viernes, 28 de febrero de 2014

Capítulo 24.

*Dos semanas después*
Abrí los ojos poco a poco, sintiendo un suave aire abanicar mi pelo. Elevé la mirada para encontrarme a Louis durmiendo medio apoyado en el cabecero de la cama y en la almohada. Sonreí al ver la extraña posición que tenía y me acomodé para tener una mejor visión, reí en voz baja cuando lo vi retorcerse en la cama buscando mi cuerpo.
-Estoy aquí. -Susurré agarrando su mano y una sonrisa cruzó su cara.
-Y espero que te quedes mucho tiempo. -Apretó mi mano con poca fuerza y abrió los ojos. -Buenos días. -Se estiró en la cama, haciendo crujir algunos huesos de su cuerpo. -Joder, deberías comprar un cabecero más cómodo. -Reí con ganas, tumbándome en la cama. -¿Qué hora es?
-Las diez y algo, supongo. -Me encogí de hombros mientras me sentaba de nuevo en el borde de la cama.
-¿Quieres ir a desayunar fuera? Esta casa me asfixia.
-No será porque es pequeña, porque es más grande que la tienda.
-Bobadas. Sé de sitios más grandes.
-No cuenta el Palacio de Buckinham. -Louis rio y negó con la cabeza.
-Harrods. -Ahora reía yo con fuerza. -No lo puedes negar. Ahí te puedes perder las veces que quieras.
-Nunca me he perdido en Harrods.
-No me lo creo. En la zona de navidad te has tenido que perder alguna vez. -Negué con la cabeza. -No jodas, ¿es que esos osos no te han puesto tan nerviosa que te has desorientado? -Reí con fuerza, estrellando mi espalda contra el colchón de la cama y Louis acompañó mi risa. Entonces, una duda atravesó mi mente.
-Espera... ¿qué día es hoy?
-19 de diciembre. -Louis me miró extrañado y yo salté de la cama, poniéndome de pie en medio segundo.
-¡Casi navidad!
-Si...
-¡Vamos!
-¿Dónde?
-Lo sabes...
-No...
-¡Compras navideñas! -Aplaudí emocionada saltando en el sitio mientras Louis negaba con la cabeza como un niño pequeño al mismo tiempo que se tapaba con la manta. -Venga. Hay que decorar esta casa. -Pero él seguía sin moverse, suspiré hasta que una idea cruzó mi mente. -Prometo comprarte algún buen regalo. -Sacó la cabeza de la manta y sonrió de medio lado. -¿Eso es un sí?
-Sí. -Sonreí y me tiré encima de él abrazándolo con fuerza.
-Eres el mejor.
-Lo sé.
-Y el más creído también. -Su risa se clavó en mi cuello provocando que se me erizara la piel. -Venga, vístete anda.
-Sí, señora.

-Teníamos que venir cuando estaba lloviendo a mares, ¿no? -Louis sacudió su pelo y volvió a ponerse el gorro antes de entrar a los grandes almacenes. Agarró mi mano y empezamos a andar entre todas las secciones.
-Esto te sentaría genial. -Sujeté una chaqueta con un estampado de leopardo, intentando aguantar como podía la risa y él enarcó una ceja. -Claro, que no podrían faltar los zapatos. -Señalé unos zapatos con el mismo estampado que la chaqueta y ambos rompimos a reír como locos, haciendo que un par de trabajadores nos llamaran la atención. Solté la chaqueta y volví a andar junto a Louis.
-¿Qué buscamos?
-Algo para decorar la casa, para Lea, Harry, tus padres y para ti.
-Y para ti. -Me encogí de hombros y seguí andando. -Espera, espera, no me dejes aquí solo.
-Que te comen los osos. -Reí en voz baja mientras recibía un leve empujón por su parte.

-¿Le gustará este libro a tu padre? Lo veo muy de su estilo. -Louis leyó la contraportada y asintió casi al segundo. -¡Genial! Solo falta el tuyo. ¿Quieres algo especial?
-La verdad es que no.
-Que difícil eres. -Louis rio y empezó a deambular por la sección de libros. -¿Quieres un libro? ¿Te estás volviendo intelectual?
-Imbécil. -Lo vi sonreír mientras hojeaba algún libro que había cogido al azar.
-¿Música? ¿Cine? ¿Deporte? -Pero él sólo se encogía de hombros.
"Va a flipar con su regalo."
"Y como no flipe lo mato."
Reí ante mis propios pensamientos y Louis enarcó una ceja.
-¿Qué es tan gracioso?
-Tu cara. -Le saqué la lengua y me alejé para pagar el libro que había cogido.

Coloqué el árbol en su sitio cuando acabé de ponerle las luces y las bolas blancas que habíamos comprado y sonreí al ver el resultado.
-Dale. -Louis enchufó las luces del árbol y mi sonrisa se hizo aun más grande. -Es precioso. -Las manos de Louis se enredaron en mi cintura y apoyó la cabeza en mi hombro.
-Como la diseñadora. -Reí y revolví su pelo.
-Anda vamos a cenar.

-¡Louis! -Grité en su oído, haciendo que saltara de la cama y acabara en el suelo. Reí con ganas y me asomé al borde de la cama para verlo con los ojos cerrados y rascándose la cabeza. -Hay un regalo debajo del árbol para alguien...
-¡No jodas! -Jamás había visto a alguien levantarse con tanta prisa y salir corriendo a esa velocidad. Me levanté de la cama y me asomé a la puerta de la habitación cuando lo escuché gritar más de cinco veces 'la hostia' y otras tantas 'me cago en la puta'. Me crucé de brazos y él sonrió centrando la mirada en mí.
-Feliz navidad, moreno. -Antes de darme cuenta me abrazaba con fuerza, levantándome del suelo. Su corta barba chocaba con mi cuello, haciéndome cosquillas.
-¿Te crees que tú no tienes regalo? -Me separé de él tocando de nuevo el suelo y lo miré divertida. -¿Has mirado bien debajo del árbol? -Sonreí y corrí hasta el salón. Un pequeño paquetito perfectamente envuelto estaba esperando bajo el árbol. Lo cogí y empecé a desenvolverlo con prisas para encontrarme con un estuche de swarovski.
-Louis...
-Ábrelo. -Hice lo que me dijo y sonreí al ver una pulsera con pequeños cristalitos en ella.
-Te habrá costado un ojo de la cara.
-Tanto como a ti los esquís. -Me encogí de hombros. -Feliz navidad, rubia. -Besó mi mejilla haciéndome sonreír. -Y ahora, vístete tenemos que repartir regalos. -Señaló los regalos de Harry y Lea y asentí mientras recorría con rapidez el pasillo. Me puse un jersey, unos leggings negros que había tirados por mi cuarto y unos botines negros con algo de tacón. Recogí mi pelo en una coleta alta y me puse lo justo de maquillaje.

Llegamos al restaurante pasada la una de la tarde y Harry y Lea ya nos esperaban mientras reían mirando el teléfono.
-Llegáis tarde. -Lea se levantó y me miró fingiendo estar cabreada. Yo sólo le enseñé mi dedo corazón antes de romper a reír y abrazarnos no con mucha fuerza. Repetí el abrazo con Harry, mientras Lea hacía lo mismo con Louis.
-¿Qué tal la universidad?
-Déjate de mierdas y dame mi regalo. -Enarqué una ceja mirando a Lea y sonreí de medio lado.
-Cuando tú me des el mío, no te jode. -Harry rio y me extendió una bolsa.
-Es de los dos. -Lea le extendió un pequeño paquete a Louis que sonrió como agradecimiento. Yo cogí sus dos paquetes y se los entregué.
-A la de tres. -Todos asentimos.
-Una...
-Dos... -En esos momentos las pocas familias que estaban con nosotros en el salón habían desviado la atención hacia nuestra mesa, no sé si curiosos por ver los regalos o sólo deseando que nos callaramos.
-Tres. -Y los cuatro desenvolvimos los regalos al mismo tiempo.
Louis tenía un reloj. Lea, un conjunto de pendientes y colgante que se puso nada más verlos; yo, un cuadro con fotos de distintos sitios del mundo; y Harry, una pulsera que tenía más importancia para nosotros que lo que Louis o Lea podían imaginar.
*Flashback*
-Algún día esa pulsera será mía.
-Sí, cuando tengas 275 libras para pagarla. -Reí y me enganché del brazo de Harry mientras seguía tomándome el granizado que había comprado segundos antes.
-Ya lo verás. -Harry lamió con prisas el helado que se derraba por el cono de galleta.
-Chicos, sabéis que aquí no se puede comer helado ¿verdad?
-Y usted sabe que ya no tenemos 5 años para que nos hable como a críos retrasados, ¿no? -Reí ante la contestación de Harry y salimos de la tienda antes de que el dependiente contestara alguna tontería más.
*Fin flashback*
-Todavía te acordabas.
-Cómo olvidar al rebelde Harry de 14 años. -Reímos al unísono mientras Lea y Louis nos miraban intrigados.

-Estoy reventada. -Me tiré en el sofá, dejando caer los botines al suelo. Louis imitó mis movimientos en el sofá y ahí acabamos pasando más de media hora. -Debería cambiarme.
-Deberías.
-Pero no quiero.
-Era de suponer.
-Llévame.
-Los cojones.
-Que asco das. -Reí y me levanté con desgana avanzando lentamente hasta el cuarto.
-Hola Jenn. -Cerré la puerta rápidamente cuando escuché su voz detrás de mí.

viernes, 21 de febrero de 2014

Capítulo 23.

