Y el último día iremos a Florencia. –Asentí abrazando aún más a Zayn y él rió.
-Me parece un plan perfecto.
*Narra Zayn*
Quité un par de mechones de su cara mientras ella dormía tranquilamente a pocos centímetros de mí, una sonrisa creció en su angelical rostro y, cuando sonríe el mundo entero me da igual, es como si se parara y sólo existiéramos ella, yo y su sonrisa.
Me senté en el borde de la cama, pasando una mano por mi pelo y miré el reloj de la mesilla. Las dos y veinte de la madrugada y yo seguía sin sueño alguno. Busqué el paquete de tabaco de mi chaqueta y saqué un cigarro y el mechero y me salí al balcón a aclarar la mente, pero lo único que pude hacer fue pensar en Rodrigo y Lorenzo y el porqué de que nos siguieran esta mañana. El humo del cigarro ascendió hasta el cielo y volví a dejar la mente en blanco mirando dentro de la habitación viendo a Jenn dormir, quería quedarme así siempre. Sin preocupaciones, sin tener que preocuparme de si tengo que pegarle un tiro a alguien o lo que sea, simplemente, preocupándome de que ella no perdiera la sonrisa y de que nuestras peleas siempre tuviese buenas reconciliaciones. Suspiré, volviendo al mundo real y apagué el cigarro contra el suelo mirando de nuevo a las vacías calles de la capital.
-¿Zayn…? –Su dulce voz me hizo mirar de nuevo a la habitación. Jenn estaba sentada en la cama, tapada con una sábana y con los ojos aún cerrados del sueño.
-Vuelve a dormir, preciosa. –Ella negó como una niña pequeña y se levantó acercándose a mí con lentitud.
-No puedo dormir sola. Ven conmigo. –Asentí y me levanté siguiéndola de nuevo hasta la cama.
-Iría al fin del mundo si es contigo. –Susurré para mis adentros, pero supe que me había escuchado cuando se giró para dedicarme una tierna sonrisa. Me recosté a su lado y ella apoyó la cabeza en mi pecho mientras yo pasaba un brazo por su hombro atrayéndola más a mí. Besé su pelo y, en pocos minutos, ambos estábamos completamente dormidos.

domingo, 25 de agosto de 2013

Capítulo 46

-Liam... Liam está en otra habitación, llámalo al móvil si quieres hablar con él. –Me senté en la cama esperando su contestación, sentí la mano de Zayn en mi hombro y todos mis músculos se destensaron.
-¿En otra habitación? Qué raro, porque acabo de verlo salir de un bar. –Mis ojos se abrieron como platos y respiré hondo.
-Te habrás equivocado, papá. Podría ser un chico parecido. –Intenté una risa, pero acabé ahogando un sollozo. Zayn se levantó para ponerse delante de mí y yo asentí, como diciéndole que todo estaba bien.
-Sí, eso he pensado hasta que me he acercado y he visto que sí que era él. –Mierda. Mierda. Mierda. –Mañana te quiero de vuelta en Londres.
-No. Lo siento pero no me voy a ir. –Escuché una risa al otro lado del teléfono y me estremecí pensando en todo lo que podía hacernos.
-¿Sabes que no eres nada para él, verdad? Simplemente te utiliza para reírse de ti, en dos meses te habrá olvidado, ¿y sabes que hará entonces? Te pegará un tiro porque sabes a que mundo pertenece, y lo hará sin importarle. Te mirará a los ojos, sonreirá y entonces… –Miré a Zayn de reojo que me miraba esperando una explicación.
-Adiós papá. –Colgué y tiré el teléfono a la cama. Los brazos de Zayn rodearon mi cintura pegando mi espalda a su pecho que subía y bajaba con tranquilidad a causa de su respiración.