Me removí en el banco, poniendo entre nosotros una distancia razonable y bajé la mirada hasta mis rodillas, que se movían nerviosas.
-¿Te pongo nerviosa, preciosa? –Reí irónicamente y le lancé una mirada cortante, haciendo que Zayn enarcara una ceja.
-¿Qué haces aquí, Zayn? –Lo escuché suspirar y miré de reojo como pasaba una mano por su pelo antes de contestar.
-Te vi fuera de la nave. –Gruñí, lo suficientemente alto como para que él me escuchara, pero aun así, continuó hablando. –Te habrás tintado de rubia, pero sigo reconociendo a mi chic… -Calló un segundo, antes de terminar la frase. –Te sigo reconociendo, Jenn. ¿Qué hacías allí? Porque no creo que fueras a invitarnos a un café.
-Me mandó Josh.
-Eso era algo que ya sabía. –Su cuerpo ocupó el lado vacío que había junto a mí en el banco y se cruzó de brazos esperando a que hablara.
-Pues ya sabes más de lo que debes saber. –Me levanté con prisas, intentando largarme de ahí lo antes posible. No quería seguir ahí, porque acabaríamos discutiendo y con él era con la última persona que quería discutir. El viento movía con lentitud mi pelo, haciendo que mi cara recibiera la fría brisa.
-Espera, Jenn. No te vayas. –Zayn aceleró el paso hasta ponerse a mi lado y empezó a andar junto a mí. Lo miré de reojo. Andaba con las manos metidas en los bolsillos de sus vaqueros negros y un cigarro recién encendido se paseaba con lentitud por sus labios. Respiré hondo e hice la pregunta que llevaba demasiados meses queriendo hacer.
-¿Por qué te largaste? –Me paré en seco al mismo tiempo que él y sus ojos marrones se clavaron en los míos. Ninguno de los dos apartó la mirada e, incluso pude ver ese brillo especial en los ojos de Zayn.
-No podía quedarme allí y menos contigo trabajando en la mafia con tu padre. ¡Joder, Jenn! Es Josh, no sé si se te ha olvidado quién es.
-¿Pero tenías que irte? ¿Así? ¿Sin dejar ni una puta nota? Ni si quiera te podía llamar porque cambiaste de teléfono. Te largaste sin más, sin decir una puta palabra. ¡Me habría bastado con un ‘adiós’! Pero no me ibas a dar la satisfacción. Te fuiste como un cobarde. –Si nos quedábamos en completo silencio incluso podía escuchar como rechinaban mis dientes de la rabia. Apreté con fuerza mi muñeca izquierda y suspiré soltándome del agarre antes de empezar a andar de nuevo.
-¡Jennifer! –Negué con la cabeza y seguí andando. Debería haberme ido en cuanto escuché su voz, nunca deberíamos haber hablado. -¡Jenn, preciosa, espera! –Su mano agarró mi brazo con poca fuerza, girándome para encontrarme de nuevo con sus ojos fijos en mí. -¿Quieres saber por qué me largué sin decir una palabra, sin dejar una nota? ¿Quieres saber por qué me cambié de móvil? –Asentí, casi con desgana, no estaba segura si quería escuchar su explicación. –Jenn, no eras tú. La mafia te había cambiado, eras otra, estabas distante, rara. Mi Jenn nunca habría sido capaz de pegar un tiro a bocajarro, pero tú lo hiciste. Pero a pesar de todo eso, estaba jodidamente enamorado de ti, hostia. Si hubiera habido una despedida y tú me hubieras dicho que me quedará, habría vuelto a meter toda mi ropa en el armario. He sido un puto cobarde por irme sin más, sin despedirme, pero todo ha sido porque no me veía capaz de despedirme de ti.
>> Jamás te habría querido ver llorar y sé que lloraste, si hubiera estado presente, me habría derrumbado y no me habría ido. Y el cambiar de móvil fue por la misma razón, ¿qué crees que habría hecho si llegas a llamarme? En diez minutos habría estado en la puerta de la casa. Pero necesitaba irme. No podía seguir contigo. Te quería, joder si te quería; pero no quería a lo que eras en ese momento y, ahora sigues siendo. Quería a mi Jenn de antes, a la de la risa incontrolable en una película de terror, no a la que vive su propia película de terror; a la se tapaba los ojos cuando en alguna serie disparaban a alguien, no a la de ahora, que es quien dispara. Quiero a la Jenn de hace un año, no a la de ahora.
-Sigo siendo la misma Jenn.
-Créeme que no eres la misma. Has cambiado, cualquiera que hubiera pasado contigo más de tres meses te lo puede decir. Liam te lo podría decir. Pero no puede, porque te recuerdo que, el que ahora es tu jefe, lo mató. Por si se te ha olvidado.
-No lo he olvidado, Zayn.
-Pues a veces lo parece. –Bajé la mirada hasta el suelo intentando, de alguna manera, que Zayn no se percatara de mis ojos ahora llenos de lágrimas. –Jenn, es mejor como estamos ahora. Tú viviendo tu vida en casa con Louis y…
-Y tú con la chica que conociste en el bar la última vez que nos vimos. –Sentí mis palabras entrecortarse y, supe que Zayn también lo había notado cuando lo escuché suspirar.
-Han pasado muchas cosas. Jenn, me dijiste que ya no me retenía nada allí, pasé página… tú deberías hacer lo mismo. –Sentí como si mil flechas ardiendo me atravesaran y mis rodillas temblaron como hacía mucho tiempo que no temblaban. ¿Había pasado página? ¿Ya… ya no me quería?
-Será… será mejor que vuelva. –Empecé a andar, hacia ninguna parte, sólo quería alejarme de allí lo antes posible, pero entonces, una parte de mi cerebro reaccionó y me giré para mirarlo una última vez. -¿Cómo sabes que vivo con Louis?
-Preciosa, sigo pasándome de vez en cuando a verte y, lo de dejar la ventana del baño abierta cuando te duchas, es lo mejor que puedes hacer, sigue así. –Me guiñó un ojo y sonrió levemente antes de que volviera a girarme. –Te echaré de menos, Jenn.
-No me gustan las mentiras, Malik. –Y avancé con rapidez, perdiéndome en el parque. Perdiéndole a él, quizá para siempre.

Cerré la puerta intentando no hacer mucho ruido, pero aun así el portazo resonó por toda la habitación. Suspiré, cansada. Dejé las llaves en la mesa y, lo único que se me ocurrió hacer fue correr hasta mi cama y tirarme en ella, estrellar mi cara contra la almohada y llorar. Llorar. Y seguir llorando. Llevaba ya bastante rato en esa postura, cuando sentí como alguien paseaba su mano por mi espalda.
-Tranquila, Jenn. Tranquila. Por favor, no llores. –Me incorporé, dejando de llorar, para mirar a Louis y rompí de nuevo sobre su regazo.
-Ha pasado página. –Sollocé con fuerza mientras él acariciaba con parsimonia mi pelo.
-¿Lo… lo sigues queriendo, verdad? –Volví a sentarme y lo miré todavía con los ojos llorosos.
-Nunca he dejado de hacerlo, Louis. –Por el gesto que hizo supe que le había dolido la respuesta, quizá tanto como me había dolido a mí decirla.

-Tranquila, pequeña. –Sus brazos volvieron a envolver mi cuerpo y sus labios se posaron en mi cabeza. –Voy a estar aquí siempre, Jenn. Para lo que sea. –Dejó un beso en mi pelo, antes de empezar a tararear alguna canción lenta que no logré reconocer y, a los pocos segundos, me dormí.

¡Espero los comentarios! <3333

lunes, 17 de febrero de 2014

Capítulo 22.

*Dos meses después*
Descolgué el teléfono, enroscando como podía la toalla alrededor de mi cuerpo.
-¿Diga?
-Rubia.
-Dime Louis. -Empecé a cepillar mi pelo al mismo tiempo que ponía el altavoz del teléfono.
-¿Te parece bien pizza y palomitas y película?
-Perfecto, ¿compro algo?
-No, lo llevo yo todo, no te preocupes. -Afirmé y colgué para terminar de arreglarme. Recogí mi pelo en un moño y me puse un pantalón de chándal y una de las sudaderas viejas que había por la casa.
Me tumbé en el sofá, buscando cualquier cosa que ver en la televisión, mientras esperaba a que Louis llegara.
Escuché como la puerta se abría y al segundo escuché las llaves golpeando sobre la mesa.
-¿Preparada? -Asentí sentándome como un indio en el sofá y golpeando el asiento que había a mi lado. -Tengo pizza margarita y cuatro quesos. Palomitas dulces y... ¡Saw!
-No me harás ver Saw.
-Vamos, no seas gallina. -Se sentó a mi lado y clavó la mirada en mí.
-¿Pasa algo?
-¿Sudadera nueva? -Negué con la cabeza.
-Es tuya, ¿no? -Él enarcó una ceja y negó con la cabeza. -¿Entonces?
-Mía no es, rubita. -Miré bien la sudadera y ahogué un quejido. No, no era de Louis. Era de Zayn. Estaría en la lavadora cuando él se marchó y no se la llegó a llevar.
-Es de Harry. ¿Te acuerdas de él?
-¿El ricitos con la novia buenorra? -Enarqué una ceja cruzándome de brazos.
-¿Louis? -Su risa llenó la habitación y sus brazos envolvieron mi cuerpo en un segundo, colocándome encima de él.
-¿Estás celosa, Jenn? -Me despeinó, haciendo que mi moño acabase en nada y yo bufé fingiendo estar cabreada.
-No.
-Di la verdad. -Entonces, comenzó la peor de las torturas, sus manos se posaron en mi cintura y empezó a hacerme cosquillas.
-Para -reí con fuerza -para, para. -Él se apartó unos cuantos centímetros y me miró enarcando una ceja.
-¿Vas a decir la verdad?
-¡Que no estoy celosa, Louis! Déjame. -Reí por última vez cuando por fin me soltó y me senté como pude en el sofá. -Vamos, pon la película y dame la pizza, tengo hambre.
-Jenn. -Escuché un susurro en la oscuridad de la habitación y me giré para ver a Louis mirándome con una sonrisa. -Estabas celosa. -Besó mi nariz y volvió a mirar la película.
-Eres imbécil, en serio. -Reí debilmente y cogí un puñado de palomitas, al mismo tiempo que yo también volvía la atención al televisor.

Escuché un ronquido en el sofá y sonreí al ver a Louis durmiendo en el sofa, con unos cuantos puñados de palomitas encima de su camiseta.
-Buenas noches, moreno. -Le puse una manta y me levanté para recoger las cosas. Apagué la televisión y me marché al cuarto.
El sonido de mi móvil me hizo saltar en mi cama y lo cogí con prisas para que Louis no se enterara.
-¿Diga?
-¿Estás lista para un trabajo?
-Para ser sincera, no.
-Una lástima. Necesito que vayas a ver una cosa.
-¿Qué es?
-Es Zayn, está metiendo las narices donde no debe. O lo alejas o lo mato. -Me quedé callada, mientras escuchaba la respiración tranquila de mi padre al otro lado de la línea.
-Dame la dirección, estaré ahí cuanto antes.
-Te la mando en un mensaje. -Colgué y, a los pocos segundos, mi móvil vibraba a causa de un mensaje.

Miré el fondo de la habitación, intentando ocultarme como podía detrás de unas mesas. Di gracias a que era de noche y la iluminación escasa, sino ya estaría muerta.
-Tengo que encontrar donde está Josh. Va a pagar por todo. -Escuché cómo golpeaba unas cuantas cajas y suspiré.
-Tranquilo hijo. Por lo que sé, está cerca de dónde estuvimos rondando la otra noche. Sólo tenemos que investigar algo más. -"O lo alejas o lo mato." Gruñí en voz baja y salí de la habitación, tan rápido como había entrado. Marqué el móvil de mi padre cuando por fin pisé la calle y empecé a alejarme de nave abandonada.
-Tienes que largarte de donde quiera que estés. -Me detuve en un árbol y apoyé todo mi peso en él antes de seguir hablando con mi padre. -Zayn y su padre están investigando cerca de tu escondite.
-La cuestión era alejarlo a él, no que nos fueramos nosotros.
-Te estoy informando, yo no puedo alejarlo de ningún modo. Si tú quieres seguir ahí, es tu decisión.
-Jenn, una última cosa. -Suspiré al auricular y esperé a que siguiera hablando. -Todo habrá acabado después de eso.
-¿Qué?
-Mata a Franklin. -Sentí todo mi cuerpo tensarse y negué con la cabeza tan rápido como pude, pensando que él estaba delante y podía verme.
-No pienso matar a nadie y menos a un Malik.
-No se te ocurra desobedecerme, Jennifer.
-Es justo lo que voy a hacer. -Colgué el teléfono y centré la mirada en la puerta de la nave, que se abrió para mostrarme a Zayn y su padre, hablando animadamente. Mis ojos se centraron en Zayn, y analizaron todo su cuerpo. Se había cortado el pelo y tenía su típica barba de tres días. Centré la mirada en sus ojos, centrados en los de su padre y, de repente, su mirada se estrelló con la mía. Llevábamos dos meses sin vernos, desde que me lo encontré con aquella chica.
"¿Seguirá con ella?"
"No es momento de pensar eso."
Moví la cabeza rápidamente, me puse la capucha de la sudadera y me alejé de ahí fingiendo que no había pasado nada.
No sabía si él me había visto, si no lo había hecho... pero lo que sí sabía es que no me iba a quedar allí para ver su reacción.
Me acercaba cada vez más al centro de Londres; la ciudad dormía plácidamente, mientras yo cada vez tenía menos sueño.
"Hyde Park"
Entré en el parque y empecé a deambular por los estrechos caminos de tierra. No sabía cuanto llevaba allí, pero el frío nocturno era cada vez mayor. Metí las manos en los bolsillos de la sudadera y me senté en un banco, cercano al lago. Centré la mirada en él y observé como la luna se reflejaba por momentos.
-¿Que haces aquí? -Como acto reflejo una sonrisa apareció en mi rostro cuando escuché el tono de su voz.
-Hyde Park siempre es un buen lugar para esconderse, ¿no? -Miré de reojo como apoyaba sus brazos en la parte de atrás del banco, centrando la mirada en el lago al igual que yo.
-Sí, siempre que nos escondamos juntos. -Reí irónicamente.
-Zayn...
-¿Qué pasa, preciosa? -Giré la cabeza para mirarlo y una sonrisa ocupó su cara, provocando otra sonrisa en mí. -Echaba de menos tu sonrisa. -Sentí como se acercaba a mi oído y me estremecí cuando sus labios rozaron mi oreja. -A ti también te he echado de menos.

¡comentad, bbys!♡

sábado, 15 de febrero de 2014

Capítulo 21.

Mi cuerpo rebotó con poca fuerza contra el sofá de cuero y suspiré cansada, encendiendo en el acto la televisión. Comencé a cambiar canales, buscando alguno que mantuviera mi cabeza ocupada unas cuantas horas. Al final, encontré una película que habia empezado hacía un par de minutos; pegué mis rodillas a mi pecho y centré la atención en la televisión.
Al cabo de una hora estaba gritándole a la protagonista de la película, porque todas sus decisiones me parecían estúpidas.
"No grites porque tú eres igual que ella."
"Voy a acabar por odiarte."
"Sólo digo la verdad."
"Pues no quiero oírla."
"Por mucho que no quieras oírla, está ahí, empieza a aceptarlo."
Un fuerte gruñido salió de mi garganta, callando todos mis pensamientos, mientras seguía viendo como la chica dejaba escapar la única oportunidad que tenía para hacer volver a su chico.

-¡Jenn, despierta! –Abrí los ojos con rapidez, encontrándome con los ojos azules de Louis a pocos centímetros de los míos.
-Joder, Louis. –Rio levemente y se sentó en el suelo, sin romper un milímetro la distancia que existía entre ambos. -¿Cuánto tiempo he dormido?
-Cuando he llegado ya estabas dormida, así que supongo que un par de horas. –Asentí, irguiéndome en el sofá y estirándome tanto como podía.
Louis se levantó del suelo y ocupó el sitio que había dejado libre en el sofá. Nos quedamos varios minutos en silencio, cada uno absorto en sus pensamientos. No sé qué rondaría su cabeza, pero la mía sólo estaba centrada en pensar en lo mucho que habían cambiado las cosas en casi un mes. Casi un año como novios, un casi viaje a España, pelea, ruptura, nuevo compañero de casa, un trabajo como una especie de espía, su nueva novia... demasiadas cosas para mí.
Mis manos cubrieron mi cara y un lento suspiro salió de mis labios. Sentí como Louis paseaba su mano por mi espalda, supongo que intentando confortarme o hacerme sentir mejor. Aparté las manos de mi cara y lo miré con media sonrisa acercándome a él para abrazarlo no con demasiada fuerza.
-Gracias. –Susurré en su cuello, procurando que él sólo sintiera un leve soplido. Sentí sus labios en mi frente y una sensación de seguridad recorrió mi cuerpo. Suspiré profundamente y me aparté de él apenas unos centímetros. –Hoy lo he visto. –Cogí aire y bajé la mirada. –Con una chica.
-¿Su novia?
-No lo sé, la ha abrazado, y se ha ido con ella agarrada de la mano. Es una tontería que piense que son novios por eso, pero tengo ese presentimiento. –Louis asintió pensativo y yo me crucé de piernas como un indio, esperando una contestación por su parte.
-¿Qué piensas hacer ahora? –Enarqué una ceja, interrogante. –Quiero decir, ¿tienes algún plan? ¿Llamarle, buscarle, pedirle una segunda oportunidad, pasar página? –Me encogí de hombros y me levanté de un salto del sofá.
-No lo sé.
-¿No lo sabes? –Él imitó mis movimientos y se acercó a mí con parsimonia.
-No, no lo sé. Supongo que haré lo que surja.
-¿Lo que surja?
-Sí, Louis, lo que surja, ¿nunca has escuchado eso de "no sé vivir, estoy improvisando"? Pues esa es mi filosofía de vida.
-Entonces, déjame improvisar contigo. –Dio un paso hasta a mí y pegó su frente a la mía, mostrando una sonrisa, que se encontraba a poca distancia de mis labios. –Jenn hace casi un mes que no veo una sonrisa sincera en tu cara. Y yo quiero que vuelvas a sonreír como la primera vez que te vi en la tienda de mi padre. Con esa coleta alta intentando disimular que no te habías peinado. –Reí con fuerza y sentí como sus manos acariciaban lentamente mi espalda hasta detenerse en mi cintura.
-Esos días eran distintos, Louis. –Fue entonces cuando me percaté de que estábamos hablando entre susurros, como intentando que la conversación se quedara entre ambos.
-¿Que tenían de distinto? –Louis se separó de mí y pasó una mano por su pelo, antes de soltar un bufido. -¿Que estabas con un imbécil que te ha cambiado en dos días? –Bajé la mirada, hasta centrarla en la punta de mis zapatos.
-V-voy a hacer algo de cenar.
-Jenn, lo siento. No, no quería decir eso.
-Sí, sí querías decirlo. Pero da igual, quizá tengas razón. –Besé su mejilla y me alejé con rapidez hasta la cocina. No quería que Louis viese la forma en la que me habían afectado sus palabras. Me apoyé sobre la puerta de la cocina y me dejé caer hasta el suelo, escondiendo mi cara en mis rodillas y dejando que mi pelo cayera con desorden por mis piernas.
Estaba harta de esto. Me podría jugar el cuello a que él no se habría pasado ni una mísera hora llorando por mí ni por nada de lo que tuvimos y yo, yo soy la puta débil, que aún no ha superado la ruptura.
"Pues ya es hora de cambiar."
Me levanté del suelo, me sequé las lágrimas y abrí la puerta para encontrarme a Louis parado delante de ella.
-Venía a por un vaso de...
-¿Nos vamos a cenar fuera? –Hablé antes de que él pudiera acabar su frase y vi media sonrisa en su cara.
-¿Y eso?
-Me da pereza cocinar. Vamos, ponte guapo que nos vamos a la playa a cenar. –Reí y avancé con prisa hasta mi cuarto.