-¿Estás bien? –Asentí con lentitud mientras me separaba de él y me iba al salón; no quería, pero las palabras de mi padre se habían clavado con fuego en mi mente y lo escuchaba una y otra vez repetir esa frase en mi cabeza. Oí los pasos de Zayn detrás de mí y me detuve para mirarlo a los ojos. -¿Qué te ha dicho?
-Nada. Quiero ver la televisión.
-Jennifer. –Era la primera vez que pronunciaba mi nombre entero y asustaba tanto como mi padre. Me abracé a él con ímpetu mientras Zayn acariciaba mi pelo.
-Ha dicho que no soy nada para ti. Que en dos meses me olvidarás y que me pegarás un tiro. –Las palabras salieron a trompicones de mi boca y, cuando acabé de hablar él solo me besó con tranquilidad. Le devolví el beso, y él se sentó en el sofá, sentándome encima aún sin romper el beso.
-Escúchame, quiero que centres los cinco sentidos en lo que te voy a decir. –Asentí. –Te quiero y me da igual si le gusta a tu padre o no. No voy a dejarte, ¿lo entiendes? No lo voy a hacer. –Sonreí y él besó mi frente antes de apretarme contra su pecho. –Duerme anda.
-Te quiero. –Besé sus labios y, unos minutos después, me quedé completamente dormida en sus brazos.

Abrí los ojos para encontrarme con los ojos de otra chica mirándome fijamente. Grité más fuerte que nunca y salté en el sofá, intentando alejarme lo máximo posible de ella. La chica simplemente rompió a reír sobre la alfombra.
-¿¡Quién coño eres tú!?
-¿Ink-man te ha pegado esa forma de hablar? Una señorita no puede hablar así.
-Ink-man... creo que te has equivocado de sitio, espera... ¿¡Cómo has entrado a mi habitación?! –La miré de arriba abajo. Llevaba unos pitillos vaqueros y una sudadera azul, llevaba dos trenzas que acababan en unas puntas rosas.
-Soy Valentina. –Extendió su mano con la intención de saludarme y yo lo hice con cierto miedo. –La prima de Zayn. -¡La chica de Liam! Sonreí por primera vez en toda la mañana. Estuve un buen rato hablando con ella, sí, era tan agradable y tan guapa, como Liam me la había descrito. Ella también me habló de Liam y, por lo que me contaba, veía que a ella también le gustaba él.
-¿Que haces, Valen? ¿Ya estás acojonando a mi chica?
-¡No! Sólo le daba la bienvenida a la familia. –Se levantó hasta abrazar a su primo y él rió después de que Valentina susurrara algo en su oído. – ¿La vas a llevar esta noche?
-Ya la conocen.
-No todos. –Besó su mejilla y se despidió de mí con la mano antes de salir de la habitación cerrando la puerta demasiado fuerte para mi gusto. Zayn se acercó hasta el sofá y besó mi frente.
-¿Tengo que estar asustada de ella? –Él negó con la cabeza y se acercó al teléfono de la habitación para pedir algo de desayunar, cuando colgó, se volvió a acercar a mí y se sentó a mi lado.
-Le gustas. –Una gran sonrisa apareció en mi cara y él rió. Desayunamos y volvimos a arreglarnos para volver a recorrer Roma.
-¿Qué toca ver hoy? ¿Pisa, el Vaticano, Milán? Podríamos ir a Florencia y mañana a Venecia –Me puse el casco y levanté la visera para poder mirar a Zayn, que miraba intrigado un punto fijo del aparcamiento. –Malik, ¿me estás escuchando? –Golpeé su casco haciendo que centrara la mirada en mí a través del retrovisor.
-¿Qué quieres?
-Que me hagas caso. –Soplé y me bajé la visera dando por terminada la conversación. Él hizo lo mismo y arrancó la moto fuertemente, haciendo que me agarrara a su cintura si no quería caerme. –Zayn. –Golpeé su hombro para que me escuchara.