-Estoy hasta arriba. –Me recosté en la silla del restaurante y suspiré cuando observé el plato vacío.
-No sé cómo has podido comerte todo ese marisco tú sola.
-Tenía hambre. –Los dos reímos al unísono. Pagamos la cuenta y salimos del restaurante. Hablábamos de todo y de nada, de cosas de la tienda, de cualquier idiotez que se nos pasaba por la cabeza, hasta de las comidas familiares de navidad.
Íbamos andando sin rumbo hasta que mis pies tocaron la fría arena de la playa y una sonrisa apareció en mi cara. Antes de darme cuenta estaba en brazos de Louis que corría en dirección al agua.
-Cómo me metas ahí, despídete de tener hijos. –Susurré contra su oído haciendo que parara en seco y reí, haciendo que mi risa retumbara en su cuello. Me bajó casi en el acto y observé como la luna se reflejaba casi sin fuerza en el agua.
-¿Volvemos?
-Vamos.

Sentí el timbre de la puerta resonando con fuerza y me levanté con demasiada prisa, intentando que el sonido no despertara a Louis. Cuando llegué a la puerta, el ruido del timbre destrozaba mis tímpanos. Abrí la puerta para encontrarme con mi padre.
-Vamos. –Susurró lo suficientemente alto como para que lo escuchara y yo sólo asentí, siguiéndolo a través de la carretera. Subimos una pequeña pendiente, perdiéndonos entre los árboles.
Miré detrás de mí, no segura de si sabría volver a mi casa. Entonces un grito, me hizo mirar delante de mí.
Dos hombres peleaban. Uno de ellos estrelló el cuerpo del otro contra el suelo, haciendo que un grito desgarrador saliera de su garganta. Mi vista se adaptó como pudo a la oscuridad del lugar y, pude distinguir quienes peleaban.
-Josh. –Me giré para verlo sonreír, disfrutando del espectáculo. –Para esto.
-Tranquila, disfruta. –Negué con la cabeza y volví la vista hasta Zayn y uno de los hombres de mi padre.
-Zayn, para, esto acabará mal. –Mi voz no eran más que susurros y, por mucho que quisiera, no podía subir más el volumen. –Zayn, por favor. –Avancé hasta ponerme a pocos centímetros de él, pero aun así no me escuchaba. Mis ojos se abrieron de par en par cuando vi a ambos sacar una pistola y mis piernas reaccionaron colocándose en medio de ambos.
-Ni se te ocurra disparar esa pistola. –Miré directamente a los ojos del hombre, intentando parecer lo más intimidadora posible. Me giré para mirar entonces a Zayn y, acto seguido, un disparo retumbó por el descampado. Cerré los ojos al escuchar el ruido y, cuando volví a abrirlos para verle, tenía media sonrisa en su rostro y se estaba encendiendo un cigarro. Mi mano se apoyó en mi vientre, intentando controlar la hemorragia que había causado la bala.
-Zayn...
-Estás con ellos, no iba a tener compasión contigo, no eres distinta a tu padre. –Sentí mis ojos cerrarse lentamente, mientras yo luchaba por tenerlos abiertos.
-Te qui...
-Ahórrate tus mierdas, Jennifer. –Volvió a elevar la pistola hasta a mí y cerré los ojos con fuerza cuando un nuevo disparo salió del cañón.

El despertador sonó con fuerza, haciendo que me levantara de la cama con la respiración agitada. Me senté en la cama, sintiendo como todo mi cuerpo temblaba por el sueño. Como acto reflejo mi mano se apoyó en mi vientre, buscando alguna hemorragia, pero no había nada.
-Sólo ha sido un sueño. –Murmuraba para mí misma, intentando convencerme, aunque no daba mucho resultado.
"Pero quizá él sí que me pegaría un tiro si se presentara la situación. Soy de los "malos", estoy contra él no con él."
Miré al techo, observando cómo aún quedaban restos de las fotos que había colgadas.
"Quizá no, quizá siga manteniendo lo de que arriesgaría su vida por ti."

Bufé riendo ante mis pensamientos, y me volví a tumbar en la cama.

¡Comentad, bbys! <3

sábado, 8 de febrero de 2014

Capítulo 20.

-Anda, vamos. Tenemos clientes que atender. –Louis me soltó, dejándome de nuevo en el suelo y yo entré en mi cuarto para cambiarme. Escuché como Louis se alejaba por el pasillo y, cuando terminé de arreglarme, observé como él ya me esperaba en el salón.
-Y bueno, ¿a qué ha venido el cambio de look? –Me encogí de hombros mientras recogía el bolso y las llaves que estaban en la mesa de la entrada.
-Supongo que necesitaba un “cambio radical”. –Remarqué las comillas y cerré la puerta de mi casa detrás de nosotros. De camino al pueblo no hablamos mucho, sólo lo suficiente, pero incluso así, en silencio, era agradable estar con Louis.
Terminé de cobrar un par de marcos de fotos cuando la melodía de mi móvil comenzó a retumbar por todo el establecimiento, haciendo que Louis y el cliente al que él estaba atendiendo desviaran su atención hasta mí. Miré como el número de mi padre parpadeaba en la pantalla y un leve quejido salió de mi boca.
-Lo siento, tengo que contestar. –Louis asintió y yo entré con prisas al almacén descolgando el teléfono y pegándolo a mi oreja. -¿Qué?
-Lo primero gracias por las últimas informaciones de Zayn y su padre. –Rodé los ojos, lo único que había tenido que hacer era pasearme un par de veces por el barrio de Zayn y decirle a mi padre que todo iba bien, aunque no tenía ni una maldita idea de qué estaba haciendo Zayn.
-Vale. ¿Y qué más?
-Me han informado de que hoy irá a comer con su padre en un restaurante del centro; he comprobado las reservas y es cierto. Tienes reserva a las una para comer allí, intenta que no te vea.
-¿No puedes mandar a alguno de tus hombres?
-No, vas tú y punto final. –Mi padre me dijo con detalle la dirección del restaurante. –No quiero ni un maldito fallo, que no te vean.
-No soy gilipollas… tú, por el contrario, sí. –Hablé lo suficientemente alto como para que mi padre viera que estaba en contra de esto. Me apoyé en la pared y apreté el puente de mi nariz, intentando pensar alguna forma de que no me vieran ni Franklin ni Zayn. Al cabo de cinco minutos, subí de nuevo a la tienda.
-Louis, lo siento, me tengo que ir, es muy urgente. Mi madre…
-Sí, tranquila. Nos vemos mañana. –Le sonreí en forma de agradecimiento, recogí mis cosas y salí con rapidez de la tienda. Arranqué el todoterreno y empecé a conducir en dirección a la capital.

Miré a través del cristal del restaurante y, entre todos los clientes distinguí su pelo negro, algo más largo que la última vez que lo vi. Parpadeé un par de veces, concentrándome en lo que tenía que hacer, y entonces vi mi reflejo en el cristal. Estaba sonriendo como una imbécil, como siempre sonreía cuando lo veía.
“Maldito efecto Malik. Borra esa sonrisa, pareces más tonta de lo normal.”
Reí ante la queja de mi conciencia. En un rápido movimiento me coloqué las gafas de sol y entré en el restaurante con gesto serio.
-Buenas tardes, tenía reserva para uno. Jennifer Green.
-Sí, sígame por favor. –La chica me sonrió y comenzamos a andar entre las mesas hasta llegar a la correspondiente. Estaba a un par de mesas de distancia de la de Zayn, pero podría escuchar con facilidad cualquier conversación gracias a los pocos clientes que había en el local.
Pedí una ensalada mientras esperaba a que Franklin llegara y, éste, no se hizo de esperar, ya que a los pocos minutos ocupaba la silla que había frente a Zayn. Hablaban de partidos de fútbol, del Chelsea y del City, de todo menos de lo que mi padre quería que hablasen. Al cabo de un par de minutos hablaron de un viaje a ver a la familia. Irían a Italia. De repente todas las imágenes de nuestro viaje a Italia se sucedieron una a una en mi cabeza. Sentí como mis ojos se llenaban de lágrimas y, tuve que respirar hondo y contenerme, para no dar una escena en el restaurante. Pedí la cuenta y en un par de minutos ya había pagado y estaba lista para irme.
“Vamos lárgate, no están hablando de nada importante.”
“Pero a lo mejor ahora hablan algo de la mafia. Voy a esperar un par de minutos más.”
“Vete, corres el riesgo de que te descubra.”
Iba a levantarme, hacer caso a mi cerebro y lárgarme de allí cuando el móvil de Zayn sonó, haciendo que toda mi atención se centrase entonces en la conversación que iba a mantener. Duró dos escasos minutos, pero me pareció eterna. Él sólo decía que iría, y que en diez minutos estaría ahí. Parecía serio a la hora de hablar, así que supuse que sería algún asunto importante.
“¿Ahora tienes que seguirlo?”
“Eso parece.”
Suspiré para mí misma y observé como se levantaba, alejándose de la mesa con agilidad y se despedía de su padre con un rápido apretón de manos. Fingí buscar algo en mi bolso cuando pasó a mi lado y respiré hondo cuando salió del local.
“¡Mueve el culo, coño!”
Me levanté con demasiada prisa, recibiendo la mirada extraña de un par de camareros. Le sonreí y salí, acelerando mi paso, del restaurante. Observé como Zayn iba con tranquilidad, paseando por Londres y decidí seguirlo a una cierta distancia. Analicé cada movimiento que hacía e intentaba ocultarme entre la gente por si acaso sospechaba que alguien le seguía, pero en ningún momento pareció percatarse del detalle.
Entonces vi como levantaba la mano y saludaba a alguien. Enarqué una ceja e intenté acelerar el paso para averiguar a quién saludaba con tanta efusividad y, ojalá nunca lo hubiese hecho. Una chica morena, algo más bajita que él, se enganchó en su cuello y lo abrazó con fuerza mientras él la abrazaba con las mismas ganas.
“Necesito vomitar.”
Me apoyé en una pared observando con detenimiento la escena. Ella reía por algo que Zayn le había dicho al oído y él, mientras, la miraba con media sonrisa en su cara. Mis mejillas comenzaron a humedecerse.
“Vete.”
Pero no podía moverme, estaba congelada, y no podía dejar de mirar como la miraba, como le sonreía. La mano de Zayn agarró la de la chica y ambos se alejaron del lugar. Y yo, seguía mirando, como se marchaban hablando animadamente.
Suspiré y volví sobre mis pasos hasta mi coche. Había dolido más de lo que creía, muchísimo más. Verlo con otra, abrazándola, sonriéndole… Un largo suspiro salió de mis labios. Arranqué el coche y empecé a conducir por las calles de Londres intentando despejarme. Encendí la radio, buscando una forma de despejarme, pero simplemente hay días que todo va en contra de ti, incluso la música.
It's begun, the feeling that the end has come...
“¿Esto es una broma o qué?”
Aceleré el coche tanto como podía, mientras la canción seguía golpeando con fuerza los altavoces del coche e inundando al mismo tiempo mi cabeza.
And I, I can’t come alive, I want the room to take me under, ‘cause I can’t help but wonder: What if I had one more night for goodbye? If you’re not here to turn the lights off, I can’t sleep…
¿Nunca has sentido que una canción te describe tanto que piensas que la cantan sólo para ti? Pues ese era mi único pensamiento en ese momento, mientras la canción llegaba a su fin.
'Cause I can't help but wonder: What if I had one more night for goodbye?