-¿Qué pasa? –Giré mi cabeza para observar el coche que había un par de vehículos detrás de nosotros; lo había visto en el aparcamiento, y siempre giraba cuando nosotros, pero sería una simple casualidad. Negué con la cabeza y volví a centrar mi mirada en Zayn.
-¿Tienes idea de a dónde vamos? –La moto frenó a un lado de la calle y se levantó la visera, permitiéndome ver un destello de sonrisa en su cara, lo que provocó una sonrisa en la mía también. Idiota, no tenía ni idea de a dónde ir.
-¿Quieres ver el Vaticano? –Asentí con ímpetu y él volvió a acelerar. Recorríamos con rapidez las calles que el día de antes habíamos visto con tanto detenimiento. Apoyé la cabeza en su hombro observando el espejo retrovisor y viendo como dejábamos atrás los coches.
-No soy muy creyente, pero esto es precioso. –Me adentré en la Plaza de San Pedro y empecé a fotografiar cada detalle que podía.
-Dame la cámara. –Le cedí la cámara en un rápido movimiento y él dirigió el objetivo hasta mí. –Sonríe. –Una sonrisa apareció en mi cara y segundos después escuché como capturaba el momento.
-Ahora tú. –Le arrebaté la cámara y lo fotografié un par de veces. Seguí haciendo fotos, la mayoría eran a Zayn sin que él se diera cuenta. Otras muchas nos las hacíamos a nosotros mismos y las demás a toda la plaza.
Comimos en un restaurante de los alrededores, impregnándonos del ambiente italiano y, de nuevo, volvimos a recorrer las calles cercanas al Vaticano. La mano de Zayn apretó la mía con fuerza, haciendo que desviara la mirada de un escaparate hasta él.
-¿Pasa algo? –Miré en la dirección en la que él miraba, pero no vi nada.
-¿Recuerdas a los tipos del bar, el de la navaja y al amigo? –Me estremecí al volver a acordarme. Como para olvidarlos. Suspiré y asentí. –Creo que están siguiéndonos. Los he visto en el hotel y ahora me ha parecido volver a verlos. –Bajé la mirada hasta mis pies, eran los que nos estaban siguiendo por la mañana. Volví a elevar la mirada y fingí una sonrisa intentando no preocuparlo.
-Será una casualidad, Zayn.
-Con ellos las casualidades no existen. Si están buscándonos es por algo. –Tragué saliva y volví a recorrer el lugar con la mirada.
-Tengo una idea. –Sus ojos se centraron en los míos y sonreí. –Tú vete por ahí –señalé el final de la calle –y yo doy la vuelta a este edificio. Nos vemos en la moto.
-No pienso dejarte sola. –Besé sus labios.
-Tengo protección. –Abrí mi chaqueta enseñando una pequeña navaja y él rió.
-Estás convirtiéndote en toda una mafiosa.
-Tengo el mejor maestro. –Ambos sonreímos y volvimos a besarnos.
-Vete tú por aquí –señaló una bocacalle que llevaba a la calle principal –yo doy la vuelta al edificio. –Asentí y empecé a bajar la calle con algo de prisa. En realidad, me acojonaba que esos dos nos estuvieran siguiendo aunque no creo que hicieran nada a plena luz del día; por otra parte no iba a dejar que me jodieran el viaje. Bastantes problemas tenía en Londres como para dejar que dos gilipollas me estropearan mi viaje.
Llegué a la moto en cinco minutos y me apoyé en ella a esperar a que Zayn llegara. Empecé a ver las fotos que habíamos sacado ese día. Sonreía cada vez que veía una nueva. También vi las del día anterior, en todas las que salía con Zayn estaba con una sonrisa de imbécil en la cara. La gente que pasaba por ahí me miraba tiernamente y supe que estaba sonriendo de nuevo como una tonta. Negué con la cabeza y apagué la cámara. Quince minutos. Sonreí cuando unas manos rodearon mi cintura desde el otro lado de la moto.
-¿Qué hace una chica como tú tan sola por aquí?