Y, entonces, una duda surgió dentro de mí, ¿qué pasaría si tuviera una noche más para despedirme?

¡Comentad, bbys! <3

viernes, 7 de febrero de 2014

Capítulo 19.

¡HOLA AMORES! Sólo deciros dos cositas y os dejo leer el capítulo. Lo primero que ya he vuelto y vuelvo a subir los findes y puede que algún día haya algo especial (lo dejo ahí) y lo segundo deciros que comentéis si leeis, que me meto y veo que cada capítulo tiene +100 visitas y 3 comentarios como mucho y... en fin, pues sienta mal, así que eso, comentad que no muerdo a nadie e intento ser simpática y contestar siempre que puedo; es sólo un minutito. A las que ya me comentáis ¡millones de gracias! <3333 y a las que leéis y no comentáis pues millones de gracias también, pero comentad xd Dicho eso, os dejo que leáis, os quiero <3


*Narra Jenn*
Me apoyé en la pared que había frente a la puerta, esperando que alguien la abriera y, al cabo de unos pocos segundos, se abrió dejándome ver el pelo corto de mi madre. Había vuelto a su castaño original y la verdad es que le quedaba bastante bien.
-¡Jenn! –Antes de que pudiera reaccionar de algún modo, mi madre ya me estaba abrazando con tanta fuerza que pensaba que me dejaría sin oxígeno. Reí, devolviéndole el abrazo.
-Vale mamá, mamá, me asfixias. –Ella rio en mi oído y me soltó, dejándome ver cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. La entendía, demasiado tiempo sin vernos. Sonreí de medio lado y besé su mejilla. –No llores que acabaré yo igual.
-Vale, vale. –Rio débilmente. -¿Cómo está todo, estás trabajando? –Entramos en la casa y mi madre cerró la puerta detrás de mí.
-Sí, en una tienda de decoración, ¿no te lo ha dicho Josh? –Ella asintió y se sentó en el sofá, aun mirándome con una sonrisa.
-Jenn. –Gruñí al escuchar la voz de mi padre a mis espaldas y me giré para mirarlo de frente. El gesto serio se suavizó y pude ver un amago de sonrisa en su rostro; rodé los ojos antes de hablar.
-¿Que querías?
-Vamos dentro, tenemos que hablar. –Me encogí de hombros, despidiéndome de mi madre y siguiendo a mi padre por el pasillo.
-¿Y bien? –Me crucé de brazos cuando me senté frente a su mesa, él se puso a mirar la biblioteca, mirando lentamente sus libros, tosí, intentando hacerme notar pero él ni se inmutó y siguió dándome la espalda. –No tengo todo el día, ¿sabes? –Una risa salió de su garganta, estrellándose en las paredes y haciendo que retumbara por toda la habitación.
-El tema es bastante sencillo.
-Nunca es sencillo cuando dices eso. –Se giró, para mirarme con una cínica sonrisa dibujada en su cara y yo resoplé.
-Según sé, Zayn, se ha unido a su padre. –Tragué saliva al escuchar su nombre y suspiré disimuladamente.
-¿Y qué quieres que haga?
-Quiero que lo tengas controlado. Vas a ser su sombra, día y noche. –Empecé a jugar con mis dedos, nerviosa. -¿Estás escuchándome?
-Sí.
-Pues ya lo sabes, cualquier movimiento que haga, avísame. –Resoplé, y en mi mente empecé a barajar las opciones para mantener a Zayn controlado ahora que no tenía ni idea de dónde narices se encontraba. Estaba claro que sencillo no iba a ser. La voz de mi padre me sacó de mis pensamientos. –Puedes irte.
-Gracias a Dios. –Me levanté con agilidad y abrí la puerta dispuesta a salir de ahí lo más rápido posible, antes de que la voz de mi padre volviera a inundar la pequeña habitación.
-Jenn, una última cosa. –Lo miré por encima del hombro esperando que me contestara. –No hagas ninguna tontería, no estoy para gilipolleces. –Cerré la puerta como forma de contestación y avancé hasta el salón, dónde mi madre me recibió con un par de tazas de café y un plato de dulces.
-No puedo quedarme, mamá. Pero te debo un café, te lo prometo. –Ella asintió y yo besé su mejilla antes de salir de la casa.
Saqué el móvil que vibraba en mi bolsillo y lo saqué con demasiada lentitud para leer el mensaje que acababa de recibir
"¿Comemos?"
"Estoy en la capital."
"Y en 45 minutos estás en el pueblo. Te espero en una hora en la pizzería que hay enfrente de la tienda."
"Louis, no me apetece nada."
"Si no estás allí a la hora iré a tu casa y te sacaré aunque estés en pijama. Vamos. Me lo debes por la resaca de anoche."
Reí con su insistencia y miré la hora. Las una menos cinco.
"No llegues tarde o te mato."
"Tranquila fiera, seré puntual."
Guardé el móvil y avancé con prisas hasta el coche.

-¡Morena! –Lo miré, fingiendo estar cabreada, desde la puerta de la pizzería y su risa inundó el local, provocando también una sonrisa en mi cara. Me senté en la mesa que él ya estaba ocupando y cogí la carta.
-¿Has pedido ya? –Louis asintió y dejé a un lado la carta.
-¿Y... cómo estás?
-Igual que ayer. Hasta las narices de que me preguntes como estoy. –Ambos reímos con fuerza al mismo tiempo que una chica se acercaba a nuestra mesa con un par de platos.
-¿Macarrones carbonara y pizza margarita?
-Correcto. Macarrones para ella, pizza para mí. –La camarera nos dedicó una cálida sonrisa tras dejar los platos en la mesa y se marchó.
-Es guapa. –Pinché unos cuantos macarrones y levanté la mirada para encontrarme a Louis encogiéndose de hombros.
-Supongo. –Enarqué una ceja y él siguió comiendo. -¿Qué?
-¿Supongo?
-Sí, supongo, no la he mirado mucho. –Volví a pinchar y él siguió hablando. -¿Tú crees que con este pedazo de pizza voy a fijarme en la tía? Mira el queso, esto sí que está bueno. –Reí con fuerza al escuchar su contestación, convirtiéndome en el centro de atención de los pocos clientes que habían en el restaurante.

-¿Te vienes a ver una película? –Íbamos andando sin rumbo fijo, dejando que el tiempo pasase. –Vamos, tengo una de dibujos. –Reí en voz baja y asentí. -¡Esa es mi Jenn! –Enlazó su mano con la mía y comenzó a andar de nuevo. Suspiré, parando en seco y soltándome de su agarre; Louis me miró extrañado, parando en frente de mí, al mismo tiempo que yo bajaba la mirada hasta el suelo. -¿Estás bien?
-Es que creo que no significa lo mismo para ti o para mí. –Subí la mirada hasta sus ojos y una sonrisa apareció en su rostro.
-¡Eh! Tranquila. Vamos, nos espera una película que ver. –Besó mi mejilla y empezamos a andar de nuevo.
*Tres semanas después*
-¿Estás listo? –Louis me esperaba fuera de mi cuarto. Lo escuché reír para acto seguido escuchar su afirmación y algo más que no logré entender.
-Llevo listo más de media hora. ¡Vamos! –Me miré por última vez en el espejo, respiré hondo y abrí la puerta.
-Sorpresa.
-Estás... estás…–Louis se levantó, tocando con cuidado mi pelo recién tintado.
-¡Rubia!
-No. –Lo miré extrañada, torciendo la cabeza y enarcando una ceja al mismo tiempo.
-¿Diferente?

-No, guapísima. –Sus brazos rodearon mi cintura, levantándome del suelo y causando mi risa.

domingo, 19 de enero de 2014

Capítulo 18 + Aviso.

Me senté en mi cama, dejando que el pelo mojado cayera por la camiseta de mi pijama. Sentí el móvil vibrar por toda la cama, avisándome de un nuevo mensaje. Lo abrí con prisas sólo para encontrarme un mensaje de mi padre. Bufé cabreada mientras lo leía sentada en mi cama.
“Te necesito mañana en casa, es urgente. Muy urgente. A las doce.”
“Vale.”
-A saber que mierda quiere ahora… –Murmuré para mí misma, apagué el móvil y lo dejé sobre la mesita y poniéndolo a cargar.
-¿Decías algo? –Louis apareció por la puerta de mi cuarto y sonreí mirándole de arriba abajo, iba con unos vaqueros desgastados y una camiseta negra, una foto y una frase sobre la misma.
-Que no sé qué ponerme ahora. Vas genial. –Él rio y entró en la habitación, sentándose en la cama.
-Gracias… Y tú, vaqueros y camiseta, tampoco vamos a una boda, es una discoteca. –Reí y me encogí de hombros.
-Vale. Venga, largo, tengo que cambiarme.
-Podría quedarme aquí y aconsejarte. –Enarcó una ceja y se tumbó en la cama, colocando las manos sobre su estómago.
-Louis…
-Vale, ya me salgo. –Resopló y salió de la habitación en pocos segundos, cerrando tras él la puerta. Suspiré en voz alta, pensando que el que tendría que estar en el salón esperándome era Zayn.
“Olvídalo ya…”
Comencé a sacar conjuntos que hacía mucho que no usaba y que ni si quiera recordaba que tenía. Al final me decidí por una falda con cola de sirena azul celeste y un top blanco que dejaba mi estómago al aire, me coloqué unos tacones negros y salí al baño para retocar e maquillaje y el peinado. Me mojé las puntas de mi pelo, dejando que cayeran a su aire por mi espalda y salí de allí para reunirme con Louis en el salón.
-Estás…
-Vámonos. –Cogí las llaves de la casa, el móvil y algo de dinero y lo metí todo a presión en el bolso antes de salir de la casa.

-Louis Tomlinson y acompañante. –Miré a mí alrededor mientras Louis hablaba con el portero y observé como las afueras de la discoteca estaban abarrotadas de gente fumando y hablando por encima del nivel de la música que resonaba incluso con las puertas cerradas. Miré el cartel de la discoteca, pero no logré a leer como se llamaba, ya que Louis estaba tirando de mi mano haciéndome entrar en el local.
Nos escabullíamos como podíamos entre tanta gente, intentando llegar en primer lugar a la barra y pedir algo de beber. Y, después de muchos empujones y decir varias veces perdón por pisar a unas cuantas chicas por fin llegamos.
-¿Qué quieres? –Louis gritó en mi oído y yo suspiré.
-Vodka con limón. Más vodka que limón. –Louis se alejó para mirarme, frunciendo el ceño. -¿Qué?
-Nada, nada. –Me apoyé en la barra y observé mi alrededor. Muchas chicas bailaban entre los brazos de algún tío, otras tantas bailaban solas con sus amigas y algunas otras simplemente estaban ahí paradas, observando a la gente, tal y como estaba yo. Sentí como Louis se acercaba de nuevo a mi oído y me esforcé por escuchar lo que decía. -¡Alegra esa cara, morena, estamos aquí para pasarlo bien! –Asentí dándole por completo la razón y, tras darle un sorbo a mi copa, agarré la mano de Louis y salí con él a la pista a bailar.
*Narra Zayn*
Abrí la puerta del pub y busqué un sitio donde sentarme. Suspiré, apoyándome en la barra y miré por encima de mi hombro como un par de chicos que estaban en la mesa de billar mi miraban y fruncí el ceño.
-¿Qué te pongo? –Levanté la mirada hasta la chica que estaba detrás de la barra y fingí una sonrisa.
-Ron.
-¿Solo? –Asentí y ella se dio media vuelta y se marchó a preparar mi copa. –Aquí tienes. –La chica me sonrió y se apoyó en la barra delante de mí. La miré enarcando una ceja y ella aumentó su sonrisa.
-¿Necesitas algo?
-No… ¿estás solo?
-La verdad es que eso no te interesa. –Le di un largo sorbo al ron, dejando que el alcohol quemara mi garganta y volví a poner el vaso en la barra. La chica bufó cabreada y se marchó de allí yo, simplemente, me encogí de hombros y seguí bebiendo. Escuché abrirse la puerta del local y la risa de una chica inundó todo el establecimiento y, segundos después la de un chico. El frío proveniente del exterior me heló los huesos y di un nuevo sorbo al vaso.
-Has sido un poco borde con ella. –Bufé de nuevo al escuchar una nueva voz de chica detrás de mí.
-¿Y tú eres? –Me giré para mirarla y sonreí al ver a una chica algo más baja que yo, con unos preciosos ojos marrones que me miraban directamente. Ella también sonrió y ocupó el sitio que había a mi lado.
-Soy Amy. –Abrió la boca para preguntarme el nombre pero la corté antes de que siguiera.
-No, eres preciosa. Por cierto, yo soy Zayn. –Ella sonrió y llamó a la camarera de antes para pedirle un mojito.
-¿Y por qué estás solo? No es normal.
-¿Estás intentando ligar conmigo con ese viejo truco? –Ella rio con fuerza y negó con la cabeza.
-No intento ligar contigo, sólo intento saberlo. –Reí en voz baja dándole un sorbo a mi copa.
-Digamos que intento ahogar los males. –Ella asintió y bebió de su mojito sin apartar los ojos de mí.
-Deberías buscar otra forma de ahogar los males. El alcohol no es bueno.
-Y me lo dice la chica que se ha bebido medio mojito en un segundo. –Su risa volvió a retumbar en mis oídos y, por un segundo me parecía estar oyendo reír a Jenn. Suspiré y me levanté de ahí.
-Eh, eh. –Amy agarró mi brazo haciendo que me detuviera. –Al menos despídete.
-Hasta la próxima, pre… Amy. –No pensaba llamarla ‘preciosa’, ese no era su apodo, ni el de ella ni el de ninguna chica más que Jenn. Eso se lo tendría que dejar claro a mi subconsciente. Antes de darme cuenta, los labios de Amy estaban pegados en mi mejilla y se separó mirándome con media sonrisa.
-Hasta la próxima, Zayn. –Rio con fuerza y se largó moviendo exageradamente las caderas. Resoplé estresado y me giré para encontrarme los ojos marrones que llevaba una semana sin ver. Mierda. Una semana y la echaba de menos como a nadie. Ella me miró y luego observó a la distancia a la chica, después negó con la cabeza y avanzó para irse del lugar.
-Jennifer… -Agarré su brazo antes de que saliera por completo del sitio y ella se giró para mirarme con los ojos llorosos.
-Hola Zayn. –Intentó sonreír, pero ni si quiera le salió. –Oye, creo que te esperan dentro. ¿Puedes dejarme?
-No sé qué coño has visto pero…
-Zayn, no me tienes que dar explicaciones, no estamos juntos. –Me congelé al escucharla decir eso. Sabía que no estábamos juntos, pero aún no lo tenía asumido.
-¡Jenn! –Miré como el chico que iba con ella se acercaba a nosotros y suspiré dando un paso atrás alejándome de ella.
-Adiós Zayn. –El chico rodeó su cintura y ella apoyó la cabeza en su hombro antes de salir del local.
-Te quiero, Jenn.
“¿No crees que lo tendrías que haber dicho antes, lumbreras?”

Hola chicos, hmm, lo primero sé qué este y el anterior capítulo han sido malos, pero creo que los próximos van a ser mejores; lo segundo decir que la semana que viene ni la siguiente subiré por que tengo finales y no podré escribir nada, así que hasta el segundo fin de semana de febrero no subiré nada, lo siento; y lo tercero lo de siempre, que comentéis que no muerdo ni nada y casi siempre os contesto. Sólo eso, un besito.

sábado, 18 de enero de 2014

Capítulo 17.

*Narra Zayn*
-Sé de alguien que estará encantado de escuchar eso. –Asentí, sabiendo perfectamente que mi padre se refería a mi abuelo. Cogí una de las sillas de la mesa y me senté, sacando del bolsillo de mi pantalón un cigarro y encendiéndolo, mi padre retomó la lectura del periódico y yo me apoyé sobre el respaldo de la silla, dejando la mirada perdida en el cielo de Londres que se empezaba a nublar. Le di una larga calada antes de volver a abrir la boca.
-Sólo pido una cosa. –Mi padre volvió a levantar la mirada, bajado su periódico y enarcando las cejas, como pidiendo que continuara. –Quiero estar dentro de la operación con Josh.
-Zayn… -Su boca se abrió para soltarme un sermón que no iba a aguantar, así que antes de que él continuara lo interrumpí, contándole todo lo que quería.
-No he acabado. Quiero estar en esa operación y, por supuesto, quiero ser yo el que se encargue de matarlo. –Mi voz era fría, dura, a causa de toda la rabia contenida. Necesitaba ver a Josh sufriendo, necesitaba hacerle pagar muchas cosas, necesitaba verlo muerto cuanto antes, aunque sabía que no iba a ser fácil.
-Tú no has entrado a la mafia sólo para matar a Josh. –Volví a absorber el humo del cigarro ya expulsarlo unos cuantos segundos después. Tenía razón, esa no era la única razón, pero ese era un asunto que a nadie le importaba nada más que a mí.
-Créeme que sí. –Sentí mi bolsillo vibrar y saqué mi móvil de donde estaba.
“Jenn está llamando”
Colgué el teléfono casi en el acto, haciendo que todo mi cuerpo se estremeciera y un sonoro suspiro saliera de mi boca. Sólo había pasado un día sin ella y la forma en la que la echaba de menos me estaba matando, pero tenía que ser así.
-Tenías que haberlo cogido.
-No quiero hablar con ella. –Di por finalizada la conversación levantándome de allí y volviendo dentro de casa donde el olor a la comida de mi madre impregnaba todo el ambiente. Bajé al coche a recoger las maletas y subí a mi cuarto a colocar todas las cosas.
Nada había cambiado desde que me fui de ahí hacía unos cuantos meses. Dejé las maletas debajo del escritorio y me tumbé en el blanco techo y, el recuerdo del techo lleno de fotos de la que era mi casa atravesó mi cabeza. Las había despegado todas antes de irme, guardándolas en mi maleta para colocarlas en mi cuarto. Simplemente para tener algo que me recordase a ella, aunque no me hacía falta, hasta el más mínimo detalle me recordaba a ella. Bufé cabreado sentándome en el borde de la cama.
“Tienes que empezar a olvidarla. Ahora ella es el enemigo.”

*Narra Jenn*
Abrí los ojos y me levanté, sentándome en el borde del sofá y apartando de mí todas las mantas que cubrían mi cuerpo. Lunes de nuevo. Suspiré y me levanté con desgana para ir al baño a asearme.
Cuando mi mirada se centró en el espejo, sollocé por lo bajo al ver la pinta que tenía. Mis ojos se habían vuelto completamente rojos de tanto llorar y las ojeras que ocupaban las cuencas de estos eran enormes después de pasarme todo el fin de semana sin dormir. Más que una persona parecía un zombie. Sorbí por la nariz y lavé mi cara, intentando tener mejor aspecto, aunque el intento fue en vano.
“Jenn. No va a volver, así que para de llorar y de ser un puto deshecho social.”
Suspiré, termine de arreglarme y salí de mi casa preparada para afrontar otra mierda de semana que me esperaba. Llegué a la tienda pasadas las diez y diez de la mañana y Louis ya me esperaba con un batido de chocolate y un par de donuts sobre el mostrador. Le dediqué una sonrisa amarga y pasé de desayunar, entrando directamente en el almacén.
No sé exactamente cuánto tiempo había pasado, pero estaba segura de que ya llevaba unas cuantas horas ahí abajo cuando Louis bajó y se sentó a mi lado en el sofá. Mi mirada estaba fija en la mesa dónde estaba colocada la televisión y de ahí no se movió, ni si quiera cuando escuché a Louis empezar a hablar.
-¿Cómo estás?
-Bien.
-¿Y él?
-No está. –Un leve suspiro se escapó de mis labios.
-Jenn… –Por el rabillo del ojo vi como pasaba una mano por su pelo y suspiraba frustrado. –Jenn, no puedes quedarte toda la vida así. Como alma en pena, debes salir, debes empezar una página nueva o un libro nuevo.
-El caso es que a mí me gusta este libro.
-No te puede gustar algo que te hace tanto mal. –Negué con la cabeza y la apoyé en mis manos sin dejar de mirar la mesa. –Vale, ¿qué narices tiene la mesa que no dejas de mirarla, hostia? Es fea pero, por favor, deja de mirarla ya. –Giré mi cabeza para ver cómo sus ojos azules destellaban, me dedicó una leve sonrisa y yo fui incapaz de esconder la sonrisa que atravesó mi rostro. –Esa es la sonrisa que yo quería ver.
-Gracias. –Se encogió de hombros y abrazó mi cuerpo en medio segundo.
-No tienes que darlas. Y, ahora, vamos a hacer cambios. –Me separé, mirándolo interrogante y él sonrió. –No pienso dejar que te quedes amargada en tu casa los restos de los días… da mala imagen al negocio tener a un zombie detrás del mostrador.
-Gilipollas. –Reí golpeando su hombro con poca fuerza y me recosté en el sillón esperando que me contara lo que tenía pensado.
-Por lo pronto te mudas. A mi casa. –Sonreí de medio lado enarcando las cejas, causando también una sonrisa en su rostro. –Lo sé nena, era lo que estabas deseando.
-Sí, me moría de ganas. –Él asintió, aunque yo rápidamente negué con la cabeza. –Olvídalo. No me muevo de mi casa. –Louis se cruzó de brazos y frunció el ceño, descontento con mi respuesta.
-Vale, vale. Eso no. Pero... salimos. El viernes nos vamos de fiesta a Londres. –Me miró enarcando un par de veces las cejas y reí con fuerza negando con la cabeza. –Vamos,  no te puedes negar.
-Louis…
-Te estoy diciendo de ir de fiesta, no de fugarnos del país. Vamos. –Alargó la ‘a’ y yo suspiré asintiendo. -¡Esa es mi chica! Y ahora mueve tu bonito culo hasta arriba, tienes clientes que atender.
-A la próxima referencia que hagas a mi culo te quedas sin descendencia, que lo sepas.
-¿Es que no quieres hijos, morena? –Le saqué el dedo corazón y escuché su lejana risa mientras subía las escaleras hasta la parte de arriba de la tienda.
“Puede que esta semana no sea tan mierda después de todo.”
Y quién sabe, quizá mi conciencia tenía razón. O quizá no.

Espero vuestros comentarios <3 (El capítulo ha sido un poco/bastante basura, no me lo tengáis en cuenta)

viernes, 17 de enero de 2014

Capítulo 16.

Me levanté tan rápido como pude y sequé las lágrimas que aún había en mis mejillas. Parpadeé con rapidez un par de veces intentando que mis ojos volvieran a su blanco original y, corrí a abrir cuando escuché el timbre por segunda vez.
Me paré en el pomo de la puerta, cogí aire y lo solté todo de golpe antes de abrir la puerta.
-¡Jenn! –Antes de darme cuenta estaba en los cálidos brazos de Harry, sonreí y pegué mi cara a su cuello, impregnándome del ya conocido olor de One Million tan particular en él. Me separé cuando pasaron unos cuantos segundos y lo miré frunciendo el ceño de forma interrogante.
-¿Qué haces aquí?
-Quería saber si estabais bien, después de que salierais ayer de casa como unos locos estaba preocupado, la verdad ¿Está todo bien? –No respondí, dejé la mirada fija en el mármol del suelo y me quedé parada donde estaba, ni un músculo de mi cuerpo se movía. -¿Dónde está Zayn? –Levanté la mirada centrándola en sus ojos verdes y me mordí la lengua, intentando controlar cualquier emoción. Abrí la boca para hablar pero los gritos de Lea me hicieron desviar la atención de Harry.
"Salvada por la campana."
"No por mucho tiempo."
Suspiré y abracé con fuerza a Lea que sólo me decía que me había ido a vivir a un pueblo fantasma y que no había encontrado ningún sitio bueno para desayunar, así que sólo traía unos cuantos bollos que había comprado en un supermercado cercano.
-¿Y dónde está Zayn? Quiero decirle cuatro cosas después de que jodiera la noche de karaoke. –Se soltó de mi abrazo y dejó las bolsas en el suelo. –Seguro que está durmiendo. ¡Malik, saca tu culo de la cama y ven a saludar! –El grito de Lea se escuchó por toda la casa y callé, esperando escuchar el bufido de Zayn en la lejanía, cabreado porque lo han despertado, o su risa al escuchar los estruendosos gritos de Lea, pero no se oyó nada. –Voy a tener que ir a buscarlo. –Rio con fuerza y entró en el salón, seguida por Harry y, a unos cuantos metros más, por mí.
Paró en seco cuando no llevaba más de 10 metros andados y se giró para mirarme. Suspiré agachando la cabeza, evitando cualquier mirada interrogante y me agaché para empezar a recoger los destrozos.
-Ya lo recogerás luego, Jenn. –Harry me levantó en medio segundo y me dedicó una sonrisa.
-Que lo recoja también Zayn. ¡Zayn! –El grito retumbó en mis oídos colándose hasta mi cerebro.
-¡No está! -Grité con más fuerza que ella y suspiré. –No está, se ha ido, se ha ido y no va a volver. No lo llames más porque no va a salir. Joder. –Me derrumbé contra la pared y me senté en el suelo rompiendo a llorar de nuevo.
-Jennifer, nena, ven aquí. –Harry se agachó a mi lado y me abrazó con fuerza dejando que mis lágrimas empaparan su camiseta.
-¿Cuándo se ha ido? –Sorbí por la nariz y me alejé de Harry para mirar a Lea.
-Supongo que anoche.
-¿Supones?
-Sí; anoche discutimos y yo me fui de casa y, cuando he vuelto esta mañana, él ya no estaba, ni nada suyo... –Lea se acercó a mí y acarició mi pelo con delicadeza dejando que apoyara en su hombro mi cabeza.
-Tranquila, seguro que vuelve. Ha sido una pelea tonta.
-No, no va a volver. No me merezco que vuelva.
-¿Qué has hecho, Jenn?
-Mentirle. –Cogí aire al ver la expresión de Lea. –No cómo crees. Le mentí, le escondí cosas que jamás debería haberle contado.
-Todos tenemos secretos, que queremos que sigan siéndolo. –Harry habló sereno, sin inmutarse ni un ápice y recibiendo una mirada interrogante por parte de Lea y mía, aunque sólo negó con la cabeza dando el tema por concluido.
-No digas cosas así, Jenn, no digas que no lo mereces. –Lea volvió a retomar la palabra, desviando la mirada de Harry hasta mí.
-Es la verdad, merezco que se haya ido, pero no quiero aceptarlo. –Apoyé la cabeza en la pared y respiré hondo cerrando los ojos, esperando abrirlos y ver que todo volvía a ser como era apenas una semana antes. Pero no fue así. Cuando los abrí, sólo me encontré a mis dos mejores amigos sentados en el suelo de un salón completamente destrozado y consolándome.
*Narra Zayn*
Abrí los ojos y miré el reloj de mi móvil. Las once menos veinte. Gruñí y me retorcí en la cama del viejo motel de carretera en el que me había alojado esa noche. Me senté en el borde de la cama, al mismo tiempo que pasaba una mano por mi pelo y lanzaba un suspiro al aire. Miré a mí alrededor, para encontrarme una habitación con maletas y una pared comida por la humedad.
Pagué y salí de aquel antro tan pronto como podía. Me subí al coche y mis manos se aferraron al volante antes de arrancar, pensando un sitio donde ir.
Pensé en volver a casa, arreglarlo todo, volver con la chica de ojos marrones que en casi un año había puesto mi mundo completamente patas arriba, pero descarté esa opción tan pronto como apareció por mi cabeza.
Pensé en ir a casa de Josh, pegarle un tiro, acabar con todo y volver con Jenn. Pero no, quería que mi venganza fuera lenta, dolorosa, y un simple tiro no servía para descargar todo lo que llevaba encima.
Al final, el sitio apareció en mi mente y yo solo aceleré y derrapé en la puerta del motel antes de entrar en la carretera.
-¿Cómo estás, tío? –Abrí la cancela del panteón y entré en el oscuro lugar, únicamente iluminado por cuatro velas casi gastadas. Las flores estaban secas, a excepción de un centro que parecía recién hecho. Suspiré y me apoyé en la fría pared, haciendo que un escalofrío atravesase mi cuerpo y, algo me decía que Liam ya estaba ahí listo para escucharme.
-Se acabó. Sé que te prometí que la cuidaría y lo pienso hacer, pero no estando con ella. Está metida con Josh, con su padre. –Mi mandíbula se tensó. –Con tu asesino. –Callé esperando una contestación, pero solo sentí como las hojas muertas de las flores se movían por el aire que recorría el panteón. –Sé que yo entré antes que ella, pero era para protegerla. Pero ella... –De nuevo una ráfaga de aire movió las flores. –No, tío, no es lo mismo. –Gruñí y crucé los brazos sobre mi pecho.
"Mírate, hablando con una tumba, contestándole a un puto soplo de aire, esperando que la solución a tus jodidos problemas te la de un muerto."
Suspiré, asintiendo para mí mismo y me di la vuelta para salir de aquel lugar.
-Eh, Liam, prometo venir más a menudo. –Sonreí, imaginándolo sonreír a él también y cerré la cancela de un golpe antes de salir del frío cementerio y poner rumbo al centro de Londres.
-¡Zayn! No me lo puedo creer, la segunda vez en una semana que te veo. –Reí, acompañando la sonrisa de mi madre.
-Creo que me verás durante mucho tiempo, mamá. –La sonrisa se borró de su cara y podría jurar que vi como sus ojos se cristalizaban a causa de las lágrimas, aunque supo disimularlas con facilidad.
-¿Habéis roto? –Fruncí el ceño y me encogí de hombros.
-Sólo alégrate de que vuelvo a casa. –Besé su frente y ella me envolvió en un dulce abrazo.
-No la pierdas, Zayn. Recupérala. –La escuché susurrar contra mi cuello, haciendo que una sonrisa amarga apareciera en mi cara. –Tu padre está en el jardín. –Asentí y me separé de ella para atravesar la casa y llegar al amplio jardín. La mirada de mi padre se elevó por encima de su periódico y se clavó en mí. Sabía lo que quería.
-Quiero volver a la mafia.

¡Comentad, bbys! <33

sábado, 11 de enero de 2014

Capítulo 15.

Perdón por no subir ayer, pero es que no tuve nada de tiempo, ya sabéis, ventajas de estar en segundo de bachiller y tal :-) Bueno, eso que lo siento y nada más, ¡disfrutad y comentad!
Abrí los ojos poco a poco, observando la habitación iluminada por la tenue luz que entraba por la ventana. Me senté en la cama, apoyando la cabeza en el cabecero y abracé mis rodillas, fijando la mirada en el gran armario que había frente a la cama.
"Tienes que levantarte."
Resoplé y busqué mi móvil para mirar la hora. Las ocho y diez.
"Un ratito más."
Volví a tumbarme en la cama y cerré los ojos, pero lo único que se repetía una y otra vez era la pelea del día anterior con Zayn. Respiré hondo y me levanté de la cama. Sentí el frío suelo bajo mis pies y un escalofrío recorrió mi cuerpo; empecé a andar por la habitación, buscando una forma de pasar el tiempo.
Salí del cuarto y empecé a andar por la casa, sin rumbo alguno, bajé al salón y de ahí al baño, dónde lavé mi cara, quitando de ella los pocos restos de maquillaje que quedaban, peiné mi enredado pelo como pude y salí dirigiéndome a la cocina.
Empecé a rebuscar por todos los muebles buscando un vaso, donde poder echarme el zumo que había encontrado después de cinco minutos rebuscando en la nevera, y algo dulce que pudiera acompañar.
-Este tío es que no come ni una maldita magdalena.
­-Están en el cajón de abajo. –Salté en el sitio cerrando de un golpe el armario y Louis rompió en una sonora carcajada.
-No… no quería despertarte, lo siento. –Miré el cajón que me había dicho y saqué un paquete de magdalenas de chocolate. –Gracias.
-Tranquila, no importa. –Se acercó a mí cogiendo él también una magdalena y se apoyó en la pared mientras le daba un mordisco y me miraba fijamente. -¿Estás mejor?
-No lo sé. –Suspiré y di un largo trago al zumo. –En fin, todas las parejas discuten, al día siguiente las cosas se hablan y todo está solucionado. –Dejé el vaso en la encimera y miré a Louis con una sonrisa.
-Seguro que lo arregláis. –Asentí, poco convencida, pero asentí, recibiendo por parte de Louis una cálida sonrisa.
-Voy a vestirme y me voy.
-Te espero en el salón. –Besó mi mejilla y se marchó al salón, dónde a los pocos segundos ya se escuchaba el sonido de algún programa de televisión matutino.

-Me voy. –Asomé mi cabeza por la puerta del salón y Louis desvió su mirada desde la televisión hasta a mí. En medio segundo estaba de pie y a mi lado, envolviéndome en un cálido abrazo.
-Si pasa algo, lo que sea, llámame. Y ya sabes que te puedes quedar aquí siempre que lo necesites.
-Gracias, yo… gracias. –Él sólo besó mi cabeza y apretó aún más el abrazo.
-Nos vemos el lunes, morena. –Rio con fuerza cuando le saque el dedo corazón y empecé a andar con dirección a mi casa.

Abrí con suavidad la puerta de la casa, cerrándola tras de mí intentando no hacer ruido y dejé las llaves encima de la mesa que había en la entrada. Avancé hasta el salón, observando como todo estaba en completa calma. Miré el reloj que había sobre uno de los muebles.
“Las diez menos cuarto, es temprano. Seguirá durmiendo.”
Una tímida sonrisa apareció en mi cara, al mismo tiempo que yo negaba con la cabeza. Dejé la chaqueta sobre el sofá y recorrí todo el pasillo hasta llegar a nuestra habitación. Abrí la puerta lentamente, procurando no molestarle; sin embargo, la cama estaba perfectamente hecha y el cuarto perfectamente recogido.
“¿Dónde narices estás, tío?”
Fui hasta el baño, pero ahí tampoco estaba. Empecé a recorrer todas y cada una de las habitaciones de la casa, pero no había nadie en ninguna de ellas. Decidí llamarlo, quizá se haya ido temprano para buscarme, ni si quiera le dije que iba a pasar la noche fuera.
-El móvil al que llama está apagado o fue... –Colgué antes de dejar terminar al contestador automático y me dejé caer con rabia sobre la cama. Y, al centrar la mirada en el techo, la realidad me golpeó con fuerza. No había ni una sola foto, todo había desaparecido mostrando de nuevo el color inmaculado del techo. Me levanté rápidamente y abrí el armario con fuerza. Ni una camiseta, ni un pantalón, nada suyo.
-No. –Abrí sus cajones, sólo para encontrarme con la nada. –No. Por favor. –Sollocé en silencio. –Joder, joder. ¡Zayn! –Grité, esperando una contestación, pero lo único que recibí fue el sonido de las olas en la lejanía.
De nuevo fui al salón, observando por todos lados. No había nada suyo, todo se lo había llevado, sólo quedaban un par de marcos de fotos y un par de discos. Me senté en una silla y escondí mi cara entre las manos.
*Flashback*
Escuché un ruido en la ventana, haciendo que me desconcentrara de mi lectura; miré hacia ella pero no vi nada, entonces, me levanté y abrí el balcón asomándome tanto como podía a él. Y, entonces, fue cuando vi el destello de un cigarro bajo el árbol. Zayn.
-¿Qué haces aquí?
-Vengo a rescatarte, preciosa.
-¿Qué pasa? ¿Te crees un héroe, Malik? –Reí débilmente, apoyando mis manos en el balcón y centrando la mirada en su figura.
-Nunca lo he sido, pero por ti, me replantearía el serlo.
-Lárgate, Zayn, te van a pillar.
-No me pienso largar hasta que tú no estés subida en la moto, aunque me tenga que pasar toda la noche durmiendo bajo el árbol. –Reí en voz baja y me acerqué tanto como pude a la barandilla del balcón. –Salta, preciosa.
-Como me caiga te mato. –Me senté en la barandilla y cerré los ojos al mismo tiempo que escuchaba su risa y, en medio segundo, él me tenía agarrada y pegada a su pecho.
-Nunca dejaría que te cayeras, Jenn. –Besó mi nariz y me sentó en la moto cerrando el casco bajo mi barbilla y dejando un rápido beso en mis labios antes de arrancar la moto y salir derrapando de mi jardín.
*Fin flashback*
Sollocé y dejé caer la cabeza en el respaldo de la silla. Centré la cabeza en el techo y sentí como la vista se me nublaba con rapidez, así que  cerré los ojos intentando controlar de alguna manera las lágrimas y, entonces una chispa de rabia recorrió todo mi cuerpo, haciendo que me levantara de un golpe y comenzara a arrasar con todo lo que tenía por delante.
El florero de cristal que tenía sobre la mesa golpeó con fuerza el suelo, destrozándose en mil pedazos y a él lo acompañaron muchos más objetos de decoración que había por el salón. Cogí los dos únicos marcos de fotos que había dejado y los estrellé con fuerza contra la pared, haciendo que todos los pedazos cayeran al suelo.
-Mierda. –Me agaché a recoger los cristales que había sobre la foto y observé la imagen. Era de nuestro viaje a Roma. Observé la otra foto y éramos nosotros dos, también en Roma. Sólo había dejado eso. De nuevo sentí las lágrimas recorrer mis mejillas y lancé un grito de frustración. Puse las dos fotos sobre la mesa y empecé a buscar algo donde poder guardarlas, fui hasta la que ahora era mi habitación y empecé a rebuscar por los cajones, hasta que el timbre de la casa me alejó de mis pensamientos. Levanté la mirada hasta la cama y un solo pensamiento atravesó mi cabeza.

-Zayn…